Jueves, 06 de noviembre de 2014

Muchos creen que los arminianos están equivocados en cuanto a su concepción acerca de la predestinación de Dios. De hecho, los arminianos asumen que Dios conoce en base a que mira en los corazones humanos, para adquirir los datos necesarios y llegar a conocer quiénes serán definitivamente salvos y quienes no lo serán. Con esta tesis suponen que la carga moral de la elección recae en el hombre, nunca en el Hacedor de todo cuanto existe. De hecho, para ellos Dios es Soberano y Todopoderoso, pero solamente en materia de la naturaleza, de la creación de todo lo que existe, menos en cuanto a la voluntad humana.

Para los arminianos Dios no se mete a violentar la decisión que la humanidad pueda hacer en cuanto a su espíritu; más bien es un Caballero que respeta el criterio humano y no empuja a nadie a creer a la fuerza. Con esta opinión asumen resolver el problema de la responsabilidad del hombre, pues sin libertad nadie podrá responder ante el Creador. En términos más simples y bíblicos, un arminiano se pone en línea con el objetor presentado en Romanos 9, el cual exclama excitado: ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad?

A este sistema de presunción de la libertad para que haya responsabilidad se le conoce como compatibilidad. Se presume del accionar judicial humano que para que alguien sea responsable debe haber libertad de acción; sin embargo, en el plano metafísico (que no de la naturaleza) la inferencia no es equivalente. Primero que nada Dios no responde ante nadie, por cuanto no tiene ni igual ni superior para dar cuentas. En segundo lugar, un Dios soberano hace como quiere y en virtud de su atributo ha declarado en su revelación escrita que Él ha escogido desde antes de la fundación del mundo a toda la humanidad, a unos para vida eterna y a otros para perenne condenación. En tercer lugar Dios ha  dicho que esta selección hecha no se basa en la conducta humana, por cuanto la ha hecho antes de que el hombre hiciera bien o mal. Por si fuese poco, ha añadido que nadie puede argumentar en disputa con Él, pues quien eso pretenda debe recordar que no es más que barro formado como vaso sin que pueda decirle al alfarero por qué me has hecho así.

Pese a todos estos errores de los arminianos, los que los juzgan los llaman  equivocados, pero cuando se trata de catalogar al error como herejía pegan el grito al cielo y se abstienen de tal acusación. Para colmo de males, muchos de los que comprenden el error que cree un arminiano lo siguen llamando hermano y le dan la bienvenida en materia de doctrina. En poco tienen la palabra del apóstol Juan cuando nos advierte que si alguno no trae la doctrina de Cristo no debemos decirle bienvenido. El apóstol Pablo fue de igual forma categórico, ya que a los Gálatas les declaró que si alguno viniese predicando otro evangelio (un evangelio diferente al que se había anunciado) debería ser declarado maldito (anatema).

Poco le importaba al apóstol que fuese un ángel del cielo, un predicador célebre, un feligrés emotivo o lleno de fervor y celo por las cosas de Dios, simplemente debía ser declarado maldito. De hecho, cuando escribe el capítulo 10 de su carta a los romanos nos enseña que los judíos celosos de Dios están perdidos, por cuanto no han comprendido conforme a ciencia el evangelio de Cristo.

Se dirá que un arminiano es celoso de Dios, pero Pablo también lo fue mientras perseguía a la iglesia. Los fariseos de la época daban la vuelta a la tierra buscando un prosélito (un fanático seguidor), diezmaban la menta y el eneldo, se cuidaban de los ritos de la ley, guardaban el día de reposo, leían los papiros de Jeremías, Isaías y los Salmos, así como el resto de los escritos del Antiguo Testamento. Moralmente eran impecables, pero Jesucristo dijo al menos dos cosas de ellos: que los apóstoles y creyentes debían ser más justos que ellos y que los fariseos eran al mismo tiempo sepulcros blanqueados llenos de podredumbre por dentro.

Ser más justo que un fariseo nos pone en aprietos, pero cuando examinamos la vida y la obra de Jesucristo comprendemos por qué hemos sido declarados justos siendo justificados por la sangre del Cordero sin mancha. Una vez que el Señor nos representó en el madero nuestros pecados fueron lavados y Dios quitó su antagonismo contra nosotros, hijos de la ira por naturaleza lo mismo que el resto del mundo. Nadie nos condenará porque Dios es el que justifica en virtud de que Cristo es nuestra pascua.

De manera que la justificación no es por obra, no vaya a ser que alguien se gloríe, ya que Dios ha declarado que no dará a otro su gloria. Cuando un arminiano alega que Dios previó que él iba a creer, está reconociendo mérito propio aunque sea en un bajo porcentaje. Esa mezcla de verdad con mentira es un adulterio espiritual; Dios no quiere ni permitirá que nadie se jacte en su presencia. De allí que la elección permanece por el que elige, en virtud del Elector, nunca por mérito del elegido. A Jacob amé mas a Esaú aborrecí, dictamen que se remonta a mucho antes de que naciesen, de que hiciesen bien o mal. Dios endurece a quien quiere endurecer, de manera que quien se pierde es porque Dios lo ha aborrecido desde antes de la fundación del mundo.

