Martes, 08 de julio de 2014

De seguro muchos han escuchado la historia de la oveja y la jirafa en el parque. Mientras la oveja come del suelo, la jirafa toma las hojas de los árboles y al terminar con ellas continúa con la grama del piso; en cambio, la oveja no podrá jamás tomar ninguna de los hojas que el árbol produzca, a no ser que ellas caigan en la estepa. Con este panorama natural se nutren los expertos en destruir el deseo de aprender las Escrituras, bajo el argumento fuera de lugar de que Jesús nos encomendó alimentar a sus ovejas y no a las jirafas.

La pregunta lógica ha de ser si la Biblia sustenta tal idea. Un asunto cierto es que ella habla de la leche para los niños, como la fe y el arrepentimiento para los nuevos creyentes. Pero, ¿podríamos decir que la doctrina de la justificación por fe es algo sencillo? ¿Y qué de la comprensión del sacrificio expiatorio de Jesucristo por su pueblo? Eso es declaración plana de las Escrituras, si bien su comprensión se discierne espiritualmente.

A pesar del regalo del Espíritu que aclara y distingue todas las cosas, de tener la mente de Cristo para exponer la sabiduría de Dios, Pablo no pudo hablar con algunos de los corintios a nivel espiritual, sino como a niños. Estos corintios tenían concepciones carnales de las cosas y hablaban carnalmente unos con otros. No se trata de que ellos estuvieran en la carne, sino más bien que lo carnal los agradaba hasta casi hacerlos cautivos.

Pese a que eran creyentes en Cristo, personas regeneradas, eran también niños en el entendimiento, en el conocimiento y en la experiencia. No tenían destreza en lo relacionado con la palabra de justicia, apenas podían juzgar en materia espiritual ciertas cosas, pues su mente estaba atraída por lo carnal.

SER COMO NIÑOS Y ALIMENTARSE COMO NIÑOS

Ciertamente, las metáforas funcionan para muchas cosas pero no abarcan siempre todos los ángulos. El diablo es león rugiente pero Jesús es el león de la tribu de Judá. De igual forma, el diablo es la serpiente antigua pero Jesús es la serpiente levantada en el desierto. ¿Qué diremos de las cabras? Jesús hizo comparaciones entre ovejas y cabras, él dio su vida por las ovejas pero no por las cabras (el mundo). Pero en el Antiguo Testamento, cada año se hacía una expiación por el pueblo, y se tomaban dos cabritos para tal fin. Ambos eran representaciones de Jesucristo, uno moría por el pecado y el otro cargaba la culpa fuera del campamento. De la misma forma, el Señor expió los pecados de su pueblo y murió fuera de Jerusalén.

Si Pablo habló a los corintios como a niños, dándoles leche y no vianda, entonces los términos leche y niño tienen un significado peyorativo. En un sentido similar escribió a los Efesios, diciéndoles: Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error (Efesios 4:14).

Pero en otros contextos, esos mismos vocablos portan otra carga semántica. Sed como niños dijo Jesucristo, para que podáis entrar al reino de los cielos (Lucas 18:17); Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, no adulterada, para que por ella crezcáis en salud (1Pedro 2:2).

Hay un caso en el cual Pablo usó los dos contextos en un mismo texto: Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar (1 Corintios 14:20). De manera que el apóstol no quiso decir en ningún momento que él enseñaba dos evangelios, uno para los niños inmaduros y otro para los más fuertes espiritualmente. Ya que el centro del evangelio es Cristo, su persona y su obra, no puede haber una enseñanza diferente tanto para los niños en la fe como para los fuertes en la fe. Tal vez lo que existe son dos maneras de instruir en la misma doctrina de Jesucristo.

En ocasiones un maestro tiene mucho que decir, pero le es difícil de explicar, por cuanto sus alumnos se han hecho tardos para oir (Hebreos 5:11), por lo cual, los hebreos conversos de hace siglos debiendo ser ya maestros a causa del tiempo, tenían necesidad de volver a ser enseñados acerca de cuáles eran los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habían llegado a ser tales que tenían igualmente necesidad de leche, y no de manjar sólido (Hebreos 5:12).

