Lunes, 02 de febrero de 2015

La ignorancia del verdadero evangelio es la causa inmediata de que el mundo ande perdido. Una vez que la gente es convertida al evangelio, el convertido pasa a ser un conocedor del mensaje recibido y ya no lo ignora más; pero como la fe viene por el oír la palabra de Cristo, no es posible creer si no se oye la palabra. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Romanos 10: 14). Por ello, el que va a ser convertido también tiene que oír el verdadero evangelio, pues Dios no trabaja por la puerta de atrás, ya que Jesucristo es la puerta de las ovejas (Juan 10:1-5).

Es casi una leyenda religiosa decir que uno puede creer con el corazón y tener en la mente una percepción errónea de la verdad. El que conoce el evangelio de la gracia no puede sino expresar con su boca y entender en su mente el mismo evangelio de la gracia. ¿Cómo puedo yo creer que Jesucristo ha muerto por mí en la cruz y al mismo tiempo pretender que yo aporto alguna parte en ese trabajo que le pertenece? La dicotomía de la fe y las obras es similar al dualismo del corazón y la mente.

Lo que sale de la boca viene del corazón. Pero del corazón salen los malos pensamientos ... los falsos testimonios y las blasfemias. Esas fueron frases e ideas de Jesús, recogidas por Mateo en su evangelio (capítulo 15), con lo cual conjuga en uno mismo el corazón y la mente (pensamiento). Por otro lado, corazón y boca concuerdan el uno con el otro: con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación (Romanos 10:9-10). No es posible creer algo y confesar lo contrario; si esto se hace es negación de la verdad.

¿No habló el profeta del Antiguo Testamento que Dios cambiaría el corazón de piedra por uno de carne? Y esto va en conjunción con el espíritu nuevo, de tal forma que para andar en los estatutos de Dios y amarlos es indispensable la transformación del corazón (el pensamiento).

El verdadero evangelio pregona a Dios como soberano absoluto. Desde esta perspectiva, un Dios perfecto jamás será desviado de Su propósito. ¿Puede Dios desear algo que no alcance? La respuesta a esta interrogante será el test que evidenciará a millones ante lo que han concebido como Dios. La Escritura afirma que Dios está en los cielos y que todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:3), de manera que los que sostienen que Dios está frustrado están sirviendo a otro dios.

Hay cristianos que dicen que el infierno es una prueba del fracaso de Dios; otros aseguran que es un monumento al obstáculo interpuesto entre la tentativa del Dios bueno que llama y el hombre pecador que no quiere oír la súplica de Jesús en la cruz. Pero la Biblia recomienda no irse de la presencia de Dios, de ese Dios que hará todo lo que le plazca (Eclesiastés 8:3).

Al examinar este texto podemos ver la cualidad central de ese Dios anunciado: es el soberano del universo. Por lo tanto, hay una recomendación para aquel que tiene oídos para oírla y corazón para entenderla: no te apresures a huir de aquellas cosas que la Biblia declara como verdad. Más allá de que gusten o no gusten, aquellas cosas que son verdaderas prevalecen. Por lo tanto, no es sensato rechazar el anuncio del Dios que hará todo lo que le plazca para acoger aquel otro evangelio que está en conflicto con la Biblia.

La aceptación del evangelio se presenta binaria, o se acoge o se rechaza, o es 1 ó es 0, pero jamás será casi 1 ó casi 0. No hay verdad mezclada con mentira que lleve a un final feliz. O se es oveja o se es cabra, o se es de Dios o se es del mundo. Dios salvará a aquellos a quienes Él quiere salvar, pues como soberano nos ha mostrado quien es el que está a cargo de la salvación.

Si Dios no comparte su gloria con nadie, ¿cómo se puede concebir que exista un espacio neutro en el que Dios se haya despojado de su soberanía para que el hombre sea el señor de su destino? ¿Es el hombre el que acepta a Cristo? Son muchas las falacias que salen de los púlpitos contemporáneos, que se han originado en viejas escuelas, hasta llegar al pozo del abismo. Dios te ama, tiene un maravilloso plan para tu vida, Jesús murió por ti, dale tu corazón a Jesús, ¿aceptas a Jesús como Señor y Salvador?

