Lunes, 07 de julio de 2014

Que la humanidad sea barro pecaminoso es un dicho derivado por la creación de Adán. Tal opinión no implica que el Elector nos haya hecho a partir de la masa caída o contaminada, ya que Adán fue formado sin pecado del polvo de la tierra. Si todos caímos en Adán, no fue porque Dios nos haya hecho con una masa pecaminosa, como algunos estudiosos erróneamente sugieren. Más bien, si la Escritura enseña que Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo, antes de hacer bien o mal, y nos dio un destino de misericordia a unos y uno de rechazo a otros, deja por fuera el hecho del acto judicial tan apreciado por los calvino-arminianos.

No se niega la herencia del pecado por la cabeza federal humana (Adán), asunto histórico al cual estamos sometidos. Pero esa realidad no da pie para la condenación judicial de Esaú que esgrimen los seguidores de Arminio, los enemigos de la soberanía absoluta de Dios. Sin embargo, cuando el Espíritu compara a Dios con un alfarero frente a una masa de barro, no está desprendiendo de ese símil el hecho de que la masa esté pervertida o corrompida. En ningún lado aparece tal comparación. Al contrario, en el mismo texto que aquello se dice, se afirma que el Elector nos escogió antes de que sus criaturas nacieran o hicieran bien o mal.

Esta aseveración bíblica es contraria a la asunción de que la masa estuviese maleada o viciada al hacer la elección. Dado que el propósito de la elección de Dios se dio en la eternidad, sumado a que fue realizado desde antes de la fundación del mundo, se deduce que se hizo antes de aparecer el pecado en la creada tierra. Por lo tanto, cuando Adán peca contamina la masa de la cual saldrán los sucesores, pero éstos al igual que su padre fueron separados para diversos fines antes de hacer bien o mal.

En ningún momento la Escritura anuncia que Esaú fue odiado por Dios debido a sus pecados o porque vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Todo lo contrario, se dice que Dios endureció su corazón y lo creó para perdición antes de que hiciera lo bueno o lo malo: De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere endurece (Romanos 9:18).  De allí nace la figura del objetor que levanta su puño contra el cielo y le reclama a Dios por semejante injusticia. La respuesta que la Escritura da es muy simple: el objetor no es nadie sino masa de barro hecha por el alfarero, un señor plenipotenciario que tiene el derecho y el poder de hacer con su barro lo que quiera. Existe, por otra parte, un desafío devuelto al objetor; Dios le dice que si Él ha querido soportar con mucha paciencia los vasos de ira preparados para el día de la ira, para la alabanza de su gloria, ¿qué le importa a él?

Esa declaración deja por fuera la acción judicial que muchos ven para librar a Dios de la acusación de injusto. Pero la defensa es demasiado débil por cuanto el mismo Acusado ha declarado lo que ha hecho. Y como dicen los amantes del Derecho, a confesión de partes relevo de pruebas.

LA CONFESION DE DIOS

Esta es una de las tantas veces en que Dios resalta lo que ha hecho, con lo cual se infiere que no busca que lo defiendan. A Jacob amé mas a Esaú aborrecí ... (Porque no habían aún nacido, ni hecho ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, y no conforme a las obras)... ¿Hay injusticia en Dios? En ninguna manera ... no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia ... y al que quiere endurecer, endurece ... ¿No tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para vergüenza? ¿Y qué, si Dios queriendo mostrar la ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha mansedumbre o paciencia los vasos de ira preparados para muerte? ¿Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que Él ha preparado para gloria? (Romanos 9: 11-23).

Observemos algunos detalles de esta declaratoria: 1) Que ni Jacob ni Esaú habían aún hecho ni bien ni mal cuando Dios mostró su propósito conforme a la elección; 2) Que lo que vale para Jacob vale para Esaú, en relación a su cualidad, pues los mellizos fueron escogidos antes de hacer bien o mal; 3) Que el propósito de Dios es mostrar su ira y poder en uno y su misericordia en otro; 4) Que los vasos de ira fueron preparados para muerte por Dios; 5) Que los vasos de misericordia fueron preparados para gloria por Dios; 6) Que no depende de cuánto se corra o se quiera, sino de Dios que tiene misericordia de quien quiere; 7) Que Dios al que quiere endurecer endurece, antes de que haga algo bueno o malo.

Recordemos que el conocimiento de todas las cosas que sucederán sigue el decreto de Dios. Primero Dios decreta, luego se ve (se conoce) en el horizonte aquello que ha sido decretado, por lo cual la presciencia presupone predestinación. Un texto que apoya tal aseveración es el de Hechos 15:8: Conocidas son a Dios desde los siglos todas sus obras. En Dios no hay un puede ser sino un debe ser; Dios no permite, sino que decreta y ordena lo que sucede. Aquellos que Dios conoció en amor los predestinó (Romanos 8:29).

ACTO PRE-JUDICIAL Y NO JUDICIAL

La frase en el libro de Job (4:19) no refiere por fuerza a que Dios haya escogido al hombre de entre la humanidad caída, como algunos sugieren con astucia. Elifaz relata la manera en que Dios nos ve desde nuestra histórica perspectiva. Una pregunta planteada obtiene como respuesta la descripción física de lo que somos: polvo que vuelve al polvo. ¿Será el hombre más justo que Dios? ... Dios no confía en sus siervos y notó necedad en sus ángeles; cuánto más en los que habitan en casas de barro, cuyos cimientos están en el polvo, y que serán quebrantados por la polilla (Job 4: 17-19).

El Espíritu Santo en Romanos 9 afirma que Dios escogió a Jacob y a Esaú, de la misma masa de barro o de polvo, antes de hacer bien o mal. De hecho, el que los gemelos no hayan hecho ni bien ni mal para el momento en que fueron escogidos significa que no habían cometido pecado cuando Dios los apartó para fines opuestos. Es la voluntad del alfarero sobre su arcilla la que impera, no la voluntad o conducta de ninguno de los gemelos.

Esta situación nos indica que la elección de Dios es un acto pre-judicial, no un acto judicial. Sin embargo, urge aclarar que el incremento del castigo por el pecado se hace en base a un acto judicial; hay quienes tendrán mayor condenación por sus obras. Pero de igual forma, en la omnisciencia de Dios todo se ve en base a su predestinación, por lo cual aún a éstos se les ha incrementado pre-judicialmente su castigo.

La pregunta de Elifaz, uno de los amigos de Job, trae desde antaño el mismo cuestionamiento que la humanidad se ha hecho en torno a su Creador. ¿Será el hombre más justo que Dios? Porque muchos piensan que si de ellos dependiera no habría ni guerras ni rumores de guerra; las enfermedades hubiesen sido erradicadas y la tierra no tendría ninguno de sus males. Si ellos fuesen Dios, gobernarían al mundo en una forma más benévola y no predestinarían a nadie para el castigo eterno en la forma como el Dios de la Biblia lo ha hecho.

Cientos de años más tarde se vuelve a escribir la pregunta: ¿Hay injusticia en Dios? La respuesta que Pablo señaló en Romanos 9 es similar a la que Elifaz propuso: Dios es el alfarero y el hombre es barro, por lo tanto al Creador le asiste el derecho de hacer con lo suyo lo que le parezca bien. Esto nos enseña que continuamente el ser humano cuestiona la obra de Dios y se pregunta por la responsabilidad ética y moral de quien inspiró las Escrituras.

NUESTRA ACTITUD

Las parábolas, ejemplos y metáforas no siempre cubren todos los ángulos que pretenden referir, de manera que la figura del alfarero con el barro tendría una cortapisa natural. El que confecciona los tiestos con la greda debe adquirir en algún sitio la tierra para preparar el lodo. Pero Dios es el creador de su propia arcilla, dado que es quien ha formado la tierra de la nada (Hebreos 11:3). La narración de Génesis 1:1 habla del principio de nuestro universo cuya autoría es la voz del Omnipotente Señor. La Biblia nos instruye que el hombre fue hecho del polvo de la tierra por la intervención divina (Génesis 2:7), de lo que se desprende que el alfarero de las Escrituras tiene el más absoluto poder sobre su cerámica, siendo dueño y señor absoluto de aquello que confecciona hasta en su más mínima molécula.

