Martes, 07 de enero de 2014

El Sínodo de Dort (1618-19) declaró que quienes enseñan que Cristo murió por todos sin excepción, hablan con desdén de la muerte del Señor y traen desde el infierno el error de Pelagio. La expiación universal implica que Cristo murió por igual por Jacob como por Esaú, por Judas, por los que cometen el pecado que nunca se perdona, por la Gran Ramera de Apocalipsis, por los réprobos en cuanto a fe de los cuales la condenación no se tarda, por los judíos a quienes Jesús les dijo: vosotros en vuestros pecados moriréis. De igual forma, ese Cristo de la expiación universal moriría por los que nunca oyeron el evangelio y en resumen, por todos aquellos que yacen en el infierno de fuego.

Así parece haberlo declarado John Wesley: si los oráculos de Dios son verdad, uno que fue comprado por la sangre de Cristo puede ir al infierno. Pues uno que haya sido santificado por la sangre de Cristo puede ir de todos modos al infierno; puede caer bajo la fiera indignación que por siempre devorará a los adversarios (10:297) The Works of John Wesley. Baker Book House, Grand Rapids, MI (1996); Format: (Volume: Page).

LA EXPIACION UNIVERSAL

Expiación universal significa que Cristo murió en la cruz del Calvario por toda la humanidad, sin excepción. Una variante sostiene que toda la humanidad está salvada, pero otra tesis asegura que la salvación fue hecha solamente posible, es potencial, lo cual implica que Cristo no murió por nadie en particular sino por todos en general. De allí que por la potencialidad, todos los que oyen y quieren pueden hacer actualidad esa potencia. Potencia y acto, Cristo haciendo posible y rogando desde los cielos para que se incorporen a sus filas multitudes, de manera que sean protegidos por su gracia. Claro, Cristo le está hablando a los muertos en delitos y pecados, a personas que no pueden oír, que oyendo no entienden, pero que de igual manera quiere salvar.

Por supuesto, para que el muerto pueda oír es necesario que reciba vida. Es como si Cristo resucitara a Lázaro por unos momentos para preguntarle si prefiere la vida o la muerte. Pero tal fantasía no aparece ni implícita ni explícitamente en las Escrituras, es una invención de algunas mentes desviadas. La salvación posible no nos asegura que en realidad Cristo salva. Pero la Escritura nos dice que Cristo libertó a los cautivos, nos reconcilió con el Padre, nos redimió y se dio en rescate por su iglesia. Asimismo, justificó a su pueblo de sus pecados por su sangre (Romanos 5:9). ¿Cómo pudo Cristo estar satisfecho en su expiación si millones perecen por aquel trabajo hecho en la cruz? Esa es la pregunta que no pudo responder el señor Wesley, pero que Isaías declaró como no viable. Al contrario, el profeta declaró lo siguiente: Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, y le hirió. Cuando haya puesto su vida como sacrificio por la culpa, verá descendencia. Vivirá por días sin fin, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada (Isaías 53:10).

Si la gente perece por millones (o apenas una sola persona) entonces la sangre de Cristo no fue sustitutiva de los que se condenan. Muy oportunamente se escribió para nuestra seguridad la carta a los Romanos, en la cual podemos leer: ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, es el que también resucitó; quien, además, está a la diestra de Dios, y quien también intercede por nosotros (Romanos 8:34).

Resulta indudable que una doctrina contraria a las Escrituras solamente puede tener su origen en el pozo del abismo, en los maestros demoníacos. John Wesley supo extraer sus enseñanzas de esa cisterna para llevar agua turbia a las masas que hoy propagan con entusiasmo una enseñanza que pertenece al otro evangelio. Otra de las perversiones de Wesley, sin bien él tomó prestada la idea de los demás arminianos, es la elección condicional. Dijo que Dios miró a través de los tiempos, desde la creación hasta la consumación, como en un momento, y vio de una vez lo que había en los corazones de los hombres, de tal forma que conoció o supo quién era el que iba a creer y quién no iba a creer. Lo que él (Dios) conoce en materia de fe o de incredulidad, no es causado por su conocimiento, sino por lo que vio. Idem, (6:227). Pero no contento con la errática enseñanza se dio a la tarea de injuriar la doctrina de la elección y de la reprobación hecha por Dios. Wesley aseguró que los elegidos de Dios se salvarían de una u otra manera, incluso sin mediar predicación del evangelio. Al parecer no entendió lo que Pablo dijo acerca de que Dios quiso salvarnos a través de la locura de la predicación.

