S?bado, 10 de mayo de 2014

El capítulo 55 de Isaías refiere al llamado que hace Dios a los gentiles (al pueblo no judío, a las gentes del mundo). Gente que no conociste, según el verso 5, gentes que no conocieron a Dios; la razón es que Jehová mismo causa todo lo que acontece. Más allá de que haya un llamado del Altísimo, Él mismo hace que se escuche su voz y la gente se arrepienta. Sucede a menudo que cuando la persona se vuelve de su mal camino es mal instruida en las iglesias y supone que por vía de su soberana decisión se operó  el arrepentimiento. Pero Isaías resalta que es por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado (verso 5).

Dios es la razón de todo cuanto acontece y existe. El ha confeccionado vasos de honra y de deshonra, se muestra a Sí mismo como el Alfarero, nos señala como barro en sus manos. Sin embargo, eso no puede negar el llamado que nos hace, pues su capacidad para hacer no impide su capacidad para decretar. Al contrario, no hubiese tenido sentido alguno (al menos desde la perspectiva humana) si un Dios tan poderoso como el mostrado en las Escrituras hubiese hecho al hombre a su imagen y semejanza y no le hubiese soplado aliento de vida. El muñeco de barro hubiese quedado inerte en el huerto del Edén, por lo que nadie se opone sensatamente contra el hecho de que Jehová haya ordenado el llenar la tierra y sojuzgarla.

La creación en Adán cobra sentido cuando se le establecen las tareas de procrear y dominar el planeta, colocarle nombre a los animales, junto a un gran etcétera que sin mencionarlo se implica. De igual forma, por la creación en el segundo Adán -que es Cristo- también tiene sentido el que se le ordene al impío volverse de su mal camino hacia Dios. ¿Quiénes se volverán definitivamente a Él? Todos aquellos que fueron ordenados para vida eterna (Hechos 13:48). ¿Por qué Dios inculpa de pecado a quien forjó como vaso de deshonra? Porque Él es soberano y puede hacer con su obra (barro) lo que quiere hacer, sin que tenga que rendir cuentas ante nadie. Él lo ha dicho muchas veces de diferentes maneras, que no hay quien de su mano libre ni quien le diga qué hace; que no tiene consejero y que hace la luz y las tinieblas, que aún al impío ha preparado para el día malo (Proverbios 16:4). ¿Habrá acontecido algo malo en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6).

LOS QUE SE ARREPIENTEN

Es cierto que todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman. Pero sería deshonesto con el texto si no continuamos leyendo: esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8: 28). Esa gente que Isaías menciona como no conocida (los gentiles) y que no conocía a Dios es la misma que ahora ha sido llamada conforme a su propósito eterno. A los que antes conoció, a estos también predestinó; a los que predestinó también llamó (Romanos 8: 30). Esa es la razón por la cual el profeta insistió en buscar y llamar a Dios mientras puede ser hallado y está cercano; no hay azar posible en los designios del Eterno. El Dios que creó el aire y los pulmones también activa el mecanismo de la respiración por lo cual, el que ordena para vida eterna, otorga arrepentimiento cuando transforma el corazón de piedra en uno de carne (Ezequiel 11:19).

EL SIGNIFICADO DEL ARREPENTIMIENTO

Más allá del sentido etimológico, sea en griego o en hebreo, la idea central del texto de Isaías es un cambio de perspectiva en varios sentidos. Dice el verso 7 de la siguiente manera: Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Podemos estimar que arrepentirse es volverse del pecado, olvidar lo que uno hacía y nunca volver a esa actividad. El hombre malvado debe olvidar sus caminos de la misma forma en que uno olvida un sendero sin salida o que lleva a destino erróneo (como señaló Mattew Henry). Por esa razón se requiere un cambio de mentalidad, la metanoia como se dice en griego. De manera que no basta con no practicar el pecado de antes, sino que es necesario dejar de pensar en el mal como una opción.

Arrepentirse también presupone volverse al Señor (y vuélvase a Jehová). Este paso nos llevará a meditar en su ley de día y de noche, a ser como árbol plantado junto a corrientes de aguas. Implica conocer su dominio absoluto, su soberanía suprema, saber que no hay Dios semejante a ese Dios de la Biblia que hace como quiere, pero que será amplio en perdonar a todo el que se vuelva a Él con un corazón nuevo. Recordemos que en este punto tampoco se da lugar para la jactancia, ya que el Señor es quien hace el cambio de corazones y justifica a todos aquellos que ha llamado oportunamente de las tinieblas a la luz.

Por lo antes dicho, los pensamientos del Señor no son los pensamientos del hombre impío, sino que son mucho más altos. Cuando el Señor perdona lo hace en forma absoluta y nunca más se acuerda de nuestros pecados; de manera que nosotros somos perdonados pero igualmente llamados a perdonar en forma absoluta. Ya lo dijo Jesús en el Padrenuestro: perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

En resumen, a través de Isaías Dios le dice al impío que va a perdonar que deje sus pensamientos porque debe alinearse con los pensamientos del Señor; que deje su camino de impiedad porque debe ir más bien hacia al camino del Señor. ¿Y cuál es ese camino? Es Jesucristo, quien además es la Vida y la Verdad. ¿Cómo podemos dar fe de la amplitud del perdón? Porque nos justificó en la cruz donde clavó el acta de los decretos que nos era contraria. Dado que esto no es una opción sino una verdad, debemos gozarnos y celebrar el perdón maravilloso que nos  permite tener acceso al Trono de la Gracia. Esta satisfacción no fue preparada para Judas, Caín, Faraón ni el resto de los hijos de Satanás; este es un gozo que solamente las ovejas pueden disfrutar. No dejemos que la mirada de ira de las cabras nos apague el ánimo, ni nos extinga la alegría de tener el gozo de la salvación.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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