La analogía entre el alfarero y su arcilla con Dios y su Creación tiene la restricción de que el alfarero trabaja solamente el barro y elabora diversos productos, pero no tiene la posibilidad de crear el lodo ni de transformar en vida o muerte lo confeccionado. No queda ningún resquicio de duda para comprender que a Dios le asiste el derecho de hacer como quiere con lo que es suyo. De Él es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan, por derecho de Creador de todo cuanto existe. ¿Quién podrá resistir a su voluntad?

Como Dios no puede ser resistido y dado que todo lo que ha querido ha hecho, deberíamos aprender sumisión delante de Él. Dado que lo que Él ha pensado lo ha traído a la historia humana, y que su propósito permanece eternamente (Isaías 14:24), el orgullo humano debería hacerse pedazos como un tiesto que se quiebra. En virtud de la humildad sugerida procuremos la oración y el discurso del profeta Isaías, quien con unas palabras prudentes, cardinales y templadas expresó en unas líneas el resumen del corazón quebrantado: Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos todos nosotros (Isaías 64:8).

UN DECRETO ETERNO

Al ser Dios absoluto, sus decretos también lo son; no puede existir ninguna causa de Su voluntad fuera de Dios mismo. Porque Dios es eterno sus decretos también lo son desde la eternidad; no puede Dios estar acomodando sus planes de acuerdo a como vaya viendo, ya que al ser Él perfecto sus provisiones también gozan del mismo valor de la perfección.

Dios no previó que algunos irían a creer mientras el resto rechazaría su invitación. Eso sería como que Él hubiese visto la buena voluntad de Pedro en aceptar el llamado que le hiciera el Señor; lo mismo vale para Judas, que Dios lo vio como queriendo traicionarlo y por eso lo escogió. Porque sensato es afirmar que si Dios previó y luego decretó entonces no es al autor seguro de sus profecías, más bien es un plagiario de la historia. El copiaría las ideas de los hombres para plasmar lo copiado como su oráculo, poniendo en las plumas de sus escritores un relato de un tema robado del corazón humano. Al mismo tiempo sería un Dios con muchísima suerte, pues la voluntad humana tan cambiante y voluble no se movió un ápice en siglos, y pudo llegar a crucificar al Señor de acuerdo a las profecías que los hombres le inspiraron a Él.

Pero el Dios de las Escrituras es Logos, es lógico, alguien que jamás se permitiría tales errores. Dios es absoluto y perfecto, por lo tanto conoce aquello que ha ordenado que acontezca desde el inicio. Esa es la forma en que Él conoce, sin necesidad de seguir conociendo, ya que no necesita perfeccionar su conocimiento. Al contrario, Jesucristo dijo que el Hijo del Hombre iba como estaba planificado, pero que ¡ay de aquel por quien fuere entregado! Se refería a Judas, de quien en otro momento aseguró que lo había escogido como diablo. De la misma manera le dijo a sus discípulos que ellos no lo habían escogido a él, sino que él los había escogido a  ellos. Juan escribe, inspirado por el Espíritu de Dios, que nosotros le amamos a él porque él nos amó primero. Ese es el orden de las cosas, un Dios que crea todo cuanto existe, que es dueño y señor absoluto de lo que ha creado y que hace como quiere.

La Escritura prueba la eternidad de los decretos de Dios. De los centenares de textos voy a traer apenas unos pocos para que veamos el impacto de tales palabras. Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (2 Timoteo 1:9). Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos (Tito 1:2). Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor (Efesios 1:4). Conforme a la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Efesios 3:11).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:19
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