Mi?rcoles, 09 de abril de 2014

Un ídolo es una imagen gravada, un dios, un ideal maravilloso. La imagen es un prototipo, una impresión, que bien puede ser de una persona, de un paradigma o modelo, de una efigie, de un proyecto o hasta de la mente. La representación implica la actuación teatral, una creación de algo, una actividad, una acción mental o interna de aquello que se quiere mostrar. El que representa delega o es delegado de lo que desea exhibir con dignidad, se convierte en su embajador ante el mundo o ante sí mismo de un mensaje que transmite la imagen.

¿Será posible por alguna vía representar o hacer una imagen de la esencia de Dios? A eso llama la Biblia hacer ídolos. Por esta razón los tres conceptos anteriores guardan estrecha relación con lo que Dios más aborrece del hombre. Más allá del problema de la conducta humana está su errónea concepción de quién es Dios. En Romanos capítulo 1 la Escritura relata la visión del Espíritu por intermedio de Pablo, mostrando un Dios airado contra la impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia. También se atestigua la razón de su ira: que habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios. Esa es la clave del texto.

Pero ¿quién es Dios? ¿Cómo conocieron a Dios? Dios es el Creador del universo, de todo cuanto existe, de manera que no hay excusa por cuanto las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se echan de ver desde la creación del mundo. El hombre no pudo hacerse a sí mismo, el mundo no pudo generarse de la nada sin causa manifiesta; la lógica humana apunta y señala a un motor sin motor que mueve todas las cosas, como bien lo dijo Aristóteles.

Cuando el hombre niega a Dios pone de manifiesto su impiedad, pues declara que él está en esta tierra porque sí, porque es producto de la casualidad o de la impronta evolutiva.

En el libro del Génesis está narrado el hecho histórico de la creación del hombre y del universo. Hubo una transmisión oral desde Adán a través de sus generaciones posteriores; sin embargo, lo que se conoce como pecado hizo que el hombre negara la verdad transmitida y comenzase a suponer una imagen de Dios que el ser humano representó de diferentes maneras. Hoy día los antropólogos le dan el visto bueno a la pluralidad conceptual de la divinidad, al atribuir a los pueblos el derecho cultural de generar su propia concepción de lo divino. A eso llaman sincretismo religioso, a la sumatoria de doctrinas distintas. A pesar de sus diferencias existe la unión y asimilación de los distintos elementos unificados, como si se mezclara vino con agua.

EL ENVANECIMIENTO DEL DISCURSO

La descripción que hacen los profetas de Dios es única y sublime, pero el hombre se ha dado a las fábulas y procura por muchos medios desvirtuar la potencia y deidad del Creador. Han llegado a representarlo en forma de animales diversos que incluyen los reptiles; han honrado a las criaturas antes que al Creador: la voz del César era la voz de Dios, lo mismo que la del Faraón y la de Nabucodonosor. Para nuestro beneficio Dios instruyó a un pueblo de manera especial para preservar el conocimiento acerca de Su persona, lo que nos ha permitido hoy día llegar a disfrutar de la sabiduría y doctrina de la esencia del Creador.

El discurso humano acerca de lo divino ha sido catalogado como sabiduría. En muchas culturas humanas el jefe religioso es llamado el hombre sabio; claro, se atribuye un conocimiento esotérico, de lo que está escondido, lo que le reditúa en el reconocimiento público de su sabiduría. Diciéndose ser sabios se hicieron necios (Romanos 1:22), y sabemos que no es nada nuevo, que esta idea viene de tiempos muy antiguos. Ya el profeta Isaías lo había declarado siglos antes de Cristo: Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con afrenta todos los fabricadores de imágenes...no saben aquellos que erigen el madero de su escultura, y los que ruegan al dios que no salva (Isaías 45: 16,20).  Ellos mismos dan testimonio de su sabiduría, llamándose hombres sabios, pero no saben y carecen de conocimiento acerca de quién es Dios. Esta carencia de la sabiduría que proclaman los avergonzará y los hará andar con afrenta.

EL PAGANISMO Y SU IDOLATRIA

Los paganos son idólatras por naturaleza, pero se llaman a sí mismos sabios. Ellos adoran a un dios que no salva, o tal vez se envanecen tanto que se auto proclaman ateos, sin Dios en el mundo. Esa es otra forma de idolatría, pues colocan su propia imagen, coronada de soberbia, en el trono de su mente. Ellos dicen ser producto de la evolución y de la casualidad, del azar necesario. Pero la Escritura los declara como los que proclaman su propia sabiduría porque no tienen conocimiento del verdadero Dios.

