Martes, 18 de marzo de 2014

Los crímenes atroces o la inmoralidad exhibida no son por fuerza la manifestación vil del lobo que se oculta en el redil de las ovejas. Como dijera el Señor, no puede estar Satanás dividido contra sí mismo. El lobo o el falso maestro, el mentiroso profeta, son el sinónimo del hombre vil que se viste con piel de cordero, pero que no ha recibido el regalo del Espíritu de Dios. Puede simular que lo tiene gracias a que ha confundido el sentir emociones con la voz del Altísimo. Conviene señalar que al carecer de paz no puede compartirla con la grey, al ser incircunciso de corazón no puede ministrar la gracia de Dios.

Entonces, ¿qué ministra la persona vil que se exhibe como hombre de religión? Ministra pobreza para el alma, sed insaciable, hambre ingobernable, sequedad en los prados de la oveja. El lobo busca destruir las ovejas con palabras de mentira, aquellas que provienen del pozo del abismo donde habita su padre que le ha enviado. Sí, el paralelismo es sorprendente, pues así como el Buen Pastor llama a sus ovejas por sus nombres, el otro pastor del otro evangelio es el lobo que disfrazado llama a las suyas que conocen su extraña voz. Pero estas otras ovejas no conocen la voz del Señor porque no son propias, son cabras acostumbradas a abrevar en los riachuelos de los ovinos (Juan 10:1-5).

El profeta Isaías avizoró a un varón enviado que sería el refugio contra el viento y el turbión; el mismo vendría a ser fuente de arroyos de aguas en tierra de sequedad, como la sombra de un gran peñasco en tierra calurosa (Isaías 32:2). Pero la droga esparcida de la otra doctrina ha confundido a muchas ovejas que vagan cansadas por el mundo en búsqueda de agua. El conflicto de los siglos sigue vigente entre la infranqueable maravilla de Dios y el obstinado poder de imitación de Satanás. No son dos poderes con identidad antagónica, porque el Todopoderoso no tiene igual, antes bien el malo ha sido creado para el día malo (Proverbios 16:4); pero, si el Pentecostés benefició el nacimiento de la Iglesia con el don del Espíritu Santo, el padre de la mentira sentó en el trono terrestre al jefe de una iglesia paralela con todo viento de doctrinas. 

Dice la Escritura que el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, y qué mejor ilustración que el viento y el turbión que levantan la arena y ciega los ojos de los que andan en el desierto. ¿No dijo el Bautista que él era la voz de uno que clamaba en el desierto? El viento representa figurativamente una vida hostil y sin substancia, el turbión es una tormenta violenta. Pero Jesús el Salvador es el lugar dónde refugiarse de esos vientos, en especial para curar el agrio sabor de la mixtura del evangelio. La fuente de agua viva limpia y refresca, tiene el poder curativo contra el veneno de la falsa doctrina. Aquella droga arminiana sembrada por los jesuitas contra la iglesia que emergía en la luz de la verdad ha causado estragos. No es poco el pueblo intoxicado que perece por falta de entendimiento, sin disfrutar del refrigerio de la doctrina de la Soberanía de Dios. Pero las ovejas que le son propias al Buen Pastor no perecerán jamás, ni serán arrebatadas de las manos de Su Padre ni de él mismo.

Las cabras mueren infelizmente, pero antes de llegarles ese momento soportan por un tiempo las toxinas inoculadas para cumplir su labor de vectores de contaminación.  Los predicadores, bajo la influencia del espíritu de Error, con un celo ciego y oratoria vacía, cuando han trabajado sobre las pasiones de su público, en cuanto a sacudir el cabello de su cabeza y hacer que la sangre en sus venas se irrite, voltean los ojos hacia una parte del escenario e incluso lloran; se echan al suelo y caen encima de cualquiera. Estos son comúnmente llamados buenos tiempos; y aquellos que pueden realizar este tipo de trabajo son considerados hombres poderosos; sin embargo, son una sinagoga de inconversos, desposeídos de la gracia de Dios y enemigos de la verdad que es Jesús. Trabajan con estas peligrosas explosiones y ráfagas de vientos contrarios, que, si fuera posible, engañarían y cegarían incluso a los escogidos. Pero sabemos que ante estos hechos no hay escondite sino el Señor Jesucristo (El Funeral del Arminianismo: The Funeral of Arminianism, William Huntington -1745-1813);

http://www.williamhuntington.net/Works/Volume10/10004.htm.

El lobo no tiene nada que ofrecer a las ovejas, sino engaño; no tiene honor para darle a Dios ni alimento para su pueblo, porque odia al Señor. Multitudes acuden a las neo-iglesias pero regresan muertas de hambre. Comida chatarra les es servida y vendida,  como una droga que los calma durante el intervalo de tiempo que dura su retorno a la sinagoga que no es del Señor. El falso maestro embriaga a sus cabras con el error y la confusión. Aparecen nuevas revelaciones, surge el liderazgo conductista del seudo evangelio de las obras.

