Mi?rcoles, 09 de julio de 2014

Si muchos son los llamados y pocos los escogidos, entonces la elección me indica que los no escogidos lo son en algún sentido. Ese grupo no electo ha sido elegido como no escogido. Esto quiere decir llanamente que han sido rechazados para la elección de salvación. Sin embargo, la Escritura usa otros términos y dice que ellos fueron endurecidos, apartados para la condenación, que son réprobos en cuanto a fe de los cuales la condenación no se tarda.

El hecho mismo de que se hable de elección implica que no existe universalidad en la salvación. Recordemos que cuando Dios escogió a 300 soldados para que pelearan con Gedeón en su lucha contra Madián dejó de lado al resto que se habían propuesto para la batalla al principio. De 32.000 solados hizo una elección y solamente 300 fueron favorecidos para servir a Israel en ese combate. Tampoco escogió Dios a todas las naciones del mundo, sino que se fijó en el pueblo más insignificante del planeta, Israel, para hacerlo un pueblo especial para Él (Deuteronomio 7:6).

La no elección implica por sí misma una elección en sentido negativo. A los no electos Dios los ordenó para condenación, desde la eternidad, no basado en sus obras sino en su propósito eterno e inmutable. Eso lo dijo referente a Esaú, un prototipo de hombre odiado por Dios, rechazado desde antes de nacer y aún desde antes de hacer bien o mal (Romanos 9). Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, (Judas 1:4). Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue inmolado desde el principio del mundo (Apocalipsis 13:8); ... y los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán viendo la bestia que era y no es, aunque es (Apocalipsis 17:8).

En relación a sus discípulos, y por extensión a nosotros, Jesús dijo: ...antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo (Juan 15:19). No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros (Juan 15:16). Con respecto al Hijo de Dios, se expresó lo siguiente:  A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole (Hechos 2:23); Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho (Hechos 4:28).

No puede ser sano decir que Dios pretendió la salvación de toda la humanidad y que solamente unos pocos lo lograron. Esto sería frustrante para su voluntad y negaría las Escrituras que enfáticamente señalan que Dios está en los cielos y todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:3). Como dijo Pablo, lo que buscaba Israel no lo ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado: y los demás fueron endurecidos; Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy (Romanos 11:7-8).

La diferencia en la elección la ha hecho Dios, no los elegidos o rechazados, no los escogidos para salvación o los apartados para condenación, pues aún la fe es dada a los que habrán de creer (Efesios 2:8). El alfarero hace lo que quiere con su masa de barro y la vasija formada no puede discutirle su propio destino; es la voluntad de Dios la que ha hecho que existan algunos como vasos de honor y otros como vasos de deshonra.

LA EXTENSION DE LA ELECCION

Si bien son pocos los escogidos, todos ellos sumados a lo largo de la historia de la redención conforman una gran multitud. Todo tipo de gente entra en esa elección de Dios: príncipes y campesinos, ricos y pobres, esclavos y libres; reyes y súbditos, pues Dios no hace distinción de personas, no mira nuestras cualidades o méritos (que no existen) sino que por su misericordia nos escogió por el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:5).

Hombres y mujeres de todas las edades, una gran multitud, que nadie puede contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas (Apocalipsis 7:9), son los escogidos de Dios para que estén delante del Cordero y le rindan acción de gracias al Todopoderoso. Los escogidos para salvación son llamados también manada pequeña, por contraste con la gran multitud del mundo por el cual Jesús no rogó la noche antes de ir a la muerte expiatoria por su pueblo.

De los no elegidos para salvación la Biblia habla muchísimo también, dice que ellos pueden fungir como falsos profetas y engañosos maestros. Estos introducen encubiertamente herejías perniciosas y conquistan prosélitos. Son los responsables de que el camino de la verdad sea blasfemado. Gracias a ellos se hace mercadería de muchos, con palabras fingidas.

Los no elegidos para salvación son reservados para eterno castigo, como Sodoma y Gomorra, como la gente que pereció en el diluvio. Este gran colectivo desprecia el señorío de Cristo, habla improperios contra Dios, se burla de los escogidos para salvación y dice mal de las cosas que no entiende, como si fuese una bestia bruta hecha para presa y destrucción.

Estos réprobos en cuanto a fe recibirán el galardón de su injusticia, pues tienen por delicia sus manchas y suciedades, así como sus errores en los que se recrean. Sus ojos están llenos de adulterio y no se cansan de pecar, poseen un corazón ejercitado para la codicia. Son fuentes sin aguas, nubes traídas por el viento.

Dios los ha entregado a inmundicia, en la concupiscencia de sus corazones; los ha entregado a efectos vergonzosos, pues aun sus mujeres mudaron el uso natural por el que es contranatural. Del mismo modo también lo hicieron los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, encendidos en sus concupiscencias los unos con los otros, recibiendo en sí mismos la recompensa de su extravío.

En Romanos 1 se dice tres veces que Dios es el que entregó a estos reprobados a ciertos actos aún más depravados. Dice así: Dios los entregó a inmundicia (v.24), Dios los entregó a efectos vergonzosos (v.26), Dios los entregó a una mente depravada (v.28). Es cierto que esto suena a efecto judicial, histórico, por cuanto no tomaron en cuenta a Dios; pero al mismo tiempo se ha hablado en el capítulo 9 de este mismo libro que Dios odió a Esaú antes de hacer bien o mal. De manera que en el plano metafísico Dios ha elegido para tales fines a estos personajes para que militen en su impiedad, así como ha elegido a Jacob (representación de todos los que en Isaac hemos sido contados como descendencia) antes de hacer lo bueno o lo malo.