La profesión de adoración de sus dioses ha convertido en locos a los paganos, en desconocedores de la verdad manifiesta en la creación, revelada posteriormente en las Escrituras. Desvanecidos en sus discursos trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de serpientes. ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? !Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él (Habacuc 2:18-19).

La consecuencia descrita en la carta a los romanos es la entrega definitiva que hace Dios de estos paganos idólatras a la inmundicia, a la concupiscencia de sus corazones, al punto que sus propios cuerpos se contaminan entre ellos mismos. ¿Qué significa esto? El hecho de mudar la verdad por la mentira ha hecho que Dios les devuelva la deshonra que le hicieron a Él. Dios los ha entregado a actos vergonzosos, que ellos subliman llamándolo orgullo gay. ¿Se sienten orgullosos de exhibir la deshonra de sus cuerpos? Eso claman, pero Dios no se equivoca, y ha llamado su exhibición acto deshonroso. El uso natural de las mujeres fue deshonrado, encendiéndose en su lascivia unas con otras, al igual que el uso natural de los hombres cometiendo cosas nefandas. Lo interesante de esta declaración bíblica es que el castigo por partida doble está en la entrega que hace Dios a esa deshonra y el hecho de recibir ellos mismos la recompensa de su extravío. De manera que sí se sienten avergonzados pero lo niegan al sublimarlo bajo el subterfugio del orgullo gay.

Pero este no es el único castigo de Dios, sino que una larga lista se enumera: fueron entregados por Dios a una mente depravada, para hacer lo que no conviene; bajo iniquidad, fornicación, malicia, avaricia, maldad, envidia, homicidios, contiendas, engaños, malignidades. Se convirtieron en murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia (Romanos 1).

No podemos decir como en las películas que cualquier similitud con la realidad es sola coincidencia; más bien, al contrario, esa es la realidad de hoy día. Sabemos que la maldad ha sido aumentada y que no hay forma ni manera de menguar la crueldad de estos tiempos. Aún la fuerza pública se ha vuelto tan hostil que sus actos son ajenos a toda misericordia. Pero, ¿qué pasa con la iglesia?

EL PAGANISMO EN LA IGLESIA

Muchos buscan protección en las iglesias cristianas porque suponen que son ciudades de refugio, en donde encontrarán alivio de lo que a diario tienen que enfrentar en el mundo. No obstante, el mundo ha penetrado la iglesia y ella no es más que una extensión, un quiosco o franquicia del principado de Satanás. Los ídolos, imágenes y representaciones continúan en forma idéntica a como acontece afuera. Tal vez algunos dirán que eso no es cierto en todos los centros cristianos, pero más allá de las figuras tridimensionales (las que reflejan los crucifijos colgados de un madero, o de un Cristo arrastrando una cruz), existen las figuras planas. Los dibujos del rostro de un Jesús desconocido son pintados para que los niños aprendan a colorear y a representarse en su imaginario al Mesías que vino hace más de 2000 años a la tierra. La pedagogía eclesiástica así lo enseña; el dibujo de árboles navideños, pesebres o del llamado niño Jesús es muy común dentro de estas nuevas sinagogas apocalípticas.

Pero algo más grave sucede en relación a lo que la gente se representa mentalmente, a un Jesús que ellos han imaginado como el Jesús de la Biblia. Hay cosas en las Escrituras que no gustan, hay elementos que parecen odiosos, por eso se moldea una figura diferente al Cristo de la Biblia y la gente comienza a rendirle adoración a un dios que no existe sino en su fantasía, en la creación de su mente. Recordemos que el apóstol Juan era un pastor de una iglesia compuesta principalmente por judíos conversos. El llegó a decir que Jesucristo era la propiciación por los pecados nuestros (de los judíos de su iglesia) y por los de todo el mundo (los gentiles creyentes y judíos creyentes fuera de su iglesia). Pero señaló algo más que viene en el tema desarrollado, llegó a decir en una de sus cartas una frase muy significativa según el contexto: Hijitos, guardaos de los ídolos.

