Jueves, 17 de abril de 2014

Cualquier texto debe ser visto en su contexto, no vaya a ser que se convierta en un pretexto para reflejar una doctrina o ideología preestablecida. Fuera del texto no hay salvación, decía un célebre semiótico francés de origen algerino, de nombre Greimás. A eso voy a referirme para intentar derivar el sentido de las palabras a estudiar.

Pablo habla a los Corintios, una iglesia con demasiados problemas. Les está explicando el asunto del orden en cuanto al hablar en lenguas y a profetizar. Pero en especial enfatiza sobre la trascendencia del amor. Sin esa cualidad cualquiera viene a ser como un metal que resuena, mucho ruido y pocas nueces. En el verso 8 agrega que el amor jamás dejará de ser, perdurará por siempre, incluso en la vida celestial. La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada. El verso 10 nos dice cuándo sucederán estos eventos: cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte será quitado.

Pablo sabía que conocía en parte y se profetizaba en parte, no en forma completa. Recordemos que el vocablo profetizar tiene varios usos, uno de ellos es llevar la palabra, predicarla; el otro es vaticinar, predecir. Es indudable que el contexto apunta a este último sentido, por cuanto todavía anunciamos el evangelio de Jesucristo para testimonio a todas las naciones.

Profecías, lenguas y ciencia (esta última es el don del conocimiento) fueron dones especiales en la iglesia naciente. Eran necesarios porque a través de ellos se impartía la revelación de Dios a esas congregaciones; los apóstoles fueron inspirados por el Espíritu de Dios y por medio de esos regalos recibieron la palabra que hoy tenemos compendiada en el gran libro de los libros.

EL CONTEXTO EN LENGUA GRIEGA

En parte versus lo perfecto: μέρος -meros- vs. τέλειος -téleios-. El sustantivo neutro Meros significa una parte asignada, un lote, un pedazo del todo, parcialmente, en una medida, en cierto grado. El adjetivo neutro Téleios significa llevado hasta su final, terminado, perfecto, acabado, completo, consumado en su virtud, adulto en full grado, maduro. Estos dos vocablos se contraponen para dar el sentido a la idea central del apóstol: se vivía en un conocimiento parcial de la doctrina revelada por Dios pero se apuntaba hacia el conocimiento completo. Eso habría de llegar en un momento de la historia, justamente cuando Juan escribiera el Apocalipsis y se le dijo que ya no hay más revelación porque quien le añada o le quite a la profecía dicha por el Señor se le añadirán las plagas del libro.

EL DIA DEL SEÑOR

Algunos sostienen que el día del Señor es lo perfecto. Bien, echemos un vistazo a los términos que componen esta frase. 1 Tesalonicenses 5:2 es el texto escrito por el mismo apóstol que habló del conocimiento en parte y del conocimiento completo: Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. Original:  η ἡμέρα  κυριου-e hemera Kuriou-. Literalmente traduce el día del Señor. Un artículo femenino η seguido de un sustantivo singular femenino  en caso nominativo ημερα y de un sustantivo singular masculino en caso genitivo κυριου. Traducido en forma literal sería: la día del Señor. Por supuesto, el español exige masculino para el vocablo día.

Como podemos ver, el mismo apóstol habla del día del Señor y no se ve en ningún momento que haya escogido el vocablo téleios para tal cometido. No dijo: el día perfecto, o el perfecto día vendrá, o lo perfecto vendrá. Eso sería un sin sentido, pero como la Escritura sí que tiene sentido o sensatez, los vocablos establecen la diferencia necesaria y suficiente para decir aquello que el Espíritu quiso dejar dicho para el beneficio de su iglesia o de sus escogidos.

LA CIENCIA

La ciencia de los hombres es vana y se menciona como algo a evitar: evita las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia (1 Timoteo 6:20). Es vano porque un día parece ser cierto, pero pasado algún tiempo un hallazgo o un experimento puede desmentir lo asumido como verdad científica. ¿No se dijo que la tierra era plana, a pesar de que Isaías menciona siglos antes de Cristo que Dios está sentado sobre el círculo de la tierra? (Isaías 40:22).

