Martes, 27 de enero de 2015

Si bien el mundo está repleto de religiones y creencias, hay una en particular que hace daño y perturba en demasía a la iglesia de Cristo. Jesús nos dijo que tuviésemos cuidado con los falsos profetas que vendrían vestidos con ropaje de oveja, pero que internamente eran lobos rapaces (Mateo 7:15). La filosofía extendida que pregona que existe un solo Dios pero con diferentes nombres es la esencia del ecumenismo contemporáneo. Además, esa proposición está encontrada con el mensaje bíblico que nos exige adorar en espíritu y en verdad al único Dios: Dios es Espíritu, por lo cual hemos de adorarlo en espíritu y en verdad. Los que no lo hacen de esta manera adoran a otro dios -en mentira- que no es más que el que se disfraza de ángel de luz (Juan 4:24 y 8:44).

¿Cuál es el mejor disfraz de Satanás para entrar en las iglesias de Cristo como ángel de luz? Sin duda que la doctrina arminiana es el ropaje especial: el arminianismo habla de Jesucristo a quien reconoce como Hijo de Dios; pero esa doctrina también pregona la Biblia como Palabra divina y es celosa de su práctica, en la que se ejercita con la memorización de sus textos. Los arminianos también hacen oración de acuerdo a los parámetros bíblicos, cantan himnos y promueven los cánticos espirituales. Por otro lado, predican su evangelio por doquier y están dispuestos a sacrificarse en pro de su anuncio. También ofrendan en los templos, se ocupan de los enfermos y en ocasiones ayudan a los más pobres. ¿Quién quiere más de una religión tan productiva?

Con ese ropaje se introducen en los corazones de los demás feligreses. Cuando surge la discrepancia con la Escritura se habla de pluralidad doctrinal, de una variante sencilla que no altera en nada la esencia cristiana que profesan. Entonces, ¿cómo detectar la mentira arminiana? Hay que acudir a las mismas Escrituras para verificar su enseñanza, para no dejarnos llevar por el engaño de la falsificación.

Y seréis como Dios fue en parte la sugerencia de la serpiente en el Edén. Sin embargo, aquella frase fue un engaño, pues Adán no llegó a ser como Dios. Hoy día el dios de Arminio tampoco está en control de nada. Los arminianos creen con sinceridad que enseñan el evangelio bíblico (así como los demonios también creen en Dios y tiemblan), pero de lo que no se dan cuenta es que si un evangelio diferente es anunciado ha de ser llamado anatema junto con su propagador (Gálatas 1:9).

Pablo dijo que los que anunciaban un evangelio diferente serían anatemas. La sinceridad de los falsos creyentes no importa; los demonios son sinceros cuando creen y tiemblan ante el verdadero Dios, pero no por ello son perdonados. Lo que Pablo dijo fue terrible: que sean malditos. Entonces, ¿cuán importante puede ser tener el correcto entendimiento de la Biblia?

Un ídolo no es nada, pero ¡cómo daña! Y es que detrás del ídolo están los demonios, según la teología de Pablo el apóstol. El dijo que lo que la gente sacrifica a sus ídolos, a los demonios sacrifican. El sacrificio puede ser de muy variada índole y la más común es la veneración de la imagen, lo que implica una proyección mental de ese dios a imagen y semejanza humana para cobrar fuerzas en el diario vivir.

El Génesis 3:15 nos educa sobre dos simientes en pugna, la de Satanás y la de Jesucristo, representada ésta en la mujer y su descendencia a través de Isaac. La Biblia nos etiqueta como hermanos, como ovejas pero no cabras, hijos pero no bastardos. El Señor nos ha hecho miembros de la iglesia pero no de la sinagoga de Satanás (Apocalipsis 3:9). Lo que enseñan las Escrituras es que Jesucristo murió por su pueblo, por sus amigos, que pagó el rescate de su semilla y no la de la serpiente.

El verdadero evangelio se opone al otro evangelio, que es llamado anatema. Los que hacen idolatría llegan a ser semejantes a sus ídolos o a sus dioses (Salmo 115:8), pero los que hemos sido liberados de la esclavitud satánica ya no volveremos atrás, no caeremos más en sus trampas ni nos engañaremos con sus mentiras. Sabemos que nuestra conversión y persistencia en la Palabra proviene de Dios mismo, de su Espíritu, y nunca de nuestra propia fortaleza. Pero en el evangelio de las cabras, de los enemigos de Dios, de los bastardos guiados por la serpiente -que se practica en las Sinagogas de Satanás- se enseña contrario a las Escrituras. Allí se dice que el hombre tiene la facultad de perseverar hasta el final, así como la propiedad de decidir desde el principio.

