Martes, 11 de noviembre de 2014

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (1 Juan 4:9-10). Dios es amor y es grande en misericordia, pero eso no deja de lado el hecho de que pueda odiar. A Jacob amó pero odió a Esaú, antes de que hiciesen bien o mal. El está enojado contra el impío todos los días de su vida; de Judas se dijo que mejor le hubiera sido no haber nacido. Entonces, ¿qué amor es ese?

Esa pregunta fue hecha por un herético famoso, más bien la pregunta lo relanzó a la fama. ¿Qué amor es ese? La contraparte hará el mismo interrogante pero con la variante preposicional del pronombre: ¿En qué consiste ese amor? O tal vez preferimos usar otro: ¿cuál es ese amor? Y si preguntáramos sobre la cantidad diríamos: ¿cuán grande es ese amor?  Veremos las respuestas en las Escrituras.

Juan dijo un día: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Acá se pide al lector hacer una selección de lo que debe ser ese amor de Dios. ¿En qué consiste el amor de Dios? La respuesta la da el apóstol: En que Él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Con esa aserción podemos dar respuesta a la herética pregunta ¿Qué amor es ese? ¿Cuál  amor es ese?  Es el amor de ser llamados hijos de Dios.

Ahora bien, lo que el herético no preguntó fue si Dios amó a todos sin excepción. Ayudaría si pensamos en los réprobos en cuanto a fe: ¿Amó Dios a Judas Iscariote? Jesús dijo de él que mejor le hubiera sido no haber nacido y que era diablo. ¿Amó Dios a Faraón? De él se dijo que fue levantado para mostrar el poder de Dios, el juicio del Hacedor. ¿Amó Dios a Esaú? El Espíritu dice a través de Pablo que Dios lo odió antes de hacer bien o mal, desde la eternidad. ¿Se rebela su alma ante tal declaración? ¿Se asquea su alma por tal proposición? Pues al parecer John Wesley dijo que su alma se rebelaba contra tal asunción y Charles Spurgeon aseguró que su alma se asqueaba contra el hecho de colocar la sangre del alma de Esaú a los pies de Dios.

Tenemos el caso por partida doble, uno por cada bando. Los arminianos fielmente representados en uno de sus mentores, John Wesley; los calvinistas abanderados por su príncipe bautista, Charles Spurgeon. Pero los creyentes, ni arminianos ni calvinistas, nos gozamos por la palabra revelada a través del apóstol Juan (como también de Pablo y de Jesucristo). El amor de Dios ha consistido en haber enviado a Su Hijo en propiciación por nosotros. Si por nosotros entonces no por los otros, no por los réprobos en cuanto a fe. Si por ellos, entonces ellos también serían salvos y no habría ninguna condenación, por lo cual ya no serían llamados réprobos y el escritor bíblico se equivocó.

El amor de Dios consiste en la propiciación hecha en favor nuestro, en favor de los amados. En eso consiste el amor, sería la respuesta que daríamos al herético. El amor universal no existe, al menos no en la universalidad absoluta. Pues si la expiación hubiese sido hecha en favor de cada miembro de la raza humana todos serían salvos y todos serían amados. Pero ¿cómo es posible que Judas haya sido amado si está condenado al infierno? Si de él Jesús dijo que mejor le hubiera sido no haber nacido. Para eso mismo fue levantado, pues el Hijo del Hombre iba como estaba escrito de él, mas ¡ay! de aquel por quien sería entregado.

LA REITERACION BIBLICA

Ante la pregunta de ¿Qué amor es ese?, la Biblia responde reiterativamente. Dios envió a Su Hijo a morir por aquellos que Él ama. El texto en 1 de Juan no habla del amor de Dios por los reprobados, ya que, como dijimos, Cristo hubiese muerto por toda la humanidad sin excepción. Eso incluiría la paradoja de morir por Judas que era diablo, como también por el hombre de pecado, inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás.

El mundo amado por Dios (en Juan 3:16) está restringido a sus elegidos; lo reitera Jesucristo al decirnos: Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos (Juan 15:13). Claro, algunos dirán que lo que sigue del texto es una condición: vosotros sois mis amigos, si hiciéreis lo que os mando. Muy bien, pero recordemos que la única razón por la cual hacemos lo que él nos manda es porque nuestro corazón de piedra ha sido removido y se nos ha colocado uno de carne, dándosenos un espíritu nuevo para que amemos sus estatutos (Ezequiel 11:19). Entonces el círculo se completa, ya que Juan agregó que si le amamos a él es porque él nos amó primero.

