Lunes, 09 de junio de 2014

El evangelio ha sido una proposición del grato olor en Cristo, para vida en los que se salvan y para muerte en los que se pierden. Pocos son los que proclaman esta verdad, más bien se prefiere la mitad de ella para convertirla en el todo. El olor de vida del evangelio es el preferido por los predicadores que mercadean en las sinagogas de Satanás, ya que el olor de muerte para muerte disminuye las ofrendas y los encamina a la pobreza.

Un evangelio abaratado es ofertado por miles de predicadores que han sido contaminados con las técnicas de evangelización nacidas en los antros místicos del falso evangelio. Célebres divulgadores bíblicos de hace dos o tres siglos comenzaron a influir en las masas de su entorno, dejando la herencia para las siguientes generaciones. Un ambiente preparado para la seducción de la emoción, adornado con un piano del que emana una melodía tierna y que mueve el sentimiento; otros personajes se concentran en la oración y gimen repetidamente para que los invitados se motiven. El pastor en medio del himno suavemente entonado declara que tal vez mañana no habrá lugar, pide que sea aprovechada la ocasión en que Jesús está llamando a cada pecador al arrepentimiento. Si tan solo quisieras abrir tu corazón, el Señor entrará a él y morará contigo. Los que se atreven a dar el paso al frente reciben un Dios te bendiga, mientras la congregación asienta con un amén, retribuyendo a su Dios la alabanza y reconociendo que el líder que predica es un hombre espiritual.

Cuando el prospecto está delante del gran público es llevado a repetir una oración modelo, según la cual le pide a Dios que lo inscriba en el libro de la vida del Cordero, que lo reciba en los cielos cuando muera, que tome su vida para que sea transformada. Después de eso, los encargados de oficio se dan a la tarea de tomar el nombre, dirección y teléfono del nuevo potencial miembro de la iglesia local. Ha concluido el acto y todos saludan y felicitan a los recién convertidos a la nueva religión.

Estadísticamente se afirma que un alto porcentaje de los que hacen este tipo de profesión de fe abandonarán el círculo religioso visitado poco más tarde, quedando apenas un bajo número que lidiará por años para permanecer en el nuevo grupo social al que han llegado a formar parte. Son muchos los beneficios adquiridos, pues como en cualquier otro club allí encuentran amistades, sus hijos pueden jugar más seguros que en los clubes del mundo, ya que en la congregación adonde han ido ni se fuma, ni se bebe, ni se baila pegado. Por otra parte, son ejercitados en la virtud de una vida sana, y se estimulan a tener hábitos personales nobles que los capacitan para una vida más exitosa.

¿Quién puede negar las mejoras obtenidas en aquellas sinagogas? Ah, pero justo es comprender que el evangelio de Jesucristo que genera grato olor de vida para vida no es el responsable de lo que la técnica humana logra con los ejercicios espirituales de la sinagoga. El evangelio de Jesucristo es muy diferente de la réplica que le han hecho, de la imitación que han vendido, por lo cual aún su apariencia es odiada.

TRES VERDADES ENSEÑADAS POR JESUS

Miremos un momento lo escrito en Juan 16, versos 8 al 11. Allí se dice que el Espíritu de Dios enseñará al mundo tres grandes asuntos: 1) Acerca del pecado, 2) acerca de la justicia y 3) acerca del juicio. ¿Y cuál es el pecado del mundo? De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí.

La gente no cree en Jesús como el Hijo de Dios que vino a salvar a su pueblo del pecado (Mateo 1:21). Por supuesto, muchos creen esto pero tuercen el texto hasta más no poder al afirmar que Jesús murió por todos, sin excepción. Entonces, según el contexto del verso citado, Jesús vino a salvar al mundo de su pecado (no a su pueblo). ¿Qué vemos en esta interpretación? Que Jesús fracasó absolutamente, pues si vino a salvar al mundo de su pecado muchos yacen en el infierno y su salvación fue inútil.

Ante esta primera consecuencia contradictoria, los defensores de la muerte universal de Jesucristo proponen una alternativa: Cristo murió por todos, pero cada cual decide si aplica o no aplica esa salvación para su vida. Muy bien, este ardid lógico deja muchos gazapos. Veamos uno de ellos: ¿Qué pasó con todos aquellos que han muerto sin conocer ni una sola palabra acerca de la muerte de Jesús por todo el mundo, sin excepción? Ellos se perdieron muy a pesar de que Jesús murió por ellos. Por lo tanto, el problema sigue estando presente para los de la tesis de la expiación universal.

