Mi?rcoles, 26 de marzo de 2014

Es normal que cuando se habla de Dios se mencionan principios morales de conducta, normas para seguir, mandatos que obedecer. Aquello nos incomoda desde el inicio, pues podemos pasar la mayor parte de nuestra vida como creyentes subyugados por el pensamiento de poder cumplir con lo cometido. Esa puede ser una de las tantas razones por las cuales nos olvidamos del Dios bueno, mencionado en la Biblia.

Fue Jesús quien enfatizó este hecho cuando en una oportunidad se refirió a la bondad de su Padre. Un joven muy rico se arrodilló delante de él mientras le llamaba Maestro bueno; ¿qué voy a hacer para poseer la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno hay bueno, sino Dios (Marcos 10:17-18). En este breve diálogo el eje se mueve en relación al deseo de obtener la vida eterna; pero el amor del joven por sus riquezas llegó a ser superior a la pasión que sentía por ese Dios referido por Jesús.

Otras versiones muy antiguas dicen algo distinto. El joven rico le preguntó al Maestro qué cosas buenas debería hacer para obtener la vida eterna. Jesús le respondió preguntándole porqué le interrogaba acerca de las cosas buenas. Lo único bueno era Dios, no las acciones que hacía. Poco más o menos es el contenido encontrado en los Códice  Cóptico, Etíope, Sinaítico, entre otros. Sepamos que el Sinaítico es un manuscrito de más de 1600 años, que contiene la Biblia cristiana en griego, que incluye la copia completa más antigua del Nuevo Testamento.

Así también lo documenta claramente la Vulgata:

et ecce unus accedens ait illi magister bone (maestro bueno) quid boni (qué cosas buenas) faciam ut habeam vitam aeternam

qui dixit ei quid me interrogas de bono (acerca de lo que me preguntas de [hacer] bueno) unus est bonus Deus (uno solo es bueno, Dios)...

Como puede apreciarse en los paréntesis, donde se ha tratado de colocar literalmente lo escrito en latín, lo que se vertió al español no fue muy feliz. Tampoco lo ha sido la versión en inglés, ni la de otras muchas lenguas que siguieron un patrón erróneo, tal vez interpuesto en los manuscritos que tomaron como referencia.

Pero hay otros textos que hablan de la bondad del Todopoderoso; Dios es amor, y quien permanece en amor permanece en Dios, y Dios en él (1 Juan 4:8 y 16). Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino (Salmo 25:8); Gustad y ved, que bueno es Jehová; dichoso el hombre que confía en él (Salmo 34:8); Alabad a Jehová, porque él es bueno, para siempre es su misericordia (Salmo 106:1).

Fijémonos que todos estos textos manifiestan una relación de ese amor con un beneficiario, que Dios no se queda aislado con su amor en su misma esencia. En el caso del joven rico, Jesucristo habla de la bondad de su Padre, porque él es quien predestina. El Padre lo había enviado a esta tierra a morir por su pueblo, por los que le había dado desde los siglos y que eran de Él. Sucede a menudo que para hablar de un concepto nuestra mente trae como referencia su opuesto; es un paradigma inevitable, un par mínimo que por contraste permite el conocimiento. Lo alto y lo bajo son contrarios; ¿qué es lo blanco sino lo contrario de lo negro? No podemos decir lo mismo del rojo y del gris, pues ellos son colores diferentes, contradictorios pero nunca contrarios.

De esta forma, cuando la Biblia habla del amor de Dios para Jacob también nos menciona del odio por Esaú. Si nos habla de vida eterna nos trae a la mente la muerte eterna; el gozo frente al sufrimiento; el pecado y la rectitud. Cuando se llega a conocer el núcleo del evangelio, la expiación de Jesucristo por su pueblo, se revela el amor de Dios para ese destinatario. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos (Juan 15:13). De allí que hay oposición entre ovejas y cabras.

Los que buscan la vida eterna deben evitar buscar méritos propios, ya que  la misma ley de Dios lo condena (el que quebranta un punto de la ley se hace quebrantador de toda la ley). El amor a las riquezas (amor al dinero) es raíz de muchos males o de todos los males. El joven rico es un claro ejemplo de lo que decimos porque se acongojó al ser confrontado con sus bienes. Jesús también dijo que quien amara a madre, padre, hijo, nuera, etc., más que a él, no era digno de él.  No hay que hacer cosas buenas para entrar a la vida eterna, simplemente lo único bueno que hay es Dios. Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano, dijo el profeta Isaías.  El joven rico ignoró ese texto del profeta, por eso le preguntó al Maestro hacedor de maravillas que habitó entre su gente, pero la respuesta fue la misma, una clara referencia a Isaías: busque a Dios, eso es lo bueno, y Él es el único bueno.

¿Por qué es bueno Dios? Por la predestinación de sus amados, los cuales son engendrados por su voluntad y para alabanza de su gloria. Jesús murió por ese pueblo escogido, de manera que sabiamente la noche antes de su crucifixión oró por los que el Padre le había dado (que incluía también a los que Dios añadiría a la iglesia en la medida en que el evangelio se fuese predicando). Pero en su economía de la salvación no gastó una sola palabra, no invirtió un solo suspiro por el mundo, sino que más bien dejó resaltado su interés en no rogar por las cabras: no ruego por el mundo (Juan 17:9).

De acuerdo a lo relatado por Marcos acerca del joven rico, sabemos que los discípulos se preguntaban quién podía salvarse. Vieron con asombro que la buena conducta del joven rico, su deseo de buscar la vida eterna y el haber hablado con el Maestro (el Hijo de Dios) no le habían dado ningún buen resultado. Pero Jesús les aclaró que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Ese es el centro de todo el mensaje evangélico, que el hombre no tiene ningún poder para decidir nada a su favor, que está absolutamente perdido en sus delitos y pecados, que ha sido declarado muerto ante Dios. Entonces, la bondad de Dios se pone de manifiesto al hacer realidad algo que no es posible para ninguna persona en esta tierra. Dios compró a un pueblo para Sí mismo, lo apartó desde antes de la fundación del mundo, envió a Su Hijo para que lo representara en la cruz, para que expiara sus pecados, para que lo redimiera en forma absoluta una vez y para siempre. Esa redención es parte de Su naturaleza bondadosa porque Dios es amor.

Lo contrario a esta bondad nos espanta, como les sucedió a los discípulos con el joven rico. Pero así ha querido Dios el universo, muy binario. El castigo de unos redunda en la apreciación que del amor tengan otros. Los redimidos pueden estar seguros de que su felicidad eterna ha sido asegurada por la sola causa del amor de Dios; la justicia divina y su ira contrasta con ese amor, pero al mismo tiempo lo enaltece. El elegido sabe de lo que ha sido salvado, el no elegido parece ignorar su destino y sigue aferrado como el joven rico a sus valores más preciados. Porque donde esté el tesoro del hombre, allí también estará su corazón.

Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían (Nahum 1:7).

César Paredes

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