Jueves, 27 de marzo de 2014

Algunos paganos se burlan de los cristianos porque dicen que tenemos dos libros opuestos con divinidades diferentes. He escuchado a no pocos dentro de las iglesias protestantes argumentar que el Dios del Antiguo Testamento es diferente del Dios del Nuevo Pacto. Otros han asegurado cuán aburrido es el Antiguo con sus historias que no nos aportan nada como el Nuevo, que presenta la actividad y el accionar del Espíritu Santo.

De cierto que estas opiniones ponen de manifiesto una crasa ignorancia de lo que es la Palabra de Dios. El Antiguo Testamento (AT) es el respaldo o background del Nuevo Testamento (NT). Lo que se dijo en el Viejo viene a ser un tipo del antitipo del Nuevo. Recordemos que el prefijo anti en griego tiene dos sentidos: 1) contra, en contra de; 2) en lugar de. El sentido del antitipo es el segundo, de manera que lo que se decía desde el Génesis hasta Malaquías tiene su versión típica desde Mateo hasta Apocalipsis.

El sistema de sacrificio.

Démonos cuenta de que el sistema de sacrificios hechos durante el AT fueron realizados solamente por y para el pueblo de Israel; dentro de ellos solamente en beneficio del pueblo de Dios (pues no todos los que descienden de Israel son hijos de la promesa, sino que en Isaac te será llamada descendencia). En ciertas ocasiones algunos gentiles fueron llamados pero ellos tenían que hacerse judíos (guardar la ley de Moisés, entre otras cosas).

Es curioso que no se registra ninguna queja en el AT ni en los habitantes de la tierra del mundo gentil (la gente no judía) en relación a algún derecho reclamado para que los paganos pudieran hacer sacrificios a Jehová. Por el contrario, los mismos fariseos y maestros de la ley se jactaban de que solamente la salvación les pertenecía a ellos, si bien estaban bien lejos de ser alcanzados por su arrogancia o por el simple hecho de que no eran ovejas. Hoy día, con el NT tampoco se recoge ninguna queja acerca de  por qué Dios dejó por fuera al mundo gentil durante tantos siglos. Al parecer, todos sin excepción asumen como un hecho lógico el que en el AT haya habido una elección específica de un pueblo llamado por Dios. En otros términos, nadie parece preocuparse por el destino de aquellos millones de personas perdidos sin Dios en el mundo del AT. Para muestra basta la referencia al diluvio universal, donde Dios eliminó a millones de seres humanos bajo las aguas y salvó apenas a ocho personas en un arca.

El apóstol Pablo parece atestiguar parte de lo que decimos, cuando en un discurso pronunció que Dios ... en las edades pasadas ha dejado a todas las naciones andar en sus caminos (Hechos 14:16). Fue apenas con el nacimiento de la iglesia que Dios les abrió la puerta de la fe a los gentiles (Hechos 14:27). El salmista también lo declara desde el AT en el mismo sentido: Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya (Salmo 147:19-20).

La evangelización.

En el AT no hubo evangelización a las naciones, sino que todo el conocimiento de la revelación de Dios se circunscribió a un pueblo. Ya entrado el Nuevo Pacto (NT) la iglesia es comisionada para predicar el evangelio a todas las naciones. Hubo un Concilio en Jerusalén en el cual discutieron la solicitud de algunos fariseos que habían creído, quienes aseguraban que los gentiles debían judaizarse. Pero como intervinieron Pedro junto a otros hermanos, llegaron a la conclusión de que Dios había llamado al resto del mundo dándoles igual tratamiento que a los judíos que habían creído en Jesucristo.

El Nuevo Pacto.

Si miramos el escenario de la llamada última cena, allí vemos al Señor diciendo que su sangre es el Nuevo Pacto hecho por muchos (Mateo 26:28). Este nuevo pacto es semejante al antiguo pacto hecho con Israel en cuanto a la extensión. Es cierto que el mundo gentil supera en número al mundo judío, pero así como en el AT el sacrificio tipo se hizo en beneficio de un solo pueblo (y de entre ellos a los descendientes llamados de Isaac), en el nuevo pacto (NT) la extensión conlleva también un limitante: muchos. Muchos no es todos. De esta forma podemos comparar que en los dos pactos los beneficiarios del sacrificio no fueron todos sin excepción, sino todos los escogidos. No hubo universalidad en el pacto, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. El profeta Isaías lo había anunciado siglos atrás: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6)...Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido (verso 8) ... Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos (verso 11) ... habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (verso 12).

