Mi?rcoles, 20 de agosto de 2014

Jesucristo no habló en lenguas, como ningún ángel se comunicó con lenguaje angélico. Cada quien utilizó el medio lingüístico natural humano, pues de otra forma no hubiese sido posible la comunicación. Precisamente, el fenómeno envuelto en un Dios hecho hombre implica que el proceso comunicativo arranca por la paridad de los mecanismos de interacción social. De manera contraria, el paganismo siempre ha concebido el idioma de los dioses como un secreto que solo sus sacerdotes conocen. Para alcanzar el contacto con lo divino, el paganismo ha recurrido a los misterios en los ritos religiosos.

En cuanto a los misterios de Eleusis, Aristóteles dijo que la iniciación no consistía en aprender sino en experimentar. La iniciación sería una vivencia interna, la auto-realización de lo divino en lo humano. Ese trasfondo cultural griego, junto a la presión de la enorme multitud de personas que visitaban a diario el puerto comercial de entonces, pudieron dejar su huella en la iglesia de Corinto. El rito religioso pagano de seguro había dejado su secuela en los nuevos conversos que habían tenido el hábito de las experiencias con sus antiguos dioses.

Los iniciados de Eleusis participaban de los misterios divinos, en su contacto con el mundo de los espíritus. La excitación emocional, las revelaciones, los milagros y el hecho de hablar palabras extrañas y desconocidas que provenían del mundo espiritual, dejaban la marca de pertenencia a un grupo particular.  Entregados a nueve días de ayuno, a la prolongada caminata desde Atenas a Eleusis, los que se iniciarían en sus votos andaban de noche con antorchas en busca de la diosa Cora. Era un entusiasmo colectivo, casi histérico, todos imbuidos en un drama de masas, cuyos sacerdotes solían ingerir un hongo psicotrópico que crecía en la cebada. 

Curiosamente, el cabalista Pico de la Mirándola, aseguró que una palabra sin sentido es la que tiene más poder sobre los demonios. De allí que el universo pagano haya esgrimido tal recurso para el simulacro de lo divino en la tierra. Lo que el hombre no puede entender los dioses sí que lo comprenden. En esta forma, los participantes del rito religioso son destacados si hablan en lenguas extrañas o irreconocibles. Las repeticiones silábicas carentes de significado son el material que construye la alabanza a las divinidades paganas.

Pero Pablo le advirtió a la iglesia de Corinto que ellos como creyentes hablaban la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, de tal forma que esa no era tarea de unos iniciados ni trabajo oculto de los sacerdotes. ¿Cómo se los reveló Dios a los creyentes? Por el Espíritu, que todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.  Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:11). La diferencia entre la iglesia y el mundo pagano es que los miembros del cuerpo de Cristo han recibido el Espíritu que es de Dios, mientras que los otros han recibido el espíritu que es del mundo (verso 12).

En tal sentido, no hace falta iniciarse en ningún misterio, ni pretender destacarse con el cuento de las lenguas sin significado alguno. El Espíritu de Dios actúa con orden, en consonancia con el Señor quien lo envió a su iglesia. De esta forma, los creyentes no prefieren las doctas palabras de humana sabiduría, sino la doctrina del Espíritu. Mucho menos habrán de tomar en cuenta las palabras que no tienen significado alguno, que además son de carácter privado de los iniciados.

Recordemos que en la iglesia primitiva el Espíritu Santo dio el don de lenguas vivas con la intención de predicar el evangelio, como una señal (semeia) ante el incrédulo y como el cumplimiento de una profecía de Isaías. Este hecho sobrenatural jamás hubo acontecido en el mundo religioso de los paganos, ya que las lenguas de Pentecostés no eran jerigonzas incomprensibles o sin sentido sino extranjeras, pertenecientes a muchas naciones.

En la iglesia de Corinto existía el don de lenguas como aquella señal que el Espíritu había dejado, sin que se generara confusión alguna con lo que algunas personas pudieran recordar de los ritos de Eleusis. Los creyentes no se entregaban a los trabalenguas monosilábicos, para pretender darle un carácter misterioso al ritual eclesiástico. Pero sí se jactaban de hablar esas lenguas extranjeras, a pesar de que no existiera la necesidad de hacerlo porque no hubiese personas que requiriesen escuchar el evangelio en otra lengua ajena al griego. Por esta circunstancia, es posible que su jactancia los equipara a los iniciados paganos que se ufanaban de conocer los misterios religiosos propios de sus divinidades.