Expresiones y conceptos carentes de fundamento en las Escrituras que denotan más bien el sentido del viejo adagio latino: Vox populi vox Dei (La voz del pueblo es la voz de Dios).           Han cambiado la Sola Scriptura por la Vox populi. ¿Cuál fue el maravilloso plan para la vida de Judas? De él dijo Cristo que le hubiese sido mejor no haber nacido; ¿o qué del amor de Dios por Esaú, a quien odió antes de hacer el bien o el mal? ¿Murió Jesús por Sodoma o Gomorra? ¿Cuál fue la consideración de Dios por los habitantes terrestres que murieron en el diluvio? ¿Fue alguno movido a meterse en el arca de Noé? En cambio, muchas parejas animales fueron guiadas por Dios hacia ese refugio; y si Dios tuvo misericordia de seres inferiores, ¿por qué razón no la tuvo de los seres superiores?

La única respuesta inmediata de la Biblia es que Dios hace como quiere, todo lo que le place, y no hay quien estorbe su mano. Eso lo ha hecho en todas las esferas de su creación, sin que escape el destino eterno de la humanidad. No obstante, ha dejado su anuncio verdadero para que sus elegidos oigan y se arrepientan y sean sanados.

La gran pregunta que el Señor le hizo a los fariseos tiene vigencia hoy día: ¿Cómo piensan ustedes escapar de la condenación del infierno? (Mateo 23:33). Sabemos que son pocos los salvados (aunque sumados todos configuran una gran multitud), pero lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Solamente en este estado será posible la sana reflexión, desde esta perspectiva de desesperación y humillación, sin que medie ninguna sombra de soberbia.

No es bondadosa la mentira predicada que dice sonríe, que Dios te ama. No hay sonrisa alguna para un pecador cuyo destino es el lago de fuego. Pero sí hay esperanza para los que son llamados a ser humildes, para los que son despertados por el anuncio de la verdad del evangelio. Solo un Dios que sea soberano puede salvar al pecador muerto en delitos y pecados; no puede un cadáver tomar la medicina, pero sí puede el Dios de la resurrección levantar de entre los muertos a los que llame.

Los huesos secos que vio el profeta y sobre los cuales fue interrogado, han llegado a tomar vida por la palabra del evangelio. El Señor ha dicho: nadie puede venir a mí, a no ser que el Padre que me envió lo traiga (Juan 6:44). La pregunta ha de ser si Jesús nos aceptará, no si nosotros aceptaremos a Jesús. Sabemos que Dios no despreciará al corazón contrito y humillado; pero igualmente conocemos que Dios resiste a los soberbios.

Recordemos las cosas del pasado, porque solo Dios es Dios y no hay otro. El anuncia el porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho. Él ha dicho: Mi plan se realizará, y haré todo lo que quiero. Él llama de tierra lejana al hombre que llevará a cabo su plan, Él ha hablado y hará que suceda; lo que ha planeado también lo hará. El declara el final desde el principio y dice que Su consejo permanecerá y hará según Su placer (Isaías 46: 9-12).  

Hace mucho daño aquel que pretenda ignorar la soberanía de Dios; destruye en gran medida el que esconde los textos y la doctrina del Dios soberano. Pero aún en esto también se cumple su voluntad, pues es Él quien crea la luz y las tinieblas, quien hace la paz y crea la adversidad. Pero la bondad para con Jacob y todos sus escogidos hace que nos llame por nuestro nombre y nos dé un título de honor: se nos ha dicho que somos la manada pequeña, que somos de entre los muchos los pocos escogidos. Que no temamos, porque se ha placido en darnos el reino.

César Paredes

[email protected]         

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:00
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios