Lunes, 28 de julio de 2014

En Mateo 11:25-26 Jesús da gracias al Padre por haber escondido los asuntos del evangelio de los sabios y entendidos y por haberlos revelado a los niños. El vocablo niños νήπιος - nepios puede referirse también en un sentido metafórico

a los que no son enseñados, a los que no tienen destreza en el conocimiento general, a una persona inmadura. Vemos a un Dios activo que esconde cosas de unos y las revela a otros. En un texto se dice que Dios cegó el entendimiento y endureció el corazón de algunos, con el firme propósito de que no puedan ver ni entender, no vaya a ser que se conviertan y después tenga Él que sanarlos -o salvarlos de sus errores- (Juan 12:40).

Dios, de manera activa, endurece a quien Él quiere. Así se desprende de la referencia que hace de Faraón, por quien mostró su poder en toda la tierra. Su actitud es la de un alfarero con el barro que moldea, pero del que además es propietario y creador: sí, Dios se hizo su propio barro, sin necesidad de adquirirlo por otra vía. En tal sentido, su soberanía no conoce límite alguno. Como parece un oxímoron el hablar de un posible límite de la soberanía, urge aclarar el criterio por cuanto tenemos una herencia jurídica que nos coloca el término en aprietos. Para la ley internacional cada nación es soberana hasta un límite, allí donde comienza la soberanía territorial, marítima y espacial del otro país. Por esta costumbre cultural tendemos a ver a un Dios con limitaciones semejantes, como si Él respetara los límites que cada ser humano le impone en su falaz libero arbitrio.    

Dios establece un endurecimiento incondicional así como una gracia incondicional; eso se desprende de muchos textos, pero en especial lo podemos mirar rápidamente en el que refiere al Faraón ya mencionado: Romanos 9: 18 y en lo que se escribe de Jacob y Esaú en el mismo capítulo. Pero cuidado, porque en el texto siguiente se presenta al objetor, la figura legendaria que desde tiempo antiguo anda en batalla contra la exhibición del poder de Dios. Este objetor se muestra lógico pero desde su perspectiva, no desde la de la revelación. ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad? En otros términos, el objetor dice no soportar esta actitud soberana de Dios porque la juzga injusta.  ¿Cómo es posible que Dios haya endurecido a Faraón para después castigarlo? O de igual forma, ¿cómo pudo odiar a Esaú desde antes de que hiciera bien o mal, antes de que naciera, para después condenarlo eternamente? Esa no es la visión que se debe tener de un Dios misericordioso, santo, equilibrado y justo. La visión tiene que ser más humanista, democrática, en un todo de acuerdo con la libertad humana.

Digo cuidado por cuanto el verso 20 conlleva la respuesta del Espíritu al objetor: ¿quién eres tú para que alterques con Dios? El objetor no es más que otro vaso de barro, pero creado para vergüenza (verso 21), para recibir el poder de la ira divina (verso 22) que conlleva a muerte eterna. Hubo otros objetores que fueron descritos en las Escrituras; Juan nos refiere a algunos en su evangelio (capítulo 6) que se fueron murmurando por las palabras de Jesús, las que no podían escuchar porque eran duras de oír. Ellos se escandalizaron al conocer que nadie podía ir a Jesús si el Padre no lo llevare a él, con lo cual caía al piso su presunto libre albedrío, su voluntad individual de seguir a quien quisieran seguir. Ya lo habían visto haciendo el milagro de los panes y los peces, se habían aprovechado de tal maravilla; se convirtieron en sus discípulos porque lo seguían para escuchar sus palabras y contemplar sus acciones sobrenaturales. Sabían que era el Señor pero no toleraron ni por un momento la sola idea de no poseer libertad para seguir a Jesús.

Tal vez hoy día aquellos discípulos hubiesen optado por una consigna masiva de protesta, para impresionar a Jesús: Con mi libre albedrío no te metas. Pero el Señor no se hubiera inmutado en ninguna forma, por cuanto lo que ha sido decretado desde los siglos no puede variar ni en su más mínima sombra.

En resumen, Dios no tiene una voluntad que permite y otra que decreta. Nuestro sometimiento al espacio-tiempo hace que veamos sintagmáticamente los eventos que se muestran en el mundo. Primero una cosa y otra después; no sucede así en la visión del Eterno, pues en un solo acto se ordenó todo y el desarrollo de la historia sigue su curso establecido, de acuerdo a Sus profecías y designios. El hombre ve singularidades en lo histórico pero esa es la sintaxis como acontece lo que metafísicamente ha sido establecido. La visión teológica mostrada en la Biblia nos enseña que los vasos no se hicieron solos, sino que el Alfarero soberano los ha diseñado para que cumplan la función que Él ha querido.

