Domingo, 16 de febrero de 2014

En la mayoría de las legislaciones del planeta, existen al menos tres vías para declarar la libertad de ciertas personas sancionadas con la ley. Una es el indulto presidencial, de acuerdo a las normas internas de cada nación. El primer mandatario de la nación está dotado por la ley para dar la libertad a un determinado número de presos, de acuerdo a una normativa legal específica. De esta forma, una vez al año, muchos aguardan este favor especial. También existe el sobreseimiento de la causa, que compete al poder judicial. Un tribunal de justicia se encarga de desistir de la pretensión de la causa seguida a un procesado, suspendiendo el proceso por falta de pruebas suficientes. El otro caso de libertad concedida es la otorgada por una ley de amnistía, que es competencia del congreso o asamblea de una nación. Esta ley extingue la responsabilidad penal de los delitos cometidos durante un período determinado de tiempo o en un determinado territorio. Es muy común tener ley de amnistía cuando se pretende dar un giro político a una situación crítica y se extiende el perdón para que los acusados depongan la actitud de manera voluntaria. Por ejemplo, se puede dar amnistía a un grupo de guerrilleros si en determinado tiempo cesan su lucha armada y entregan sus armas.

La Biblia nos dice que el acta de los decretos que nos era contraria fue clavada en la cruz. Al ser esto cierto, lo que ha ocurrido es más bien un indulto, un perdón amplio y suficiente para salir de las prisiones de las tinieblas a la luz. No podemos hablar de sobreseimiento porque la humanidad entera ha sido vista en delitos y pecados; hay pruebas suficientes de nuestros crímenes y por lo tanto no opera esta indulgencia del tribunal. Pero, ¿qué ocurre con la ley de amnistía? Es algo muy diferente, es un trabajo conjunto entre el órgano legislador y el malhechor que contraviene la ley. Si depones la actitud negativa te perdonamos, es el eslogan de la amnistía.

La muerte expiatoria de Jesucristo fue representativa en la cruz, consiguió el perdón de aquellos que estaban en su lista (la del libro de la vida del Cordero). En ese sentido y guardando las distancias es más parecido a un indulto lo que nos aconteció, pues no está obligado el que realiza tal acto misericordioso a liberar a todos los presos. Pero los teólogos del otro evangelio se han empeñado en interpretar la expiación como un acto universal condicional, que depende de dos argumentos: 1) Un perdón o amnistía para todos los que cumplan la condición; 2) el cumplimiento de la condición y el no recaer en el delito que se le perdona.

Si la expiación es universal, entendemos que todos los hombres fuimos representados en la cruz, por lo tanto el perdón alcanzado es universal. Como tal cosa no acontece, pues a diario muere gente que ni siquiera ha escuchado de ese perdón universal, y la Biblia contiene ejemplos de personas que yacen y yacerán en el infierno de fuego (Caín, Judas, los que adorarán a la Bestia, entre tantos otros), se ha pretendido que existe en nosotros la cualidad deponente de nuestra mala actitud.  En este sentido se predica que ya Cristo hizo su parte, ahora le toca a usted hacer la suya. El trabajo de salvación se vuelve sinergístico (de colaboración entre dos partes como mínimo) y el hombre que ha sido declarado muerto en delitos y pecados recobra vida temporal para tomar la decisión.

Esta ficción de la gracia habilitante se produce en virtud de otra ficción, la del libero arbitrio o libre albedrío. Equivale a suponer que el muerto es libre de decidir, si tan solo tuviera vida. La Biblia es clara en afirmar que no hay justo ni aún uno, no hay quien haga lo bueno, no hay quien busque a Dios. Jesucristo aseguró que nadie puede entrar al reino de Dios si no nace de nuevo, pero dejó dicho que esta actividad no es de parte humana sino divina. Por otro lado le dijo a un grupo de judíos que ellos morirían en sus pecados, lo cual asegura que no a todos vivifica el Padre, no a todos da el nuevo nacimiento el Espíritu. En Apocalipsis 13:8 y 17:8 se habla de los que se inclinarán ante la Bestia, los que dirán ¡quién como la Bestia! Estas personas no tienen sus nombres escritos en el libro de la Vida del Cordero desde la fundación del mundo, por lo tanto no se operará en ellos el nuevo nacimiento. También dice la Escritura que creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna (libro de los Hechos), lo que implica que hay gente que no cree porque no está ordenada para vida eterna.

De manera que el Buen Pastor puso su vida por las ovejas y no por las cabras; los que no creen, en sus propias palabras, no lo hacen porque no son de sus ovejas. Fijémonos que no dice que no se es oveja porque no se cree, sino que no se cree porque no se es oveja. El sacrificio de Cristo ha sido eficaz en todos aquellos a quienes representó, por lo cual dijo en la cruz: Consumado es. Para que esta expiación haya sido eficaz, para que el acta de los decretos que nos era contraria se haya clavado en la cruz, no puede haber universalidad en la expiación. Eso equivaldría a una ley de amnistía, que deja la última palabra en manos del pecador, quien tendrá de qué gloriarse y robará la honra y la gloria al Dios soberano. Pero por otra parte, la Escritura no dice absolutamente nada a favor de la gracia que habilita, ni tampoco nada del libre albedrío. Al contrario, nos declara que no hay quien resista a su voluntad (Romanos 9: 19), que Dios tiene misericordia de quien quiere y endurece (condena) a quien quiere endurecer. De allí que el objetor se levanta y declara a Dios injusto, porque todo lo ha hecho desde la eternidad mucho antes de que el hombre hiciera bien o mal.

En realidad, los miembros del otro evangelio tienen que ampararse en falacias y argumentos con premisas impropias para poder revestir de luz lo que proviene de sus propias tinieblas. Pero los que estamos en la luz sabemos que ella resplandece en la obscuridad y muestra lo turbio del anuncio que no es buena noticia. Nosotros seguimos al Buen Pastor y desconocemos la voz del extraño, quien es ladrón y salteador. La razón de ello no se ancla en virtud de ninguna ley de amnistía, sino que viene dada por el perdón absoluto que el Padre hizo en todos aquellos que dio al Hijo para que salvara en la cruz, con su expiación amplia y suficiente para los que conformamos su pueblo. El trabajo de Cristo en la cruz es la buena noticia llamada evangelio.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 15:07
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