S?bado, 12 de julio de 2014

Si dijésemos que la Biblia afirma que NO HAY DIOS, no estaríamos mintiendo. Eso suena raro, pero podría bien ser una aseveración de algún sujeto que ande fuera de contexto. Ciertamente, la Biblia asegura que DICE EL NECIO EN SU CORAZÓN QUE NO HAY DIOS. Al tomar el segmento no hay Dios fuera de sus elementos inmediatos de la frase, se puede tener la osadía de afirmar tal desparpajo. Lo mismo sucede con Romanos 5:15, alguien podría predicar la universalidad de la salvación a partir de ese texto, tan solo si lo sacamos de su contexto.
Recordemos que incorporar los versículos y capítulos en la Biblia fue una idea que tuvo su origen en los masoretas de la Edad Media (judíos que se encargaban de transcribir el Antiguo Testamento), cuando propusieron un sistema de frases cortas y con sentido completo para darle más ritmo a la voz de las lecturas que hacían en sus sinagogas. Esta actividad dio pie para que entre los siglos XII y XIII Stephen Langton, religioso y profesor de la Sorbona, dividiera en capítulos la Biblia, como la conocemos hoy. Más tarde, en 1560, aparece la edición de la Biblia de Ginebra, que incluye los capítulos de Stephen Langton y los versículos de un editor protestante llamado Robert Estienne. Este trabajo supuso una gran utilidad para la memorización, localización y comparación de los pasajes bíblicos. Debido a este atrevimiento, Robert Estienne sufrió persecución por parte de muchos teólogos. Como dato final, debe señalarse que los números de los versículos no figuraban al principio en el texto bíblico, sino al margen, y no fue sino hasta 1565 cuando éstos se inscribieron en el interior del texto bíblico, tarea atribuida a Teodoro de Beza.
Si bien esta separación en capítulos y versículos nos ha ayudado para identificar el texto con mayor facilidad, sabemos que no fue un trabajo perfecto; sus cortes han traído algunas dificultades de comprensión, ya que a veces la división del texto puede ser artificial o descuidada, al no respetar la unidad del discurso en un determinado libro. Peor aún, el lector puede sesgar el contexto para pretender leer lo que su ideología quiera encontrar en las palabras de las Escrituras. Pero eso es parte del riesgo que se corre por la facilidad que supone la separación en capítulos y versículos del texto sagrado. Siempre valdrá la pena mirar el conjunto del libro que se estudia, para comprender mejor el contexto que puede obviarse por la escisión de los versículos.
Volviendo a leer Romanos 5:15, podemos identificar mejor lo que allí se habla si nos trasladamos dos y cuatro versos más adelante. Veamos el verso 17: Porque, si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más reinarán en vida por Jesucristo los que reciben la abundancia de gracia, y del don de la justicia. Ahora el verso 19: Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.
Se ve claramente que hay dos grupos descritos en estos versos: 1) El regido por Adán, por quien entró el pecado a la humanidad; 2) El de Jesucristo, por quien entró la vida, la justicia y la gracia. De esta manera se entiende que los muchos de un grupo no son los muchos del otro grupo. ¿Quiénes son los muchos de Jesucristo? Son los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia (referido en el verso 17). La expresión los que es un determinativo, un especificador que delimita al grupo.
Si en el verso 15 pareciera abrirse una puerta al universalismo, en el verso 17 y 19 se cierra automáticamente. Queda entendido que los muchos de Adán son sus descendientes (en el pecado), pero los muchos de Cristo son sus creyentes, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia.
Pablo implicó a muchos miembros de un conjunto en otro conjunto. En el primer grupo o conjunto, todos por naturaleza anduvimos de la misma forma, muertos en delitos y pecados, porque en Adán todos morimos. Pero llegado el momento, por la abundancia de la gracia y del don de la justicia de Cristo, pasamos al segundo conjunto de personas. La gran pregunta es por qué razón todos no formamos parte de ese segundo conjunto de personas, si bien hemos sido parte del primer grupo. La única respuesta bíblica es que Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo, nos amó de acuerdo al puro afecto de su voluntad, nos llamó, justificó y glorificó.
Si estuvimos muertos, lo mismo que los demás, en las oscuridades del gobierno del príncipe de este mundo, nuestro espíritu no pudo pasar por cuenta propia de un grupo a otro. Fue la abundante gracia recibida y el don de la justicia (que es Cristo) lo que nos permitió ser trasladados del estado de oveja descarriada al de oveja en el redil (pero siempre oveja y nunca cabra). Sabemos que si el leopardo no cambia sus manchas tampoco las cabras se convierten en ovejas, ni la cizaña en trigo, ni los falsos en buenos maestros. De ninguna manera el evangelio adulterado llega a transformarse en auténtico, como tampoco puede haber reversibilidad en ninguno de los casos señalados, esto es, no hay ovejas que llegan a ser cabras ni trigo que se convierta en cizaña. Jesús lo enseñó al hablarnos del fruto del árbol bueno y del fruto del árbol malo, los cuales no son intercambiables. Santiago lo confirmó cuando dijo que la higuera no produce aceitunas ni la vid higos (Santiago 3:12).
Por lo tanto, es imposible la visión universalista que algunos pretenden validar con Romanos 5. Y si uno contempla el capítulo desde la perspectiva del capítulo 9, 11 y otros más, se hace intolerable. Pero el otro evangelio sí que puede darse esos lujos y divagar por los pasillos de la muerte, ya que su habitación es la falacia y su arma favorita la mentira. Si Cristo murió por todos sin excepción, salvó a todos sin excepción; parafraseándolos a ellos, si murió por los todos, los todos son salvos. Para completar el argumento equivocado diríamos que Judas fue salvo por cuanto Cristo murió por él, así como todos aquellos que murieron en el diluvio (como también se pretende al reinterpretar a Pedro). Entonces, ¿por qué Jesús llamó a Judas antes de morir hijo de perdición? ¿Por qué dijo de él que mejor le hubiera sido no haber nacido? ¿Por qué Jesús no quiso rogar por el mundo, la noche antes de su crucifixión? ¿Por qué declaró que todo estaba consumado, segundos antes de morir en la cruz? Pues si hubo consumado la obra que el Padre le había encomendado, entonces no hay más trabajo que tenga que hacer. O salvó a todos y todos son salvos, o salvó a su pueblo y los demás son condenados.
Pero es cierto que esta enseñanza molesta demasiado a los que no han sido llamados. Muchos de sus discípulos que le seguían dijeron que esta palabra era dura de oír, que no sabían quiénes la podían escuchar; por esa razón ellos lo dejaron y se retiraron murmurando. Hoy no es diferente, a muchos les suena repugnante esta doctrina del Señor, les parece anti-humanista, nada democrática, separatista y hasta arbitraria. Sin embargo, la potestad del alfarero, única y total, viene a ser la respuesta única y total que el Espíritu quiere dar.
LA CIRCUNSTANCIA DE LA EXPLICACION
El hecho de probar una y otra vez que el texto no enseña lo que jamás pretendió enseñar, ha causado que este pasaje de la Biblia suene dificultoso de entender. ¿Qué nos dice el inicio del capítulo cinco? Que la doctrina de la justificación produce paz (justificados por la fe tenemos paz para con Dios). Al continuar leyendo uno puede ver la victoria de nuestras almas en medio de las aflicciones, junto a la maravilla de tener el Espíritu, una vieja promesa hecha bajo la pluma de Ezequiel. Todo ello ha sucedido porque Cristo murió por los impíos (pero acá no cabe discusión alguna acerca de cuáles son esos impíos, pues el apóstol ha dicho que cuando aún éramos flacos, lo que implica un sujeto plural de primera persona tácito: nosotros, que supone que esa muerte fue realizada para ese sujeto gramatical, el objeto de la gracia de Dios).
Los versos 7 al 9 reiteran esa salvación producida en nosotros, pues si cuando andábamos en el pecado Cristo murió por nosotros, justificados por su sangre seremos salvos de la ira. ¿Por qué la ira, si ya todos fuimos justificados? Porque la ira está reservada para los no justificados, lo cual anula desde el inicio cualquier viso de universalidad en la salvación. Si mientras fuimos sus enemigos, la muerte del Hijo de Dios nos reconcilió con el Padre, ahora que somos amigos seremos salvos por su vida (en referencia a la potencia de la resurrección del Hijo). Pues si el Padre no lo abandonó en la tumba sino que le entregó toda potestad al Hijo, esa potencia es la que nos da la vida (verso 10).
Ya sabíamos que la paga del pecado es muerte, y que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús (Romanos 6:23), porque el escritor lo dijo un poco antes en su carta. Esto lo reitera en el verso doce del capítulo cinco, solo que ahora incluye al agente del pecado: Adán pecó e introdujo en el mundo el pecado. De allí que la muerte pasó a todos (muerte espiritual y física en todos, con excepción de los que fueron traspuestos como Enoc y Elías). Pero Dios ve lo bueno en lo malo, de acuerdo a sus planes eternos e inmutables, ya que Adán era figura del que había de venir, aunque más bien una contrafigura o una figura de contraste (verso 14).
Si por Adán entró el pecado, por Jesucristo entró el regalo de la salvación. ¿No dijo el Señor que había venido a buscar a las ovejas perdidas de la casa de Israel? ¿No aseguró que tenía otras ovejas que no eran de ese redil? Por cierto, que dio su vida por las ovejas (Juan 10:1-5) y no por los cabritos (Juan 10: 26). ¿Quiénes son los muchos que murieron de acuerdo al verso 15 de Romanos 5? Son los muchos en quienes abundó el don de la gracia de Dios.
