Lunes, 20 de octubre de 2014

Dado que Dios es un ser lógico por excelencia, su conocimiento impartido a su pueblo ha de ser también lógico. En el principio era el Verbo (Logos) -dice Juan 1:1. En este sentido Dios no puede ser contradictorio como ninguno de sus enunciados sería jamás paradójico. El Ser Supremo no se arrepiente como los hombres, aunque vemos textos de las Escrituras que antropomorfizan la Deidad. En un sitio se nos advierte que Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta (Números 23:19). Sin embargo, en el relato del Génesis se dice que Dios se arrepintió de haber hecho al hombre.
No hemos de entender el texto del Génesis como que si se hablara de Él en tanto un ser contradictorio. Simplemente el escritor bíblico toma prestado una imagen humana para darnos a entender un aspecto de la Persona de Dios. En el libro del Génesis, capítulo 6, verso 6, se menciona a Dios en esta figura del lenguaje, en virtud de la maldad acrecentada sobre la faz de la tierra. Por consiguiente siguió su plan de enviar el diluvio y destruir a la humanidad, salvando apenas a ocho personas.
¿Qué podemos comprender de este evento bíblico, dictado en esa proposición lingüística? No se trata de un alfarero artista que construye un vaso de barro y luego lo quiebra porque no se satisface, para hacer uno nuevo. No, Dios hizo los vasos de ira para soportarlos con mucha paciencia, no para hacerlos vasos nuevos. El texto del Génesis no trata de un Dios insatisfecho, sino de su perfección en la hechura de los vasos de ira, sin que por ello deje de hartarse del pecado, al demostrar su rechazo profundo a la inmundicia del corazón humano. ¿No se ha dicho en el Nuevo Testamento que Dios soportó con mucha paciencia los vasos de ira? Así lo enuncia Pablo en el capítulo 9 de su carta a los Romanos.
La perfección en la hechura de los vasos de ira se demuestra en la perfección de su paciencia para soportarlos. Pero en el relato del Génesis se deja claro que al final de los tiempos exhibirá su castigo en proporción a su Justicia y Santidad.
Dios es un Ser simple, de un acto puro, de manera que no hay mudanza ni sombra de variación en Él. Hizo al impío para el día malo (Proverbios 16:4), soportó (y desde nuestra perspectiva todavía soporta) con mucha paciencia los vasos de ira preparados para el día de la ira. Ha demostrado a través de la historia humana su rechazo al pecado, de tal forma que no será una paradoja decir que esa paciencia divina para con esos vasos tiene el propósito de enseñarnos su rechazo al pecado y su demanda de justicia absoluta para su perdón. En el antropomorfismo, una figura de lenguaje humano para mostrar el enojo divino, el hombre comprende mejor el enojo de Dios hacia los vasos de ira.
EL VOCABLO HEBREO
Nacham es el término de la lengua hebrea utilizado en esa narración del Génesis. Si miramos la definición de este étimo veremos que tiene muchas acepciones y que de nuevo la traducción es apenas una posibilidad de tantas. Ciertamente, una de ellas es lamentar, pero tiene su contraparte en otras acepciones: tener compasión, confortar, facilitar la congestión. ¿No se podía decir que Dios facilitó la congestión de pecado en la raza humana? De esa manera el diluvio sería el catalizador tanto de su ira como del pecado en el planeta de esa época (Véase el Diccionario de Strong).
Por cierto, la ira de Dios manifestada en el diluvio no demuestra a un Dios arrepentido de haber hecho al hombre, sino que muestra a un Ser Divino que nos recuerda que esa parte del pecado no refleja ni su imagen ni su semejanza. Pero esa ira se contrapone con la misericordia demostrada para con su pueblo escogido: Porque Yo, Jehová, no cambio. Por esa razón, hijos de Jacob, no sois destruidos (Malaquías 3:6). De manera que el arrepentimiento no tiene jamás lugar en Dios, ya que nada acontece que no sepa de antemano en virtud de sus decretos eternos e inmutables. Y también el Vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepentirá: porque no es hombre para que se arrepienta (1 Samuel 15:29).
