Martes, 19 de agosto de 2014

Dios es la referencia del antiguo evangelio, el tema del nuevo es el hombre centrado en su ego. El nuevo evangelio ha reformulado el mensaje bíblico, intenta la autoestima del hombre a través de la predicación parcial, intencionada, bajo la pretensión de que el ser humano tiene la opción de asumir a Cristo cuando lo crea necesario. Asimismo, si el hombre parte de este mundo sin Cristo, hay quienes se dan a la tarea de orar o rezar por las almas de los difuntos. En este caso, un tercero sería quien decide por los muertos.

El cambio entre el viejo y el nuevo evangelio ha sido gradual, pero ya es un hecho patente que en los últimos años el viejo es un recuerdo mientras el nuevo se muestra como el incuestionable original. La manía por lo sicológico en la presentación del evangelio es un acto repetido en cada actividad eclesiástica, mostrada en los cantos suaves de los himnos, en el juego de luces de los escenarios, en las historias conmovedoras propuestas por el orador de turno. Pasear al oyente por diversos estados de ánimo permite seducirlo en busca de su inclinación por Cristo, como si el Señor del cielo y de la tierra rogara la limosna de un alma.

Jesucristo unió su muerte a su intercesión como el único medio de nuestra  redención en su oración de Juan 17. En esta oración se refiere al ofrecimiento de  sí mismo en la muerte de cruz, cuando pide por los suyos, aquellos que el Padre le ha dado.  Nosotros no podemos separar estos dos actos, ya que el uno sería inútil sin el otro.  Jesús oró en Getsemaní por los que iría a representar al día siguiente en la cruz, pero resucitó e intercede por nosotros todavía (Hebreos 7:35). Jesús murió por su pueblo, pero intercede aún por él en tiempos presentes. ¿Y por quién ora Jesús hoy día? Por las personas que incluyó en su intercesión la noche antes de su sacrificio expiatorio: por los que el Padre le había dado y por los que habrían de creer por la palabra de ellos (que obviamente también el Padre le había dado, según el contexto de Juan 17). Por supuesto, Jesús no está hoy día rogando por el mundo, como tampoco lo hizo la noche antes de morir, porque sería un contrasentido.

UNA IGLESIA QUE NO CREE

Estamos en presencia de una iglesia que no cree el mensaje del evangelio. Si el viejo evangelio era visto como el poder de Dios para salvación, el otro evangelio se pregona como el arte humano para persuadir a las masas a venir a un Cristo simulacro del otro. Los seminarios adoctrinan a los pastores y maestros que servirán a los que tienen comezón de oír y se amontonan alrededor de las fábulas, de los espíritus engañadores, escuchando doctrinas de demonios que ensanchan el camino de salvación. Con ese otro evangelio la puerta ya dejó de ser estrecha y los senderos son amplios para que la multitud no tropiece y pueda tener a un Cristo a su medida. Hay gente tan osada que ha llegado a decir que sería conveniente darle a Jesucristo una oportunidad de 60 días, para ver si vale la pena seguirlo. 

La educación en materia de la Biblia estimulada en los diversos seminarios del mundo ha sustituido la doctrina apostólica por persuasión y sicología, por emoción y conductismo, en una emulación retórica religiosa que en nada refiere al centro del evangelio. Jesucristo no murió por todos, sin excepción; Jesucristo murió por su pueblo solamente. Pero esta verdad ha sido trucada porque se teme que no guste a las masas, y sin gente no hay dinero ni nuevos templos. Los ciegos ahora guían a los ciegos y ambos caen en el mismo hueco.

Los egresados de los seminarios repiten los errores aprendidos, la Biblia es juzgada por un estándar distinto a ella misma. La experiencia y la conciencia humana son el marco por el cual se pretende interpretar la doctrina bíblica; una experiencia, que por fuerza será subjetiva, sumada a una conciencia cauterizada dictan ahora la pauta de las enseñanzas de Jesús.

Se dice que hay muchas fuentes de la verdad, que cada quien cree a su manera, que las culturas humanas tienen diversas formas de ver a Dios. Que lo importante es que la gente quiera buscar al Ser Supremo (en abstracto), no importa como se llame. A la final, dicen, todos apuntan a lo mismo, a un ente sobrenatural que desean amar y por quien anhelan cambiar la conducta y combatir los malos hábitos.

