Domingo, 20 de julio de 2014

Y haré temblar a todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho Jehová de los ejércitos (Hageo 2:7). ¿Cómo puede alguien denominarse el Deseado de todas las naciones, si al mismo tiempo los reyes de la tierra se reúnen contra el Señor y contra su ungido? (Salmo 2:2). Lo que es seguro es que estos señores (los mandatarios) de la tierra temen al gobierno de Cristo. Más bien están celosos de su grandeza, poder y nobleza. En realidad, los que gobiernan el mundo han sido puestos por el Rey de reyes y Señor de señores, pero al igual que Herodes sienten temor porque piensan que pueden ser quitados de en medio.

El Deseado de las naciones es también envidiado; de tal forma que como el mal obrar del alma humana no comprende la sabiduría de Dios, los que rigen a las gentes desprecian las riquezas del honor de Cristo. Mas Jesucristo es el tesoro escondido del evangelio, la perla de gran precio. Es al mismo tiempo la fuente de agua viva así como la roca en la que muchos tropiezan.

s preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella (la sabiduría de Dios que es Jesucristo) -Proverbios 3:15. Por ese conocimiento de Dios, Jesús encomendó a sus discípulos a enseñar a todas las naciones, de tal forma que ellas comiencen a satisfacer su deseo oculto. Por supuesto, son muchos los llamados, a muchos es anunciado el evangelio, si bien pocos son los escogidos. Pero en toda lengua, tribu y nación es proclamado este evangelio del reino, al tiempo en que Jesús es deseado por todos aquellos que le han recibido. Pues a los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12). ¿Quién está trabajado y cansado? ¿Quién está sediento para ir a la fuente de agua eterna? Solamente aquel a quien el Espíritu de Dios despierta, redarguye de justicia y le hace nacer de nuevo.

Claro que es una novedad el llamarse Deseado de todas las naciones, pues era un Dios escondido en un pueblo. Su revelación había sido enviada a los judíos, para que guardaran su ley y fuesen portadores de la promesa. Cumplido el tiempo Jesús vino al mundo y se presentó a la casa de Israel (a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron). Pero se abrió el espacio para cada nación, de manera que le deseemos, porque no nos avergonzará la esperanza que en él se implica. ¿Cuál es la nación que no tiene necesidad de Jesucristo? Cada persona necesita del Señor para su salvación, pues no hay salvación en ningún otro sino en el Hijo de Dios. Ya lo dijo él mismo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:6). Las riquezas, el honor, el placer, la academia, los amigos, todas estas cosas son prescindibles para ir al cielo, pero Jesucristo es indispensable, así como su justicia y representación en la cruz.

Si bien él es el Deseado de todas las naciones, Isaías lo describió con estas palabras: Y subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca: no hay parecer en él, ni hermosura: verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos (Isaías 53:2). Jesús fue (y es)  despreciado por el mundo, condenado a una muerte cruel y de bajeza; de igual forma su reino ha sido visto con recelo, con burla, como si no tuviese esplendor. Ya en la cruz lo coronaron pero con espinas, le colocaron un título como Rey de los Judíos, pero en sorna.  En realidad, nada de lo que Jesús propuso como doctrina contribuyó para cautivar el corazón de la humanidad, porque envilecida y muerta en delitos y pecados no tiene manera de ver la medicina, ni la voluntad para tomarla. Eso se prueba porque- a pesar de su resurrección y de la forma límpida en que venció la muerte con poder- todavía siguió siendo desdeñado por las multitudes.

Se deduce que es el Deseado de aquellos en quienes el Padre despierta el deseo de acudir al Hijo, de las ovejas que vino a buscar y a salvar. Pues su hermosura, como dijo Isaías, no ha sido un atractivo para el mundo, el cual tiene los parámetros de su príncipe, el que gobierna la potestad del aire y es llamado también príncipe de las tinieblas.

¿No dijo Jesús que su reino no era de este mundo? ¿No dijo que seríamos odiados por el mundo, el cual ama lo suyo? De cierto que afirmó que nosotros no pertenecemos al mundo, por lo cual éste nos aborrece; si fuésemos del mundo, éste nos amaría. El antagonismo de su reino con el principado de Satanás es permanente; los cautivos que Jesucristo libera ya no son más esclavos del pecado, pero son odiados por los miembros de las sinagogas de Satanás. Las cabras golpean con sus cabezas a las ovejas, las imitan y roban su pasto. Aquéllas se han logrado meter en el redil de éstas para quitarles su espacio vital y fastidiarles la existencia. Sin embargo, ni una sola de las ovejas puede ser arrebatada de las manos del Buen Pastor ni de su Padre.

Esas ovejas desean para su alma al Buen Pastor, le dan su valor respectivo como Príncipe de Paz, como Hijo de Dios, ante quien se inclinan los ángeles y arcángeles, y toda hueste celestial. El es la vida en medio de la muerte, la seguridad en medio del peligro, el Salvador Admirable.

CLAMARÉ AL DIOS ALTÍSIMO, AL DIOS QUE ME FAVORECE (SALMO 57:2).

