Lunes, 11 de agosto de 2014

Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión (1 Timoteo 2:12-14); Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía (Tito 1:5-6). Palabra fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea. Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer ... (1 Timoteo 1:2).

¿Qué enseñan estos versículos? Simplemente lo que dicen. Los ancianos deben ser hombres y las mujeres no tienen autoridad sobre los hombres para enseñarlos en la iglesia institucional. Habría que reinterpretar la Biblia en forma privada, para poder justificar tener mujeres pastoras y ancianas (en el rol de ancianos).

¿MACHISMO EN LA BIBLIA?

Se ha dicho a menudo que Pablo tenía problemas con las mujeres, que su visión del mundo era la de un judío excesivamente machista. Sin embargo, tal acusación es infundada. El mismo apóstol saluda a una gran sierva llamada Febe, habla bien de varias de las mujeres creyentes que conoció, a muchas les predicó y con ninguna de ellas disputó. Por otra parte, Jesús andaba con mujeres mal vistas, como la Magdalena, pero también las redimió. A quien primero se le apareció después de su resurrección fue también a María Magdalena, de quien había sacado siete demonios (Marcos 16:9). Justamente a ella comisionó para que anunciara a sus hermanos su resurrección (Juan 20:17), con lo cual se prueba que el Señor no era un machista como se le acusa, por lo que tampoco pudo serlo su discípulo al escribir inspirado por el Espíritu.

Hay funciones básicas en la administración de la Iglesia del Señor, y se entiende que el Espíritu Santo es quien ha inspirado la Escritura. Por lo tanto, lo que en ella se escribió ha sido su voluntad suprema, de manera que cualquier juicio que se haga contra ella no se le endilga a sus autores humanos, sino al mismo Señor que es su Inspirador. Porque el Padre, el Hijo y el Espíritu son el mismo Dios. Quien pretenda cambiar una jota o una tilde a la Escritura, le está añadiendo o quitando a ella misma.

El liderazgo emergente de la mujer en la sociedad contemporánea le ha abierto espacios que otrora le eran herméticos. Pero no todo lo que brilla es oro, no siempre que se habla de amplitud se tiene que referir a las Escrituras. No hay persona más sectaria que Jesucristo, quien dijo que nadie podía ir al Padre sino a través de él. Allí no fue amplio, como tampoco lo fue en el Getsemaní, al no rogar por el mundo. Jesús no fue inclusivo, como lo sería una demagogo más, simplemente fue soberano y muy justo en sus criterios.

De la misma forma, el Espíritu de Dios no contraviene ni al Padre ni al Hijo, porque todos ellos son uno y concuerdan. Repetimos la pregunta inicial: ¿qué quieren decir esos textos de la Biblia? La respuesta continúa idéntica: simplemente lo que ellos dicen. ¿Qué pasaría si una mujer que quiere ser pastora, cuando lea el requisito para ser obispo y descubre que debe ser marido de una sola mujer? Tal vez se abriría un nuevo compás interpretativo y tendría que llegarse a una conclusión forzosa pero lógica, que la mujer debería buscarse como esposa a otra mujer.

Otro escenario peligroso vendría a ser el hecho de que si no se permite a la mujer enseñar a los hombres en la iglesia, ¿cómo podría una pastora enseñar (predicando o educando) a su marido, cuando en otra parte de la Escritura se le ordena a la iglesia sujetarse a los pastores (Hebreos 13:17), quienes darán cuenta de nuestras almas? ¿Quién se sujeta a quién? ¿La mujer a su marido o el marido a la pastora, que es su esposa?

MUJERES ACTIVAS REFERIDAS EN LAS ESCRITURAS

Sabido es que muchas mujeres siguieron a Jesús. Si ellas hubiesen tenido queja de sus enseñanzas lo habrían manifestado; al parecer aceptaron lo que Jesús enseñó, pues de otra forma no lo hubiesen seguido. No se ve por ningún lado el deseo de ser apóstolas, al andar con  el Señor.

Es cierto que las mujeres también recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés, por lo tanto recibieron poder de lo alto. Allí también se cumplió parte de la promesa hecha a través del profeta Joel, de que profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas (Joel 2: 28-32).  Sabemos que los judíos menospreciaban a los samaritanos, considerándolos como no portadores valederos de las enseñanzas del judaísmo. Jesús le dijo a la mujer samaritana que ellos adoraban lo que no sabían, pues la salvación venía de los judíos. Pese a ello, él como judío revolucionó el trato ante los samaritanos y lo hizo frente a una mujer. Ella fue el foco de atención en su pueblo y muchos de la ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer (Juan 4:39).