Pero el Señor les dijo a sus discípulos que el mundo no creía en él. De hecho, pese a que el número de sinagogas aumenta a diario en el planeta, hay millones de conversos que siguen incrédulos. No creen en Jesús, no creen en el Jesús de la Biblia, sino que aceptaron una imitación, una falsificación construida con pinceladas atractivas semejante a lo que hicieron los griegos con sus divinidades. El Jesús del imaginario universal es mucho más bondadoso que el que muestran las Escrituras. Un grupo de sus discípulos ofendidos comenzó a murmurar contra la enseñanza acerca de que nadie puede ir a él a menos que el Padre lo envíe. Eso les pareció una palabra dura de oír, pues les negó la opción de su libertad de acudir a quien ellos quisieran acudir, de elegir el camino y su verdad, por lo tanto se retiraron molestos (Juan 6).

Hoy día, los fabricadores de ilusiones no los dejan ir tristes, sino que les han proporcionado un nuevo redil para que se sientan como en la casa vecina. Ahora ellos cantan sus mismos himnos y han compuesto otros más alegres, oran en forma semejante, repiten textos de memoria y confiesan públicamente creer en Jesús. Su proselitismo es notorio, viajan la tierra entera en busca de un prospecto para hacerlo su converso. Testifican de noche y de día y centran su evangelización en el testimonio de sus vidas. Pero ellos militan en las sinagogas de Satanás, se desviven por adornar su nueva Babilonia religiosa, no quieren ser separados de esa cultura aprendida que les garantizará de momento la felicidad en la tierra.

Sin embargo, Jesús les dirá en aquel día: apartaos de mí, malditos, nunca os conocí. El Señor que todo lo conoce, porque es Omnisciente, dirá que no los ha conocido. Entonces este verbo conocer no se refiere solamente a una proposición intelectual cognitiva sino a una comunión existencial. Así como Adán conoció a Eva su mujer para tener un nuevo hijo, de la forma como José llevaba a María en un asno y no la conoció hasta que dio a luz el hijo, el Señor ha dicho que de los pueblos de la tierra solamente había conocido a uno solo.

El Señor nunca tuvo comunión con esos feligreses de las sinagogas de Satanás. Porque justo es decir que si no conocen al Jesús de la Biblia entonces su sinagoga no es del Jesús de la Biblia. Es más bien la sinagoga del imitador, del que se disfraza de ángel de luz, el gran engañador del mundo enviado junto con sus poderes engañosos para que crean a la mentira (2 Tesalonicenses 2:11).

Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más. ¿Por qué va Jesús al Padre? Porque él representa nuestra pascua, él ha sido llamado la justicia de Dios. Pero de nuevo, ¿justicia para quién? Justicia para los que justificó en la cruz, que son aquellos por los cuales hubo orado la noche antes de su crucifixión. Recordemos que el Señor específicamente no quiso orar por el mundo, más bien dijo: no ruego por el mundo, sino por los que me diste (Juan 17:9). En consecuencia, el Espíritu de Dios enseña a cada creyente que Jesús es su justicia, pues ha apaciguado la ira del Padre en todos aquellos que representó en la cruz. Por esa misma razón, una vez que el Señor conoció desde antes a su pueblo, lo predestinó, lo justificó, lo llamó, lo santificó y lo glorificó (Romanos 8).

El hombre redimido por Dios entiende que la diferencia entre Judas Iscariote y él ha sido Jesucristo. De Judas dijo el Señor que era el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. De Jacob dijo el Espíritu que había sido amado por Dios aún antes de sus buenas o malas obras; pero de la misma forma afirmó que Esaú había sido odiado, rechazado, aborrecido aún antes de hacer bien o mal. El verdadero hijo de Dios comprende esta enseñanza sin conflictos, que Dios hizo la diferencia en Cristo, que nadie puede ir al Padre sino a través del Hijo, pero que nadie va al Hijo si el Padre no lo lleva. Ese es el círculo que se ha dibujado desde la eternidad y el hombre es incapaz por naturaleza de meterse en él.

