Mi?rcoles, 03 de septiembre de 2014

La palabra encontrada en Juan 3:16 que habla de que Dios amó al mundo de tal forma para que todo aquel que en Él cree no se pierda, etc., tiene sus desproporciones. En el griego no aparece de esa manera, el inglés la traduce como WHOSOEVER (un pronombre personal formal), lo que también trae confusión. Calvino no se refirió a la lengua griega sino al WHOSOEVER, al menos en su comentario presentado en lengua inglesa. Aunque escribió en francés, la versión leída es casi idéntica al inglés: afin que quiconque croit en lui. QUICONQUE es CUALQUIERA, lo mismo que WHOSOEVER. 

Al hacer referencia en Juan 3:16, Calvino siguió el derrotero de la expiación universal, la mejor forma de justificar la infeliz traducción. Dios empleó el término universal, (whosoever) TODO AQUEL, (QUICONQUE, WHOSOEVER) tanto para invitar en forma indiscriminada (libre oferta) a participar de la vida, como para extirpar cualquier excusa del no creyente. Esa también es la importancia del término mundo, ya usado antes. Dios se muestra reconciliado con el mundo entero cuando invita a todos los hombres sin excepción a la fe de Cristo, que no es otra cosa que la entrada a la vida.

El galimatías viene a continuación, con las siguientes palabras del párrafo contiguo: Recordemos, por otra parte, que mientras la vida ha sido prometida universalmente a todos los creyentes en Cristo, la fe no es común a todos. Pues Cristo da a conocer a todos la verdad pero a los elegidos solamente les abre los ojos, para que puedan buscarlo con fe. ... pues por su sacrificio (de Cristo) en su muerte nos expió todos los pecados nuestros, y con la fe nos abocamos a Cristo con la eficacia de su muerte y el fruto de su resurrección.

Calvino creyó que la expiación de Jesucristo se hizo en forma universal, pues de otra forma no podría explicar los términos TODO AQUEL -QUICONQUE- WHOSOEVER, que involucraría a todo el mundo. Es triste ver que una mala traducción lleve a la gente a la herejía interpretativa. Pero la lengua griega dice:  πας πιστευων (ho pas pisteuon - en una pronunciación cercana). ¿Qué significa todo esto? El artículo definido (ὁ) unido al adjetivo πας traduciría algo más o menos así: el cada uno, el todo el conjunto, el todo individuo. Sabemos que esa sería una infeliz traducción, pero intento mostrar la literalidad de la expresión griega. Nunca pretende la lengua griega justificar la presencia del WHOSOEVER, todo aquel, como se ha traducido. Se une, para colmo de males, un verbo en forma de participio de presente, lo cual implica una actividad continua. Es el verbo creer: πιστευων (pisteuon) que es, como ya se ha dicho, un participio de tiempo presente que funciona como un adjetivo, sin abandonar su calidad verbal.

La traducción sería mucho más cercana a la realidad del escritor bíblico si dijera lo siguiente: para que todo el individuo que es creyente (para que todos los individuos creyentes). Esto nos pone una camisa de fuerza y evita la posibilidad de elucubrar por los senderos universalistas. Dios amó al mundo de tal forma que todo aquel que es creyente no se pierda, sino que tenga vida eterna. Quedaría por fuera el gran resto de los que no son creyentes, los cuales no fueron jamás amados por Dios.

Pero ese poder engañoso para que crean en la mentira, mencionado por Pablo en Tesalonicenses, uno lo piensa siempre en materia de falsos maestros o espíritus engañadores; nunca se imagina uno que la gramática mal traducida, o lo que es peor, mal comprendida, haya podido ser también parte del estupor enviado por el Señor para que se pierdan aquellos que no son amados por el Padre. Sabemos que los que no quisieron creer a la verdad son los mismos que son ordenados para muerte eterna (en palabras de Pedro y de Judas).

Ahora veamos a Calvino en su comentario acerca de los muchos. La palabra muchos no está definitivamente puesta para referir  a un número fijo, sino que alude a un número muy elevado. En este sentido se usa en Romanos 5:15, donde Pablo no habla de ninguna parte de la humanidad sino de toda la raza humana (Comentario de Mateo 20:28). Como bien señaló Marc Carpenter, Calvino está diciendo acá que los muchos por quienes Cristo se dio en rescate no son una pequeña parte de la humanidad sino la raza humana entera. Si Calvino hubiese dicho que Cristo se dio en rescate por la entera raza humana, se podría considerar la posibilidad de que no se refería a cada uno sin excepción -sino más bien al conjunto de los elegidos. Pero el contraste entre parte y todo indica que él creía que Cristo fue el rescate por la humanidad entera, como bien se deduce de la oposición entre esos dos vocablos: parte y la raza humana (Outside the Camp -página en internet).