Los hombres que han entrado encubiertamente a la iglesia son los mismos que desde antes habían estado ordenados para esta condenación (Judas 4); estos han caído en la piedra de tropiezo y escándalo, siendo desobedientes, para lo cual fueron también destinados (1 Pedro 2:8). Dios no ha dejado al impío a la deriva, no lo ha pasado por alto, sino que de manera activa lo endurece y lo lleva a cumplir Su voluntad. Todo ello lo hace sin ser Él el tentador, sin cometer pecado alguno, pues Dios no se rebela contra Sí mismo. Aún Judas estuvo ordenado como vaso de ira para que la Escritura se cumpliese, en tanto hijo de perdición; se profetizó de él siglos antes y su actuación fue literal, sin que fallara ni una jota ni una tilde de lo predicho.

La voluntad de Dios no se puede resistir porque el hombre no tiene ninguna con la que le pueda hacer frente. Sin ser un robot o un títere, el ser humano es menos que eso: simple barro en manos del alfarero, amasado a su voluntad, construido o reconstruido para los fines que Dios tiene en cada uno de nosotros. No en vano la Escritura ha declarado del hombre y de las naciones que son como nada y como menos que nada (Isaías 40:17). 

La reacción que se tenga en relación al trabajo de Cristo en la cruz muestra la diferencia entre salvación y condenación. ¿Qué tipo de vaso eres tú? Esa gran pregunta ya implica una gran curiosidad que puede llevar a indagar más acerca del evangelio. El evangelio no es más que la buena noticia de salvación, de que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a su pueblo de sus pecados. Si esa definición que da la Escritura genera molestia en quien se hace la pregunta, entonces se está mostrando una respuesta. Si la reacción es semejante a la del objetor exhibido en Romanos 9, la respuesta no ha tardado, aunque haya sido amarga. Pero al igual que el ladrón en la cruz no fue salvo sino hasta el final de sus días, muchos pueden encontrarse perdidos en este mundo en circunstancias parecidas. No hay equivocación en lo dicho porque aquel ladrón testificó de la salvación encontrada, hizo público su manifiesto. Dios no tiene hijos secretos sino que todos ellos conformamos el cuerpo de Cristo, el cual es público y notorio.

ENDURECIMIENTO ACTIVO

Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hoy (Deuteronomio 2: 30). Y Jehová suscitó un adversario a Salomón, a Adad, Idumeo, de la sangre real, el cual estaba en Edom (1 Reyes 11: 14). A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole (Hechos 2:23). Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilatos, con los Gentiles y los pueblos de Israel, para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho (Hechos 4:27-28). Cuando el Señor se propuso matar al rey Acab consultó con unos espíritus y reunidos surgió la proposición de engañarlo a través de los profetas.  Y ahora el Señor ya ha puesto un espíritu de mentira en boca de todos estos sus profetas; pues el Señor ha decretado el mal contra usted (1 Reyes 22: 20-23). El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor le atormentaba (1 Samuel 16:14). Por tanto, pues, les envía Dios operación de error, para que crean a la mentira; para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes consintieron a la iniquidad. Uno puede preguntarse por qué no creyeron a la verdad, con lo cual hemos de encontrar la respuesta en lo dicho por Pedro y por Judas: porque desde antes habían estado ordenados para esta condenación.

Yo formo la luz y creo las tinieblas, traigo bienestar y creo calamidad; Yo, el Señor, hago todas estas cosas (Isaías 45:7). ¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6). Todas las cosas ha hecho Jehová por sí mismo, y aun al impío para el día malo (Proverbios 16:4). ¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no saldrá lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 32: 37-38).

En ocasiones Dios actúa de esa forma para provocar arrepentimiento en su pueblo, para corregirlo de su mal camino. Pero en otros momentos lo hace para endurecer al impío y evitar su conversión, de acuerdo a sus planes eternos. Ese parece haber sido el propósito al crear a Faraón y coronarlo de favores, para después ensoberbecerlo y llevarlo a tener un corazón duro, de manera que se pudo glorificar en él y mostrar ante el mundo Su poder y Su ira. ¿De qué le sirve esta información al mundo, a no ser para que blasfeme del nombre del Señor? ¿Acaso no se endurece más la gente con esta enseñanza y hace filas junto al objetor para elevar sus puños contra el Altísimo? Bueno, en todo caso el Señor habrá cumplido su propósito y el hombre habrá actuado con la sensación de operar según su propia voluntad. ¿Quién puede resistir a la voluntad de Dios y por qué inculpa a quien endurece? Porque es soberano y hace como quiere y no hay quien detenga su mano ni le diga qué haces, ni hay quien de su mano libre.

No en vano Jesucristo dijo que temiéramos a aquél que es capaz de lanzar nuestra alma y nuestro cuerpo al infierno de fuego, y que no temiéramos a los que matan solamente el cuerpo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 14:19
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