S?bado, 08 de marzo de 2014

Hay que hacer una distinción oportuna entre el significado genérico del vocablo mundo y su significado restringido. Tal vez cuando uno escucha ese término piensa genéricamente en el cosmos- κόσμος, pero el contexto nos enseña que en muchas ocasiones (si no las más de las veces) la referencia indica una particularidad de personas. En lengua española (como en las miles de lenguas vivas del planeta) el contexto marca la pauta de interpretación de las palabras. Decimos, toda la ciudad estaba en la plaza de toros, pero no queremos indicar que cada uno de los cientos de miles que componen la comunidad de personas citadinas estuvieron en ese sitio. Normalmente es un uso hiperbólico de la lengua lo que nos permite describir los hechos o fenómenos de esa manera, con el fin de hacer notar lo relevante que pudo ser tal evento. Una hipérbole es una exageración o una magnificación de un hecho o concepto que deseamos resaltar.

El escritor bíblico no se muestra ajeno al uso de esta cualidad lingüística. Al contrario, le ha sido normal apelar al contexto y a las figuras del lenguaje para ilustrar la revelación divina. Esto lo han hecho los profetas que hablaron en forma poética o en forma menos literaria; David es un ejemplo del uso de las figuras del lenguaje aún dentro de su mensaje profético. Tomemos una frase de su poesía encontrada en el Salmo 19, para ilustrar lo que se expone: Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría... En toda la tierra salió su voz y al extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol. Y él, como un novio que sale de su tálamo; se alegra, como un gigante, para correr el camino (versos 1 y 4-5).

No creo que exista una persona que objete esta manera de escribir que tiene el salmista. Nadie supone que el sol es un amante o novio que sale de su habitación y se alegra al recorrer el camino como un gigante. El lector siempre interpreta que estas palabras son poéticas y que hacen una descripción emotiva de la grandeza de la creación del Dios de David. Algo parecido le acontece a cada escritor bíblico, pero solamente traigamos esta vez otro ejemplo de una profecía del Antiguo Testamento cumplida en la época de Jesús. Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice El Eterno de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas: mas tornaré mi mano sobre los chiquitos (Zacarías 13:7). Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas (Mateo 26:31). Ni las espadas se levantan solas ni el ser humano es una oveja, pero se entiende el uso de las metáforas usadas en la Biblia.

De acuerdo al Diccionario Bíblico Numerado de Strong, el vocablo cosmos o mundo que aparece en Juan 3:16, así como en otros textos en lengua griega que nos interesan para el tema, tiene muchos significados:

1) Arreglo armonioso, orden, gobierno;

2) adorno, decoración, ornato, como por ejemplo el arreglo y orden de las estrellas, las huestes celestiales de 1 Pedro 3:3;

3) el mundo, el universo;

4) el círculo de la tierra, la tierra;

5) los habitantes de la tierra, los hombres, la familia humana;

6) la multitud injusta, la gruesa masa de seres humanos que están fuera de Dios, que son hostiles a la causa de Cristo;

7) los asuntos del mundo, el agregado de cosas terrenales que son obstáculo a la causa de Dios;

8) los gentiles como contraste ante los judíos (Romanos 11:12, por ejemplo).

MUNDO DISTRIBUTIVO Y MUNDO COLECTIVO. TODOS SIN EXCEPCION O TODOS SIN DISTINCION.

Un examen a Juan 3:16 nos revela que Jesús hablaba con Nicodemo y le exponía su ignorancia acerca del nuevo nacimiento, muy a pesar de ser él un maestro de la ley. Desconocer esa gran verdad presupone andar perdido sin luz en el mundo. Pero Dios amó de tal forma a ese mundo que lo rescató. Sí, ni uno solo de los que el Padre le dio a Jesucristo se perdió; y ese grupo incluye a los que habrían de creer por la palabra de aquellos primeros creyentes (Juan 17:20; Juan 6. 37 y 44).

Jesucristo no vino al mundo para condenarlo, sino para salvarlo (Juan 3:17). Si no alcanzó su propósito ha fracasado y ha sido una mentira lo dicho en la cruz, que el trabajo encomendado estaba consumado. Pero sabemos que él es la Verdad, por lo tanto sus palabras son sinceras y salvó al mundo. ¿Y quiénes son los que son salvos? Los que son creyentes en el Hijo, que son las mismas personas que el Padre envía a Jesús. Son las mismas personas que constituyen su pueblo, al cual habría de salvar (Mateo 1:21).

El hombre en su naturaleza está muerto en delitos y pecados, por lo tanto no se agrada de la luz sino de las tinieblas. La condenación del mundo reposa en el hecho de que sus miembros o componentes prefieren las tinieblas a la luz, porque sus obras son malas. En ese contexto Jesús le expuso a Nicodemo la necesidad de nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios, pero le aclaraba que ese asunto tan importante no era producto de una actividad humana sino divina. Le enfatizó que la voluntad del hombre no influye para nada en ese acto soberano del Espíritu de Dios (Juan 3:1-10).