En otro texto que extraje de los Comentarios de Calvino, en Marcos 14:24, se lee: Esta es mi sangre. Cuando la sangre es derramada -de acuerdo al relato de Mateo- por la remisión de los pecados, se nos refiere al sacrificio de la muerte de Cristo ... Por la palabra muchos se debe entender no una parte del mundo sino la raza humana completa; por el contraste entre muchos con uno. Esto es como si se haya dicho que él no sería el Redentor de un hombre solamente, sino que moriría para librar a muchos de la condenación.

Calvino continúa diciendo en el siguiente párrafo algo parecido: Por lo tanto, cuando nos acerquemos a la mesa del Señor, recordemos que no solamente el mundo ha sido redimido por la sangre de Cristo, sino consideremos mejor que nuestros pecados han sido expiados. Es como si el Señor hubiese expiado los pecados de Judas, Caín y del Faraón, los de los réprobos en cuanto a fe, de los cuales la condenación no se tarda, de aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la Vida del Cordero desde la fundación del mundo, pero al mismo tiempo conviene que pensemos mejor en que nuestros pecados han sido expiados.

Calvino y Arminio creían lo mismo en cuanto a la expiación ilimitada hecha por el Señor. Por lo tanto parece que ninguno de ellos entendió el sentido de la muerte de Cristo, quien vino a morir por su pueblo, por su iglesia, por sus amigos, por sus ovejas. No vino Cristo a expiar los pecados de la simiente de Satanás, de la cual se menciona en el Génesis 3:15. Eso es blasfemo y herético, pero es palabra de Calvino, así como de Arminio. Si a Arminio se le condena por lo que dijo -de acuerdo al Sínodo de Dort-, entonces los calvinistas allá reunidos desconocían las palabras de su maestro o se distanciaron de su interpretación, aunque en forma silenciosa.

LA SOLUCION PROPUESTA

Una gran parte del calvinismo se ha dado a la tarea de pregonar la expiación universal concebida por su maestro, pero para conciliar la predestinación bíblica ha propuesto una gracia genérica frente a una gracia eficaz. Si Jesucristo murió por toda la humanidad, sin excepción, entonces solamente su muerte es eficaz en los elegidos. Pero esa sabiduría humana no es la misma encontrada en las Escrituras.

En efecto, la Biblia afirma que el Señor puso su vida por las ovejas, se dio en rescate por muchos - no por todos, salvará mi siervo a muchos, por su sangre tenemos redención,  lo cual anula el concepto de que la sangre fue derramada por toda la humanidad, sin excepción, ya que todos tendrían redención si hubiese muerto por todos. Al mismo tiempo, Jesús afirmó un día: vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas; el buen pastor su vida da por las ovejas. No dio su vida (su sangre, su expiación, su sacrificio) por todos, sino por las ovejas. El Señor habló de los cabritos, los cuales separaría de las ovejas en el día final; también oró la noche antes de su crucifixión por los que el Padre le había dado, dejando por fuera en forma expresa al mundo: no ruego por el mundo.

Resultaría imposible que el Señor hubiese derramado su sangre por la simiente de la serpiente. En el Génesis 3:15 leemos: Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Esto ha sido una verdad histórica entre Satanás y la iglesia de Dios, con un irreconciliable odio y una guerra perpetua. Las dos semillas o simientes (descendencia) están en pugna; una refiere a la posteridad de Eva, la humanidad elegida (en Isaac te será llamada descendencia -simiente). La semilla de la mujer refiere al Mesías, el cual fue odiado en forma implacable por Satanás. La otra simiente se ha esparcido en el mundo y es el conglomerado de los hijos de Satanás: (vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis hacer). Jesús habló de la generación de víboras, la cual persigue al pueblo de Dios.

Mas tú eres el mismo, y tus años no se acabarán. Los hijos de tus siervos habitarán, y su simiente será afirmada delante de ti (Salmo 102: 227-28). Fue Jesucristo quien destruyó a Satanás en la cruz, venció la muerte con poder, llevó consigo la cautividad, venció también al mundo que está bajo el maligno. De manera que el Señor no derramó su sangre en favor de los que nunca salvaría, de los que Esaú representa, de los réprobos en cuanto a fe. Eso no cabe en la economía salvadora del Padre; pues a todos los que quiere, da vida. De manera que Dios tiene misericordia de quien quiere, pero endurece al que quiere endurecer. Los que Él endurece no han tenido nunca su favor desde la eternidad, de manera que mal podrían recibir un favor suspendido como la muerte de Cristo en forma inútil. Eso equivaldría a pisotear la sangre del Señor, como bien ha señalado el autor de Hebreos.