HABLAR LENGUA Y PROFETIZAR

El que habla en lengua a sí mismo se edifica; pero el que profetiza edifica a la iglesia (1a Corintios 14:1-4). El culto pagano busca un objetivo personal, mientras el culto del creyente apunta a la edificación de la iglesia. Cuando los paganos hablaban su lengua rara recibían el beneficio de la adoración en forma particular, creyendo que hablaban secretos o misterios con su dios. ¿Cuál era ese beneficio? Era el éxtasis producido por la euforia de creer que hablaba tales misterios con su divinidad. No encontramos en la versión griega de la epístola a los Corintios el vocablo extraña, adjudicado a la lengua. Esa es una traducción infeliz que se ha metido en diversas versiones, pero que en la Vulgata Latina tampoco aparece (en este caso más fiel a la versión griega).

Profetizar es tanto declarar el futuro por inspiración divina como proferir o predicar la palabra de Dios. ¿Cuál de los dos sentidos está utilizando el apóstol? El contexto de la carta lo dice, ya que habla de la edificación de la iglesia,  Mas el que profetiza, habla a los hombres para edificación, y exhortación, y consolación (1 Corintios 14:3). No dijo el apóstol que quien profetizaba predecía el futuro, sino que exhortaba y consolaba a la iglesia, lo cual acontece con la exposición de la palabra de Dios.

Pese al hecho de que en Corinto se ufanaban de hablar en lenguas, el apóstol les dice que ese don (para quienes lo tenían entonces) se extinguiría muy pronto, cuando llegare lo completo -teleion. Una vez que la revelación fue completada, cerca del año 70 de la era cristiana, cesaron las profecías en forma de predicción, pero también cesó el don de las lenguas. En su carta a los romanos Pablo habla de los dones del Espíritu y no menciona el don de lenguas. Este fenómeno no constituyó un problema para ninguna otra congregación, no se ve a ningún otro apóstol disertando sobre tal situación.

Hoy día vemos a unos que se llaman creyentes que dicen tener el don de lenguas y no hablan lenguas extranjeras sino palabras sin sentido. Ellos le dan menos importancia a la Palabra de Dios (la Biblia) que a las supuestas nuevas revelaciones. Ahora se dan a la tarea de reactivar lo que cesó hace siglos por decreto divino, dan nueva apertura a lo que ellos llaman don de lenguas y profecía.

Si el espíritu de los profetas estaba sujeto a los profetas, ahora los demonios parecen quitar al hombre el control de su espíritu, dando rienda suelta a las emociones y pensamientos azarosos que llegan a la mente. La serpiente interna se activa en los que dicen creer el evangelio, pero que rinden tributo a los antiguos misterios de Eleusis.

¿Qué necesidad hay de orar en lenguas cuando Dios nos oye en nuestra lengua materna? Pero como el don cesó, surge otro interrogante: ¿En nombre de quién oran los que balbucean sílabas a la usanza de los antiguos ritos paganos? Poco importa que digan que lo hacen en nombre de Jesús, pues el Señor mismo les negará ese derecho reclamado en el día final, cuando gritarán que profetizaron en su nombre e hicieron milagros y echaron fuera demonios en el nombre de Cristo. Satanás mismo se disfraza de ángel de luz.

EL FENOMENO LINGUISTICO

Se han hecho diversos estudios en múltiples universidades del planeta, en forma secular y por motivación religiosa. El resultado de los mismos es alarmante y por demás revelador de lo que decimos. Las mismas jerigonzas y vanas repeticiones son registradas por grupos carismáticos evangélicos y católicos, así como santeros y seguidores de otras divinidades paganas.

En todas estas grabaciones existe una alta frecuencia de repetición de los mismos sonidos y frases; hay una gran semejanza entre el idioma (o lengua) del altavoz (el que habla las jerigonzas) y su propio trasfondo lingüístico.

Aparece reiterativamente el uso de una o dos vocales, sin estructura lingüística alguna. En ocasiones se interpretan citando azarosamente textos aprendidos de la Escritura. En lugar de haber una traducción directa, el intérprete usa parlamentos mucho más extensos que lo hablado en las supuestas lenguas.

