Viernes, 05 de septiembre de 2014

Así comienza la oración del delegado del Partido Socialista Unido de Venezuela. La osadía es elocuente, endilgada al acto creativo de los pueblos. La prensa nacional ha tratado el tema como una blasfemia a la oración católica, como si de paso esa fuese propiedad del clero romano. Pero más allá de esta manifiesta ignorancia, el conglomerado evangélico ha guardado silencio al por mayor. Las prebendas recibidas en estos quince años de la idolatría chavista los ha colocado a nivel de los viejos fariseos o del antiguo pueblo de Israel, del cual hablara tanto el profeta Isaías.

Recuerdo que la maldición de Chávez a Israel fue defendida por una gran cantidad de evangélicos bajo el criterio de que  el Israel maldecido era su gobierno y no el pueblo. De ser válido este criterio tendríamos que releer la Biblia y colocar tal sentido interpretativo cada vez que Dios habló de Israel, para entender con esta lucidez hermenéutica del siglo XXI que Dios se refería al gobierno y no al pueblo escogido. Que cuando Dios le dijo a Abraham que quien lo maldijera maldeciría a su gobierno (que Abraham no tenía en ese entonces) y que quien lo bendijera bendeciría igualmente a su gobierno. Porque que se sepa, la bendición o maldición para Abraham se hacía en función de la nación que saldría de la promesa recibida, una promesa que trascendería incluso al país que aparecería tiempo después, pues en la simiente abrahámica (en Isaac) serían benditas todas las naciones de la tierra. Recordemos que de allí vino el Mesías, Jesucristo.

Pero volviendo al inicio, el hombre que maldijo a Israel recibió la maldición de Dios como promesa vindicativa hecha a Abraham. ¿Cómo puede estar en los cielos semejante ser que no hizo sino burlarse de lo divino en la tierra? Pero sus seguidores así lo han proclamado, sus cantores le rezan ahora el Padrenuestro Chávez, para que de esta forma la religión cumpla su principal objetivo: religare, reunir, unificar a la masa bajo un mismo criterio. Como el legado de Chávez fue caos económico y social, ahora se le atribuye un legado espiritual, etéreo, de una hermenéutica muy particular al estilo de los partidos políticos totalitarios.

El silencio protestante es aterrador, ellos solo se contentan porque ahora son tomados en cuenta en la esfera política y han recibido prebendas de muchos tipos. Su crítica continua al catolicismo es conocida por la acusación de idólatras que le han hecho por siglos, pero en esta nueva idolatría pasan agachados bajo la mesa, para no levantar sospechas de disidencia. Un cardenal se ha referido al Chávez nuestro que estás en los cielos como a un acto de idolatría, señalando que "quien dijera esa versión nueva e indebida del Padre Nuestro ateniéndose al texto literal estaría cometiendo el pecado de idolatría, por atribuir a una persona humana cualidades o acciones propias de Dios". 

Pero, ¿qué hacen los católicos habitualmente? Cuando ellos oran a la virgen, a José su marido,  a Pablo o a Pedro, al llamado san Benito de Palermo, a la Guadalupe o a la Coromoto, ¿no están cometiendo el pecado de idolatría? ¿No les atribuyen a personas humanas cualidades o acciones propias de Dios? Conviene reflexionar en estos criterios de la fe, para evitar los desparpajos, vengan del bando que vengan. Pero el silencio protestante es abrumador, tal vez porque su separación de Roma fue apenas un simulacro, no una revolución ni una huida de Babilonia. Su evangelio, que es arminiano por excelencia, los lleva a jugar con la antropología espiritualista, suscribiendo acuerdos en los que cambian solidaridad partidista por almas conquistadas. El Señor les dirá también en aquel día: nunca os conocí.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 15:34
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