En Juan 3:16 Jesús habla del amor de Dios por el mundo, en el verso siguiente le dice que él no vino a  condenar sino a salvar ese mundo; en el verso 18 le da la clave de esa salvación, ser creyente en el Hijo. Pero el verso 19 habla de la condenación de ese mundo que ama las tinieblas antes que la luz. En otros términos, el verso 18 parece poner de manifiesto otro componente del concepto mundo enunciado en el verso 16. Dios envió a Su Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo; ¿a quiénes salva Jesús? A los creyentes en él. Pero ¿quiénes están condenados? El grupo de personas de ese mismo mundo al cual él vino, pero que amaron más las tinieblas que la luz.

La luz vino al mundo, el Hijo vino al mundo, el Hijo es la luz. Un mismo cosmos, mundo, planeta, picado en dos pedazos: sus ovejas que le son propias y las cabras (Juan 10). Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas (Juan 10:26). Las ovejas de Cristo oyen su voz y lo siguen sin jamás perecer porque el Padre es quien se las ha dado.

Semejante aseveración hace que la gente proteste y declare a Dios injusto (como lo ha hecho el objetor mostrado en Romanos 9). Estos judíos que oyeron esas palabras tomaron piedras para lanzárselas a Jesús; otro grupo que escuchaba cosas similares (narrado en Juan 6) se retiró con murmullos y dijo que esa palabra era dura de oír.

Una mirada a la plegaria intercesora de Jesús en Getsemaní (Juan 17) demuestra que las ovejas que le son propias no son del mundo sino del Padre. Este capítulo coloca sobre el tapete la verdad de que el mundo contiene a dos grupos de personas, uno de ellos está atrapado en él pero es definitivamente liberado. El otro grupo es el que mora en el mundo, el que es del mundo.

El mundo de los nacidos de nuevo, de las ovejas propias de Jesús, de su pueblo, ha recibido la manifestación del nombre de Dios; la razón de ello descansa en el hecho de que esas son las personas que el Padre les dio a Jesús y que estaban en el mundo, pero que eran de Dios (Juan 17:6). Este grupo está en el mundo sin ser de allí, por lo cual Jesús ora o intercede por ellos, pero específicamente dice que no ruega por el mundo (Juan 17:9).

Jesucristo vino al mundo pero no era del mundo; las ovejas están en el mundo pero tampoco son del mundo (Juan 17:11-12 y 16). Jesús pidió que fuésemos santificados en su palabra, separados del mundo aunque nos encontremos allí. Por esa razón la palabra mundo presenta de acuerdo al contexto varios sentidos. Diríamos que por los enunciados bíblicos podemos encontrar de momento cinco marcas semánticas distintivas:

1) el mundo es el conglomerado de personas que están en el planeta tierra; ellos están en el mundo pero no son del mundo; no te pido que los quites del mundo sino que los guardes del mal (Juan 17:15); predicar el evangelio a todo el mundo o a toda criatura (Marcos 15:15);

2) el mundo es el grupo de personas que ama las tinieblas más que la luz (Juan 3:19; 15:19; 1 Corintios 11:32). No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él (1 Juan 2:15);

3) el mundo es el grupo de ovejas que son del Padre y por las cuales vino a morir Cristo, de acuerdo a múltiples textos pero en especial a Mateo 1:21. Juan 3:16 da cuenta clara de este tópico. Lucas  19:1-10 nos narra la salvación del publicano Zaqueo, lo cual fue algo específico, un acto particular como la redención de cada ser humano que es visitado por el Espíritu de Dios para tal fin. En ese sentido Jesús declaró que él había venido al mundo a salvar lo que se había perdido;

4) el mundo es usado en forma hiperbólica: Mas los fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo entero se va tras de Él (Juan 12:19). Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados (Marcos 1:5). El contexto histórico nos muestra que ni Herodes ni su mujer, ni la hija de ella, ni los fariseos, ni los saduceos ni muchas otras personas fueron bautizados por Juan, por eso ha de comprenderse la expresión toda la provincia de Judea y los de Jerusalem como una hipérbole; de igual forma sabemos que es una hipérbole la frase el mundo entero, porque no todo el mundo se fue tras Jesús, pues los que así hablaban eran de los fariseos que lo odiaban;

5) el mundo implica a judíos y a gentiles, en especial cuando se le agrega el adjetivo todo. Juan 1:29 dice que el Bautista exclamó: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Juan nos narra en su Segunda Carta que Jesucristo es la propiciación no solamente por los pecados de ellos sino por los de todo el mundo (2 Juan 2:2). Sabemos que Pablo recibió la revelación del misterio escondido por los siglos, la constitución de la iglesia como un conglomerado que se extendía a los gentiles y no como exclusividad de los judíos, de acuerdo a Efesios 3:3-6 y a Colosenses 1:25-27: A saber, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, mas ahora ha sido manifestado a sus santos: A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria... En otro texto se lee: Y si la falta de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más el henchimiento de ellos? Porque a vosotros hablo, Gentiles. Por cuanto pues, yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio honro (Romanos 11: 12-13). Este pronombre ellos hace referencia a los Judíos frente al conglomerado de los Gentiles.

