Domingo, 10 de agosto de 2014

Hemos sido escogidos desde antes de la fundación del mundo, para ser santos delante de Dios. La razón ha descansado en el puro afecto de la voluntad de Dios, sin que Él previera motivo alguno en nosotros. Se prueba que no se trató de merecimiento alguno de parte nuestra, ya que no puede haber mérito antes de haber sido fundado el mundo y de nosotros haber sido creados. Sin embargo, hay algunos pseudo cristianos que se afianzan en la falacia de un Dios que mira en los corazones de los hombres hasta encontrar gente sensata dispuesta a ser elegida. Fuimos escogidos porque íbamos a aceptar a Cristo, le íbamos a recibir, y como Dios sabe todas las cosas Él previó nuestra buena disposición. Pero los que tal argumentan olvidan que una vez creados nos perdimos todos en Adán, de tal forma que Dios no vio nada bueno en las criaturas para que se motivara a salvarlas.

La Escritura es clara y reiterativa, ya que en Romanos se habla de Jacob y Esaú, de los cuales se dice que no habían aún nacido, ni siquiera habían hecho bien o mal, para que el propósito de Dios de acuerdo a la elección permaneciese, no por las obras, sino por el que llama (Romanos 9:11).

¿Previó Dios que Esaú iba a perderse y que Jacob iba a luchar por la primogenitura? Según el texto citado no fue así. Más bien, el agente activo de las frases escritas es Dios mismo: no por la agencia de Jacob o Esaú, sino por la agencia del que llama. Pablo había dicho en la misma carta que no hay en el mundo quien busque a Dios (al único y verdadero), que no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno solo. Toda la humanidad se desvió a una, de tal forma que no existe ni un justo en medio de ella. Por lo tanto, de la naturaleza depravada del hombre no puede Dios prever sensatez alguna.

Fuimos predestinados en Cristo. Con ello se afianza la idea expuesta, que no nos predestinó Dios basado en algo que vio en nosotros, sino en Cristo. El nombre de Cristo excluye cualquier mérito, de manera que si fuimos escogidos en Cristo, se sigue que en nosotros mismos carecemos de valor. Si Dios previó alguna cosa buena en nosotros para elegirnos, hubiese sido dicho con un lenguaje totalmente contrario al que se empleó. Se desprende que la santidad y la pureza de vida fluyen de la elección de Dios (Calvino, Carta a los Efesios).

Hemos sido predestinados, llamados y justificados (Romanos 8:30). En un sentido amplio, la predestinación incluye tanto la elección como la reprobación. Para ejemplo tenemos a los gemelos, Jacob y Esaú. Entendemos que el Dios que predestinó los fines hizo lo mismo con los medios, de tal forma que las diversas circunstancias acaecidas en nuestras vidas han sido ordenadas para tener tiempo y lugar en nuestra historia. Las cosas que nos circundan (circumstantiae) son las condiciones de tiempo, lugar y modo que nos rodean o influyen. Todo eso lo ordenó Dios en un acto, desde antes de la fundación del mundo, por lo cual también puede hablar diciendo que estamos sentados en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Recordemos que Dios no está sujeto al tiempo, sino que nos hizo con tiempo; por ello, lo que vayamos viviendo ya ha sido hecho por Él desde la eternidad.

La profundidad y riqueza de la sabiduría divina es un hecho notorio para el escritor bíblico. David exclamó que nadie podía siquiera por un instante escapar de Su presencia. Isaías expuso del Señor que nadie puede ser librado de Su mano. Aun desde la eternidad, yo soy, y no hay quien libre de mi mano; yo actúo, ¿y quién lo revocará? (Isaías 43:13). Oramos para cumplir su mandato, con lo cual obtenemos bien y mucha paz; no oramos para cambiar Su voluntad inmutable. Llegado el momento oramos a Él de todo nuestro corazón porque nos dará el fin que esperamos; ese deseo anhelado también ha sido forjado por su presencia continua en nuestras vidas. Él produce en nosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.

EL MUNDO ENTERO BAJO EL MALIGNO

Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad ... et mundus totus in maligno positus est (1 Juan 5:19). El mundo está bajo el maligno, bajo la égida del príncipe de la potestad del aire. Satanás le ofreció a Jesús todos sus bienes, el mundo completo con su mundanalidad, si tan solo lo adoraba. Ávido de reconocimiento, su vanidad creció y le permitió la osadía de pedirle al Hijo de Dios su adoración. En realidad parece haber perdido la cabeza, ya que Jesucristo no haría algo semejante bajo ningún pretexto. Primero que nada, él es Dios, es el Hijo de Dios; segundo, el diablo es creación suya, no una generación espontánea. Mal podría el Creador de todo adorar a la criatura.

