Domingo, 22 de junio de 2014

Las primeras palabras del Señor registradas en la Biblia dicen lo siguiente: ¿No sabíais que yo debo estar en los asuntos de mi Padre? (Lucas 2:49). Lo último que dijo el Señor antes de morir fue: Consumado es (Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu -Juan 19:30). El primer y último registro que el Espíritu de Dios indicó escribirse en la Biblia, acerca de las palabras dichas por el enviado del Padre, tiene por fuerza un significado extremo. El cometido del Hijo consistió en ocuparse de los asuntos de mi Padre, junto con la consumación en la cruz, al derramar su sangre por el pecado de su pueblo a fin de salvarlo (Mateo 1:21).

He aquí yo vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad (Hebreos 10:7; Salmo 40:7). Esta es la voluntad del Padre, que me envió: Que de todo lo que me ha dado, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el último día (Juan 6:39). Las primeras palabras del Señor se referían a los asuntos del Padre, lo cual consumó en la cruz, justo antes de expirar.  Una vez bautizado por Juan se iniciaba su ministerio público, pero no sin antes ser llevado por el Espíritu al desierto para que fuera tentado en un ayuno de 40 días y noches. Las únicas palabras registradas durante ese período fueron la triple repetición de la revelación: Escrito está... (Mateo 3: 13-17). En forma similar, al concluir su ministerio en la tierra, la noche antes de morir, oró en Getsemaní y se registraron tres ocurrencias que también refieren a su revelación: les he dado las palabras que me diste ... Yo les he dado tu palabra ... Tu palabra es verdad ... (Juan 17: 8, 14, 17).

Llama la atención esta simetría bíblica que refiere a la forma en que fue escrito aquello que el Espíritu quiere mostrarnos en forma especial. Pero más allá de esa curiosidad maravillosa, sabemos que la Escritura no habla mentiras ni se expresa con paradojas, llámense éstas verdaderas o aparentes. De manera que cuando un individuo entiende lo que la Biblia dice no aparecerá nunca ninguna contradicción; la única forma en que puedan aparecer lo será en aquellos que leyendo no entienden lo leído, ya que su insensatez los lleva por ese derrotero. Los que no comprenden la Escritura encontrarán numerosas contradicciones, y aquellos que dicen creerla las denominarán aparentes. Esto sucede porque la Biblia contradice las falsas creencias y locas asunciones del contradictor. Muchas tradiciones religiosas asumidas a lo largo de la vida de los lectores bíblicos, algunas de ellas de invento teológico, permean la mente de esos pseudo cristianos de tal forma que percibirán aparente contradicciones.

En tal sentido, esos creyentes llamarán misterio o gritarán paradoja cuando una doctrina les molesta y no la pueden soportar. Al igual que aquellos discípulos que murmuraban diciendo dura es esta palabra, quién la puede oír, hoy se levantan muchos en las congregaciones o sinagogas de Satanás diciendo: ¿Cómo es eso de que Jesús amó de tal forma al mundo y después nos habla de que muy pocos serán los escogidos? Mucho menos inteligible se les muestra a esos auto llamados creyentes el hecho de que el Mesías, la noche antes de su muerte, clamara solamente por los elegidos y dejara por fuera de su oración intercesora al mundo.

Esta proposición es aparente contradicción en la mente que asume que Cristo debió morir por todos los hombres, sin excepción. De otra forma, ¿cómo quedaría aquello que ya han asumido como una verdad por fuerza de tradición teológica, a la manera de los escribas y fariseos, sobre el libre albedrío humano? Si Dios escoge en base a Sí mismo, entonces hace injusticia en el hombre, quien no tiene ninguna oportunidad de hacerlo por cuenta propia.

Para un ateo recalcitrante, leer en las Escrituras que Dios amó a Jacob pero odió a Esaú, aún antes de nacer o de hacer bien o mal (antes de la fundación del mundo), es una clara contradicción en base al principio de amor, opuesto al de injusticia en Dios. El ateo no hablará de aparente contradicción sino de clara paradoja. Pero el pseudo creyente no meterá a Dios en ese lío, no incurrirá a discutir la dicotomía amor/odio en Dios, sino que fiel a su principio de respeto por la Escritura preferirá suavizar su dictamen y hablar de aparente contradicción.