La habilidad arminiana para rechazar la verdad es observable desde muchos ángulos. Lo que la Biblia enseña es discernido en el crisol de una teología torcida, moldeada según la intención de la iglesia de Roma. Por esto, Dios les enviará una fuerza de engaño para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia (2 Tesalonicenses 2:11-12).

La gente religiosa se complace en la mentira cuando afirma que Jesús derramó su sangre por toda la humanidad, por millones de personas que han sido enviados al infierno eterno. Los arminianos aseguran que Dios no puede salvar a quien no se deja, a quien no quiere la salvación. Con esta afirmación su dios muestra la impotencia ante la soberanía de la voluntad humana. En este sentido los arminianos odian la verdad, no la creen. ¿Por qué lo hacen? Porque los hombres aman más las tinieblas que la luz, ya que sus obras son malas (Juan 3:19), y aborrecen la luz para que sus obras no sean censuradas (Juan 3:20). El arminiano se complace en contradecir a Dios y antepone su propio concepto de amor al concepto de la Biblia.

La Escritura le sigue diciendo como siempre: ¿Quién eres tú, para contradecir a Dios? (Romanos 9:20). La vieja pelea en torno al derecho de Dios de hacer como quiere con lo suyo (de amar a Jacob y odiar a Esaú aún antes de que fuesen creados) sigue vigente en los herederos del objetor bíblico. Es en ese punto doctrinal en que se reconoce a los que han sido disfrazados con piel de oveja, es allí donde su máscara se les mueve y uno puede ver la ferocidad del lobo.

¿Cómo podemos estar seguros de lo que afirmamos acá? Muy sencillo, pues si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:9). Y ninguno que tenga el Espíritu de Cristo puede llamarlo mentiroso o contender con él en clara disputa por el contenido de su Palabra. ¿No dicen los arminianos que Dios ama a todas las personas y que Dios no odia a nadie? Pero Dios ama a sus elegidos, nunca a las cabras o a los no escogidos, que son llamados mundo en la oración de Jesús recogida en Juan 17: no ruego por el mundo, sino por los que me has dado. Pues el propósito de Dios de acuerdo con la elección permanece, no por obras, sino por el que llama (Romanos 9: 11); ... Como está escrito: a Jacob amé, mas a Esaú aborrecí (odié) (Romanos 9: 13).

Torcer estos textos en nombre de Arminio es confrontar al Espíritu de Cristo. Llamarse defensor de la gracia pero contrariarse por la expresa voluntad de Dios en condenar es confrontar la Palabra de Cristo. Muchos han tropezado con esta piedra y ha sido para vergüenza; aún Spurgeon cayó derrotado por esta verdad que lo aplastó, al exponer que su alma se oponía y se contrariaba contra el hecho de poner la sangre del alma de Esaú ante los pies de Dios. Bueno, fue el Espíritu Santo quien colocó esa sangre de Esaú a los pies de Dios, pues él fue quien le reveló a Pablo esta palabra. De manera que Spurgeon dijo que su alma se sublevaba contra el autor de esta idea.

Los arminianos dicen que Dios prevé quién se va a salvar y quién se va a condenar, que jamás Dios elige de antemano. Spurgeon coincidió con ellos y torció las Escrituras en este punto, cuando dijo que Dios amó a Jacob inmerecidamente pero condenó a un Esaú por haber vendido su primogenitura. Negó que el odio de Dios por Esaú fuese antes de que naciera, o de que hiciese bien o mal, como declara la Escritura.

Pero aún el objetor bíblico de Romanos 9 entendió correctamente que Esaú vendió su primogenitura porque fue odiado por Dios. Su reclamo fue de inmediato: ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Pues ¿quién ha podido resistir a su voluntad? (como si dijese ¿por qué Dios inculpa a Esaú, si fue odiado desde antes de hacer bien o mal?).

La lógica de la vieja disputa ha descansado en la soberanía de Dios para condenar, no para salvar. El señor Spurgeon torció el texto de Romanos 9 para agradar a su alma arminiana disfrazada de gracia divina, no pudiendo tener la misma claridad que su primigenio objetor bíblico. La influencia de la doctrina de Wesley se dejó ver en su vida, pues Spurgeon aseveró que si hiciese falta un nuevo apóstol de seguro el precursor de los metodistas sería el candidato indiscutible.

Bueno, con semejante simpatía por los enemigos de la cruz uno tiene que sostener que el disfraz arminiano es uno de los más sutiles y apreciados entre los ministros de Satanás.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:06
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