Podemos pensar que los judíos pertenecientes a la religión judaica (seguidores de la ley de Moisés) no eran idólatras como lo fueron los paganos de su entorno. Ellos, al contrario, propagaron la idea del monoteísmo, de un Dios único, de un Dios invisible que no quería ninguna representación suya en esta tierra. ¿A qué me haréis semejante? llegó a decir el Dios que hablaba a través del profeta Isaías. En este contexto comprendemos que el pastor Juan no tenía ninguna preocupación por la idolatría tangible de los antiguos profesantes de la fe de Moisés, mucho menos ahora que habían llegado a la conversión de la fe cristiana. Por partida doble esos feligreses de Juan estaban ciertos en cuanto a no venerar ningún tipo de imagen, ya que ellos eran hombres de historia bíblica, sabían los Diez Mandamientos y se cuidaban de cumplir el mandato de Dios de no hacerse ninguna representación Suya.

Bajo este contexto tenemos que buscar el sentido de las palabras de Juan: guardaos de los ídolos. No cabe duda de que bien pudiera referirse a los ídolos intangibles, aquellos que escapan a los cinco sentidos: al de la vista, al del oído, al del olfato, al del gusto y al del tacto. No se refería necesariamente a los muñecos que se confeccionaban con las manos, más bien se refería a las imágenes de un Jesús que no fuese el enseñado por la doctrina de los apóstoles. Ese mismo pastor dijo en sus cartas que no le dijéramos bienvenido a los que no trajeran la doctrina enseñada por él, por Jesucristo, por los otros apóstoles.

Desde esa perspectiva Juan nos mostró que el no tener en cuenta la doctrina que él impartía equivalía a rendirle tributo a un ídolo (intangible) del cual teníamos que guardarnos. Pablo exhortó a Timoteo a ocuparse de la doctrina, Jesucristo dijo que enseñaba la doctrina de su Padre, Pablo también animó a otras iglesias por perseverar en la doctrina enseñada por ellos, de manera que lo dicho por Juan no es más que el énfasis que el Espíritu quiso dejar reflejado en las Escrituras. No podemos decirle bienvenido a quien no traiga la doctrina de Jesucristo exhibida en la Biblia, enseñada por los apóstoles, revelada en las Escrituras. Darles la bienvenida equivale a participar de sus plagas y de sus daños.

No en vano en el Antiguo Testamento encontramos una admonición que nos asusta: mi pueblo perece por falta de entendimiento. El apóstol Pablo dijo que él daba fe de los judíos que tenían celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Su oración era para salvación porque los tales no habían nacido de nuevo, sino que estaban perdidos a pesar de su gran preocupación por las cosas de Dios. También se nos enseña que los israelitas fueron entregados a sus enemigos por el solo hecho de haberse ido tras los ídolos de esa gente extraña; Y sirvieron a sus ídolos, los cuales fueron causa de su ruina (Salmo 106:36). Servir al ídolo es venerarlo, no solo adorarlo. Venerar es darle pleitesía, colocarlo en un lugar principal, exhibirlo, declarar la importancia ante los demás de esa imagen pegada al vehículo, en la puerta de la casa, guardada en la cartera, o el simple recuerdo de una oración (rezo o plegaria) aprendida que se alberga en la mente. Si no nos despojamos de esas ataduras nos sucederá igual ruina que la de los israelitas.

Pero servir al ídolo puede ser también servir a la iglesia; aunque le parezca sorprendente hay quienes veneran a tal punto la institución eclesiástica, sus programas sociales, sus actividades anuales, que han llegado a representarse la institución como un ídolo más. Pablo les advirtió a los gálatas que su insensatez los había conducido a guardar los meses, los años y los días, las festividades en las que estaban involucrados. Es común hacer actos especiales en lo que Roma ha llamado la Semana Mayor o Semana Santa; los evangélicos han caído en el mismo paganismo romano. Las siete palabras de Jesús en la cruz son acto de veneración que se recuerdan en forma especial ciertos días del año; incluso hay quien elabora siete platos de comida diferente en relación a dichas palabras. Ni que hablar de la navidad y del pesebre o del arbolito, de los adornos decembrinos, del día de la madre, del padre o del niño; la iglesia se ha convertido en un centro de entretenimiento pensado para retener a sus fieles (o infieles). En muchos lugares del planeta existen las cristotecas, pues prefieren que los creyentes bailen canciones cristianas entre ellos en esos centros antes que perderlos completamente en el mundo. Un fuego extraño se ha levantado en la adoración al Dios de la Biblia, por eso no nos extrañe el ver la retribución del extravío en los rostros de los feligreses, que ahora también hacen pareja homosexual y reinterpretan lo acontecido en Sodoma y Gomorra.