Pese a que se alega que son lenguas angelicales, la Biblia nos demuestra que lo sucedido en Pentecostés y en otros casos narrados en el libro de los Hechos, así como en Corinto, fue con lenguas extranjeras. Pablo habló usando un hipotético subjuntivo, diciendo si yo hablase lenguas angelicales, lo cual no da pie para creer que hablara tales lenguas o que éstas existiesen. Los mensajeros de Dios (tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) siempre hablaron la lengua de los destinatarios del mensaje.

Los iniciados de Eleusis nos demuestran que aún antes de Cristo existía tal práctica; de igual manera nos lo demuestra el oráculo de Delfos, así como un sinnúmero de religiones del mundo. Esa práctica de balbuceo silábico la hacen los monjes tibetanos, la hizo Mahoma, la han hecho los mormones, pero también se encuentra en muchos experimentos sicológicos de laboratorio.

Una primera conclusión nos lleva a decir que los que practican tales actos en nombre de lo sucedido en Pentecostés falsifican el verdadero hecho sobrenatural enviado por Dios. Pero hay que añadir que es una falsificación burda, ya que no concuerda el balbuceo silábico con hablar una lengua extranjera.

Si Pablo dijo que las lenguas eran una señal para los no creyentes, entonces la jerigonza no lo es. Cualquier no creyente puede balbucear las sílabas en forma repetitiva hasta adquirir destreza en el acto de pronunciación y eso no le es por señal de Dios. Pero además, los practicantes de estas mal llamadas lenguas caen al piso, como lo hicieron los espíritus inmundos que al ver a Jesús se postraron ante él diciendo: Tú eres el Hijo de Dios (Marcos 3:11). Por esta razón, el tratar de imitar lo sucedido en el Pentecostés no trae buenos frutos, y si se le añade el argumento de que por esa vía se reconoce a Jesucristo como el Hijo de Dios, ya los demonios lo han hecho y de nada les ha valido.

El Señor nos advirtió que vendrían falsos Cristos y falsos profetas con grandes señales y maravillas, que engañarían a muchos (aunque no a los escogidos) -Mateo 24:24. El habla ininteligible no es más que una mímica de otros hablas con que se intenta hacerlo parecido a una lengua. La repetición sin sentido de sílabas se pretende traducir o interpretar para darle la legitimidad que Pablo exigía del habla de lenguas extranjeras en Corinto. Pero si el habla no es  según lo ocurrido en Pentecostés (y no puede ser porque fue un fenómeno único y ya cesó el don de lenguas) entonces su interpretación ha de ser también una trampa.

Por otro lado Pablo nos recomienda evitar las vanas habladurías y Jesucristo nos pide no orar como los paganos, con vanas repeticiones. Son dos advertencias para evitar el fenómeno diabólico del supuesto don de lenguas contemporáneo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires (Efesios 6:12).

Si usted es uno que se dice pentecostal, porque pretende creer que lo sucedido en el Pentecostés debe acontecer una vez más hoy día, sepa que ese trabalenguas usado es demoníaco, pues intenta hacerse pasar por un don del Espíritu de Dios. Eso es un engaño más del príncipe de este mundo, por lo cual Dios le dice a su pueblo que perece por falta de entendimiento, salid de ella, pueblo mío. El que no salga de esa Babilonia espiritual es porque no es oveja propia del Buen Pastor (Juan 10:1-5). Lo que debe hacer la persona involucrada en estas actividades es utilizar su lengua materna para pedirle a Dios que lo perdone y lo libere de tales ataduras. ¿A quién impresionas con esa apariencia de espiritualidad al pretender hablar en lenguas, cuando en realidad hablas en jerigonzas incomprensibles? Piensa que aún los misioneros pentecostales han tenido que estudiar idiomas para propagar sus errores, y no han podido valerse del tan citado error del que se ufanan, de hablar en lenguas, para evitar aprender idiomas.

Y si la profecía ya cesó y quedó cerrado el libro de la revelación de Dios, entonces ¿qué haces profetizando? ¿En nombre de quién lo haces? ¿Acaso te vanaglorias porque aciertas en algunos casos lo que predices? Hubo una muchacha que tenía espíritu de adivinación y hablaba de Pablo como de alguien que traía la verdad. Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud (Hechos 16: 17); pero el apóstol no se agradó pese a que decía la verdad, sino que se molestó porque esa verdad provenía del padre de la mentira.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 16:07
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