Martes, 01 de abril de 2014

Tal vez hemos escuchado mucho acerca de la furia de Dios contra el pecado y los pecadores, pero hagamos un ensayo de comprensión de lo que le pasó al Hijo de Dios mientras estuvo entre los hombres. Dice Juan que el Verbo habitó entre nosotros, que el Verbo se hizo carne. Sí, ese fue el propósito del Padre desde la eternidad, que su Hijo fuese elegido para padecer la furia de los pecadores, así como el propio abandono de Su Señor, por lo cual dijo en la cruz: Padre, ¿por qué me has abandonado?

Vivimos en una época en que la iniquidad abunda por doquier, en especial merodea en las mal llamadas iglesias. Falsos profetas y lobos rapaces que dispersan la manada, lo cual nos indica que la profecía de Jesús se cumple al calco hoy día: estamos viviendo los últimos tiempos. Muchos tienen comezón de oír, así como muchos se voltean a las fábulas. Una fábula es una historia inventada con un fin preciso. Su moraleja puede variar de acuerdo al interés del cuentista, pero siempre va adaptada para agradar al público destinatario.

La fábula preferida hoy día es el Cristo a la medida de cada uno. Recuerdo a Rick Warren durante una entrevista televisiva, el de la Iglesia Emergente y autor de Una vida con propósito. El decía con la mayor sinceridad de su rostro, que probáramos a Jesús por 60 días. Su proposición era semejante a un comercial que le indica al cliente que puede intentar con el producto por el tiempo de garantía, y si no le sirve o si no le gusta lo devuelve sin que le hagan preguntas para retornarle el dinero.

La osadía de Warren lo hace célebre, aunque no hay novedad en su aseveración. Son muchos los que han intentado durante años andar con Jesús, pero después se quejan de haber perdido su tiempo con él. El problema es que no hay ante quien reclamar, no ya el dinero de la mercancía sino del tiempo invertido. La metáfora comercial de Warren nos sirve para comprender, por extensión, que podemos confeccionar un Cristo a la medida. Para eso están los teólogos sastres, los que hacen el traje de acuerdo a las especificaciones del cliente. Jesús puede adaptarse a todo imaginario, desde uno que lo anhela soberano pero despojado de su soberanía, hasta otro que lo mira como un pordiosero de almas.

Por eso los predicadores predican paz, paz, pero no hay paz para el malvado. ¿Dónde están las iglesias que anuncian la doctrina enseñada por los apóstoles, la de la ruina del hombre muerto en delitos y pecados, la del Dios que hace como quiere y no hay quien de su mano libre? ¿Dónde conseguir una iglesia que propague que la salvación pertenece totalmente a Jehová, que Jesucristo es el autor y consumador de la fe, que somos salvos por gracia por medio de la fe en Jesucristo como un regalo de Dios?

Casi no hay iglesia que no tenga un proyecto de construcción. Todas ellas parecen haber nacido con el don de la ingeniería y de la arquitectura. Pasan los años de su vida recogiendo ofrendas pro templo, como si Jesucristo los hubiese comisionado a levantar edificios en vez de hacer discípulos. Tal vez el Cristo de Rick Warren haya ordenado construir iglesias, de las más grandes, de aquellas que predican el camino ancho y la puerta grande donde todos pueden entrar y salir cuando quieran. Tal vez ese sea el propósito de la vida de esos nuevos cristianos que se parecen en algo a los creyentes perfilados en las Escrituras, pero que no resisten un acercamiento del lente de la cámara porque uno ya descubre que son otros espíritus. Juan así lo recomendó, probar los espíritus para ver si son de Dios; la prueba descansa en la doctrina que llevan, que enseñan, no en la conducta que exhiben. ¡Cuán mala conducta la del rey David, que sin embargo era conforme al corazón de Dios! ¡Cuán mala conducta la de Pedro, que negó tres veces al Señor y daba maldiciones! ¡Cuán terrible conducta la de Pablo que quería hacer el bien pero en cambio hacía el mal que odiaba! ¿Qué diremos de las pasiones del profeta Elías, semejantes a las nuestras? Ah, pero todos ellos tenían la doctrina del Señor, la creyeron y la enseñaron; su fruto de justicia no era la buena conducta de la postal misionera, de la pareja feliz con sus dos hijos bien vestidos sonrientes ante la cámara.

Ellos sabían que el camino al cielo era estrecho y su puerta muy angosta, que se debía batallar para arrebatar ese reino. Pero se batalla con doctrina, con la lógica de su comprensión, con el entendimiento del examen de las Escrituras. No se batalla con hacer o no hacer, con parecer o hacer creer a la comunidad de fieles que se es militante de una confesión de fe. La doctrina de la Biblia nos enseña que aunque muchos y no todos sean los llamados, son pocos los escogidos desde antes de la fundación del mundo. Los nuevos templos se construyen destruyendo los viejos, arruinando el corral de las ovejas para edificar un gigantesco encierro de cabras.

