Viernes, 21 de febrero de 2014

Dios está deseoso de que todos los hombres sean salvos, de allí el anuncio del evangelio a toda criatura. Pero hay un pequeño problema por resolver: ¿qué ha pasado con aquellos que jamás han oído la predicación del evangelio de Jesucristo? Incluso en la época en que vivió Jesús en la tierra hubo muchos que murieron sin jamás saber de él; de igual forma, cuando se ordenó La Gran Comisión, muchos perecieron en sus pecados sin haber oído una jota del evangelio. Recordemos que en sus inicios los medios de comunicación masivo no se parecían en nada a los de ahora.

Con ese gazapo en mente, pasemos a otra contradicción de la libre oferta. El libre albedrío humano es la garantía para la decisión: o lo tomas o lo dejas. Ahora bien, ¿cuántas oportunidades tiene una persona en la tierra para aceptar o rechazar el evangelio? Al parecer tiene tantas como ocasiones escuche su anuncio. Eso es lo que se desprende de las prédicas pastorales que aseguran que escuchar el mensaje de salvación nos desata de la carga de ceguera y nos capacita para tomar una decisión. Los que así predican creen en una elección condicional, a pesar de que somos malvados y depravados y estemos perdidos.

Agregan que no hay posibilidad de salvación para nosotros hasta que el evangelio nos sea presentado. Y cuando el evangelio nos es presentado, ese evangelio se convierte en el poder de Dios para salvación,  que desarma la depravación heredada y nos capacita para recibir o rechazar el evangelio. Si llegamos a creer, Dios nos ha escogido para salvarnos, si no llegamos a creer, Dios no nos ha escogido para salvarnos. Dios te ha escogido de acuerdo a si vas o no vas a creer, no de acuerdo a ninguna razón que Él tenga. ¿En qué bases Dios escoge a la gente para ser salva, si toda la humanidad está depravada de manera total? A lo mejor es porque Dios dice: este sí, este no, como deshojando la margarita.

Bien, semejantes disparates saltan a la vista fácilmente, pero vamos a seguir analizando un poco la contradicción de esta libre oferta. Dijimos que en primer lugar hay muchos que no han oído ni oirán jamás acerca de esta proposición. Estos predicadores han dicho que la única forma de salvación es que se escuche la predicación del evangelio (en eso coinciden con la Escritura). De nuevo nos preguntamos si muchos no oyen esa predicación ¿cuál es la base para su no elección? No es su libre albedrío ni su rechazo a la palabra no escuchada. Acá hay un problema lógico que deben resolver los anunciadores de la libre oferta del evangelio.

En segundo lugar, tenemos que afirmar que quienes así hablan hacen ironía al presumir que si Dios eligiera con base en Su voluntad escogería al azar, este sí, este no. No es eso lo que declara la Biblia, sino que más bien allí se anuncia que Dios ha elegido a su pueblo según el propósito de su voluntad, según el beneplácito y placer de aquello que hace: por el puro afecto de su voluntad (Efesios 1). Esto nos lleva al tercer punto de error: pues Dios no escogió a nadie en base a lo que la humanidad haría, en cuanto a aceptarlo o rechazarlo. Esto sería previsión, no conocimiento en base a su amor y elección. Dice su palabra que amó a Jacob y odió a Esaú antes de que hiciesen bien o mal (Romanos 9:19), de manera que no depende del que quiera ni del que corra, sino de Dios directamente.

Como estos predicadores titulan sus prédicas ¿Expiación limitada?, sigue el sinsentido de la muerte expiatoria de Cristo en forma universal. Si la expiación es ilimitada, pero al mismo tiempo aceptamos la premisa de que Dios escoge en base a que sabe de antemano quien acepta o rechaza el mensaje del evangelio, surge la interrogante siguiente: ¿qué necesidad tenía Jesucristo de expiar los pecados de aquellos que sabía lo iban a rechazar?

El único sentido de ese absurdo descansaría en el teísmo abierto que pregona que Dios no conoce el futuro, de manera que Cristo murió por todos sin excepción, expió universalmente la culpa humana, y cada quien se va añadiendo al libro de la vida del Cordero en la medida en que acepte ese evangelio. Pero este criterio del teísmo abierto contraviene un sinnúmero de textos de la Escritura, como son los casos de Apocalipsis 13:8 y 17:8, que hablan de personas cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. Entonces, si existe ese libro desde antes de la fundación del mundo, ¿cómo es que Dios no conoce el futuro?

Ante todos estos gazapos hay todavía quienes argumentan que la Biblia contiene demasiadas contradicciones, por lo cual predican en dos sentidos opuestos: en el de la gracia soberana y en el del libre albedrío que condiciona la decisión a tomar. Este último criterio contendría la variante del teísmo abierto, que pregona que Dios no conoce el futuro. Pero como dijimos, ¿para qué expiar la culpa de aquellos que ya sabía no creerían jamás?

