Lunes, 13 de enero de 2014

La referencia de Juan el Bautista acerca de que el Cordero de Dios quita el pecado del mundo (Juan 1:29) ha servido para que los universalistas aseguren que Jesucristo murió por toda la humanidad sin excepción. De ser esto cierto, todos somos salvos; no obstante surge la interrogante para que se expliquen las expresiones del mismo Jesús acerca de que un grupo de judíos moriría en sus propios pecados (Juan 8:24 y 44). ¿Cómo entender lo profetizado por el mismo evangelista Juan en su libro Apocalipsis, acerca de que Dios puso en los corazones de los moradores de la tierra, el dar el gobierno y el poder a la Bestia? Y ellos dirán, ¿quién como la Bestia? Además, la Bestia será adorada por todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, inmolado desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8).

Quitar el pecado del mundo no significa abolir los pecados de cada persona en particular, tampoco implica eliminar potencialmente el pecado de toda la humanidad. La potencialidad nos llevaría a una eficacia nula, por cuanto los seres humanos cargados de odio contra Dios, muertos en delitos y pecados, declarados ciegos por Dios y con corazón engrosado, no darían valor alguno a la oferta potencial de perdón.

Jesús conversaba un día con sus discípulos y les dijo que él era el pan que había descendido del cielo, el maná de vida; si alguno come de ese pan, vivirá para siempre. El pan que él daría por la vida del mundo era su carne (Juan 6:33-51). De manera que de nuevo el vocablo mundo en el evangelio de Juan nos da a entender que Jesús daría su vida por un grupo, pero al mismo tiempo restringiendo el sentido del término a aquellos que coman su carne (el pan). ¿Cómo comer el pan si el hombre está muerto en delitos y pecados? Necesitaría la resurrección de su espíritu para poder acudir voluntariamente en el día del poder de Dios.

En Juan 3:16 Jesús dijo que Dios había amado de tal forma al mundo, que envió a Su Hijo para morir por ese mundo; sin embargo, esa muerte expiatoria lo es por los que creen en él. De nuevo, no pudo ser una muerte potencial la de Jesús, pues el hombre natural está muerto en delitos y pecados y necesita vida para acudir a Jesús. En ese mismo contexto, Jesús hablaba con Nicodemo, el maestro de la ley, y le explicó que era necesario nacer de nuevo para ver el reino de Dios (o para ser parte del grupo de los redimidos). Este nuevo nacimiento no sería hecho por voluntad humana sino de Dios. Asimismo, le dijo que él no había venido a condenar el mundo sino a salvarlo; el que es creyente es salvo, el que no cree es condenado. Entonces ese mundo que el Padre tanto amó es el mismo mundo por el cual Jesús se entregó en la cruz, es el mismo mundo por el cual Jesús oró la noche antes de su crucifixión, pero no es el mismo mundo por el cual Jesús expresamente no quiso orar esa misma noche: no te ruego por el mundo, sino por los que me diste (Juan 17:9). Este otro mundo es el de los condenados.

El mismo evangelista Juan, ahora en una de sus cartas, escribió que Jesucristo era la propiciación por los pecados de su iglesia (una iglesia fundamentalmente compuesta por judíos) y por los de todo el mundo (1 Juan 2:2). De nuevo la pregunta, ¿quiénes son todo el mundo? Si fuese toda la humanidad, sin excepción, entonces Juan es universalista; el infierno estaría vacío y aún Judas gozaría de la vida eterna. Si es una expiación universal potencial, que depende de nuestra voluntad de aceptación, nadie sería salvo porque los muertos no pueden oír, ni ver, ni conocer de esa salvación tan grande. Solamente los que son nacidos de nuevo por voluntad de Dios pueden ver su reino (Juan 3).

Estos que conforman todo el mundo son colocados en contraste con los judíos. Si Juan hubiese querido abarcar a todo el mundo sin excepción hubiese podido decir que Jesús es la propiciación por nuestros pecados y por los del resto del mundo. Entonces sí que estaríamos en el problema de la expiación universal, pues esa es una gran diferencia. El resto del mundo es el complemento de la otra parte anunciada, por lo tanto abarcaría a toda la humanidad. Pero no lo dijo así, porque el Espíritu sabe lo que hace; dijo que era la propiciación por los pecados de su iglesia judía y por los de todo el mundo. Con la expresión todo el mundo ha dejado por fuera de ese mundo a la iglesia judía que pastoreaba. Lo ha convertido en otro grupo, dando a entender con ello que los judíos seguían siendo un grupo frente al resto del mundo.