La ciencia también es vista como la revelación o el conocimiento que el Señor ha dado a los hombres. El mismo texto que nos ocupa en 1 Corintios 13 lo menciona: a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu. Esta ciencia divina es la palabra que Dios ha entregado al hombre en su revelación, la cual acabaría cuando llegara lo perfecto. Ojo, lo que acabaría no sería lo dicho por Dios, sino las entregas de nuevas revelaciones, pues no puede en ningún momento extinguirse aquello que Dios ha revelado, sino aquello que es el mecanismo de la revelación. Por eso existe la advertencia para los que agregan nuevas entregas, como si fueran de Dios. Eso es más bien doctrina de demonios, encapsuladas en las revelaciones de los falsos profetas y falsos maestros (Apocalipsis 22:18-19).

Junto con el cesar de la entrega de la ciencia bíblica también cesarán las lenguas y las profecías que vaticinan el futuro. Ya no es necesario, porque todo lo que necesitábamos saber nos ha sido revelado. Lo que no necesitábamos saber pertenece a las cosas secretas de Dios (Deuteronomio 29:29).

EN PARTE

El verso 9 de 1 Corintios 13 nos dice que se conocía en parte, por cuanto todavía no había llegado lo perfecto (la revelación completa de su palabra: el Nuevo Testamento). Por eso, repito, no dijo Pablo que cuando venga el día del Señor lo que es en parte se acabará. Si el apóstol y la iglesia naciente veía como por espejo, en forma turbia y borrosa, cuando llegara lo perfecto (no el día del Señor) conocerían como ellos fueron conocidos. En la Biblia llegamos a conocer la manera en que Dios nos conoció (o nos amó) desde antes de la fundación del mundo, para hacernos una nación santa, un pueblo acepto a Él por la gracia de la elección y por los medios que hizo posible a través del sacrificio expiatorio del Hijo para su pueblo. Todo esto se nos explica en el Nuevo Testamento como una actividad operativa del Espíritu Santo cuando nos hace nacer de nuevo. Y todo en consonancia del tipo o antitipo descrito en el Antiguo Testamento. En otros términos, el Nuevo Testamento arroja la luz suficiente para comprender lo que se venía diciendo en el Antiguo Pacto, de manera que lo que se conocía en parte ha pasado a ser téleion, perfecto o completo.

LA GRAMATICA Y EL CONTEXTO

No conviene destruir la gramática y el contexto del texto que se analiza. No lo convirtamos en un pretexto para justificar el continuismo de los dones especiales que sirvieron su propósito durante el nacimiento y consolidación de la iglesia. Por otro lado, no sabemos qué lenguas hablaremos en el cielo, podría sernos dado un nuevo lenguaje, un nuevo idioma, o simplemente podríamos continuar con las lenguas de la tierra. No nos dice la Escritura algo al respecto. Sabemos que Pablo subió al tercer cielo y lo que vio no lo pudo encontrar porque le fue inefable, esto es, inenarrable. No encontró palabras adecuadas para describir lo que allí experimentó. Pero sabemos también que el rico y Lázaro estaban en los sitios en que fueron puestos después de muertos y que el rico hablaba con Abraham. ¿En qué lengua hablaban? Posiblemente en su lengua nativa y se entendían el uno al otro.

Cuando miramos el libro de los Hechos y el nacimiento de la iglesia, nos damos cuenta de que Pedro en su discurso hablaba en su lengua nativa. Veamos el capítulo 2: 5-13: Paraban entonces en Jerusalén judíos devotos procedentes de todos los países que hay bajo el cielo. Al producirse este ruido, se congregó la muchedumbre, y no salían de su asombro al oírlos hablar cada uno en su propia lengua. Estaban como fuera de sí y maravillados decían: «¿Pero no son galileos todos estos que hablan? ¿Pues cómo nosotros los oímos hablar cada uno en nuestra propia lengua nativa?  Partos, medos, elamitas y los habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia,  de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de la región de Libia que está junto a Cirene, y los peregrinos romanos, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes los estamos oyendo expresar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios.»  Estaban todos fuera de sí y perplejos, y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?» Otros, en plan de burla, decían: «Están borrachos de mosto.»