La persona vil se reconoce porque habla vilezas. Dijimos que el diablo no se divide contra sí mismo, de manera que sus ministros cuidan su apariencia y andan como si fuesen ángeles de luz, pero cuando hablan, su doctrina los delata. Mas, ¿ante quiénes los delata? Solamente ante los que han recibido el don, aquellos que son llamados y despertados, pero igualmente comandados a salir fuera, a huir de Babilonia. No se nos pide quedarnos en esas sinagogas de Satanás para convencer a las cabras, pues el leopardo no puede mudar sus manchas ni el etíope su piel. Cuando la oveja que es propia del Buen Pastor escucha su voz, le sigue; al extraño no seguirá jamás, porque no conoce su voz. ¿Y qué sucede con la oveja confundida? Su desobediencia ha hecho que reciba las plagas propias de los que propagan la doctrina del evangelio diferente. Esas ovejas le han dado la bienvenida a los vientos de doctrinas que emergen del pozo del abismo; en consecuencia padecen y sufren las miserias de la tierra seca y de la comida que no alimenta. Pero cuando escuchen la voz del Buen Pastor (por los medios que él quiera utilizar) saldrán presurosas hacia la Roca que es Cristo, para refugiarse del turbión y para beber, como el pueblo en Meriba, del manantial emanado de la piedra que golpeó Moisés (Exodo 17:7).

No se puede comprar el Espíritu de Dios, ni sobornar para que sea otorgado, como quiso hacerlo Simón el Mago. Pero muchos imitadores proclaman tener el poder de ese Espíritu y en su nombre lanzan profecías que, como el oráculo de Delfos, van envueltas en un lenguaje anfibológico. Su cumplimiento depende en gran medida de la hermenéutica que se practique. De esta forma, la multitud aplaude a su profeta y consume su droga que le permite unos días de licencia. La doctrina que les importa es la que se opone a la del Buen Pastor. ¿No dijo Jesús que él había venido a enseñar la doctrina de su Padre? (Juan 7:16-17).

La doctrina de Jesucristo (y por ende la del Padre) es que no perderá nada de lo que le ha sido dado; es la elección incondicional de acuerdo al afecto de Su voluntad; es también que nos regocijemos porque nuestros nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. Pues así como Dios escogió a Israel y no al resto del mundo, así como no es todo Israel sino que en Isaac sería dada descendencia, de la misma forma ha escogido de entre los gentiles (los no judíos) a la gente que tuvo a bien elegir. Mas no por las obras de las personas, a fin de que nadie se gloríe ni se jacte en su presencia, diciendo: Yo acepté a Cristo tal día, yo le abrí mi corazón a Jesucristo, yo me convertí al Señor, yo le reconocí como Señor y luego él me salvó. No, al contrario, fue él quien nos escogió a nosotros, lo necio del mundo, lo despreciado, lo que no es, para deshacer lo que es. No le amaríamos a él si él no nos hubiese amado a nosotros primero. Por cierto, Jesús no rogó por el mundo la noche antes de su crucifixión, solamente por las ovejas que el Padre le había entregado (que incluían las que irían a creer por la palabra de esos escogidos), los mismos que el Señor añade a la iglesia para ser salvos. Pero los añade a Su Iglesia, no a las sinagogas de Satanás.

La doctrina del lobo es todo lo opuesto a la palabra de Dios: con mentiras atemorizan a los oyentes y los mal ponen contra la soberanía de Dios, les inculcan que son escogidos en base a su fidelidad, a que Dios previó que ellos lo iban a aceptar. Llaman a las enseñanzas de Jesús doctrina del diablo. Así lo enseñó Arminio, el punta de lanza de Roma en el medio de la Iglesia Reformada, aseverando que la doctrina de la elección incondicional y la expiación eficaz o limitada era repugnante. De esta forma, sus discípulos, a través de las décadas, continúan con adjetivos de oprobio contra todo aquel que defiende la doctrina de Jesucristo. Es natural, porque ellos no han sido invitados al regocijo de tener nuestros nombres escritos en los cielos, ya que pertenecen al mundo por el cual Jesús no oró.

Jesús aseguró que ponía su vida por las ovejas y les dijo a algunos judíos que ellos no creían en él porque no eran de sus ovejas. Esta claridad expositiva es llamada repugnante, ante esta enseñanza célebres predicadores se rebelan, mientras sus rebaños siguen sin el verdadero alimento del espíritu. Lo cierto es que las ovejas redimidas lo son de entre el mundo, pero no es el mundo el que es redimido con ellas. El lobo enseña lo contrario, que Cristo pagó por los pecados de todos y que cada uno decide si le da o no la oportunidad al Señor. En otros términos, acá se habla de un Dios al servicio de la soberanía humana.