Tener una mente depravada implica quedar atestado de toda iniquidad, fornicación, malicia, avaricia, maldad, envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades. Por ello esta gente se convierte en murmuradores y detractores, llegando a aborrecer a Dios; son asimismo injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables y sin misericordia.

Para toda esa gran multitud está guardada la oscuridad de las tinieblas para siempre, porque hablan arrogantes palabras de vanidad. Su edificio en que habitan (el cuerpo) ha venido a ser la casa de la vanagloria, mas en muchas ocasiones se ven deshonrados en aquello que tanto valoran y que es tan perecedero como cualquier materia que se vuelve polvo.

LA JUSTICIA DE DIOS

No podemos medir la justicia de Dios con el estándar de nuestra razón. En realidad, Dios es tan sabio como justo, sin ningún tipo de sombra. Sabido es que Jacob y Esaú eran iguales dentro del vientre de su madre, pero su distinción fue el decreto divino respecto a sus futuros. Dios tiene gracia de quien quiere tenerla y sus criaturas no tienen ninguna potestad para obstaculizar esa voluntad inquebrantable del Señor. Ya desde el Exodo leemos que tendrá misericordia de quien quiere (Exodo 33:19), hasta llegar al Nuevo Testamento donde se repite el texto con el agregado de que endurecerá a quien quiere endurecer. Un agregado que también es repetición de lo dicho a Moisés acerca de lo que haría con el Faraón de Egipto.

La profundidad de la sabiduría de Dios es incomprensible para nosotros, es demasiado profunda; pero si bien contemplamos la superficie de esa sapiencia entendemos que todo lo ha hecho Dios en un solo acto, con un solo decreto. Nuestra perspectiva histórica nos tiene anclados a la idea del espacio-tiempo, pero en Dios la eternidad es una sola y por eso se lee en la Biblia que Cristo fue inmolado desde antes de la fundación del mundo, que nosotros estamos sentados en los lugares celestiales con Cristo. Es una narrativa desde un plano metafísico, si bien lo leemos en el plano de la naturaleza (la física, como se dice en lengua griega).

LA OBRA HUMANA

No hay forma ni manera de acumular méritos para poder ser aceptados por Dios. Es por eso que Jesucristo se hizo mediador entre Dios y los hombres, que nos justificó (a su pueblo) para que pudiésemos acercarnos confiadamente ante el trono de la gracia. Esto es visto por los enemigos de la predestinación como un incentivo para el pecado y para el descuido de las virtudes. Nuestra respuesta no va dirigida a los objetores, sino a los que anhelan una comprensión mayor de los efectos de la predestinación.

Es el hecho de que el Dios que ordenó los fines estableció también los medios, sin que ninguno de ellos esté separado de su equivalente. Si Dios ordenó el nacimiento del Mesías en un lugar determinado y en un tiempo específico, eso incluye por fuerza y por vía natural que se desarrollen una serie de eventos en el tiempo (nuestra historia) para que sean la antesala de su aparición. Si habría de nacer en Belén de Palestina, el poblado tendría que existir. Si sería traído al mundo por una virgen, la madre de María tendría que nacer.

Si Dios desea que un hijo suyo sane de una enfermedad, de seguro sanará. Pero si bien Él puede operar su salud en forma sobrenatural también es lo más común que el enfermo tenga los medios para curarse. El ejemplo concreto lo aporta el rey Ezequías, quien ya enfermo clamó por más tiempo de vida. Dios ordenó que viviera quince años más, pero eso no volcó al rey a consumir veneno o a lanzarse por un barranco, por el hecho de saber que no moriría antes de quince años. Lo mismo le sucedió al Mesías cuando fue llevado al desierto para ser tentado por Satanás: no se lanzó desde lo alto amparándose en una Escritura que profetizaba que su pie no tropezaría en piedra y que mandaría a sus ángeles para sostenerlo. Antes dijo: escrito está, no tentarás al Señor tu Dios.

Si esas palabras y ese cuidado es mostrado por el Hijo de Dios, ¿cuánto mayor cuidado no hemos de tener sus escogidos? No hay tal hecho como una predestinación para ser conformes a la imagen de Su Hijo y una vida oprobiosa cargada de herejías y maledicencias. Las ovejas del Señor no conocen la voz de los extraños, no cometen el pecado imperdonable, siguen siempre al Buen Pastor (Juan 10:1-5).

El trabajo humano y la búsqueda de la virtud están al servicio del decreto divino. En otras palabras, ellos son también decretados como consecuencias o fruto del árbol bueno. Las buenas obras también han sido preparadas de antemano para que andemos en ellas, por lo cual hemos sido creados en Cristo Jesús para esas buenas obras (Efesios 2:10).

Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad (2 Tesalonicenses 2:13). No hemos sido escogidos para malas obras ni para ser salvos sin la fe en la verdad o en un evangelio falso, ni para que el Espíritu nos abandone, sino para que nos separe (santifique) del mundo. ¿No nos ha sido dado un nuevo corazón (de carne) en lugar del de piedra, y se nos ha dado un nuevo espíritu para que podamos caminar en los estatutos del Señor, por medio del Espíritu que ahora mora en nosotros?

Por eso es que el Apocalipsis dice casi al final de sus páginas algo memorable tanto para los escogidos para salvación como para los destinados a condenación: El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía (Apocalipsis 22:11).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:36
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