No hay paradoja en Dios ni en la Escritura, pero sí existe la antítesis en la descripción comparativa de la Naturaleza de Dios y la naturaleza humana. Una gran oposición o antítesis se manifiesta entre el cielo y la tierra, una gran enemistad entre el pecado y la santidad de Dios. Que Dios haya hecho el tiempo no significa que viva en el tiempo y sea afectado por él; nunca envejece el Anciano de días, pues como dijera Agustín de Hipona: No en el tiempo, sino con tiempo, creó Dios los cielos y la tierra. De la misma manera Dios puede ser el autor del pecado, pero eso no implica ni que peque ni que se vea afectado por él. Más bien, la presencia del pecado en la naturaleza humana demuestra la antítesis entre lo santo y lo inmundo. Precisamente, Jesucristo nos lavó con su sangre para poder ser santos por siempre ante la presencia del Padre. Eso sí, lo que el Mesías hizo en la cruz lo hizo por su pueblo, por los que el Padre le dio; de la misma forma oró la noche antes de morir, cuando estuvo en el huerto del Getsemaní: te ruego por estos; no ruego por el mundo (Juan 17:9).
La lección del Génesis con su relato sobre el diluvio nos enseña que debemos huir del pecado y no agraviar o provocar a Dios, pues horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo y el Señor al que ama castiga y azota a todo el que tiene por hijo. En resumen de lo dicho, Dios no actúa contra Sí mismo, sino que su lógica inspira coherencia y cohesión en todo lo que ha propuesto y ejecuta.
LOS MEDIOS DE DIOS
Consideramos los medios de Dios como otra manifestación de su lógica eterna. Es una forma de mostrar su providencia, la manera en que lleva a cabo sus planes. Pero estemos claros en algo, las Escrituras (La Biblia) es su revelación por excelencia (las traducciones de ellas no son por fuerza inspiradas, como algunos han declarado, sino que en ellas se pone de manifiesto el error humano, la ideología del momento en que se traduce una versión determinada). Una traducción infeliz afecta la debida interpretación, pero hay correcciones disponibles, hay expertos en materia lingüística, existen diccionarios de las lenguas originales en que se escribiera el Antiguo y Nuevo Testamento. Estos son instrumentos para que todo aquel que sea diligente en el estudio de la Palabra revelada pueda acercarse al texto con mayor libertad y menos prejuicio. A este tipo de medio o mecanismo se ha llamado medio o mecanismo externo.
Existe también el medio interno, el ministerio del Espíritu Santo. El intercede por nosotros con gemidos indecibles, nos ayuda a pedir lo que conviene, nos lleva a toda verdad y nos recuerda las palabras de Jesús. Asimismo, escudriña la mente de Dios y también se contrista con nosotros si pecamos, por lo cual se nos ha advertido a no contristarlo en ninguna medida. ¿Cómo podríamos estar siempre gozosos si no es en virtud del Espíritu de Dios? Jamás podría el creyente vivir en el gozo temporal del mundo, pues el Espíritu con el cual ha sido sellado para el día de la redención final estaría triste, y dado que vive en nosotros también nosotros compartiremos esa tristeza.
Y en la lógica divina quiso Dios salvar a los creyentes por medio de la locura de la predicación (1 Corintios 1:21); pues el mundo no conoció la sabiduría de Dios en la creación, ni por su propia sapiencia. Al oír la palabra de verdad (Las Escrituras), escuchamos el anuncio del evangelio de nuestra salud (salvación), y desde que creímos hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa. En esta combinatoria de medios externos e internos hemos sido salvados los elegidos del Padre; pero ambos medios son simultáneos y concurrentes, ya que no abriríamos nuestros oídos a la verdad proclamada de no ser por el acto operativo del Espíritu en lo que se conoce como el nuevo nacimiento. Ese Espíritu habita en nosotros como garantía (arras) de la salvación, pues quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de él.

César Paredes
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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:19
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