¿Qué amor es ese? Dios demostró su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros (Romanos 5: 8). Aún cuando estuvimos muertos en nuestros delitos y pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (pues por gracia somos salvos), y nos resucitó juntos y nos ha hecho sentar en los lugares celestiales juntamente con él (Efesios 2:4-7). El Buen Pastor dio su vida por las ovejas (no por las cabras, no por el mundo por el cual no rogó la noche antes de su expiación).

Dios es muy limpio de ojos para ver el mal, de manera que a los cobardes e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras y a todos los mentirosos, los echará en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apocalipsis 21:8), pues a su presencia no entrará cosa inmunda, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 21: 27).

Podríamos preguntarnos acerca de ese libro y cuándo se escribió. La respuesta también la da Juan en el mismo texto citado (Apocalipsis 13:8 y 17:8). Allí se menciona que los que adoraron a la Bestia fueron aquellos cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la Vida desde la fundación del mundo. ¿Le suena extraño un Dios tan absolutamente soberano? ¿Su alma se rebela contra ese Dios que coloca la sangre del alma de Esaú a  sus propios pies? ¿Esta revelación del Espíritu dada en Romanos 9 hace asquear y repudiar a los que no aceptan que Dios endureció a Esaú? Dejemos que la Escritura siga hablando por sí sola: De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece (Romanos 9:18), dicho poco después de haber afirmado que antes de que hiciesen bien o mal Dios había escogido a cada uno de esos gemelos para fines diversos en la eternidad; uno fue amado y el otro fue aborrecido, sin mediar obra alguna, sino la simple voluntad del Creador.

¿Le parece injusta tal decisión divina? Bien, no es el único en ese sentir, ya que el mismo Espíritu levantó a un objetor para que protestara ante Dios reclamándole la razón por la cual inculpaba, pues nadie puede resistir a su voluntad. En tal sentido, si nadie puede resistir a su voluntad, entonces ¿por qué razón inculpó a Esaú siendo elegido para ser endurecido? En otros términos, si Esaú no fue libre para decidir, no puede ser responsable de su destino. Ese es en síntesis el argumento que ha tomado diversas variantes, pero que se resume bajo el concepto de compatibilidad entre la libertad humana y la responsabilidad del hombre.

Es como si el objetor de Romanos 9 hubiese exclamado: ¿Qué amor es ese? De manera que el herético tomó fama gracias al plagio de su par de hace 2000 años. Pero eso es obvio en tanto la inspiración de la pregunta nace del pozo del abismo, de aquellos vasos de ira (incluyendo a los ángeles caídos junto a su príncipe Lucifer) preparados para tal fin.

LA REGENERACION COMO RESPUESTA

El amor de Dios se manifiesta en la regeneración que hace en sus elegidos. Esta siempre incluirá una mente iluminada por Jesucristo y su doctrina, un estado de conciencia acerca de que en Cristo está nuestra justificación, nuestra santificación y nuestra adopción. También se agrega que él es nuestra sabiduría y nuestra justicia (1 Corintios 1:30). La regeneración como respuesta también renovará nuestra voluntad (el corazón de piedra trocado en uno de carne).

Por el trabajo del Espíritu de Dios ha sido removida nuestra ceguera espiritual, ha sido eliminada la vieja enemistad entre el Creador y su criatura redimida, y llegamos a ser una nueva criatura con sentimientos, deseos y propósitos más nobles, apuntando a la perfección, si bien sabemos que con la mente nos deleitamos en la ley de Dios pero por la ley del pecado no hacemos siempre aquello que queremos (Romanos 7).

Ese es el amor de Dios, que siendo aún pecadores Cristo murió por su pueblo (Mateo 1:20) y nos redimió de la culpa, del pecado y de la muerte. En eso consiste el amor, que Dios envió a Su Hijo y lo entregó en propiciación por nosotros, no por los réprobos en cuanto a fe, de los cuales la condenación no se tarda.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 10:10
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