Pero lejos de ser un principio de humildad o reverencia, es una negación del sentido único de la Escritura. Estos pseudo creyentes han abandonado la interpretación pública de la Biblia y la han cambiado por la interpretación privada. Si Dios inspiró la Escritura para que su pueblo la entienda, la crea y pueda obedecerla, entonces las aparentes contradicciones hablan muy mal de quien escribió la Biblia. Sabemos que el Espíritu Santo es el autor de la misma, al inspirar a sus santos hombres para tal fin. Encontrar aparentes contradicciones o llamarlas misterios no resueltos es acusar de contradictor y confuso al Espíritu de Dios.

Pero los que tuercen la Biblia dicen que Dios no decreta, sino que permite al hombre hacer de las suyas. Argumentan que Dios no ha creado el mal, sino que aún el diablo apareció por cuenta propia después de haber sido creado perfecto. Ellos dan pie a un dualismo escondido, tan pernicioso como la blasfemia. Asumir que una fuerza que lucha contra Dios ha aparecido en la eternidad es dar paso a la dualidad, una modalidad en la que Dios tiene su antagonista y la vida no es más que una lucha entre el bien y el mal, con la esperanza de que algún día el bien triunfará definitivamente. Pero de ser esto cierto, ¿qué garantías habrá en ese reino futuro de los cielos, de que el mal no vuelva a levantarse? ¿Cuál soberanía tendrá Dios si algo creado por Él ha conspirado contra Él sin Su conocimiento y sin su previa disposición?

La Biblia no da pie para tales locuras de elucubración, antes enseña ampliamente que Dios ha hecho al impío para el día malo, que ha creado la luz y las tinieblas, que ha hecho la adversidad, que controla a los espíritus malos y los envía para confundir a los profetas, de tal forma que cumplan Su objetivo. El ha declarado rotundamente su propósito eterno de odiar a Esaú y a Caín, a Faraón y a Judas, así como a todos aquellos destinados como vaso de vergüenza, sin tener miedo de la antipatía que cause en medio de la humanidad caída semejante afirmación. Ha desafiado la mente humana al decirle al hombre que todo eso lo ha hecho desde antes de la fundación del mundo, desde antes de que el hombre hiciera bien o mal, de manera que la elección no depende de las buenas o malas obras, sino de Dios quien es el Elector.  Bajo el mismo argumento ha manifestado amar a Jacob, pese a lo malo que fue, a David, a pesar de haber sido asesino y adúltero, a Manasés, rey oprobioso del pueblo de Judá, así como a todos sus elegidos, que no por buenos los escogió sino como una muestra de lo más odiado en medio de los hombres (de los cuales Pablo dijo haber sido el primero de esos pecadores).  Pues a lo que no es escogió Dios para deshacer a lo que es. Y aún Israel era el pueblo más insignificante del planeta, que no por sus méritos lo escogió Dios sino más bien por lo que no merecía para convertirlo en alabanza de su gloria.

POCOS SON LOS ELEGIDOS

Frente a la declaración de Jesús, de que son muchos los llamados pero pocos los escogidos, también se levantan objetores. Los pseudo creyentes aducen que al final de todo se demostrará que son más los salvados que los condenados. Con el argumento de cantidad pretenden validar la elección de Dios. Es decir, que si al final se comprueba que Dios eligió para salvación a más personas de las que condenó, entonces Su elección se valida más en tanto se hace más justa. Es como si se hiciera una apuesta en torno a la victoria del Señor. De nuevo se esconde un dualismo pernicioso detrás de estas mentes pseudo cristianas no poco perniciosas. Al hablar de la victoria de Cristo la confinan al argumento de cantidad, pues dado que el Señor lleva la preeminencia en todo, la cantidad de los salvados importa.

Pero esa falacia (por cierto esgrimida por el príncipe de los predicadores llamado Spurgeon, que emula la idea del príncipe de este mundo) contraviene la afirmación de Jesús. Esta manera torcida de razonar nos lleva a la comprensión de lo perniciosa que es esta proposición pseudo cristiana. Por encima de lo declarado por el Señor está el argumento de cantidad, el cual tiene más peso que la misma revelación del Espíritu Santo a través del escritor bíblico.