Reconocer esta declaración bíblica es reconocer que la proposición de Dios es correcta, justa y verdadera. Objetarla implica suponer que hay injusticia en Dios, por lo cual se le reclama su inculpación a la humanidad perdida. Pero más allá del reclamo del objetor el hombre ha  sido declarado muerto en sus delitos y pecados, se ha dicho de él que no quiere buscar a Dios, que no hay justicia alguna en él, ni siquiera en uno solo de ellos. Por lo tanto, mal puede reclamarse injusticia en Dios cuando condena, mucho menos cuando elige condenar antes de que se haga el bien o el mal.

Dios es soberano en forma absoluta y hace como quiere, sin tener quien le aconseje o  le sugiera una conducta distinta. El da vida y da la muerte, el abate y ensalza, el hace subir del lodo cenagoso al pobre y hace al rico; también abate al altivo, a quien ha hecho para el día malo (Proverbios 16:4). En realidad, lo único sensato que tuvo el objetor bíblico fue reconocer que Dios no tiene quien se le resista (Romanos 9). No es posible resistir a su voluntad, por lo cual todos hacemos lo que Él ha decidido desde los siglos que hagamos. Para cada habitante del planeta se ha escrito un guión, a cada uno se le ha asignado un destino muy particular y todos cumplimos a cabalidad lo que se nos ha propuesto, como si fuésemos excelentes actores.

El objetor moderno (el arminiano por antonomasia) protesta porque Dios sería injusto si se comprende la Escritura en forma plana y simple; por lo cual asume la defensa de un Dios enjuiciado por su desviado criterio teológico. Pero Dios no ha pedido que se le defienda y sigue argumentando en sus escritos (las Escrituras) que Él ha hecho como ha querido, que no tiene quien le dispute, que no hay otro dios antes ni después de Él. Además, sostiene que pone y quita reyes (todo el gobierno de la tierra así como el de los aires, donde están las potestades espirituales de maldad). Por si fuera poco, en su negativa a defenderse envió a uno de sus profetas para que le dijera a sus defensores que no ha acontecido algo malo en la ciudad que Él, Jehová, no haya hecho (Amós 3:6).

VERDADES VALIOSAS PERO NO NECESARIAS

Las doctrinas de la gracia son vistas como verdades valiosas pero no necesarias para la salvación. La razón se esgrime porque se supone falaz asumir que la salvación no es por obras y al mismo tiempo argüir que el conocimiento es necesario para la salvación. En este caso, dicen, el conocimiento sería una obra agregada, lo cual sería inconsistente con el principio esgrimido de que la salvación no es por obras, para que nadie se gloríe.

Bien, ya sabemos lo que Pablo dijo de los judíos que tenían celo de Dios pero no conforme a conocimiento (a ciencia); de manera que oraba por ellos para salvación por cuanto los consideraba perdidos. Ese celo judío por Dios no servía de nada en materia de salvación, en cambio si hubiese sido acompañado de un conocimiento conforme a ciencia hubiesen sido salvos. El estudio de Romanos 10: 1-3 debería llevarnos a esa conclusión inmediata. Por lo tanto, el conocimiento de Dios importa, la doctrina importa mucho, por cuanto Pablo le dijo a Timoteo que se ocupara de la doctrina para que se salvara y ayudara a salvar a otros; asimismo, Juan argumentó que quien no está bajo la doctrina enseñada por él no es digno de dársele la bienvenida, pues se participaría de sus malas obras o plagas.

Jesucristo vino a enseñar la doctrina de su Padre y enfatizó que nadie podía ir a él a no ser que su Padre lo llevara a la fuerza (de acuerdo al término griego empleado). Esa prédica de su doctrina hizo que muchos de sus discípulos huyeran de él murmurando y diciendo que esa palabra era dura de oír. A otro grupo de personas les dijo que no podían con su palabra porque no eran de sus ovejas: Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho (Juan 10:26). También dijo lo siguiente respecto al conocimiento: Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. De manera que el conocimiento importa.

Si alguien argumenta creer en Jesucristo pero desconoce quién es él, cuál es la obra que el Padre le dio que hiciese (que de todo lo que le diere el Padre lo salve), no ha creído conforme a ciencia: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra (Juan 4:34); ¿cuál obra? Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que diste que hiciese...He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de ti; Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste (Juan 17: 4-8).

Este es un conocimiento mínimo y válido, que el Hijo vino al mundo para salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21), que el Padre le dio del mundo a unos, no a todos, que los que son un regalo del Padre han conocido que ellos son dados al Hijo porque eran del Padre (ovejas). Asimismo, han recibido las palabras que el Hijo les ha dado. Si una persona dice creer en Jesucristo pero ignora que el Hijo de Dios vino a salvar solamente lo que el Padre le dio (por lo cual continúa el verso 9 diciendo que da gracias por los que les dio el Padre, pero que no ruega por el mundo), entonces esa ignorancia unida a su celo por el evangelio es para perdición. La ignorancia mata.

Por argumento a contrario, el conocimiento de Dios vivifica. La persona que ha sido regenerada ha pasado por la cirugía del Espíritu: a él se le ha quitado el corazón de piedra y se la ha trasplantado un corazón de carne, con el añadido de que se le ha dado un espíritu para que ande en los estatutos del Señor y los ame (Ezequiel 11:19). Entonces uno puede preguntarse si es posible que exista un hijo de Dios sometido a la ignorancia del evangelio. Si eso es posible la Biblia miente.

Los que creen tal desparpajo suponen que los arminianos son un poco inconsistentes con las Escrituras, que necesitan un poco de énfasis en la teología de la gracia. ¿Cuáles eran los estudios teológicos del ladrón en la cruz? ¿Cuál era la capacitación académica en los libros de la ley de Ana, la madre de Samuel? ¿Cuál fue el grado teológico de Pedro para reconocer que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios  viviente? A todos ellos les fue revelado por el Padre la verdad del evangelio, pues de otra forma ¿cómo pudieron reconocer la verdad que dijeron y que fue recogida en las Escrituras? Además, ¿cómo supo Juan el Bautista  al estar en el vientre de su madre que el Mesías crecía en el vientre de María? Dios da el conocimiento por medio de su palabra y de su Espíritu, pero no deja ignorante a ninguna oveja.

DIOS VERSUS EL FALSO dios

Las doctrinas de la gracia son el fundamento de la fe cristiana (que nunca llamaré calvinista). Los que suponen que el calvinismo es  evangelio están equivocados hasta la muerte, pues el mismo Calvino sostuvo que Cristo murió por toda la humanidad, sin excepción, lo cual es un contrasentido con todo lo demás que pregonaba. Al parecer, Calvino tampoco entendió lo que era la doctrina de la gracia en términos de la Escritura.

Pero es un error suponer que esas doctrinas del evangelio son materia de alta teología, pues como ya señalamos Calvino era un gran teólogo y no llegó a comprender dichas doctrinas. Por eso el Señor dijo muy claro:  te alabo, Dios del cielo, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las revelaste a los niños. Sí, Dios esconde su verdad de quienes endurece, le prohibe al impío que siquiera nombre su palabra en su boca, pero le da un espíritu nuevo a quien le instala el corazón de carne para que comprenda y ame sus estatutos. De allí que  las doctrinas de la gracia marcan la diferencia entre el verdadero Dios y el falso dios, entre el evangelio de Cristo y el otro evangelio.

Jehová mata, y él da vida: El hace descender al sepulcro, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece: Abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra: Porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo (1 Samuel 2:6-8). Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo: Yo hago morir, y yo hago vivir: Yo hiero, y yo curo: Y no hay quien pueda librar de mi mano (Deuteronomio 32:39).

He aquí, él derribará, y no será edificado: Encerrará al hombre, y no habrá quien le abra. He aquí, el detendrá las aguas, y se secarán; Él las enviará, y destruirán la tierra. Con él está la fortaleza y la existencia; Suyo es el que yerra, y el que hace errar. El hace andar a los consejeros desnudos de consejo, y hace enloquecer a los jueces. El suelta la atadura de los tiranos, y ata el cinto a sus lomos. El lleva despojados a los príncipes, y trastorna a los poderosos. El impide el labio a los que dicen verdad, y quita a los ancianos el consejo. El derrama menosprecio sobre los príncipes, y enflaquece la fuerza de los esforzados. El descubre las profundidades de las tinieblas, y saca a luz la sombra de muerte. El multiplica las gentes, y él las destruye: El esparce las gentes, y las torna a recoger. El quita el seso de las cabezas del pueblo de la tierra, y les hace que se pierdan vagueando sin camino: Van a tientas como en tinieblas y sin luz, y los hace errar como borrachos (Job 12:14-25).

Sería suficiente por ahora el poder meditar en estas palabras tomadas de la  Biblia. ¿No hablan  ellas de la soberanía absoluta de Dios en todas las materias y en todos los asuntos que podamos imaginar? ¿Respeta Dios al hombre y toma en cuenta su opinión para llevar a cabo sus decretos eternos e inmutables, ordenados mucho antes de que hiciera a la criatura  humana? ¿No están los designios humanos constituidos en esos decretos sempiternos de Dios, sin que fuese consultada la criatura inexistente?

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:53
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