Hay quienes aseguran que ciertos textos de la Escritura hacen referencia a dos voluntades muy particulares en el Creador. Una voluntad en la que manifiesta su deseo (frustrado por los resultados) y otra voluntad que es permisiva (que permite exculparlo del pecado humano). Pese a estas supuestas dos voluntades, Dios sigue acusado por el hombre, ya que si tan solo permite el mal, pudiendo no permitirlo, lo hace participante de una voluntad negligente o malsana. 

Estamos seguros de que no hay tal contradicción de textos en la Biblia, simplemente que necesitamos leerlos de acuerdo al contexto y al sentido de la gramática. Los amantes del otro evangelio no pueden leer en forma correcta lo que dice la palabra de Dios, de manera que tienen que conformarse con sus contradicciones. Para eso parecen haber sido creados, a no ser que haya alguno que huya de Babilonia en virtud del amor de Dios y del poder de Su Espíritu. De lo contrario se demostraría que es parte del grupo de Esaú. Aún al malo hizo Dios para el día malo (Proverbios 16:4), y los vasos de ira preparados por Él han sido hechos con el mismo barro que ha utilizado para los vasos de honra. Esta acción del Creador también da gloria a Su nombre y lo enaltece para la manifestación de Su justicia e ira (Romanos 9:21).

En vez de predicar un evangelio diferente, deberían preguntarse junto con el objetor bíblico ¿por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad? Entonces podrían leer la respuesta dada por el Espíritu: ¿Y tú quién eres para que alterques con Dios? (Romanos 9:19-20). Tal vez esta toma de conciencia llegue a ser un instrumento para que humillada la criatura suplique por misericordia. Si esto aconteciere sería igualmente por la gracia eterna e inmutable, de acuerdo al propósito eterno del Padre. Caso contrario, sería parte del endurecimiento divino, eterno e inmutable, ejercido sobre esa criatura.

De la boca de Jehová, ¿no sale lo bueno y lo malo? (Lamentaciones 3:38); Yo soy quien forma la luz y crea las tinieblas, quien hace la paz y crea la adversidad. Yo, Jehová, soy quien hace todas estas cosas (Isaías 45:7)  - formans lucem et creans tenebras faciens pacem et creans malum ego Dominus faciens omnia haec - (La Vulgata Latina dice et creans malum, y crea lo malo, el mal). Los que proclaman ese otro evangelio pareciera que no han leído o entendido lo que el profeta Isaías escribió hace muchos años: Yo anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho. Digo: Mi plan se realizará, y haré todo lo que quiero. Yo llamo desde el oriente al ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre que llevará a cabo mi plan. Yo hablé, y yo haré que suceda. Lo he planeado y también lo haré (Isaías 46: 10-11).

Si Dios anuncia desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho, queda claro que su anuncio profético se hace en base a su consejo secreto, no en virtud de alguna lectura del futuro hecha en los corazones de los hombres. Fijémonos que el texto dice claramente que su anuncio se fundamenta en lo que aún no ha sido hecho. Si no ha sido hecho quiere decir que no está formado en los corazones de los hombres; en otros términos, Dios no miró la decisión que tomaría su criatura, pues no podía tomar ninguna si ella no estaba formada y si una vez creada moriría en delitos y pecados. Solamente el nuevo nacimiento hace que se pueda entrar al reino de Dios, y esta es una operación absoluta de Él, no del hombre (Juan 3). Dios no hace nacer a todos por igual, simplemente de unos tiene misericordia mientras a otros endurece (Romanos 9:18).

Lo que Dios conoce desde la antigüedad, y por lo tanto anuncia, lo sabe en base a que lo ha ideado desde entonces. El conoce sus planes inmutables, en tanto que siendo perfecto no necesita corregir nada de lo que piensa o decide hacer. En consecuencia, su plan se realizará y  hará todo lo que quiere. De allí que urge leer los textos de la Escritura en su contexto, de acuerdo a la gramática, para evitar darle interpretaciones irracionales.

EL CASO DEL IMPIO PRESENTADO POR EZEQUIEL

Como ejemplo introductor recordemos cuando Pedro dijo que Dios no quiere que ninguno se pierda. No olvidemos que debemos entender a quién va dirigida la carta y quiénes son esos que Dios desea no perder. Dado lo afirmado en Isaías, como en otros textos de la Biblia, con la afirmación de que el Señor hará todo lo que quiere, se deduce que no perderá a ninguna de sus ovejas.

Jehová no quiere la muerte del impío,  ha de ser visto de acuerdo al contexto en que hablaba Ezequiel, como atalaya de su pueblo. Los israelitas se quejaron por la cautividad en Babilonia,  argumentando que los padres habían comido frutos amargos y los hijos tenían dentera, que no era justo padecer por los pecados de los antepasados.