Este es un contexto muy particular de la cultura judía de entonces (tal vez la de ahora también), pero no es exclusivo de ellos; los romanos se consideraban a ellos como los exclusivos y los demás eran las gentes. Bajo el Imperio Romano existían dos tipos de Derecho, el Derecho Romano que juzgaba las cosas de los ciudadanos de Roma y el Derecho de Gentes que juzgaba los asuntos de los extranjeros. De manera que con este dato podemos comprender un poco mejor el contexto en el que Juan escribía la carta.

Otros contextos marcan un sentido restringido de la expresión el mundo entero. Cuando aconteció la resurrección de Lázaro la multitud salió a recibir a Jesús por haber hecho esa señal, pero los fariseos murmuraban entre ellos mismos y dijeron: He aquí el mundo entero se va tras él (Juan 12: 19) -ecce mundus totus post eum abiit-. Sabido es que los fariseos formaban parte del mundo entero y sin embargo ellos odiaban a Jesús y no se fueron tras él, por lo tanto esa es una expresión genérica propia del mundo judío. Pero no es exclusiva de ellos, pues nosotros solemos decir que la ciudad entera colmó la plaza pública, para signar con ello una hipérbole que permita recoger el impacto de la multitud en el lugar público.

Los que deseen ampliar más la información acerca de la expresión mundo en la Biblia sería bueno que miraran con atención lo que Pablo escribió a los romanos (Capítulo 11, versos 12 al 15), en donde usa indistintamente el término gentiles y mundo para englobar una misma categoría, frente a la categoría de los judíos o de los israelitas. Esto es tan marcado que cuando habla de los israelitas no los considera parte del mundo, sino en forma separada.

SENTIDO LIMITADO DE TODO EL MUNDO

Aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de César Augusto, para levantar un censo de todo el mundo habitado (Lucas 2:1); Primeramente, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo con respecto a todos vosotros, porque vuestra fe es proclamada en todo el mundo (Romanos 1:8); Pero sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo esté bajo juicio ante Dios (Romanos 3:19); Y así como está llevando fruto y creciendo en todo el mundo, lo mismo sucede también entre vosotros desde el día en que oísteis y comprendisteis de veras la gracia de Dios (Colosenses 1:6); Porque guardaste la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre todo el mundo habitado, para probar a los moradores de la tierra (Apocalipsis 3:10), (Nota: si la prueba viene sobre todo el mundo habitado, viene también sobre la iglesia mencionada, sin embargo va a ser guardada de esa prueba); Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados junto con él -Apocalipsis 12:9, (pero no engaña a los escogidos porque no le es posible según Marcos 13:22). Especial atención merece la cita de la carta de Juan, cuando refiere que todo el mundo está bajo el maligno, sin embargo en el mismo texto acababa de decir que ellos sabían que eran de Dios (1 Juan 5:19). Si son de Dios luego no son del maligno, por lo tanto la expresión el mundo entero se refiere en este caso al mundo que no ha creído en la palabra de Dios.

EL PECADO EXPIADO

Cristo removió el pecado de su pueblo (Mateo 1:21) con lo cual pudo afirmar que todo estaba consumado. Tan lejos como es el oeste del este lo alejó de nuestra mirada; asimismo lo hacía el chivo expiatorio del Antiguo Testamento, en prefiguración de lo que había de venir. Sobre él caía el pecado del pueblo y era enviado a morir solo en el desierto, alejado del campamento. El Señor se volverá a compadecer de nosotros, dijo el profeta Miqueas, pisoteará nuestras iniquidades y echará nuestros pecados en las profundidades del mar (Miqueas 7:19); Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus iniquidades (Isaías 43:25); Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jeremías 31:34); Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados, y de sus iniquidades (Hebreos 8:12); Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones (Hebreos 10:17). Con semejante promesa del que siempre cumple su palabra debemos reposar tranquilos y estar quietos, pues la redención ha sido consumada en la cruz cuando Jesucristo representó a su pueblo, los elegidos del Padre que conforman su iglesia, sus amigos, sus ovejas. Nosotros somos el mundo que el Padre tanto amó y por el cual se hizo la propiciación por el conjunto de nuestros pecados.

Recordemos siempre que el contexto importa mucho en la Biblia, que no siempre la palabra mundo significa lo mismo: El que dijo que había amado de tal manera al mundo, también expresó categóricamente que no debemos amar al mundo porque nosotros no somos del mundo. Claramente se ve en estas referencias que hay diferencia entre un contexto y otro, aunque en ambos aparezca el mismo vocablo. Seamos prudentes y no torzamos las Escrituras.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:20
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