Si Arminio afirmó que la enseñanza de Jesús era repugnante, John Wesley afirmó que Dios era un tirano semejante a Moloch.  No se quedó atrás el príncipe de los predicadores, el célebre predicador calvinista Spurgeon, cuando en su sermón titulado Jacob y Esaú lo delató la doctrina que no pudo ocultar por más tiempo: mi alma se rebela y se opone firmemente contra aquellos que intentan colocar la sangre del alma de Esaú a los pies de Dios. Voluntariamente obvió el texto que exponía de Romanos 9, pues allí se lee que quien pone esa sangre a los pies de Dios es el Espíritu Santo, el cual inspira a Pablo a escribir: a Jacob amé mas a Esaú odié. Y esto fue hecho antes de que los gemelos hicieran bien o mal, pues la elección no es por obras sino por el que llama. No en vano, este príncipe, afirmó del hereje John Wesley que él podría muy bien ser uno de los apóstoles si fuere necesario anexar a otro, o que el mundo no era digno de él. Todo eso lo dijo después de pasarse años de su vida predicando contra la doctrina del arminianismo.

Por si hubiere duda, cito textualmente y coloco la referencia para que cualquiera interesado verifique lo que acá se dice: El carácter de Juan Wesley está más allá de toda crítica en cuanto a su abnegación, celo, santidad y comunión con Dios. Él vivió muy por encima del nivel ordinario de los cristianos comunes y fue alguien "del cual el mundo no era digno." Creo que hay multitudes de hombres que no pueden ver estas verdades del calvinismo, o, por lo menos, no pueden verlas de la manera que las presentamos, y que sin embargo, han recibido a Cristo como su Salvador y son tan amados por el corazón del Dios de la gracia como el calvinista más ortodoxo en el cielo o fuera del él.  http://www.spurgeon.com.mx/calvinismo.html

Pero es que ha sido y es un grave error inferir que el calvinismo es lo opuesto al arminianismo y al mismo tiempo afirmar que es lo mismo que el evangelio; nada más blasfemo que esa afirmación. El propio Calvino creía en la expiación ilimitada de Cristo, de manera que al parecer la Reforma fue solo eso, una reforma donde sus precursores no huyeron de Babilonia (Roma), ya que aún Lutero veneraba en principio al líder sentado en el trono de Satanás y se le conoce una plegaria a María, después de haber clavado sus 95 tesis.

Pero el hombre vil habla vilezas, habíamos afirmado al inicio. Y lo hace en el traje de la luz, como si tuviese el disfraz perfecto de un ángel del cielo. Su mayor peligro descansa en su habilidad para confundir con sus argumentos. No obstante, a la luz de las Escrituras, se desvanecen sus tinieblas. El hombre vil habla la verdad en medio de su injusticia; tiene nociones del evangelio pero su corazón está apartado de él; ha hecho profesión de fe por Cristo Jesús, pero nunca ha sido lavado por su sangre ni renovado por su Espíritu, ni jamás salvado por su poder. Su insensibilidad pasa por libertad y la ley de la fe nunca ha sido sellada en él porque jamás recibió la ley de la verdad. La justicia que es por fe jamás le fue imputada a él, por lo cual no puede mostrar frutos de justicia (que confunde con frutos de conducta). El hombre vil es un enemigo de Dios, de la experiencia del justo, de cualquier ministro del Espíritu. Su unidad se blinda con los hipócritas, los que cambian de opinión pero nunca de corazón. Es hábil para formar sectas religiosas, aunque nunca puede volverse hacia Dios; con su palabra es un falso al servicio de Satanás, con su corazón es también falso ante Dios. El hombre vil (el lobo, el falso maestro y el profeta mentiroso, el que proclama otro evangelio y otra doctrina) es un hijo de Satanás en la congregación de los falsos y un bastardo en la congregación de los justos. Con su boca contiende por un pacto que no le puede salvar, mas en su corazón odia el pacto que de verdad salva. Es, en definitiva, un transgresor de la ley de las obras (porque no puede cumplirlas), pero es también un rebelde ante la ley de la fe (que no le ha sido dada); es un pecador en el ministerio de la letra (la letra mata) pero un incrédulo en el ministerio del Espíritu (mas el espíritu -del nuevo pacto- vivifica). Es un siervo malvado maldito por la ley eterna, un infiel condenado por el evangelio de siempre:

(Véase: http://www.williamhuntington.net/Works/Volume15/15000.htm).

César Paredes

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