Pero tengamos cuidado de no resbalar con el argumento, al andar apresurados. Hay un conjunto general, la masa humana caída en pecado por causa de Adán. Esa totalidad es vista como los muchos; pero luego entró el don de la gracia, mas no para el mismo conjunto de personas, sino para una parte de ese conjunto que sigue llamándose los muchos. Esa es una intersección de conjuntos, dentro de la visión general.
Si los muchos hace referencia a toda la humanidad caída, por causa de Adán, ahora por causa de Cristo hay los muchos que son su pueblo que vino a redimir. Siguen teniendo el mismo nombre pero no la misma identidad. En Derecho hay un principio sabio e importante, que enseña que lo que importa es la identidad de la persona y no del nombre. Esto sirve para aclarar confusiones cuando hay coincidencia de nombres en documentos, o cuando no hay inteligibilidad del mismo en los expedientes. Si esto se usa en materia doméstica de la ley, cuánto más no habrá de tenerse en cuenta en materia teológica. ¿Es que el lector piensa que cada vez que se menciona a Judas en la Biblia habrá de referirse al traidor? ¿No hay un Judas escritor de una epístola? Es el contexto en el que se mencionan el que le permite distinguir rápidamente cuál es cuál, sin que haya que colocarle el apellido Iscariote, o el epítome de hijo de perdición, cuando se hace referencia a quien entregó al Señor.
De la misma manera los muchos son un mismo calificativo para dos grupos de personas que comparten su entrega al pecado, pero que se distinguen por la abundancia de la gracia y el don de la justificación en uno de ellos. El buen lector sabe distinguirlos de acuerdo al contexto en que el escritor bíblico desarrolla su doctrina, pero los que aman torcer las Escrituras siempre detendrán su lectura para llamar la atención sobre su argumento. Para mal de ellos, por ese Espíritu que fue implantado en nosotros, les queda descubierta su falacia.
LA ANALOGIA DE ADAN
Adán es una figura de Jesucristo, del que habría de venir. Adán fue creado para procrear la tierra, para que se introdujera el pecado en el mundo, para que su raza muriera en delitos y pecados. El Hijo de Dios fue predestinado para rescatar a los elegidos del Padre, de allí la relación entre la obra de Adán (para pecado) y la obra de Cristo (contra el pecado). Una similitud que se puede contemplar en ellos consiste en el efecto de sus respectivos trabajos. Su obra genera consecuencias en multitudes de personas (los muchos); una consecuencia de muerte para los muchos y otra consecuencia de vida para los muchos.
En virtud de esa analogía se puede contemplar mejor la diferencia del trabajo de cada uno de ellos. El trabajo de Adán lleva a la muerte como paga por el pecado, conduce a la condenación eterna; el trabajo de Cristo conduce a la salvación de su pueblo inmerso bajo la potestad del príncipe de este mundo, pueblo que ha sido esclavo del pecado, que ha estado en las prisiones de Satanás. Eso es lo que demuestra en forma especial Romanos 5:15.
Que la obra de Cristo fue mayor que la de Adán se prueba por el don de la gracia y de la justificación. Pues si el trabajo en la cruz hubiese servido solamente para devolvernos al estado inicial de Adán en el huerto no hubiese sido de mucho alivio, por cuanto hubiésemos vuelto a caer para condenación. De manera que la obra de Jesucristo fue mayor que la de Adán, por eso se habla de que sobreabundó la gracia donde abundó el pecado. Fue mayor en su efecto, pues aunque no salvó a todos sin excepción, sí que nos permitió alcanzar la gloria eterna con una salvación tan grande.
¿Quiénes son todos los hombres que van a justificación de vida? (verso 18). Son los que han recibido la abundancia de gracia y el don de la justicia (verso 17). Queda excluida la universalidad de la redención, ni como actualidad ni como potencialidad. Ni como actualidad quiere decir que no es real tal universalidad, como potencialidad se niega la pretensión de que Cristo murió potencialmente por todos, pero que depende de cada quien hacer eficaz dicha muerte. Tal falacia se derrumba por ser falacia, pero además por otro argumento externo a ella: ¿cómo pueden hacer eficaz esta salvación los que jamás han oído ni oirán de ella? Para salirle al paso a este freno argumentativo hay quienes traerán nuevos caminos de salvación, diciendo que Dios salva a la gente de acuerdo a sus corazones sin importar si hayan o no oído hablar de Jesucristo.
De esta forma la herejía no se detiene nunca y una explicación lleva a otra ad infinitum. Por eso hablamos de la circunstancia de la explicación, el hecho de probar una y otra vez que el texto no enseña lo que jamás pretendió enseñar, lo cual ha causado que este pasaje de la Biblia suene dificultoso de entender. Pero no hay nada abstruso en la Escritura, a no ser el entendimiento de los que no poseen la mente de Cristo, al no estar beneficiados con la presencia de su Espíritu, lo que además los califica como que no son de él por lo menos todavía.


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:03
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