Es como si se asumiera tácitamente que entre Dios y Satanás existe una lucha por las almas de los hombres. Dado que Dios es el más fuerte tendrá que llevar la preeminencia en todo, por lo tanto habrá más almas escogidas, tantas como llamadas y si es posible aún más que las llamadas. Afirmar tal conclusión definitiva es torcer las premisas de la proposición bíblica. Pero es igualmente suponer un dualismo escondido detrás del argumento, en donde estos dos seres antes mencionados batallan por la preeminencia en la guerra de las almas. Veamos lo falaz de este argumento: si la victoria de Dios se da en base a números obtenidos, entonces el solo hecho de que haya un alma perdida en el infierno, ganada por Satanás, hace pírrica tal victoria. La hace pírrica porque destrona a Dios de su soberanía, de su todo poder, de su voluntad eterna, pero además, del supuesto decreto inmutable de salvar a toda la humanidad. De igual forma coronaría a Satanás en su propósito de ser semejante al Altísimo, exhibiendo su triunfo en el infierno de fuego, obteniendo las pruebas de la derrota de Dios. Sí, pues poco importa que sean pocas o muchas las almas alcanzadas por el príncipe de la potestad del aire, ya que con solamente una de ellas que exhiba demuestra que Dios no es Todopoderoso como se suponía. Ambos lucharon por esa alma pero al menos en ella Satanás salió vencedor.

Esto que se ha dicho es una prueba más del pernicioso resultado de llamar paradoja o contradicción aparente a la proposición bíblica. Finalmente, recordemos lo descrito en Romanos capítulo 1, cuando Pablo menciona a la humanidad caída en sus delitos y pecados, entregada por autoría del Creador a su vana manera de vivir. Ellos imaginaron que el Creador de todo cuanto existe era la materia creada, por lo cual dieron culto a la criatura antes que al Creador. De igual forma, los pseudo cristianos dan preeminencia a Satanás, una criatura creada para el día malo (Proverbios 16:4), al inferir que él está en lucha por conquistar almas hasta arrebatárselas a Señor. Con ello han propuesto la patente del dualismo oculto, tesis según la cual Dios y el Diablo están en pugna por conquistar el mayor trofeo. Es como si Dios estuviera luchando con una piedra para poder ser Dios, el Creador de todo peleando con un objeto de su creación. Si Dios ha declarado que ha hecho al malo para el día malo, ¿cómo pueden estos pseudo creyentes aducir que está luchando por conquistar almas para su reino?

La Escritura es enfática en afirmar que aquellos que arrebatan la vida eterna son los mismos que han sido predeterminados para su salvación; de la misma manera aquellos que terminan perdidos en el infierno de fuego  son los mismos escogidos para eterna condenación. Y a la pregunta de la lógica del objetor, del porqué Dios inculpa, si nadie ha podido resistir a su voluntad, la respuesta no se hace esperar: ¿Y quién eres tú, oh criatura, creación de Dios, barro formado por el Alfarero, para que puedas siquiera altercar con el que te ha hecho de esa manera? La olla de barro no puede bajo ningún sentido dialogar con el Eterno, sino que el Eterno puede hacer con ella como quiere, ya que hasta el mismo barro ha sido llamado de donde no existía y a Su palabra ha emergido al igual que la luz de las tinieblas.

Desde el siglo y hasta el siglo, Él es Dios; y Su voluntad no hay quien la cambie ni hay quien le diga ¿qué haces? Dios no tuvo consejero ni habrá quien de su mano libre. Amístate ahora con Él y por lo tanto tendrás paz y te vendrá bien. Busca a Dios mientras puede ser hallado, llámalo en tanto que está cercano. Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes. Desde luego, nadie viene al Padre sino a través del Hijo, pero nadie puede ir al Hijo si el Padre no lo lleva a rastras hacia él. Ese es el círculo de petición de principio, un argumento que siendo falaz en todos los sentidos se valida en la corte judicial. El abogado defensor puede decir que su cliente es inocente porque él lo está defendiendo; de la misma manera, este argumento se valida en el Único que puede tener como válido Su propio argumento en defensa de los elegidos.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:33
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios