Lunes, 26 de mayo de 2014

Más allá de la literalidad del discurso, en los salmos de la Biblia se cierne una imagen que evoca conceptos diferentes a los enunciados en sus palabras. Se llama metáfora a esa identificación cruzada entre dos términos, en el que uno evoca al otro: el ratón de la computadora es una frase metafórica porque el vocablo ratón alude a la semejanza entre el mamífero roedor y el objeto con el que se guía el puntero de la máquina. Tierra fértil es aquella de los salmos, los cantos poéticos de la Biblia, para abundar en símiles, metáforas y muchas otras figuras literarias. Los cambios semánticos quedan expuestos cuando el lector comienza a leer no importa cual cántico, a medida que se deja llevar por la impetuosa corriente del discurso poético o figurado.

El cantor dice que alzará sus ojos a los montes y luego se pregunta de dónde vendrá su socorro. Muy afligido pareciera haber estado para buscar la ayuda del Señor, expresando todo dentro del símbolo universal del Dios que está arriba y el hombre que está abajo. A los montes implica hacia la cima, donde se supone que Dios habita. En los valles quedamos nosotros expuestos a la mirada de los que merodean buscando nuestra destrucción, por lo cual conviene mirar a los montes, donde uno puede refugiarse en los bosques o cuevas de las altas montañas.

Esta figura enuncia la protección asociada con el Todopoderoso, capaz de brindar socorro. El que hizo los cielos y la tierra está capacitado para cuidar a su siervo, como lo hizo con el profeta Elías a quien escondió muchas veces en cuevas, en arroyos o en la casa de una viuda. El socorro que Jehová le brindó al profeta fue notorio y se le permitió a su siervo Eliseo mirar y contemplar al ejército de ángeles que lo custodiaban.

Se puede seguir hablando de cada metáfora contenida en este canto, pero conviene exponer antes que la metáfora subyacente de todas ellas es la de la soberanía de Dios. El compositor entendió hacia dónde debía levantar sus ojos, comprendió que el Hacedor de todo le brindaría el socorro necesario; que ese Dios no dormía ni se descuidaba, porque ha sido siempre nuestro guardador. De Él no es posible escapar, ya que se ha convertido en nuestra sombra, de tal forma que ni el calor de la luz del sol ni el frío hielo de la noche (figurado por la luna) nos causarán fatiga; cualquier mal tramado por los impíos jamás nos tocará, de la misma forma que nuestra alma es protegida junto con nuestra salida y entrada. La relevancia de esta información viene sellada con la expresión desde ahora y para siempre.

¿Cómo es posible llegar a producir semejante discurso de seguridad? La única opción es comprender que el salmista entendió el poder infinito del Señor, su control absoluto del universo, de sus átomos, de los seres humanos e incluso de los malhechores. Cuán aterradora la exposición mostrada en el salmo 108, en el que de igual forma se pone en evidencia el cuidado de Dios para su pueblo. Las expresiones Satanás esté a su diestra, cuando fuere juzgado salga condenado, su oración sea para pecado (Salmo 108:6-7), exhiben la gran diferencia entre las cabras y las ovejas. La soberanía de Dios queda palpable en la condenación de unos y en la salvación de otros.

LA SEGURIDAD DE LA SALVACION

Otra gran metáfora implícita es la de la preservación de los santos. Aquellos que han sido llamados por Dios fueron los predestinados para vida eterna; son los mismos que Dios amó desde siempre (los conoció, en el sentido bíblico del término, así como José no conoció a su mujer hasta que dio a luz al niño, si bien era su esposa y la llevaba en un asno a Belén -lo cual indicaba que la conocía con su intelecto mas no con su intimidad). Ese mismo grupo conocido, predestinado y llamado es el justificado; es el mismo que santificado ha glorificado Dios (Romanos 8).

Los ocho versos del salmo 121 hablan de la protección del Señor a su pueblo; es imposible que un Dios que no se descuida vaya a perder a una de sus ovejas. Eso lo afirmó Jesús al decirnos que nadie las podría arrebatar de su mano o de la mano de su Padre (Juan 10:28), de manera que el creyente puede descansar sobre la gran verdad anunciada, que el Señor no dará nuestro pie al resbaladero (a la perdición eterna), ya que es nuestro guardador y nuestra sombra. Esa imagen debería ser suficiente para entrar en paz, pues la sombra nunca nos abandona. Además, se nos asegura que Jehová nos guardará de todo mal así como lo hará con nuestra alma.

Recordemos lo que dijo un día Jesús: que de nada le vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma; que debíamos temer a aquel que es capaz de echar nuestro cuerpo y nuestra alma en el infierno. Bien, el Señor mantendrá nuestra alma a salvo. Hay sectas religiosas que llaman mentiroso a Jesús, pues declaran que el infierno no existe, ya que un Dios de amor no se compagina con semejante sufrimiento por la eternidad. Pero este salmo contradice las mentiras de esas sectas, ya que le promete al creyente que su alma se mantendrá guardada, con lo cual se enuncia por argumento a contrario que hay almas no guardadas.

El Salmo 108 ya lo dijo, Satanás esté a su diestra, cuando lo juzguen salga condenado. Este es un estatus opuesto que exalta la grandeza de un Dios capaz de condenar y de salvar. Es grandioso poder decir que alzaremos nuestros ojos a los montes para esperar el socorro que viene del Señor, el mismo que hizo los cielos y la tierra. Ese es el mismo Dios que tuvo un propósito en hacer a Jacob y a Esaú de la misma masa pero con destinos distintos. Es el Señor soberano el que se convierte en nuestra sombra a nuestra diestra y quien ordena que Satanás esté a la diestra del impío. El creyente ha sido afortunado en haber sido llamado de las tinieblas a la luz, de haber sido liberado de la esclavitud del pecado, de haber sido trasladado del espacio controlado por el príncipe de las tinieblas (el príncipe de este mundo) al reino del amado Hijo.

Esta grandeza tiene su corona en el sello final del cántico: desde ahora y para siempre. Con esta certeza se puede cantar una y otra vez este salmo para animarnos con sus palabras veraces, inspiradas por el Espíritu de Cristo para el beneficio de su pueblo amado. Muchos miran hacia la tierra, de donde viene su prosperidad, pero el creyente apunta sus ojos al cielo de donde vendrá su socorro. Asaf (el compositor del salmo 73) se afligió por unos momentos al ver la prosperidad de los impíos, de los arrogantes que recorren la tierra con su lengua. Al entrar en el santuario de Dios (en Su presencia) comprendió el fin de ellos: Dios los había puesto en desfiladeros y despreciaría su alma en el día indicado. En cuanto a él, también entendió que Jehová y no Satanás sostenía su mano derecha. Su mayor fortuna consistía en que tenía en los cielos a Jehová y no deseaba nada fuera de él en la tierra. Entendió que su carne y su corazón podían desfallecer, pero la fortaleza de ese corazón desfallecido era y sigue siendo por siempre el Dios conocido.

Asaf comprendió que Dios lo había llevado según su consejo, aún dentro de sus inquietudes al ver la prosperidad de los impíos, que al final sería recibido en gloria. Nosotros comprendemos que es mucho mejor que Jehová sea nuestra sombra a nuestra diestra, pues el impío tiene al destructor de las almas a su mano derecha. El impío saldrá condenado cuando lo juzguen, pero el creyente no será condenado cuando lo acusaren (Romanos 8:33-39).

Esta es una metáfora escondida en este salmo, y pueden existir otras más. Pero aún su literalidad reclama nuestra atención, si bien la imagen inferida abunda en riqueza para nuestro espíritu. ¡Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra!

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:18
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