Juan ha demarcado en su corta frase dos grupos: 1) Nosotros, los que somos de Dios; 2) el mundo entero, que está bajo Satanás. Jesucristo lo dijo en su oración en Getsemaní, la noche antes de su sacrificio expiatorio: te ruego por ellos, por los que me diste, por los que habrán de creer por la palabra de ellos ... no ruego por el mundo (Juan 17). De la misma forma Dios hizo a Jacob y a Esaú, los formó para fines opuestos, si bien los hizo con la misma masa de barro en tanto que alfarero. El Señor habló de ovejas que oyen la voz del buen pastor, pero habló también de los extraños que tienen un sonido desconocido para las ovejas propias del buen pastor.

Dado que hay dos grupos hay dos evangelios. No es que haya dos, como bien afirmó Pablo, sino que hay otro que es imitación. Ese es el evangelio para las cabras, para la cizaña, para los lobos, cerdos y perros, para los falsos maestros y los que son apóstatas. Es el evangelio de la muchedumbre, de los que recorren el camino ancho y entran por la puerta grande, cuyo fin es camino de muerte. Con ese pseudo evangelio se aprende a torcer las Escrituras, se niega la verdad sustancial del único evangelio.

La buena noticia de que Jesucristo pagó de una vez y para siempre por los pecados de su pueblo que representó en la cruz, genera de inmediato y por sentido contrario la mala noticia, la de que no hay expiación para Esaú.  La lógica humana se inclina hacia la idea del objetor, acerca de que hay injusticia en Dios al inculpar a quien no puede resistir a su voluntad. En los centros de orientación de la doctrina del pseudo evangelio, se educa a sus interesados en cómo anotarse en el libro de la vida, cómo nacer de nuevo, cómo aprovechar la oportunidad que le da Dios a los Esaú del mundo. Las cabras se meten en el redil de las ovejas y comienzan a cabecear, a comer sus verdes pastos y a enturbiar el ambiente. Jesucristo nos ha llamado a huir de Babilonia, a no decirle bienvenido a ninguna persona que no traiga la doctrina enseñada por él y sus apóstoles.

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

Estamos en otro reino, o bajo el principado de Satanás. El reino que nos pertenece está en otro lugar, no acá. Se nos ha encomendado a poner nuestra mirada en las cosas de arriba, pero tenemos los pies colocados sobre la tierra. La mente, el entorno, el vecindario, los seres a quienes tenemos afecto, todos andan involucrados con el mundo. Se nos ha dicho que el mundo nos odia, pues nos amaría si fuésemos de él, pues el mundo ama lo suyo. La soledad del creyente es muy grande, semejante a la de Elías que vivió en cavernas, alimentado por cuervos, huyendo de un sitio a otro.

La soledad del Señor solamente fue compensada por los momentos de oración que tenía con el Padre. El ejercicio espiritual más adecuado para resistir en el mundo es la comunión con el Maestro, con quien nos ha amado desde la eternidad. Le contamos una y otra vez las cuitas, el dolor del maltrato humano, la mirada altiva de los seres que amamos, el desprecio por nuestro dolor emocional. Sabemos que él nos oye, por lo tanto tenemos todo lo que le hayamos pedido.

El reino celestial al que pertenecemos es alcanzado por la fe desde la tierra. Cuando allá estemos no necesitaremos la esperanza ni la certeza de aquello que ahora anhelamos, pues estaremos presentes con el Señor. Mas ahora sí que es vital confiar a plenitud en que todo aquello que le digamos será oído con respeto y afecto; asimismo, será respondido con la celeridad de quien ama y aguarda por la llamada del otro.

La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará el corazón en Cristo. No podría ser de otro modo en aquel que nos ha predestinado en amor, por el puro afecto de su voluntad. No se tardará en respondernos, por lo  cual vale la pena intentar conversar una y otra vez acerca de lo que nos inquieta. Nuestra ciudadanía está en los cielos, pero vivimos en el mundo donde hay gran aflicción. Se nos pidió confiar porque Jesús había vencido al mundo; eso hacemos los que hemos creído en el nombre del Salvador, todos aquellos que conformamos el universo de su pueblo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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