El nuevo evangelio está centrado en el bienestar del hombre, es antropocéntrico en todas las facetas, busca satisfacción plena con un dios que promueve riquezas, salud corporal, emoción sobrenatural e incluso voz audible desde los cielos. El evangelio de Cristo ensalza a Dios por sobre todas las cosas, declara la soberanía divina en todos los renglones del universo. También genera la postración ante el Ser Supremo, de quien no podemos desligarnos bajo ningún medio. Jesucristo le dijo un día a la mujer samaritana que la idea central del mensaje que ellos no conocían era adorar al Padre en espíritu y en verdad, que la salvación venía de los judíos (de él mismo, quien era judío y al mismo tiempo el Mesías esperado). El nuevo evangelio es sicología pura, busca que el hombre se sienta mejor, se dé su propio valor para alcanzar las metas que se proponga. Es ante todo un método para lograr el éxito en los negocios, en la vida matrimonial, en las relaciones interpersonales y aún en aquello que se llama paz interior.

KOUNDALINI O BIBLIA

Una iglesia sometida a los preceptos del mundo lucha por aparentar visos de religiosidad. Para ello toma prestado de otras religiones sus métodos más llamativos, como lo demuestra el hecho pentecostal. El movimiento de los pentecostales es un ejemplo abrumador de la imitación de prácticas religiosas que causan revuelo dentro del aparato cristiano. El koundalini es el despertar de la serpiente interior, una práctica del hinduismo que tiene reconocida aceptación universal.

La gente se tira al piso, es tocada en la frente y cae hacia atrás, en ocasiones se pone a temblar, su cabeza se mueve de un lado a otro como en un tic nervioso. Unos saltan y repiten jerigonzas, otros balbucean lo que les enseñaron. Son muchos los que procuran hablar lenguas extáticas. Se dan a la tarea de la sanidad y un gran jolgorio los invade. Es el Espíritu, según ellos, lo que los anima. Pero esa práctica no es en nada parecido a lo que la Biblia enseña como experiencia religiosa, más bien es el despertar de la serpiente que llevan dentro, al más rancio estilo del hinduismo.

La Biblia nos habla de la incapacidad humana para buscar a Dios, nos repite mil veces acerca de la elección soberana de Dios como la causa prima de la salvación. Nos dice una y otra vez que Jesucristo fue el Cordero sustituto de las ovejas que no es otra cosa que la expiación limitada. Sin embargo, los que proponen el falso evangelio argumentan que con esas declaraciones bíblicas muchos se asustan, otros huyen murmurando, mientras a un gran número les parece repugnante. En virtud de lo expuesto proponen un evangelio diferente, más dinámico, de invitación general a todos los que quieran alcanzar privilegios desde ahora y para siempre. Es el evangelio de los decretos, de las declaraciones mágicas: yo decreto, yo declaro, yo digo. Piensan que por esta vía cada quien va construyendo su destino, se reactiva el viejo oficio de la profecía para aupar la práctica de profetizar beneficios entre los miembros de la congregación.

Una gran decepción y engaño ha embargado a la gente que sigue a los extraños. Pero el evangelio no ha fallado en una jota o en una tilde, pues ha declarado que nadie puede ir a Cristo a no ser que el Padre lo lleve hacia él. Ha dicho el Señor que sus ovejas, que le son propias, lo seguirán porque conocen su voz, y al extraño no seguirán porque desconocen la voz de los extraños.

De manera que la Biblia es franca y muy enfática. ¿Qué voz estás escuchando? La voz del Señor o la voz del extraño. Muchos dirán al Señor en el día final que ellos siguieron su voz, pero el Señor les responderá que nunca los conoció. En realidad ellos seguían la voz del extraño. Es mucho mejor desesperar por el verdadero evangelio que procurar autosuficiencia y autoestima humana. El Dios Todopoderoso cubre todos los espacios humanos, no deja nada a la deriva e que incluso ha escogido desde la eternidad a su pueblo; más vale humillarse ante Él que ensoberbecerse por causa de esta realidad bíblica.

Es preferible declarar el mensaje en su totalidad, como bien lo dijo Pablo que había expuesto todo el consejo de Dios, que anunciar medias verdades. La media verdad simulada como verdad completa es una mentira, de allí que está mintiendo cualquiera que diga que el hombre está caído en el pecado pero que todavía mantiene la posibilidad de asumir a Cristo para su redención. Recuperemos el único evangelio expuesto en las Escrituras, hagámoslo nuestra bandera y reconozcamos que Dios es soberano y hace como quiere.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:28
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