Finalmente, en su comentario sobre 1 Juan 2:2, Calvino expuso que estaba en contra de los fanáticos que extendían la expiación de Jesucristo aún hacia Satanás mismo. Pero que para evitar tal absurdo aceptaba la solución propuesta por los estudiosos en la materia, los cuales han dicho que Cristo sufrió suficientemente por el mundo entero, pero eficientemente solamente por los elegidos. Esto lo creo como una verdad -dijo-, si bien el propósito de Juan no es otro que hablar del beneficio común de toda la Iglesia. Bajo el término todo no se debe incluir a los reprobados, sino solamente a los que irían a creer y que están esparcidos por varias partes del mundo.

Resumiendo, en la visión de Calvino sobre la expiación de Jesucristo, habrá que tener en cuenta que hay dos intenciones primarias: 1) Jesucristo sufre suficientemente por el mundo entero; con este adverbio uno puede especular muchas cosas. Esta suficiencia estaría predicada en función de la posibilidad de que la humanidad entera venga a Cristo, pues ya sus pecados fueron perdonados. 2) Jesucristo sufrió eficientemente en forma única por los elegidos; esto nos permite comprender que como la humanidad no va a venir en forma completa a Jesucristo, entonces la expiación fallida en la suficiencia del sufrimiento se hace válida y eficaz en el grupo de los elegidos del Padre. Con tal posición uno no puede menos que darse cuenta del deseo de equilibrio de Calvino para nadar entre las dos corrientes teológicas confrontadas en la Reforma. Evitó el naufragio pero se murió en la orilla. Se deduce que Calvino no comprendió del todo lo que significó la expiación de Jesucristo, la muerte eficaz por su pueblo, el odio de Dios por Esaú o por Faraón. Supuso, como el objetor de Romanos 9, que Dios era injusto si tal hacía, por lo cual buscó el punto medio entre un sacrificio suficiente y uno eficiente.

Esto equivale a lanzarle un salvavidas desinflado a un náufrago, decirle que Jesucristo murió por él en la cruz, pero que de todas formas no lo va a salvar. Equivale igualmente a decirle a Dios que la sangre de Su Hijo no fue lo suficientemente valiosa como para salvar a estos que reciben el mensaje, que si bien Dios quiso redimirlos con la suficiencia del sufrimiento de Cristo, la dureza del corazón humano muestra la impotencia de la intención fallida de Dios. Muestra igualmente su equivalencia con la tesis de Arminio, que Dios hizo su parte en la cruz (murió suficientemente por toda la humanidad, sin excepción), pero el corazón humano no echa mano de esa salvación consumada. La única diferencia entre Arminio y Calvino radicaría en que para el primero el libre albedrío es la causa del rechazo de la gracia salvadora (ya no irresistible), mientras que para el segundo la causa del rechazo radicaría en la elección. Pero ambos coinciden en este punto de la expiación ilimitada de Jesucristo, ambos se saludan, se dan la mano y se dicen bienvenidos.

La pregunta lógica se la hace uno ante los comentarios de Calvino, ¿qué sentido tiene que el Padre haya elegido a los Esaú del mundo para perdición eterna, aún antes de que hiciesen bien o mal, y luego haya enviado a Su Hijo a morir inútilmente por ellos? De mantenerse este criterio en los que leen los Comentarios, se obtiene como resultado una gran ofensa a Dios tanto en su inteligencia como en su economía salvadora. Imaginemos por un momento a Jesucristo expiando los pecados de Judas, aunque éste yace en el infierno eterno pagando su condena, ya que el Padre no le computó el sacrificio de Su Hijo como la justicia absoluta exigida. La universalidad de la expiación se entiende mejor si no hay elección y si todos tienen en realidad la oportunidad de elegir el destino final. Pero como no a todos se les ha anunciado el evangelio, uno vuelve a preguntarse acerca de la inutilidad de esa universalidad, ya que sin notificación tampoco hay redención, pues ¿cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Cómo invocarán a aquel de quien no han oído?