LA EXCUSA DE LOS PORTADORES DEL FALSO EVANGELIO

Bajo la premisa de que en la iglesia siempre hay niños que necesitan la leche espiritual y no toleran el alimento más fuerte, los enemigos del evangelio se muestran preocupados en tal magnitud que no enseñan la doctrina de la soberanía absoluta de Dios. Ellos no quieren que se predique la predestinación, pues la consideran alimento muy fuerte. Por eso es factible escuchar de la boca de sus líderes que es mejor guardar silencio en aquello que uno cree que puede causar complicación entre los hermanos. Crea en la predestinación, pero hágalo en silencio sin que los demás se enteren. Esas son palabras que he escuchado por boca del pastor en una iglesia. Esta es una errónea e hipócrita advertencia de alguien que funge como pastor del rebaño, ya que manifiesta ser más bien un asalariado.

También es cierto que la Biblia habla sobre los niños en la palabra, los débiles que no pueden digerir lo sólido; pero cuando se lee sobre esos casos se observa una reprensión muy sutil para los tales. El llamado es a ser como los más fuertes, no a quedarse en la debilidad del que necesita la leche: Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5:14). Una idea semejante se expone cuando Pablo habla de la comida sacrificada a los ídolos, y de los hermanos que se perturban por ello. Habla del fuerte que no ha de molestar al débil, pero igualmente el débil lee el mismo texto y entiende que si él critica al fuerte es porque su debilidad lo gobierna.

ENTENDER O ACEPTAR

El problema no es entender lo que la Biblia enseña de la predestinación, sino aceptar de buena gana lo que ella dice. Como muchos ya van prejuiciados y rechazan la doctrina que Jesús enseñó, entonces argumentan que esa es una enseñanza dura de oír y quien sabe quién la podrá entender. Ese razonamiento falaz (ad hominem circunstancial ) es viejo y conocido, se encuentra en el evangelio de Juan, capítulo 6.

Incluso Jesús habló con Nicodemo, un maestro de la Ley, quien no pudo entender lo que era el nuevo nacimiento (lo cual involucra necesariamente la predestinación). En realidad hay al menos dos cosas más que decir: 1) Que existe un grandioso número de personas que tiene incapacidad natural para entender las cosas del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14); 2) Que hay, de entre ese número de personas, una gran parte de lobos rapaces, falsos maestros, cabras y cizaña, que tuercen las Escrituras, por lo cual se auto-declaran regenerados, pero aunque dicen entender lo que es el nuevo nacimiento y la predestinación ni lo han comprendido ni quieren que se enseñe en la congregación.

Estos son los que salen al paso en las iglesias a decir eso es muy fácil, que uno crea en la predestinación y se dedique a pecar libremente, pues ya está predestinado... Esa gente que dice creer en tal doctrina en realidad no ha comprendido nada de lo que habla. Hemos sido predestinados para ser adoptados hijos suyos, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en toda sabiduría e inteligencia, para alabanza de su gloria, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de salvación, sellados con el Espíritu de la promesa, teniendo fe en el Señor Jesús y amor para todos los santos, dándonos a conocer el misterio de su voluntad (Efesios 1).

Pero como un lego puede confundir una oveja con una cabra, dado su parecido en muchos renglones, de igual forma hay algunos engañados en el rebaño mixto. A ellos el Señor los llama hacia afuera, al decirles que salgan de Babilonia para no ser partícipes de su castigo ni de sus plagas.

No existe ningún justo medio entre predestinación por gracia y salvación por obras. Ciertamente no hay nada más sencillo que la predestinación, entender que todas las cosas que ocurren pasan porque Dios las provoca, porque Dios las ha ordenado desde el principio de acuerdo a sus propósitos eternos. No hay necesidad de decirle mentiras a los niños que preguntan si el diablo fue creado por Dios, basta con afirmarlo como lo dice la Escritura: Yo hice al malo para el día malo (Proverbios 16:4); basta con repetir lo que la Escritura enseña, que Dios endureció a Esaú y amó a Jacob, que todo lo hizo desde antes de que ellos nacieran o hicieran bien o mal. ¿Cuál puede ser la respuesta-pregunta de los niños o de los adultos?

Solamente hay dos posibilidades de reacción: Así, Padre, porque así te agradó, o ¿por qué, pues, inculpa, si nadie puede resistir a su voluntad? Pero si se impide enseñar la predestinación para evitar la segunda de ellas, se incurre en el ejercicio inútil que nos abre un recorrido falaz por el desierto de los que se apartan de la razón. ¿Habrá acontecido algo malo en la ciudad, que Jehová no haya hecho? (Amós 3:6). ¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó?¿De la boca del Altísimo no saldrá lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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