El problema no radica en el reconocimiento de la mujer como igual al hombre en la necesidad de la salvación, o en la posibilidad de comunicar el evangelio a otros. El asunto que se plantea es acerca del pastorado o del cargo de anciano (anciana) en la administración de la iglesia. La gran pregunta es por qué razón el Espíritu no invirtió una palabra en advertir al apóstol acerca del cambio que vendría para la iglesia. Si esa hubiese sido su intención, de seguro habría anunciado que en los postreros tiempos se abriría el lapso para que las mujeres pastoreen a la iglesia, o tal vez cuando vengan las pastoras para la iglesia...

Si en la administración del cuerpo de Cristo el Espíritu lo quiso de una manera, ¿cuál es el motivo de querer subvertir ese orden para instaurar uno contrario o diferente? No se puede alegar discriminación sexual o de género, por cuanto la mujer sí tiene participación en muchas actividades relacionadas con la propagación del evangelio y la formación de muchas personas en la iglesia. Tal es el caso de Loida y Eunice, a quienes Pablo elogia por instruir a Timoteo -si bien se entiende que lo educaron en su casa (2 Timoteo 1:5).

Otra de las mujeres que el apóstol mencionó fue Febe, recomendándosela a la Iglesia de Roma, para que la recibieran en el Señor. También estuvo Priscila, que ayudó al elocuente Apolos en su ministerio cuando llegó a Efeso. Se dice que Priscila junto con su marido Aquila le declararon más particularmente el camino de Dios (Hechos 18:26). Podríamos también referir a las mujeres del Antiguo Testamento, como a María, la hermana de Moisés y Aarón, o a Débora, encontrada entre los jueces de Israel. A Ester, quien fue usada por Dios para la protección de su pueblo.

Sin embargo, lo que la Biblia dice en forma específica no ha de ser alterado por analogía. Hay casos taxativos y no solamente enunciativos, de manera que se debe respetar el orden de lo expuesto. Si el Espíritu ordenó a Pablo escribir acerca de la administración de la Iglesia de una manera, no debemos alterar la forma bajo el alegato de sexismo. Se ha probado que Dios salva tanto al hombre como a la mujer, pero dejó funciones biológicas distintas y también lo hizo en relación a la administración de su Iglesia.

Una cosa muy distinta es traer por analogía el modelo de un lado hacia el otro. Así como no debemos suponer la transgresión de lo expuesto por el Espíritu en cuanto a los requisitos que deben tener los obispos (pastores y ancianos), tampoco debemos, en virtud de su exclusión, menospreciar la participación femenina en ciertas partes de la administración eclesiástica.

Sabemos también que una restricción particular no aplica para una restricción general. En ocasiones un apóstol puede tratar algo particular de una iglesia, pero su solución local no tiene que presuponer una idéntica solución general. La razón estriba en que lo particular no hace lo general, pero lo general sí que aplica a lo particular. Sucede que en una misma carta puede encontrarse una recomendación para que bajo ciertas circunstancias se actúe de una manera, pero un poco después vemos que esa no era la regla general sino una excepción a la norma.

Si se ordenó a la mujer que callase en la congregación, entonces ¿cómo es que se le permitió profetizar y hablar en lenguas? Pues el profetizar (sea en el sentido del vaticinio o en el de proferir un discurso), así como el hablar en lenguas con interpretación, son manifestaciones públicas masculinas y femeninas hechas en la congregación. Por eso hay que conocer los contextos de lo prescrito para no caer en el espasmo del conflicto.

Sin embargo, con todo lo expuesto, hay ciertas cosas que son muy explícitas y que no pueden ser inferidas de otra manera a como la letra señala. Es allí donde existe la controversia en aquellos que desean polemizar y satisfacer su emoción molesta contra el sexismo social. Se ha exagerado tratando de probar que la mujer es apta para todas las ocupaciones que los hombres hacen. Se exagera cuando se quiere violentar el mandato bíblico específico en cuanto a la administración eclesiástica. Ahora también ha sucedido que existe una Biblia donde Dios es una Madre y no un Padre; hay también la Biblia para los homosexuales, donde se reinterpreta la práctica que Dios condena. Si seguimos por ese camino tendremos que borrar demasiadas páginas y  reescribir las Escrituras, para satisfacer las necesidades del otro evangelio. A la Ley y al Testimonio.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:57
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