Dios respondió por intermedio del profeta que no quería la muerte del impío, sino que más bien deseaba que se arrepintiera; que cada quien que hiciera el mal pagaría por su maldad, pero el que fuera justo debería permanecer justo hasta el final, pues no mirará Dios su pasado sino su presente inmediato. Lo dijo para el pueblo cautivo y no hay ninguna referencia a la muerte eterna o a la vida eterna. ¿O nos hemos olvidado de que Dios había escogido un pueblo para cumplir un propósito histórico, para darnos su ley a través de ellos y para que el Mesías naciera de la casa de David? ¿Significa que ese pueblo sería salvo eternamente?  El apóstol Pablo lo aclara cuando dijo que en Isaac te será llamada descendencia, que no eran todos israelitas por haber nacido de Abraham. Porque no todos los nacidos de Israel son de Israel (Romanos 9: 6-7).

Para acercarnos a este texto de Ezequiel necesitamos al menos mirar varios aspectos que lo rodean. Primero, ¿de cuáles impíos habla el Señor?  Ezequiel 18:31 lo dice claramente al hacer referencia a la casa de Israel. Segundo, ¿de qué tipo de muerte habla el Señor? Fundamentalmente de la física, que en muchas ocasiones era el resultado por violar la ley de Moisés.  La muerte espiritual solamente se evitará con la posibilidad de adquirir un corazón nuevo, lo cual era una promesa como se lee en el capítulo 11, versos 19-20: Les daré otro corazón, y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. De la carne de ellos quitaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que anden según mis estatutos y guarden mis decretos y los pongan por obra. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios. Según esta promesa, el pueblo de Dios es un sujeto pasivo y Dios es el sujeto activo, el que realiza la operación del cambio de corazón.

Al margen de lo dicho, es de notar que el castigo de Israel en Babilonia era producto de la disciplina que el Señor impartía a su pueblo; lo que dice Ezequiel no hace referencia a los babilonios, ni a los pueblos vecinos ni al resto del mundo, simplemente se limita a la casa de Israel. Tercero, ¿por qué se suscitó tal respuesta? Porque hubo una queja del pueblo de Israel en relación a un castigo que suponían injusto, ya que se lo atribuían a los males cometidos por sus antepasados. Dios les respondió con justicia, alegando que cada quien pagaría por su pecado y todo aquel que fuese hallado justo sería recompensado, pero no permitiría que la vieja justicia prevaleciera por sobre la nueva impiedad. Como vemos, esto es simplemente la aplicación de la ley de Moisés, que les servía para ser compensados en esta vida. En cuanto a la salvación eterna, la ley no salvó a nadie, como argumentó Pablo, sino que fue el Ayo que nos llevó hacia Cristo. En tiempos del Antiguo Testamento la gente era salvada por la fe en el Hijo del Hombre, como se dijo de Abraham, quien creyó a Dios y le fue contado por justicia. Todos aquellos que se sostuvieron, como viendo al invisible, lograron lo que para ellos estuvo preparado. Cuando el sacerdote sacrificaba un animal ofrendado lo hacía como una prefiguración del sacrificio del Mesías prometido.  La salvación de hoy continúa siendo por gracia al igual que ayer. 

Sacar este texto de Ezequiel de su contexto es forzar la letra y la gramática para que diga algo que se contradice con el resto de las Escrituras, pues ellas no hablan de un Dios frustrado sino de uno que hace como quiere. Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho, dice el Salmo 115:3. Por lo tanto, suponer que Ezequiel proclama que Dios quiere salvar al impío de la condenación eterna es contravenir las demás Escrituras. Quien sostiene la tesis del deseo frustrado de Dios en base al respeto de la ficción del libre albedrío, se ancla a un Dios impotente, que quiere algo que no alcanza; por eso, una vez más, examinemos los contextos para verificar si los textos dicen lo que el otro evangelio anuncia.

He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá (Ezequiel 18:4). La Biblia a veces habla de alma para referirse a la persona; Dios está hablando del pecado de Israel y de su responsabilidad. Hay una ley natural dada por Dios y los errores se pagan (si se consume alimentos dañinos el cuerpo enfermará). Siempre hubo un consenso en el Antiguo Testamento de lo que sería la justicia de Dios. Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? (Génesis 18: 23). Nephesh es el vocablo usado en Génesis 2:19, donde Dios le dice a Adán que le ponga nombre a los animales, a todos los seres vivientes; este término se traduce en su primera acepción como alma... y todo lo que Adam llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. De la misma forma ocurre en otros numerosos textos de la Escritura.

De manera que el contexto de aparición del vocablo alma en el Antiguo Testamento no refiere en forma exclusiva a la parte eterna del hombre, más bien alude a la vida de la persona e incluso a la del animal. Dios ofrece la salvación a su pueblo, el mismo por el cual murió Jesús en la cruz. No obstante, la responsabilidad humana es el arrepentimiento y el someterse a la voluntad de Dios. Si el hombre no puede hacerlo eso no lo exime de su deber y en ello no hay contradicción alguna. Pero no podemos forzar la Escritura para que diga que la salvación es una buena noticia para las personas que como Judas son escogidas como hijos de perdición.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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