Pedro interpreta el acontecimiento como el cumplimiento de la profecía de Joel. Más tarde, Pablo en 1 Corintios 14 interpreta el don de lenguas como la maldición que Dios le dio a su pueblo rebelde y de la cual habló el profeta Isaías, que hablaría en lengua de tartamudos (una profecía de doble cumplimiento, pues por un lado fueron los asirios quienes les hablaron en su propia lengua cuando sometieron a Israel, y ahora Dios les hablaba a los judíos en lenguas extranjeras, como una advertencia de que les había llegado la hora de separarse de ellos como su pueblo, pues solamente a través de Jesucristo podrían serlo y tenían que dar paso a la plenitud de los gentiles -el resto de la gente del resto del planeta (más allá de que Dios no ha desechado del todo a Israel, como lo afirma Pablo en Romanos 11). Los tres contextos de lenguas extranjeras narradas en el libro de los Hechos se dan en presencia de personas judías, incluso ante Cornelio el gentil. Todo ello para que se cumpliera la profecía dura de Isaías mencionada por Pablo (1 Corintios 14: 21- Isaías 28:11).

Son estas lenguas como señal a los incrédulos que acabarían al llegar lo perfecto o lo completo, no al llegar la Segunda venida del Señor. Si fuese así, entonces en el cielo no habría lenguas que hablar y todos tal vez seríamos mudos. Pero no es ese el relato del libro del Apocalipsis.

No se interpreta la Biblia colocando una cadena de textos aislados del texto en discusión, como queriendo forzar la interpretación preconcebida. La expresión fuera del texto no hay salvación implica el rigor lingüístico y semiótico que se debe tener al momento de ir a la gramática, al contexto histórico y a la Escritura que se interpreta con la misma Escritura. Pero yo no podría probar el texto de 1 de Corintios en discusión si voy al Génesis 1:1 bajo la suposición de que estoy cumpliendo con el precepto hermenéutico de interpretar la Escritura con la Escritura. La pertinencia del texto a escoger es de rigor lógico y eso también es sabio entenderlo.

PUNTO FINAL

De importancia suprema es conocer lo que quiso decirnos el autor del libro de Hebreos. El habla en abundancia a los hebreos conversos y toma en cuenta el Antiguo Testamento, como un apoyo prefigurativo de lo que habría de venir. En Hebreos 10:1 leemos: Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se allegan. Esta sombra de los bienes venideros es el conocer como por espejo, pero la imagen misma de las cosas es llegar a conocer como fui conocido porque lo perfecto o lo completo ha llegado: el Nuevo Testamento.

No podemos añadir más páginas a la Biblia, como si hubiesen nuevas revelaciones. Eso sería crear otro evangelio diferente al enseñado por los apóstoles y por Jesucristo. Si téleion es lo perfecto, también es lo completo, en otra de sus acepciones como ya vimos al inicio. Por lo tanto, podemos releer el texto de Corintios de la siguiente manera: cuando venga lo completo, lo que ha sido consumado o terminado, para obtener el sentido que está implícito en el vocablo original griego y que se pierde en ocasiones por las traducciones. No en vano se ha dicho: Traduttore traditore (pues un traductor es un traidor del sentido del texto). Ambos verbos provienen del latín y están emparentados semánticamente, y guardan relación con el término tradición. En ocasiones un vocablo traducido de una manera particular se mantiene por generaciones en una tradición traidora al sentido original del texto. Sobretodo cuando se pretende  trasladar de una lengua tan rica en su etimología, como la lengua griega, cuyos términos no solamente tienen un solo sentido sino en ocasiones una gran diversidad de ellos. Escoger el más acertado no fue siempre la fortuna de los traductores, por lo cual son considerados traidores del texto. La buena o la mala intención del traductor no está en discusión en estos momentos, sino el hecho de que debemos abrirnos a los otros sentidos del texto.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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