Lunes, 25 de agosto de 2014

Hemos sido llamados a contender por la fe una vez dada a los santos, más allá que de que se diga que el siervo de Dios no debe ser contencioso. Claro, no es menester andar en contenciones unos con otros, pero cuando se trata de materia de defensa de la fe el asunto toma otro cariz. Judas 3 nos lo autoriza, ya que Isaías declaró que Jehová no está dispuesto a dar su gloria a ningún otro (Isaías 48:11). Somos llamados a tener un gran celo para darle toda la gloria al Señor, por lo cual también hemos de capacitarnos para demoler argumentos y cualquier cosa que se levanta contra el conocimiento de Dios para llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5).

Si la criatura es independiente de su Creador es porque tiene libertad absoluta de Él. En ese caso hipotético, Dios podría lamentar el fatal destino de quienes ha creado. Sería un Dios que no puede hacer nada al respecto porque la libertad impera sobre cualquier designio divino. Sin embargo, intervendría en la criatura la buena o la mala suerte, la buena o errónea decisión en lo que hace. El hombre estaría sujeto a fatales contingencias, a múltiples futuros posibles, que por supuesto no es otra cosa que el gobierno inevitable de la Suerte o la Fortuna, o la Fatalidad.

Esta nueva fe pertenece a un evangelio diferente, sería el producto del imaginario colectivo religioso, llámese pagano o cristiano. Pero como dice el proverbio: la sabiduría está muy alta para el necio (Proverbios 24:7). En la fe dada una vez a los santos se puede leer que Dios predestinó a aquellos que conoció o amó, como se implica en el verbo bíblico. José no conoció a María hasta que dio a luz el niño, pero la llevaba en el asno hacia Belén, a quien era ya su esposa. Y Adán conoció a Eva su mujer y tuvo otro hijo. Y Dios dijo que no conocía en la tierra sino al pueblo de Israel; si bien Dios conoce todas las cosas.

De manera que por la vieja fe dada a los santos sabemos que Dios conoce aquello que ha ordenado de antemano, lo que ha predestinado; de no ser de esa manera ¿cómo podría conocer? No conoce Dios a partir de lo que ve en sus criaturas, sino que ve en ellas lo que ya decretó que hiciesen. Porque Dios no es un espía o un plagiario que roba los acontecimientos humanos para después escribirlos como suyos a través de sus profetas. Por allá vio a Herodes y a Poncio Pilatos queriendo hacer de las suyas, de tal forma que envió a Juan el Bautista para que fuese asesinado y a su Hijo Jesucristo para convertirlo en Redentor. Se dio cuenta, de tanto espiar, que Judas tenía malas intenciones y por eso lo escogió para aprovecharse de él. Suerte la que tuvo Dios al hacer semejante plagio sin que el hombre cambiante y voluble alterase en lo más mínimo lo que había visto desde los siglos.

Una doctrina del falso evangelio nos dice que Dios decretó la salvación humana en base a ciertas condiciones. Esto convierte al final al hombre en el autor de su salvación. Pero semejante ilusión doctrinal se sostiene con un dios débil y enfermizo que necesita la voluntad humana para espiarla y poder escribir sus libros. La voluntad de tal dios estaría subordinada a la voluntad de sus criaturas.

Las cosas temporales no pueden ser la causa de una elección eterna. Recordemos que Dios escapa al tiempo, como enseñara Agustín de Hipona: No en el tiempo, sino con tiempo, creó Dios los cielos y la tierra  (Non in tempore sed cum tempore creavit Deus caelum et terram). Mal podría Dios colocar el tiempo antes de la eternidad y a partir de eso hacer un destino posterior de acuerdo a lo que en el tiempo acontece. Pero Él hace todo lo contrario, desde la eternidad predestina lo que habrá de acontecer en el tiempo.

Por la fe dada a los santos sabemos que el otro evangelio ha creado un dios. La gloria ha pasado de Dios al hombre, quien está en el trono frente a una relegada Divinidad. El dios de la impotencia no puede ejecutar nada que no esté de acuerdo a la voluntad y cooperación humana. La irresistible gracia es ahora resistida, de acuerdo a la voluntad particular de cada quien. La depravación total de la raza humana se flexibiliza al punto en que el hombre muerto no lo está del todo y puede ver la medicina y tomarla cuando quiere. La expiación de Jesucristo por los que el Padre le dio pasa a ser universal, en un perfil democrático al alcance de todos. La elección la ha habido, pero en forma condicional, de acuerdo a los corazones voluntariosos de los hombres. Incluso la perseverancia de aquellos elegidos se logra siempre y cuando ellos insistan en mantenerse aferrados a lo que han creído.

Desde esta torcida perspectiva Dios tiene diversos planes, al menos el plan A y el plan B. Si Adán pecaba en el Edén, entonces Jesucristo estaba preparado como el plan B. Si no pecaba, pues dicen que era libre para no hacerlo, entonces Jesucristo se hubiese ahorrado el sufrimiento y no hubiese sido inmolado en la cruz. Bien, eso contraviene la Escritura que afirma que el Cordero de Dios ya había sido inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8).

Según el otro evangelio, Jesucristo no salvó a nadie en particular sino que hizo una salvación potencial, hipotética, de la que los muertos en delitos y pecados sin intervención sobrenatural, sino motu proprio, se han aprovechado por pura inteligencia. Es el mérito humano el que prevalece por sobre la gracia de Dios. Y dado que la gente puede resistir la gracia de Dios, entonces esa es una desgracia.

El otro evangelio propone a un Espíritu Santo que ruega, lucha, que a veces cae derrotado, ante la omnipotente voluntad humana. Solamente el libre albedrío humano vence la desgana del alma y llega a aceptar la oferta hecha: Cristo hizo su parte, ahora le toca a usted hacer la suya. Este otro evangelio se reproduce por todos los medios que el mundo le ofrece, de manera que aún las ovejas se distraen en su desconsuelo, tratando de quitar el enredo argumentativo que se ha hecho. Escuchar el falso evangelio trae esas complicaciones, porque después la oveja tiene que darse a la tarea de separar las vanas palabrerías del alimento sólido.

El Señor lo dijo en forma muy clara: que sus ovejas oirían su voz y le seguirían, porque él las conoce. Que no se irían tras el extraño, porque desconocen su voz. Más bien, sus ovejas huirían del hombre extraño (de los falsos maestros, de los falsos profetas, de los falsos cristos, de los cerdos, de los perros, de los lobos, de las zorras, etc.). Aquellas ovejas que todavía no han sido llamadas al redil (porque no han nacido de nuevo y no se les ha predicado el evangelio) quedaron advertidas para huir de Babilonia, una vez que escuchen el llamado del Buen Pastor. A los creyentes que permanecen en la palabra de Cristo se les dijo que no dieran la bienvenida a los que no traen la doctrina de Jesucristo, so pena de participar en sus malas obras (2 Juan 1:11).  Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos (Judas 3).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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