Lo que el profeta Isaías refirió de los formadores de talla puede considerarse también como un tipo o antitipo, como una metáfora de las otras tallas, las figuras mentales que se pueden hacer de los innumerables falsos Cristos. Se levantarán falsos Cristos y a muchos engañarán, esas fueron palabras del Señor y se referían literalmente a falsos Mesías que vendrían en su nombre. Pero no olvidemos que también hay una metáfora intrínseca en esas palabras, ya que hay imágenes de un Cristo a la medida de cada feligrés o al menos de cada iglesia - quiosco o franquicia. Esos formadores de talla son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. Los falsos Cristos no pueden salvar a nadie, son representaciones mentales de lo que debería ser el Cristo de la Biblia en aquellas personas que no les agrada o que no comprenden lo que allí se enseña. Si Jesús murió por su pueblo y lo representó en la cruz para expiación de sus pecados, si ese pueblo son todos los que el Padre le dio desde la eternidad, entonces los dados a las fábulas se congregan alrededor de los falsos maestros para que les prediquen acerca del falso Cristo. Un Cristo que murió por todos sin excepción, que otorga libre albedrío por sobre su soberanía absoluta, que limita su pleno poder ante una gracia habilitante, que brinda exacta oportunidad a cada habitante del planeta (aunque no se sabe como lo hace en aquellos que jamás han oído el evangelio) y que hizo su parte en la cruz. Un Cristo que clama con los brazos abiertos para que las almas vayan a él, pero que depende de la buena voluntad del hombre muerto en delitos y pecados, que por naturaleza odia a Dios y que está enemistado con Él. Ese Cristo ilusorio e ilógico aguarda para que los muertos, por voluntad propia, busquen la medicina que los devuelva a la vida.

Por supuesto que ese Cristo no puede salvar a nadie en particular, porque nadie puede ir a él por sí mismo. En cambio, el Cristo de la Biblia atrae para Sí a todos los que el Padre le dio y no pierde a ninguna de sus ovejas porque las guarda en sus manos y en las manos de su Padre que es mayor que él. Dios conoció a su pueblo (amó, en el lenguaje bíblico) de antemano, desde la eternidad, así como dijo de Jacob que lo había amado antes de hacer bien o mal, lo predestinó y lo justificó, lo llamó y lo santificó y lo glorificó, por el puro afecto de su voluntad para la gloria de su amor y misericordia. Pero Dios también odió a Esaú antes de hacer bien o mal, desde la eternidad (donde ocurrió toda elección y decreto divino) para mostrar la gloria de su ira y su justicia y poder. El Cordero de Dios estuvo predestinado desde antes de la fundación del mundo para morir por su pueblo, de manera que antes de la creación de Adán Dios se había propuesto su caída para honrar al Hijo como El Salvador de su pueblo. No hubo plan B en el Todopoderoso, quien es perfecto y no tiene sombra de variación. Simplemente hubo una sola intención y por eso se ha cumplido a cabalidad lo que ha decretado que acontezca.

Los que se oponen a esta revelación bíblica por considerarla injusta y cruel son llamados objetores de Dios. Tal figura es mostrada en la carta a los romanos, en el capítulo nueve, cuando se reclama el porqué Dios inculpa, si nadie puede resistir a su voluntad. El Espíritu ha respondido claramente que nadie tiene potestad para altercar contra su Creador ni decirle por qué me has hecho de esta forma o de esta otra manera. El tiene misericordia de quien quiere, y al que quiere endurecer endurece (como lo hizo con el Faraón de Egipto, con Esaú, con los réprobos en cuanto a fe, con los que adorarán a la Bestia, cuyos nombres no están en el libro de la vida del Cordero inmolado desde la fundación del mundo). ¿Acaso Dios no destruyó a millones de personas en el diluvio universal y salvó solamente a ocho personas? Esto incomoda a muchos, que no son otros sino las cabras que van a las cristotecas, que militan en los partidos de gobiernos tiranos, que honran a un dios con canciones acordes a su teología asumida. Estos son verdaderos adoradores de ídolos, hacedores de imágenes y ejecutan representaciones de lo que ellos consideran debería ser el Dios de las Escrituras. De nuevo el Señor pregunta a través de Isaías: ¿A quién, pues, me haréis semejante o me haréis igual? dice el Santo (Isaías 40:25).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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