HACIA LA SINTESIS

Debemos comprender que el vocablo mundo no significa una referencia a cada ser humano sin excepción, sino más bien sin distinción. Nicodemo es la referencia judía que se resalta en Juan capítulo 3; a través de su visión podemos entender que los judíos se suponían exclusivos en materia de revelación y salvación. Sin embargo, Jesús le advirtió que no por ser judío se salvaba, sino que era necesario nacer de nuevo. Esta era y es una operación del Espíritu, por lo tanto la voluntad humana queda por fuera. Una vez que el Señor le expuso a Nicodemo esa realidad le declaró que Dios había amado no solamente a ciertas personas dentro de los judíos, sino que ahora incorporaba a los gentiles (lo cual había sucedido con ciertos casos durante el período que pertenece al Antiguo Testamento). De allí que sus palabras son recordadas ampliamente con alegría: Dios amó de tal manera al mundo (judíos amados y gentiles amados) que ha dado a su Hijo unigénito, para que los que son creyentes en él no se pierdan, sino que tengan vida eterna.

La prueba de que Dios no amó a todo el mundo sin excepción la constituye el hecho de que Judas fue el hijo de perdición, Caín era del maligno, los señalados en Apocalipsis 13 y 17 adorarán a la Bestia porque sus nombres no fueron escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde la fundación del mundo. De la misma manera, muchos no creen en Jesús porque no son de sus ovejas (Juan 10:26). El amor de Dios no es distributivo sino colectivo, no es sin excepción sino sin distinción de clases sociales o etnias. Es colectivo de toda lengua, tribu y nación como lo declara Apocalipsis 5:9: Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación.

Démonos cuenta por el texto que se acaba de citar que el Cordero compró con su sangre a un pueblo para Dios, no a todos los miembros del planeta tierra. Así lo declara esta revelación de Juan llamada Apocalipsis. No dice que compró a los que se dejaron comprar sino que lo hizo como un acto de Su voluntad. El precio pagado es suficiente para la compra específica que ordenó el Padre. El término griego lo expresa en forma muy clara: Agorazo, que significa comprar en el mercado público, en el ágora.

Se nos ordena predicar este evangelio por toda la tierra, más allá de que haya gente que lo rechace y se pierda. Pablo nos asegura que de igual manera ellos son grato olor de muerte para muerte (2 Corintios 2:15-17); se pierden muy a pesar de que se nos ordena predicar el evangelio a toda criatura. De manera que la palabra no regresa vacía, sino que hace aquello para lo cual fue enviada: a unos salva pero a otros agrega aún más condenación.  Pablo no se avergonzó del evangelio porque era y es potencia de Dios para salvación a todo aquel que cree; al Judío primeramente y también al Griego (Romanos 1:16). Por lo tanto el evangelio es para todos sin distinción, en forma colectiva, pero no necesariamente para todos sin excepción o de forma distributiva a cada elemento del grupo. Muchos han muerto sin escuchar ni una palabra del evangelio, otros mueren escuchándola y rechazándola. Por eso, en ellos, el evangelio no es el poder de Dios para salvación ni les ha sido una buena noticia porque Dios no ha pretendido salvarlos.

La humanidad entera ha desvirtuado el concepto del nacimiento de Jesús al celebrar lo que ellos denominan la natividad o navidad. Esa fiesta consiste en un acercamiento a todas las criaturas posibles, pero en la carne, en el jolgorio de lo que el paganismo ha venerado como el solsticio de invierno. Por esa celebración muchos piensan que Jesucristo vino a ofrecer una posibilidad de transformación a la humanidad (a dar regalos) y no necesariamente a salvar específicamente a los elegidos del Padre. No es justo o hay injusticia en Dios, son frases de reclamo que el objetor descrito en Romanos 9 levanta contra el Creador. Bueno, la respuesta en las Escrituras es muy simple: ¿Quién eres tú para altercar con Dios? En otros términos, la olla de barro no puede argumentar contra el alfarero, el Dios soberano ha hecho como ha querido y el reclamo inútil de su criatura es una demostración de que está dando coces contra el aguijón.

¿Tendrá Dios misericordia de esa criatura, como la tuvo de Saulo de Tarso? Tal vez sí, tal vez no. Lo cierto es que esa misericordia se manifiesta con una transformación en la mente del pecador (la metanoia o arrepentimiento), el cambio de perspectiva en cómo se debe ver a Dios. Por principio asumimos como verdad lo que la Biblia afirma respecto al ser humano: Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Pero para ser humilde se necesita de la gracia de Dios, pues que solo el nuevo nacimiento puede producir un corazón dispuesto a recibir la palabra sin modificación.

Dar coces contra el aguijón es una muestra de estar perdido, pero el que Dios tenga misericordia o no depende solamente de Él.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:21
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