Terrible cosa es seguir mandatos de hombres, una gran maldición hay para los que confían en el brazo humano. En materia del espíritu debemos seguir los trazos de la Escritura antes que a los íconos levantados en la historia, erigidos como los guías ciegos de ciegos. Calvino erró en un punto muy crítico de la comprensión del evangelio de Cristo, dio a entender por sus Comentarios que no tenía claro lo que significaba la expiación del pueblo de Dios (Mateo 1:21). Se apresuró a estrechar las manos de los que no traían la doctrina de Cristo, 2 Juan 9 al 11. El Salmo 115:8 habla de la semejanza entre el ídolo y los que lo fabrican; cuidémonos de seguir los íconos de la historia, no vayamos a tropezar también en sus errores, no nos vaya a pasar lo que le aconteció a Spurgeon, por seguir el calvinismo como la doctrina de la Biblia. Llegó a predicar que Esaú se perdió por su propia cuenta, que Dios no tuvo nada que ver en ello, y lo que es peor, que su alma (la de Spurgeon) se rebelaba contra la doctrina que ponía la sangre del alma de Esaú a los pies de Dios. Con esto pasaba por alto el texto que exponía acerca de Romanos 9, pues al igual que al objetor de ese capítulo, a él también le molestaba la injusticia en Dios con respecto a la condena de Esaú, aún antes de hacer lo bueno o lo malo. Lo mismo hizo el señor Wesley, discípulo arminiano, quien abjuró de tal Dios. Pues bien, si uno lee lo que ellos leían en las Escrituras, uno no puede sino entender que se ofuscaron contra el Espíritu Santo. ¿Qué dice el texto en forma llana y simple? Romanos 9:11 dice: (Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese;). Vemos acá que tanto Jacob como Esaú están en la misma posición en la eternidad, sin haber hecho ni bien ni mal, bajo un mismo propósito, el de Dios conforme a la elección, no por las obras. El verso 12 continúa junto con el 13: Le fue dicho que el mayor serviría al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. Eso lo hizo Dios en la eternidad, sin que mediara obra alguna en ellos, como ya se desprende del verso 11. Lo más notorio en esta lectura es que en forma inmediata aparece la objeción en el verso 14: ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. La supuesta injusticia está planteada por Esaú, pues fue endurecido antes de hacer el bien o el mal; el objetor no va a surgir por lo hecho a favor de Jacob, pues no se objeta la misericordia, sino el endurecimiento de Dios. Ese mismo objetor continúa en el verso 19 reiterando su criterio acerca de la injusticia de Dios, es como si abjurara de tal Dios, como si su alma se rebelara contra tal doctrina. Así aparece en el verso 19: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad? Démonos cuenta que su queja es por el hecho de Dios haber inculpado a Esaú, aún antes de hacer el bien o el mal, antes de nacer. Su objeción es contra la soberanía ilimitada de Dios en materia de salvación. No se queja por la misericordia de Dios para con Jacob, pues habla de inculpar a Esaú. Esa queja es refutada por el Espíritu Santo en forma inmediata: El verso 20 lo relata así: ¿Quién eres tú para que alterques con Dios?

¿Quién es Calvino para que alterque con Dios? ¿Quién es Spurgeon para que alterque con Dios? ¿Quién es John Wesley para que alterque con Dios? ¿Quién es usted para que se una a esa gente que alterca con Dios? ¿Abjurará usted de tal Dios? ¿Se rebelará su alma contra tal doctrina? La respuesta a estas interrogantes continúan en el verso 21 y 22, donde se habla de la potestad del alfarero para hacer con su barro lo que quiera, para soportar a los objetores con mucha paciencia, los cuales fueron preparados por Él para destrucción. Dios reitera en esta respuesta que Él es quien ha preparado no solamente a Esaú sino a los objetores para el día de su ira.

Recapitulando, ¿sostendremos que la sangre de Cristo fue derramada por Esaú, en la misma forma que por los elegidos del Padre para salvación? Porque si esto es cierto, entonces Esaú es salvo y el Espíritu Santo mintió al inspirar el capítulo 9 de Romanos. Si no es cierto, poco importa la fama de Calvino, su obra en la historia, o los seguidores de una Reforma acomodada a la Gran Ramera Romana. Porque en realidad se hizo una reforma, no se planteó nunca una huida de Babilonia, como la Biblia ordena. ¿Importa más la opinión de Wesley, de Calvino, de Spurgeon, de un gran etcétera de teólogos que tropezaron con la Roca que es Cristo, antes que la Palabra de Dios en forma llana y simple? La respuesta que se obtenga de tal pregunta dará una orientación acerca de en cuál camino se anda.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 9:55
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