El Cristo bajo la furia del pecador no lo fue solamente en la cruz, cuando el vilipendio romano y judío lo torturó hasta la agonía y la muerte, durante horas interminables, en medio del escarnio y de la complacencia de la muchedumbre. Ese Jesús todavía sigue bajo la furia del hombre depravado que hace burla y juegos de palabras de mal sentido contra sus dichos, así como contra sus seguidores. La furia del pecador que entiende que su palabra de salvación va dirigida solamente a su pueblo escogido, viene inflamada desde el infierno. Porque los demonios creen y tiemblan, y tienen a Jesús por Señor. Ellos conocen su destino, que jamás serán perdonados y que a Dios le ha placido excusar y expiar la mala conducta de sus escogidos como Pablo, David, Manasés, Pedro, el ladrón de la cruz, usted o yo. Dios señaló a Noé como pregonero de justicia, aunque sabemos de su borrachera cuando descendió del Arca.

El acusador de los hermanos entiende que no es la conducta de las buenas obras lo que salva al hombre, sino la gracia soberana y eterna emanada del puro afecto de la voluntad del Padre celestial. Como él es un imitador obsesivo, quiso desde su inicio ser semejante al Altísimo; expulsado del mismo cielo arrastró con él una gran multitud de ángeles (ya señalados para tal fin). Más tarde intentó dañar la creación de Dios en el Edén, aunque eso también estuvo planificado por el Padre, quien había ordenado al Hijo como el Cordero expiatorio desde antes de la fundación del mundo. Por si fuera poca su tenacidad, porque la ignorancia es osada, tentó al Salvador en tres oportunidades. En su afán por imitar pidió que Jesús postrado lo adorase.

Tres heridas le fueron infligidas al maligno en las tres respuestas de Jesús, heridas de muerte. Tuvo que irse cabizbajo porque fue duramente golpeado con el escrito está salido de los labios de Jesús. Satanás sabía que lo que estaba escrito era la palabra de Dios que no falla, la cual anuncia que él mismo fue hecho para cumplir el propósito de la ira de Dios para el día malo (Proverbios 16:4).

La imitación obsesiva de Lucifer lo ha llevado a confeccionar una iglesia paralela que nace en Babilonia, cuna de las abominaciones terrestres.  El diablo es un buen vendedor (superior a Rick Warren) pues si Jesucristo habló de pocos escogidos, él ha torcido esa palabra enseñando que todos podemos ser escogidos; si Jesús mencionó que el camino era angosto, él hizo carreteras anchas; si la puerta al cielo es estrecha, él dibujó una entrada tan amplia como el arco iris. Por eso su enseñanza se extiende fácilmente, porque muchos se amontonan para escuchar las fábulas y creen todo viento de doctrina.

Sus líderes guían al mundo en una autopista que lleva a la perdición, aunque tenga avisos luminosos que señalan el destino al cielo. Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (Proverbios 14:12).

El lenguaje del evangelio es único y dice: a menos que usted se arrepienta, usted perecerá. Hay que arrepentirse ante Dios y creer en el evangelio; pero para eso es necesario nacer de nuevo. En consecuencia, la gran mayoría de los fieles religiosos del mundo que no sirven al Dios vivo de las Escrituras están perdidos.  Cobra vigencia, una vez más, lo que el Señor dijo: pocos son los escogidos.

En una oportunidad Pedro le preguntó al Señor quién se podía salvar, pero la respuesta fue la misma de siempre: lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Somos una manada pequeña y eso nos asusta cuando nos comparamos con el mundo; porque -se quiera o no- tendemos a vivir la falacia de la cantidad. La mayoría tiene la razón, ha sido la enseñanza de la cultura humana a través de los siglos; voz del pueblo, voz de Dios, dicen los fanáticos de la política y de las democracias.

La maldad aumentada en los días de Noé fue de tal magnitud que Dios airado envió el diluvio para destruir la humanidad; solo salvó a ocho personas. En los días de Lot, la maldad en Sodoma y en Gomorrah hizo que un Dios airado enviara fuego del cielo y las destruyera, salvando al justo Lot y a sus dos hijas. Estas historias de la Biblia nos muestran muy gráficamente que siempre, en el devenir de la humanidad, pocos son los que Dios salva. Noé y su familia, Lot y sus dos hijas, fueron salvos con dificultad y con intervención divina. Pero Cristo bajo la furia del pecador es tergiversado en sus palabras, es malinterpretado en sus dichos, es injuriado por su doctrina. De allí que serán muchos los que sorprendidos exclamarán Señor, hemos profetizado en tu nombre, y echado fuera demonios en tu nombre; además hemos hecho muchas buenas obras en tu nombre. Sin embargo, el Señor les responderá: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:22-23).

Esta última sentencia es lo opuesto a lo que ha hecho el pecador airado contra Jesús. Mientras muchos se aíran contra el Hijo de Dios, llegará el momento en que se mostrará en forma conclusiva la ira de Dios contra el pecador no perdonado. Ya lo dijo Isaías, buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle, entretanto que está cercano (Isaías 55:6).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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