Especial atención merece el verbo hebreo que se transcribe como favorecer. En realidad la expresión Gamar (transliteración del vocablo hebreo que referimos) significa terminar, llegar hacia un final, cesar; completar, hacer perfecto. De ese radical proviene el término per-formar. Vale decir, Dios hace perfectas todas las cosas, por eso nos favorece, nos hace completo todo. De allí que no hay a quien más clamar sino al Todopoderoso, al Dios que hace posible cualquier asunto.  El Altísimo es el gran rey sobre toda la tierra, pero se ha acercado a los más bajos, a nosotros.

Cuando Saúl perseguía a David hasta acorralarlo en una cueva, el pastor de ovejas y rey ungido por Samuel no tuvo ninguna duda acerca de a quien clamaría: a uno más grande que Saúl, a quien podía hacer mucho mejor las cosas hasta la perfección. Pero con la observación necesaria de que Dios no hace las cosas poco a poco hasta perfeccionarlas, pues Él no necesita experimentar ni tratar, mucho menos mejorar lo que hace. Simplemente actúa, hace, ejecuta de acuerdo a su voluntad eterna y su resultado es simplemente perfecto.

Por ello, Dios es Providencia absoluta para sus hijos. El nos ha hecho a nosotros, ha asumido la carga, nos ha alimentado y vestido, nos ha preservado hasta el presente y su bien y misericordia nos han seguido todos los días de nuestra existencia. Por su gracia ha configurado de acuerdo a sus propósitos todas las circunstancias que nos cubren, de manera que sus promesas se cumplan por siempre. Jehová cumplirá por mi (Salmo 138:8), dice una  traducción muy fiel al hebreo. Algunas versiones dicen que Jehová cumplirá su propósito en mí, lo cual no está mal, pero también se adapta al vocablo original el hecho de que Jehová cumplirá por mí, o dará la cara por mí.

Saber que Dios gobierna todas las criaturas y convierte los malos designios de los perversos en bondades para sus hijos, viene a ser una gran ayuda y solaz para la grey del Señor. Realmente no tiene sentido vivir en la inconsciencia de la providencia divina, cuando uno puede estar seguro de que nuestros pensamientos serán guardados en completa paz, si perseveramos pensando en Él como refugio.

Cuando Saúl perseguía a David, el salmista tuvo conciencia de que eso era solo posible porque el Señor lo había dispuesto de esa forma. Esa misma realidad la vivió Jesús, cuando frente a Pilatos le dijo que ninguna autoridad le había sido dada  a él sino la de que venía de arriba.

La conciencia de la soberanía de Dios en todos los espacios de la vida, en toda circunstancia (por muy extraña que parezca), hace que podamos clamar al Altísimo, el que tiene todo bajo su gobierno absoluto. De no ser así, estaríamos esperando que Dios venciera a nuestros enemigos, batallara contra nuestras calamidades y nos satisficiera con algunos triunfos. Pero el Todopoderoso, el que hace todas las cosas posibles (Jehová, el que es), brinda la certeza de la confianza. Sin la autorización del Señor, Saúl no podía tocar a David, no podía ni perseguirlo. Si el rey Saúl era el hombre grande, Jehová era mucho más elevado. Eso lo entendió Jesús frente a Pilatos, confiando en su Padre que había ordenado todas las cosas.

Es tiempo de pararnos en medio de las circunstancias y comprender que allí está Dios metido de principio a fin. Contra Saúl, David no tenía medios naturales de escape; sin embargo, el Altísimo no tenía ni tiene ningún límite. ¿No es esto suficiente para tenerlo como baluarte de nuestra fe?

El Dios que me favorece es el mismo que cumplirá en mí su propósito, pero es también quien cumplirá por mí. En síntesis, descansemos en su eterno amor con que nos ha amado, veamos la prolongación de su misericordia; sepamos que somos sus hijos, que nadie nos podrá separar del amor de Dios. Además, Él ha hecho un gran número de promesas que cumplirá cabalmente, pues lo que  por pura gracia nos ofreció su providencia cumplirá.

Leer los relatos del Antiguo Testamento nos infundirá el aliento para estar seguros de que Dios proveerá en todo tiempo. Como bien dijera Pablo, aquellas cosas se escribieron para el bien de nosotros. No se escribió nada para que Dios guardase memoria, asunto que no necesita; se registró cada palabra para beneficio de su pueblo. Somos nosotros los que tenemos que recordar las maravillas provistas por Dios a su gente; si Faraón perseguía a su pueblo y quería acorralarlo en el mar, entonces aconteció el milagro del Mar Rojo abierto. La perfección no se quedó en esa escena sino que continuó cuando el mar se cerró con los carros de Faraón adentro.

Saúl tuvo un final muy triste, cumpliéndose en él la sentencia que dice: matará al malo la maldad. David aprendió a tener confianza en el Omnipotente, en medio de las saetas del primer rey de Israel. La providencia divina se da entonces por partida doble, al librar al creyente de la tribulación y al condenar al impío que detiene con injusticia el avance de la verdad.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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