Viernes, 03 de octubre de 2014

¿Cuándo comienza la vida eterna? ¿En qué consiste? Jesucristo afirmó que conocer al Padre y al Hijo enviado era la esencia de la vida eterna. Así se recoge en su oración sacerdotal encontrada en el evangelio de Juan (capítulo 17). Uno puede preguntarse cuánto tiempo lleva conocer a Dios y la respuesta no es otra que la eternidad (que no acaba). Ahora bien, sabemos que nosotros estamos sometidos al espacio-tiempo, de manera que nos vemos limitados en el movimiento y en lo concerniente a las inclemencias de la edad. Pero esa limitación nos permite observar que en un momento preciso de nuestra historia llegamos a creer que Jesucristo es el Hijo de Dios, que el evangelio es uno solo. En ese momento comienza en este espacio-tiempo la vida eterna para nosotros. Sin embargo, dado que Dios está fuera del tiempo, Él nos escogió desde la eternidad, de manera que como dijo Pablo: estamos sentados en los lugares celestiales.

Pero el opuesto de la vida es la muerte. La condenación por los siglos de los siglos viene desde la eternidad (pues a Esaú aborreció Dios antes de que hiciera bien o mal, antes de que naciese). Sin embargo, en la historia del hombre se pone de manifiesto su pecado, la herencia recibida de Adán, de tal forma que todos hemos sido considerados como nada y como menos que nada. El pecado abundó en la humanidad a partir de la transgresión ocurrida en el Edén, por eso todos los hombres hemos estado considerados bajo la ira de Dios.

El anuncio del evangelio verdadero enardece y pone furiosos a muchos. Hay quienes objetan la declaración bíblica de que Dios hace como quiere, que tiene misericordia de quien quiere solamente, y de igual forma endurece a quien desea endurecer. El estado pecaminoso humano no permite aceptar la justicia de Dios sino que por el contrario excita al hombre natural a condenarlo. Dios le dice al hombre que su pecado lo alcanzará, que lo llevará a la muerte eterna. El hombre le responde a Dios que Él es injusto, pues dado que eso le iba a acontecer para qué lo creó de esa manera.

Esta es la pelea que desde hace siglos tiene la humanidad como conjunto contra su Hacedor. Ella le refuta Sus palabras y Dios no cambia su discurso. Más bien el desafío que el Espíritu lanzó a través del apóstol Pablo (Romanos 9) continúa vigente: ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que Él ha preparado para gloria...? (Romanos 9: 22-23). Ya antes había dicho que había amado a Jacob y aborrecido a Esaú, pero que eso no representaba ninguna injusticia en Dios.

La potestad de Dios como alfarero es soberana por lo que ha hecho con su masa de barro lo que ha querido. De nuevo, el objetor se incomoda por el peso soberano de Dios, de tal forma que presupone injusticia en esas palabras. Esto es revelador, pues todo aquel que objeta la potestad suprema del Creador es contado como lo que es, un renegado objetor. ¿Será esa persona un vaso de ira preparado para el día de la ira? ¿O es que el Espíritu le ha abierto los ojos y ha comprendido que ya no hay por qué batallar contra los designios eternos e inmutables del Señor?

Pues los que aceptan como una dádiva y un don perfecto esta salvación tan grande no tienen por costumbre objetar el regalo de Dios. El haber sido incluido en la lista por los cuales Jesucristo moriría, el haber sido considerado pueblo de Dios, su amigo y miembro de su iglesia, viene a ser motivo de gozo insuperable. Todo aquel que dice creer el evangelio de inclusión, el evangelio de la mentira que anuncia una salvación potencial otorgada por Jesucristo en la cruz, pero que depende de la libre aceptación de un hombre declarado muerto en sus delitos y pecados, está creyendo en un falso dios. Ese mensaje es anatema por cuanto se opone a la declaración bíblica, a la doctrina enseñada por Jesús: Nadie puede venir a mí si no le fuere dado del Padre; Yo soy el buen pastor, que da su vida por las ovejas; vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Interesante que después de este mensaje de su evangelio la gente tomó piedras para lanzárselas al Señor (Juan 10) mientras el otro grupo se retiró murmurando porque consideró su palabra dura de oír (Juan 6).

Ciertamente, en los templos de hoy como en los de ayer se encuentran cabras junto a las ovejas. Pero nuestro deber es anunciar y denunciar para que ellas salgan del redil, pues aquellas son consideradas indignas de recibir la palabra, por cuanto se ha dicho que no demos lo santo a los perros ni echemos las perlas a los cerdos (Mateo 7:6). Al impío Dios le dice que no tiene que tomar en sus labios su palabra (Salmo 50:16), de manera que el evangelio de las cabras siempre será otro evangelio, acomodado a la imagen y semejanza de su propio interés.

De allí que el mensaje de la cruz incomoda y se esconde en esas sinagogas, por cuanto prevalece el argumento ad populum (de la mayoría), el razonamiento de la cantidad. Hay predicadores de la doctrina de la gracia que desvían el sentido de las palabras bíblicas para interpretar privadamente lo que es público. Hay quienes sostienen el derecho de Dios de amar a Jacob, pero que desvían del discurso bíblico el mismo derecho de Dios de aborrecer a Esaú. Estos falsos maestros han enseñado que Esaú se perdió por su propia cuenta, pero descuidan adrede el hecho de que el mismo texto dice que ambas cosas hizo Dios antes de que hiciesen bien o mal, antes de que naciesen.

En efecto, Dios endureció en forma activa a Esaú, por lo cual vendió su primogenitura; de la misma manera crea al objetor, para que blasfeme su nombre, al cual soporta con mucha paciencia para el día de la ira. De allí que el hombre natural se enfrenta a Su Hacedor diciéndole ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad? Aquellos falsos maestros que desvían la interpretación debida del texto en su contexto y en su gramática, privatizan la profecía para que diga lo que les conviene. De la misma forma hizo Balaam, quien profetizaba de acuerdo al mejor postor. Así recomendó al rey Balac que sedujera a Israel con la idolatría y la inmoralidad para que sufriera el abandono de Dios, todo esto después de haber recibido el soborno real. Su apostasía fue notoria, como lo es la de aquellos que son seducidos por la cantidad de gente que desean ver en sus sinagogas. Como la mayoría busca su propia verdad (el evangelio de las cabras), los maestros apóstatas enseñan otro evangelio, otro mensaje, llevando en el engaño a muchos, para lo cual también fueron destinados.

Pese a la fuerza de estos falsos maestros que enseñan en nombre de un falso Cristo, ellos no  podrán engañar a los escogidos de Dios. No solamente no les es posible engañarlos, sino que por otro lado las ovejas huyen de los extraños porque no conocen su voz y siguen al Buen Pastor, de quien son propias las ovejas que llama por su nombre.

Por eso predicamos este evangelio, para testimonio de muchos y para que los escogidos de Dios se alegren en reconocer que no hay mérito alguno en nosotros sino solamente gracia de Dios derramada en nuestros corazones. La rabia y la ira de los otros -que son muchos- pertenece a los que andan por el camino ancho, que transitan el sendero cuyo fin es camino de muerte. Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo, pero gran reposo hay para los trabajados y cansados que acuden al Maestro, el Hijo de Dios que dejó su doctrina en las palabras de las Escrituras.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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