Martes, 10 de febrero de 2015

La única forma de Dios poder controlar en forma absoluta todo cuanto sucede en el universo es que haya ordenado todo lo que acontece. El es un Dios de verdad, así como lo suficientemente fiel para cumplir todo lo que ha prometido. ¿Si El lo dijo, quién puede impedirlo? Ese es el sello de su imagen, la impronta en sus hijos, saber que controla todos los eventos en su creación.

El amor de Dios por Jacob le ha llevado a hacer juramento de sostenimiento a los que ha redimido. De la casa de los esclavos nos ha sacado, de las tinieblas enfrentadas a la luz, de la mano del Faraón de Egipto. El ha mantenido el pacto y la gracia en aquellos que ama, que son los mismos que guardan sus mandamientos y lo aman a él. Pero ese Dios también paga con creces a todos los que aborrecen su nombre, a todos los que repudian sus enseñanzas. Mas no es su iglesia quien da el pago, sino su mano ejecutora la que hace justicia según el plan eterno que se ha propuesto. Esa es la razón por la que se ha dicho que horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.

En cuanto a su pueblo, recordemos las palabras de Samuel: Él ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todas las cosas y seguro, aunque mi plena salvación y todo mi anhelo él no los haga todavía prosperar (2 Samuel 23: 5). En la iglesia, el  místico cuerpo de Jesús, Dios guarda su misericordia para perdón y salvación que conducen a vida eterna. El pacto de Dios con su pueblo perdurará por siempre, muy a pesar de los tropiezos con los cuales nos encontremos.

Si los hijos de su semilla dejan el mandato y no caminan en los juicios de Dios, con vara de hierro será castigada la rebelión. Pero el Señor no retirará su misericordia, ni falseará su fidelidad (Salmo 89: 31-32). Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben, mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho Jehová, quien tiene clemencia de ti (Isaías 54:10).

Y aquel pueblo del viejo pacto viene a convertirse en el del nuevo pacto, pero extendido y ampliado hacia los gentiles. Por eso pregonó Pablo junto a otros creyentes, que ellos también anunciaban las buenas nuevas de la promesa que fue hecha a los padres, la cual ha cumplido Dios para todos sus hijos, cuando resucitó a Jesús. (Hechos 13:32-33).

Dios hizo la promesa a Abraham, pero como no podía jurar por otro mayor, juró por sí mismo diciendo: De cierto te bendeciré con bendición y te multiplicaré en gran manera. Y Abraham esperó con suma paciencia para alcanzar la promesa. Recordemos que los hombres juran por el que es mayor que ellos, lo cual confirma lo que se dice y finiquita las controversias. De manera que Dios hizo juramento porque quiso demostrar de forma convincente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo o voluntad. Dado que es imposible que Dios mienta (ni por Él mismo ni por Su juramento) tenemos un consuelo demasiado fuerte, los que estamos asidos a la esperanza que ha sido puesta por delante. Esta esperanza es un ancla del alma, segura y firme, que penetra dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec (Hebreos 6:13-20).

El pacto de Dios es unilateral e incondicional. Pero como todo pacto trae consecuencias en los que atañe, por el pacto unilateral de Dios (pues Él es el que jura por Sí mismo y no condiciona a Abraham en nada) el elegido al ser beneficiario del mismo es conminado a seguir una serie de signos que lo marcan bajo una nueva identidad. Es tan unilateral el pacto que la otra parte tiene que nacer de nuevo, ser renovada en el corazón (cambiando el de piedra por uno de carne), cosas que de por sí no puede hacer por voluntad propia. De manera que se cumple lo que dijo el apóstol Juan: Le amamos a él porque él nos amó primero.

En la Biblia encontramos predicciones hechas por Dios, acerca de que algo habrá de acontecer; pero además se establece que Dios hará esto o aquello. De manera que así como dijo que el pueblo de Abraham iría a la esclavitud en Egipto también Dios dijo que en su debido tiempo castigaría la maldad de los egipcios. No obstante, hay muy variadas formas de religión y algunas de ellas reconocen el poder del Dios de las Escrituras aunque aseguran que Dios no causa todas las cosas.

Pero entonces preguntamos: ¿Cómo supo Dios que Judas iría a traicionar a su Maestro? No lo vio en el túnel del tiempo, ni en la mente de los seres humanos; más bien lo previó, lo ideó antes y por eso el guión de Judas se estableció para que cumpliera todo lo dicho al respecto. De lo contrario sería un Dios dependiente de la voluntad humana, con una suerte enorme de que los planes ideados por el hombre, robados por Él al leer sus mentes, se mantengan sin cambio en el transcurrir del tiempo.

Para que haya existido Judas fue necesario que tuviese unos padres, un espacio donde nacer y sobretodo una época donde formarse. Suponer que eso lo vio Dios en los corazones humanos es imaginar demasiado, implicaría asumir que el Cordero de Dios también fue supuesto en la mente humana y en consecuencia captado por el Dios Omnisciente para hacerlo su profecía.

Llegar a ese extremo es robarle la gloria del poder de Dios, la honra de su voluntad y trastocar sus palabras. Él mismo ha dicho que ha hecho todo lo que ha deseado, sin que nadie estorbe su mano. Por lo tanto, quienes sostienen que Dios no actúa en todas las cosas, que no ocasiona todos los eventos, desconocen lo que leen en la revelación escrita por los profetas. Pero añaden ficción a sus lecturas al crear semejante ídolo, el cual no puede hacer nada que el hombre no le permita.

Pero Sehón, rey de Hesbón, no quiso que pasáramos por su territorio, porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como en el día de hoy (Deuteronomio 2:30). Vemos la voluntad de un rey limitada por el endurecimiento de su espíritu y por la obstinación de su corazón, todo ello causado  por Jehová. La razón estribaba en que Dios iría a hacer juicio contra tal rey y en consecuencia lo entregaría en manos de su pueblo. Este es un Dios que controla toda suerte de eventos, no solamente los naturales sino los referentes a los pensamientos y acciones de los individuos. Poco le importa a Dios que sean sus hijos o sus enemigos, a todo lo que quiere inclina sus corazones.

El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte de Jehová le atormentaba (1 Samuel 16:14). Demasiada claridad existe en las Escrituras, tocante al hecho de que Dios controla lo más íntimo del corazón humano. Acá no se puede decir que Dios previó que Su Espíritu se retiraría de Saúl y que un espíritu malo iría a tomar su lugar. No, simplemente son actos voluntarios de Dios que lo muestran actuando de la manera que espantaría a los que suponen que Dios no se mete con los espíritus inmundos.

¿Y quién persuadiría al rey Acab para que cayera en la batalla?  Un espíritu dijo que iría a colocar mentira en la boca de sus profetas. Y el Señor estuvo de acuerdo con ese plan, porque también ese era su deseo (1 Reyes 22:20-23). De la boca del Altísimo, ¿no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:38). Fue el determinado consejo y previo conocimiento de Dios que el Hijo fuese entregado a morir en una cruz por manos de inicuos. Todo esto porque el fin inmediato y último de la predestinación es la salvación de los creyentes.

En realidad, Dios ordena todos los eventos de tal forma que redunden en su gloria y en el beneficio de los que conformamos su pueblo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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