El todos nosotros de Isaías es restringido a muchos. Es lo mismo que dijo Jesús en su última cena, cuando refirió las palabras de Isaías: la sangre del nuevo pacto derramada por muchos. De igual forma, el evangelio de Juan recoge cuantiosos ejemplos en los que el Señor declaró que ponía su vida por las ovejas (Juan 10:11), lo cual implicaba por fuerza que excluía a las cabras. Recordemos lo dicho por el profeta Jeremías acerca del leopardo que no puede mudar sus manchas, como tampoco el etíope puede cambiar su piel (Jeremías 13:23). Esta metáfora del profeta viene a ser un tipo de lo que Jesús dijo en una oportunidad: Ustedes no creen en mí porque no son de mis ovejas (Juan 10:26). Si no eran ovejas eran cabras, pero así como el leopardo no cambia su piel o sus manchas, la cabra no puede cambiar su naturaleza. No hay tal cosa como Cristo haciendo ovejas de las cabras. Al contrario, él vino a buscar las ovejas perdidas, a rescatar a su pueblo de sus pecados. Dijo que ponía su vida por sus ovejas, oró por los que el Padre le había dado (que incluía a los que creerían después por la palabra predicada por los primeros apóstoles). Pero así como les dijo a unas cabras que no podían creer porque no eran de sus ovejas, la noche antes de su crucifixión dejó por fuera al mundo cuando oraba diciendo: no ruego por el mundo. Ese mundo es el de las cabras que jamás podrán creer, como jamás un leopardo podrá cambiar sus manchas.

La Cena del Señor y su oración en Getsemaní tuvieron lugar el día antes de su crucifixión. Es altamente significativo que estos dos eventos trascendentes se dieron uno detrás del otro, en la víspera de su sacrificio: la inauguración del Nuevo Pacto de su sangre derramada por muchos, seguida de la intercesión por los que el Padre le había dado (porque eran del Padre, Juan 17), oración en la que específicamente no oró o no rogó por las cabras o por el mundo de las cabras.

Creer no nos hace ovejas.

Lo declarado en Juan 10:26, que no se puede creer si no se es oveja, contraviene la idea de creer para ser oveja. La Biblia dice cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, pero esa aseveración debe estar sujeta a lo expuesto por el Señor mismo. La Biblia no admite contradicciones, por lo tanto quien cree en el Señor lo hace porque es oveja para creer. Claro que en el redil hay cabras infiltradas que dijeron creer también, que asumieron un falso evangelio con un falso Cristo que las expió universalmente a ellas. Pero esa es una fábula teológica que viene del pozo del averno. Es una imitación muy bien hecha pero que se descubre cuando se prueban los espíritus para ver si son de Dios.

Si no ha habido queja de la expiación limitada hecha en el AT por los elegidos del pueblo de Israel (en Isaac te será llamada descendencia), la protesta se ha levantado por la prosperidad de las falsas doctrinas durante el período del NT.  ¿Ha visto la reacción de una cabra cuando se le dice que Jesucristo murió solamente por las ovejas que le son propias? (Juan 10:1-5). Murmuran y exclaman que esa palabra es dura de oír, que nadie la puede entender (Juan 6:60); o tal vez argumentan con el objetor ¿por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién puede resistir a su voluntad? (Romanos 9: 19). Otros se han atrevido a llamar a Dios Tirano, semejante a Moloch, como lo hizo John Wesley. Algunos incluso admiten que Jacob fue objeto de la misericordia de Dios y no tienen problema con ello. Asumen que esa misericordia es soberana, independiente de las obras de Jacob. Pero con el alma de Esaú no se metan, porque eso haría a Dios injusto si se llega a decir que Dios mismo es quien decidió eso antes de que hiciera bien o mal. ¿No lo dijo Spurgeon en su sermón titulado Jacob y Esaú, cuando expresó que su alma se rebelaba contra tal ignominia?

Por eso nos fue recomendado probar los espíritus para ver si son de Dios, no participar con los que no traen el evangelio enseñado por Jesús y sus apóstoles, pues nos haría partícipes de sus plagas. El AT y el NT prueban que la expiación hecha por un pueblo específico era suficiente para cubrir todos los pecados de los beneficiarios. Prueba que nunca fue una expiación ilimitada o extensiva a cada miembro de la raza humana. ¿Puedes creer esto? Entonces regocíjate porque es un indicio de que has comprendido el centro del evangelio.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:44
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