Los que anuncian paz cuando no hay paz son los que proclaman un evangelio diferente. Ellos son llamados malditos y hacen por partida doble partícipes del error y sus consecuencias a todos aquellos que los siguen. Ellos han torcido el evangelio al proclamar que Dios salva en base al conocimiento previo que tiene de sus criaturas, en base a las buenas obras que harán, en especial la obra de aceptación del sacrificio de su Hijo. Pero eso no es lo que enseña la Biblia, sino más bien lo contrario: que no hay quien haga lo bueno ni quien busque a Dios, que todos se han desviado, que no hay ni siquiera un justo. Por lo tanto, si la humanidad está muerta en delitos y pecados, mal puede ver y querer o producir en ella un estímulo para alcanzar la medicina. Si el Espíritu de Dios no vivifica de acuerdo a los planes eternos del Padre, entonces nadie sería salvo.

Ante esta realidad, los que están en la acera de enfrente, los que disfrutan de la otra membresía, los de la sinagoga de Satanás gritan a voces: ¿Por qué, pues inculpa, si nadie ha resistido a su voluntad? Pero la respuesta ha sido siempre la misma: ¿Tú quién eres para altercar con Dios? (Romanos 9).

Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo es juzgado. Cada creyente conoce por el Espíritu de Dios que las obras del diablo han sido deshechas, pues si fuimos cautivos de sus fuerzas ahora hemos sido libertados por el Hijo y sacados de las tinieblas a la luz. Jamás volveremos atrás, pues no conocemos la voz del extraño sino la del buen pastor. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8); Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad (1 Juan 5:19).

El juicio hecho al príncipe de este mundo nos da la garantía de que no volveremos atrás, sino que seremos preservados por el Padre en el Hijo, en la compañía del Espíritu que ahora mora en nosotros. Ciertamente, todo creyente peca y algunos cometemos pecados horrendos. Sin embargo, hay pecados de los que siempre somos guardados, como el blasfemar contra el Espíritu o el seguir a falsos maestros (a los extraños) porque no conocemos esas voces. Solamente seguimos al buen pastor porque conocemos su voz.

Y Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis. Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: Para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane (Mateo 13:11-15).

OLOR DE MUERTE PARA MUERTE

Se refiere el texto a todos los que están apuntados para muerte, como en forma similar estuvieron muchos apuntados para la muerte física en ciertos momentos históricos. Y vendrá, y herirá la tierra de Egipto: los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a cuchillo, a cuchillo (Jeremías 43:11). Muchos oyen el evangelio y lo rechazan, pues no les ha sido dado un corazón abierto para entender, ya que las cosas espirituales han de discernirse espiritualmente. Ese es también el sentido de las parábolas de Jesús, para que viendo no vean ni entiendan y Jesús tenga que sanarlos. Con todo, cada quien es responsable de su propia naturaleza pecaminosa. Este tipo de enseñanza disgusta y es declarada repugnante por muchos teólogos, de los que uno de sus principales fue Arminio, quien se opuso abiertamente a la doctrina apostólica de la elección incondicional. Seguido por muchos otros, fue retomada por John Wesley, quien abjuró de un Dios que predestinaba al infierno de fuego a miles de almas inocentes. De tal Dios, dijo Wesley, él abjuraba y lo hacía semejante a un tirano, peor que Moloc, mucho más malo que Belial. Esa doctrina, aseguró el representante máximo de los Metodistas, el precursor del pentecostalismo gracias a su tesis del perfeccionismo, es una blasfemia. Bien, esa doctrina es expuesta por el Espíritu de Dios a lo largo de las Escrituras y ha sido manifiesta en forma explícita en el capítulo 9 de Romanos, cuando el Espíritu enseña que así le ha placido a Dios actuar. Hay variantes muy sutiles dentro de la iglesia de la Reforma, pues aún uno de sus más altos representantes, considerado como un ícono del protestantismo reformado, declaró que si bien es cierto que Jacob no merecía ser amado, Esaú sí merecía ser odiado por haber vendido la primogenitura. Con esta sutileza, el llamado príncipe de los predicadores torció la Escritura para su propia perdición. Ya que teniendo en sus manos el texto de Romanos 9 exponía lo que convenía, pero salteaba el texto que hablaba de Esaú en los mismos términos que Jacob, que aún sin haber nacido, ni hecho bien o mal, habían  sido ambos gemelos destinados uno como vaso de honra y otro como deshonra. Y todo, agrega el texto bíblico, para que se establezca que las obras no importan sino la elección por el Elector mismo.

