Viernes, 24 de octubre de 2014

Varias interpretaciones han surgido en torno a este texto, pero como siempre una debe ser la correcta -sin que contradiga el resto de las Escrituras. Los universalistas se alegran porque Dios es el salvador de todos los hombres. Sabemos que esto no puede ser verdad, dado que el mismo Jesús (el salvador) habló del infierno de fuego más que nadie. Por otro lado, la interpretación contextual invalidaría tal desenfreno interpretativo, pues al decir especialmente de los que creen deja por fuera a los que no creen. 
Pero una variante universalista se agrada en proponer que Dios quiere la salvación de todos los hombres, aunque apueste todo a la libertad humana. Es decir, Dios hizo posible la salvación, pero al hombre le toca hacer su parte y echar mano de esa disposición emotiva divina. Este planteamiento es muy popular, pues apela al hombre como centro de atención y a su voluntad libre como elemento inquebrantable para la responsabilidad humana. A esta relación voluntad libre y responsabilidad se le conoce como dualismo. La Biblia no ampara tal interpretación, antes deshace como polilla el supuesto de la libertad humana.
La Escritura enuncia muchas veces que el hombre es nada y menos que nada, que está muerto en delitos y pecados, que odia a Dios y está en enemistad con Él, que no quiere hacer el bien, que no hay justo ni aún uno. Por otro lado, sostiene que Dios hace lo que quiere, tiene misericordia de quien quiere y endurece a quien le place; que no hay quien detenga su mano y le diga qué haces. Al mismo tiempo declara que no depende de quien quiere (voluntad) ni de quien corre (libertad de acción), sino de Dios que tiene misericordia.
Jesucristo confirma estos dichos bíblicos, dado que expuso su doctrina soteriológica (de salvación) una y otra vez, resaltando que para creer se necesita ser oveja primero (Juan 10). Hizo énfasis en el hecho de que ponía su vida por las ovejas solamente, que el mundo quedaba por fuera (ya que la noche antes de su crucifixión dijo que no rogaba por el mundo, sino solamente por los que el Padre le había dado -Juan 17:9).
La suposición dualista también es destruida por el texto en estudio. De hecho, el verso no habla de una salvación potencial de Jesucristo, sino que afirma todo lo contrario: que Dios es el salvador, especialmente de los que creen. Fijémonos bien, el verso bíblico no dice que Dios es el potencial salvador de los que van a creer, sino que es de los que creen.
Otra interpretación que alude a una semántica funcional, de aparición de un término en relación a un contexto, asegura que Dios es el salvador de todos los hombres en un determinado sentido, pero que lo es en otro sentido especialmente de los que creen. En defensa de este criterio se observan los vocablos griegos salvador y salvación en sus diversos sitios de aparición, de donde surge el sentido muy variado: desde rescate de manos del enemigo hasta la idea de preservación, así como el sentido de sanidad física. Dios salva como lo hizo con Pablo y los demás navegantes al zozobrar la nave en que viajaban (Hechos 27: 22-44). En suma, hay numerosas formas de interpretar el término salvación en la Biblia, de acuerdo a su contexto de aparición. El juez Otoniel es llamado el salvador o libertador, por cuanto libró a los hijos de Israel de manos del rey de Mesopotamia (Jueces 3:9). Asimismo, los jueces de Israel fueron llamados salvadores: y según tus muchas miseraciones les dabas salvadores, que los salvasen de mano de sus enemigos (Nehemías 9:27).
Apoya este criterio otro conjunto de textos que aseguran que Dios hace salir su sol sobre justos e injustos, provee alimento, vida y todo lo que se necesita para subsistir (pues Él da a todos vida, y respiración, y todas las cosas-Hechos 17:25). Con estos y otros versos del mismo estilo muchos se han animado a proponer el concepto de gracia genérica o común frente a gracia particular o de salvación. Aseguran que aunque Dios predestina a unos para salvación y destina a otros para condenación, a estos últimos les muestra su gracia genérica en cuanto les da vida y con ello detiene por momentos el castigo eterno que les aguarda. Pareciera un disparate hablar de gracia genérica o común, pues en sano juicio uno preguntaría si Judas tuvo tal gracia, cuando el mismo salvador dijo de él que mejor le fuera no haber nacido. Judas fue guardado a salvo hasta que cumpliera el cometido divino (como lo sostiene la Escritura). Dios soporta con paciencia a los vasos de ira preparados para el día de la ira, en virtud de la gloria de su justicia y poder (Romanos 9), no en virtud de una gracia genérica.
¿Cuál es el favor no merecido (gracia) recibido por Judas, por Caín, por Esaú, por todos los réprobos en cuanto a fe? ¿Objeto de qué gracia fueron todos los excluidos del libro de la Vida del Cordero inmolado desde la fundación del mundo - Apocalipsis 13:8-? El vocablo hebreo para gracia es chen, mientras el griego es xaris, los que en ningún momento refieren a otra cosa que a un favor no merecido, al punto que los escritores del Nuevo Testamento han subrayado que la gracia está en el Señor Jesucristo. Dios solamente muestra su ira a todos los que no están bajo la justicia de Jesucristo; pero su gracia se deja ver en el hecho de su amor para con todo su pueblo escogido bajo el Señor Jesucristo. Entonces, hablar de gracia genérica es un sin sentido, algo que no está soportado en las Escrituras.
¿Cuál fue la gracia dada al Faraón de Egipto, escogido para mostrar en él la ira y el poder de Dios? ¿Algunos de los proponentes de la gracia genérica quisieran tal gracia sobre ellos? Más allá de que aleguen acerca de ella ésta no existe, por la definición del término: un favor inmerecido, misericordia de Dios. El único evangelio que existe es el evangelio de la gracia, nunca el evangelio de la gracia común. Imaginemos a Dios expiando potencialmente a toda la raza humana de sus delitos y pecados, dándole vida temporal en Cristo, para que después de haberlos expiado los envíe al castigo eterno por no haber aceptado de buena gana la oferta, por no haber hecho su parte. Estaríamos en presencia del dios de la gracia genérica, la cual sugiere entre tantas proposiciones que el hombre es capaz de hacer algo a su favor en materia de salvación. En otros términos, en virtud de esa supuesta gracia genérica la humanidad muerta en delitos y pecados es despertada de la tumba como zombie, para después volver a ella doblemente muerta. Pues ¿quién escapa de la ira de Dios si no es en base a su gracia redentora? No se escapa en base a una gracia que no es gracia sino mezcla de gracia y obras muertas.
Demos un vistazo a este texto de Mateo 11:23-24:Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abatida; porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran quedado hasta el día de hoy. Por tanto os digo, que a la tierra de los de Sodoma será más tolerable el castigo en el día del juicio, que a ti. Este pasaje de la Escritura nos muestra de momento tres cosas fundamentales: 1) Que el Señor está dando una maldición sobre Capernaum, por lo cual sus maravillas hechas allí no iban destinadas al arrepentimiento de esa ciudad sino a mayor castigo; 2) Que dado que si en Sodoma se hubiesen hecho las mismas maravillas que en Capernaum se habrían arrepentido, por lo que surge la pregunta de ¿por qué razón el Señor no hizo tales milagros en Sodoma? Resulta evidente que Dios no quería el arrepentimiento de esa ciudad sino su destrucción como testimonio de su juicio en la tierra; 3) Que en definitiva las maravillas hechas en Capernaum no eran parte de un paquete de gracia genérica, sino una verdadera ausencia de su gracia salvadora.
Se desprende de los textos de la Escritura que no todo el mundo es salvable. Hay miles y millones que jamás han oído hablar de Jesucristo, entonces uno se pregunta en qué medida Jesucristo ha sido una vía de salvación para ellos. En qué medida lo fue para los réprobos en cuanto a fe, los cuales fueron ordenados para perdición. Es una gran mentira argumentar que la muerte de Cristo es un beneficio universal, sin excepción alguna, ya que él es el salvador de su pueblo (Mateo 1:21). El no rogó por el mundo, (Juan 17:9), de manera que dejó por fuera de su redención a mucha gente. Esto está en consonancia con su dicho célebre de que son muchos los llamados pero pocos los escogidos. Ni siquiera dijo que todos eran llamados (ya que la gracia genérica presupone un llamado potencial al mundo), sino que solamente muchos lo serían, si bien pocos serían los escogidos (elegidos). Los llamados que no son escogidos cumplen entre otras la función de falsos maestros, falsos profetas, engañadores que usufructúan a la gran masa religiosa. Esos son los que en alguna medida representan la parábola del sembrador, en aquellas semillas que cayeron junto al camino o que fueron sembradas sobre las piedras o entre los espinos.
LA OTRA INTERPRETACION
A) El texto sin contexto es un pretexto, dice un refrán popular. Como Dios envía su lluvia sobre justos e injustos y hace salir su sol sobre buenos y malos (Mateo 5:45), se ha dicho que Pablo hablaba de esa protección o salvación general que da Dios a la humanidad, que por supuesto será en forma especial en los creyentes. Es como un argumento de menor a mayor (de minore ad maius): si Dios cubre con su lluvia y sol a los injustos (malos), ¡cuánto más no hará con los que son creyentes! Por lo tanto, acá no se trata de gracia genérica, sino de una bondad generalizada en cuanto al hecho de poder sobrevivir con los elementos de la naturaleza.
Pablo le dice a Timoteo que el ejercicio corporal trae poco provecho, en cambio la piedad da beneficios tanto en esta vida como en la venidera. Eso lo dice en el verso 8 y de inmediato el 9 es una transición a lo que dirá en el 10: Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos. ¿Cuál es esa palabra fiel? El que nosotros los creyentes trabajamos en la piedad, de manera que ese provecho nos salva (ayuda) en esta vida y en la venidera. Es decir, que si aún los que hacen mal tienen recompensa en esta vida por aquello que hacen bien, cuánto más nosotros los creyentes tendremos recompensa, no solo en esta vida sino en la venidera.