La gran mayoría de los denomidados creyentes de hoy día asumen la doctrina arminiana, la de que no hay elección sino en base al conocimiento previo de Dios. Dios supo desde el inicio quién aceptaría el sacrificio de Cristo y quién no, por lo tanto en base a ello escogió. Si esto es así, ¿qué razón tuvo el Cristo para morir por todos los hombres, sin excepción (esto es, morir por los que no lo iban a recibir)? ¿Y si murió por todos para hacer posible la salvación, qué oportunidad han tenido los que jamás han oído el evangelio de salvación y han muerto en sus pecados?

Pero el olor de muerte para muerte pone de manifiesto el desacierto interpretativo de las Escrituras, ya que los que las tuercen lo hacen para su propia muerte o perdición. Uno de los frutos del réprobo en cuanto a fe es el torcer el sentido de la Escritura. La interpretación errónea conduce a nuevos errores, como el orar para que sus nombres se inscriban en el libro de la Vida del Cordero, ya que ese hecho fue consumado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8).

OLOR DE VIDA PARA VIDA

Si Jesús fue ordenado antes de la fundación del mundo como el Cordero inmolado (1 Pedro :19-20), entonces Dios tenía un plan según el cual Adán tenía que caer en pecado para generar una raza rebelde y en enemistad contra el cielo, de tal forma que pudiera manifestarse Cristo en la historia y redimir en consecuencia a su pueblo de sus pecados. ¿Y a quiénes redimió? A todos aquellos cuyos nombres estaban escritos en el libro de la vida del Cordero.

Los que hemos sido ordenados para vida eterna hemos creído en el tiempo designado por Dios (y así lo harán los que vienen después de nosotros, como así fue antaño: y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna ... y el Señor añadía a la iglesia todos los días los que habían de ser salvos Hechos 13:48 y 2:47).

El conflicto entre estos dos grupos -los de vida y los de muerte- se acentúa en la medida en que la gente intenta amar más a su familia que a Jesús. Pero allí nos recuerda el Señor que en tal caso no seremos dignos de él; por lo tanto, es imposible que lleguemos a preferir a madre, padre, hijo, esposa, nuera, amigo, hermano más que al Señor. En una misma familia pueden cohabitar los dos olores gratos para Dios: el de muerte para muerte y el de vida para vida. Dios no se pone en conflicto con lo que ha hecho, pero nosotros tenemos una cultura de la emoción muy contaminada con las preferencias personales. Incluso se han compuesto himnos de alabanza donde se le canta a la madre, a quien se espera ver en el reino de los cielos. Tan aborrecible pensamiento es inculcado desde que somos niños en una suerte de edipo espiritual. Pero nada más lejos de lo que el Señor nos ha enseñado, pues aún a su propia madre le dijo un día: ¿Qué tengo yo contigo, mujer?  En otro momento añadió que su madre y sus hermanos eran todos aquellos que hacían la voluntad del que lo había enviado.

¿QUIEN ES SUFICIENTE PARA ESTO?

La diferencia en la influencia del evangelio ha de encontrarse en primera y última instancia en el soberano placer de Dios, quien esconde de unos el evangelio (en los que pierden está encubierto) y lo revela en los que se salvan. Nadie puede ser suficiente para la predicación del evangelio, pues así como Pablo sembró y Apolos regó, Dios es el que da el crecimiento; Dios fue quien abrió el corazón de Lidia para que comprendiera lo que se le predicaba.

Nos toca, como justos -entiéndase también justificados en Cristo, nuestra pascua- alegrarnos en Jehová, el Dios de la salvación. La dificultad de predicar la verdad en la iglesia de hoy estriba fundamentalmente en que esta se ha convertido más en una sinagoga de Satanás que en un templo de oración a Dios. Ella ha venido a ser el lugar predilecto de las cabras, quienes se alimentan de lo que arrebatan a las ovejas. Las ovejas, por su parte, reciben los cabezazos propios de sus imitadoras, quienes con su fuerza y su ímpetu arropan con su doctrina como la maleza al trigo. No en vano el Señor ha dicho desde hace siglos: salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados y no recibáis de sus plagas (Apocalipsis 18: 4).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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