B) En ocasiones el vocablo todo (pas-panta) significa muchos, muchos en su tipo, por lo cual en 1 Timoteo 6: 10 se ha traducido también en mejor forma de la manera siguiente: Porque el amor al dinero es la raíz de todo tipo de males. Ya que Adán no pecó por amor al dinero, no puede ser este amor la raíz del pecado de Adán. Se podría decir que en 1 Timoteo 4:10 Pablo hace referencia a Dios como salvador de todo tipo de personas, lo cual concuerda con otro pasaje de la misma carta (1 Timoteo 2:4), en la que se dice que Dios quiere que todos los hombres sean salvos. En su contexto, los versos anteriores definen el alcance del determinante pas-panta (todos), al pedirse rogativas por los reyes y los que están en eminencia, como por todos los hombres. Esto no implica que Dios quiere la salvación de los que ya tiene destinados para reprobación eterna, pues sería un contrasentido. Simplemente refiere a distintos tipos de personas que son incluidas en el reino de Dios.
Sabemos que en ocasiones se introduce el vocablo todos con la idea de inclusión de dos categorías de personas: judíos y gentiles, pero sin pretender incluir a todos sin excepción. Si Jesucristo va a anunciar a sus hermanos el nombre de Jehová (Hebreos 9:12), entonces no lo anunciará a los del mundo, por los cuales no rogó la noche antes de su crucifixión. Su objetivo fue llevar a la gloria a muchos hijos, no al mundo (Juan 17:9). De manera que Jesucristo gustó la muerte por todos aquellos que son sus hijos (Hebreos 2:9), todos aquellos que fueron elegidos por el Padre. Es imposible que Jesucristo haya expiado universalmente a la humanidad.
De nuevo, recordemos el uso de Todos y Mundo en la Biblia: Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados (Mateo 3:5-6). Pese a que la Biblia dice toda la provincia del Jordán y toda Judea, nosotros sabemos por las Escrituras que Herodes no se bautizó, ni Herodías, ni Betsabé, ni los fariseos que odiaban a Jesús, ni los Saduceos que no creían en la resurrección, ni una enorme multitud que detestaba a Juan el Bautista y a Jesucristo. Con esto se muestra que el vocablo todos no siempre significa cada uno de los miembros de una comunidad, sino más bien refiere a un conjunto de personas o cosas o animales.
Otro texto que nos habla del sentido variado del vocablo mundo y todo es el siguiente: Entonces los fariseos se decían unos a otros: ¿Veis que no conseguís nada? Mirad, todo el mundo se ha ido tras El (Juan 12:19). Sabemos que los mismos fariseos que hablaban esto no se habían ido tras él, ni muchos otros tipos de personas, como ya dijimos. De manera que esa es una forma hiperbólica del lenguaje para resaltar lo que se dice.
Por cierto, el apóstol Juan en una de sus cartas dijo lo siguiente: Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5:19). De manera que en la misma proposición aparece esta antítesis: los que somos de Dios y los que son del mundo. Pero la expresión el mundo entero no engloba a los que somos de Dios, sino que refiere solamente a los que son del mundo o de Satanás. De esta forma vemos que no siempre que se habla de mundo o de todo, o de su sinónimo entero, se hace referencia a una forma distributiva de cada elemento del sistema. Más bien se alude a un conjunto de personas o a un colectivo.
C) Una mejor traducción del adverbio málista se presenta en la International Standard Version: Para esto trabajamos duro y batallamos, porque tenemos puesta nuestra esperanza en el Dios viviente, quien es el Salvador de todos, esto es, de aquellos que creen. Dada la controversia entre los sintagmas todos los hombres y aquellos que creen, el adverbio griego málista, traducido en una mejor acepción: esto es, en efecto, desde luego, viene a ser de gran ayuda. De esta forma no hay contradicción alguna en el texto, pues se afirma que Dios es el Salvador de los creyentes, desde luego. Por supuesto, de todo tipo de creyentes que se engloba en la categoría de judíos y gentiles. Como el apóstol Juan sugiriera: Jesucristo es nuestra propiciación y también la de todo el mundo (hablaba a los judíos siendo judío, por eso usó el determinante posesivo nuestra; asimismo incluía a los gentiles, quienes eran considerados dentro del universo judío el resto del mundo).
La teología de un apóstol no se contradice en sus diversos escritos; si concuerda con el resto de las Escrituras es solo un signo de su inspiración divina. Esta aseveración se traduce en el hecho de que jamás hay una contradicción en los contenidos de la Biblia, en especial en sus lenguas originales. No hay chance con un Dios absolutamente soberano de tener un ápice de libertad, lo cual no impide que seamos responsables de lo que hagamos. Judas ejecutó el rol que su guión le dictaba, pero la culpa lo abrumó al grado de suicidio. Pedro negó al Señor de acuerdo a lo que se le profetizó, de igual forma se quebrantó en su dolor por la responsabilidad asumida y también fue perdonado de acuerdo al plan eterno de Dios. En realidad, el Dios de la Biblia hace como quiere y no tiene quien lo llame a rendir cuentas. ¿Quiénes somos para discutir con Dios? Somos apenas vasos de barro en sus manos.
César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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