La doctrina de la predestinación no es de Dios, dijo el fundador del Metodismo. Con esta aseveración está cayendo en el pecado imperdonable, pues atribuye a Satanás la obra de Dios. Es el Espíritu Santo quien declara en las Escrituras acerca de esta doctrina, y Jesucristo afirmó que vino a enseñar la doctrina dada por su Padre. Wesley continúa diciendo que la predestinación hace vacío el mandamiento de Dios, de la misma forma que destruye la santidad como finalidad del evangelio. Al parecer, Wesley creyó como muchos todavía creen que la meta de Jesucristo fue dar esperanza del cielo y alejar los espantos del infierno; por eso sostuvo el metodista que la predestinación destruye la felicidad de la cristiandad. Esta doctrina tiende a destruir el celo por Dios y por las buenas obras, es una doctrina cargada de blasfemia y hace a Jesucristo un hipócrita, un engañador de pueblos, un hombre vacío de la más común sinceridad. La predestinación representa a Dios como alguien peor que el diablo, incluso más falso, cruel e injusto. Yo abjuro de la doctrina de la predestinación. Canta, oh infierno, y regocíjate, ustedes que están en la tierra. Porque Dios, el poderoso Dios ha hablado: Aquí, oh tumba, está tu victoria; naciones enteras que no han nacido entrarán al infierno por siempre. Idem, (7:376-384).

LA ESCRITURA

Pocas horas antes de su crucifixión, Jesús oró en el Getsemaní diciendo que no rogaba por el mundo, sino solamente por los que el Padre le había dado y los que habrían de creer por la palabra de ellos (Juan 17:9). El axioma de la lógica se cumple en esta aseveración, pues si Jesucristo no rogó por el mundo, mucho menos murió por el mundo, horas más tarde. Por cierto, en su trabajo en la cruz expresó inteligiblemente: Consumado es. Con esto concluyó su obra encomendada, su función como Cordero preparado desde antes de la fundación del mundo para la expiación de los pecados de su pueblo (Mateo 1:21).

Muy alta está la sabiduría para el insensato; en la puerta de la ciudad no abrirá su boca (Proverbios 24:7). Resulta innegable que cuando una persona ha nacido de nuevo, el Espíritu de Cristo mora en él y no puede ser ignorante de la sabiduría de la Escritura. Los que abjuran de lo que allí dice, los que se rebelan contra lo revelado, lo hacen en virtud de que esa sabiduría sigue alta, inalcanzable. La Biblia declara que fue antes de que el mundo fuese fundado que fuimos predestinados (2 Timoteo 1:9; Tito 1:2; Efesios 1:4), de acuerdo al eterno propósito en Cristo el Señor (Efesios 3:11).

Fue él quien nos salvó y nos llamó con santo llamamiento, no conforme a nuestras obras, sino conforme a su propio propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo (2 Timoteo 1:9). Por esa sola razón deberíamos confiar en lo que se nos dice a través del profeta Jeremías: Yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de bien y no de mal, para daros el fin que esperáis (Jeremías 29:11).

El Dios de la providencia puede proveer porque conoce nuestras necesidades, porque ha planificado que necesitemos. Ya dice la Escritura que todas las obras de Dios son conocidas a Él desde el principio del mundo, de allí que tiene un perfecto conocimiento de nuestras carencias. Este conocimiento por parte nuestra nos conduce a pedir como conviene, con acción de gracias por lo que ha previsto proveernos.

Menospreciar la muerte de Cristo equivale a pisotear su sangre; subestimar su trabajo en la cruz significa desconocer quién es el Señor. La Biblia es categórica al decirnos que quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de él. Ninguna persona por el Espíritu de Cristo puede ignorar el centro del evangelio, la obra y la persona de Jesucristo; de otra manera, deberían preguntarse en quién han creído. Es imposible que alguien sostenga con firmeza el haber creído en el evangelio y al mismo tiempo desconozca en quién ha creído. Una cosa muy distinta es ir creciendo en la gracia, ir aprendiendo cada día mucho más de la buena noticia, pero afirmar que se es ignorante de la obra y persona de Jesucristo equivale a asumir que se es un incrédulo. El Espíritu Santo es el que ocasiona el nuevo nacimiento, pero no habilita a nadie para que decida por su propia voluntad. Simplemente regenera y el producto de este nuevo nacimiento es la fe en Cristo, la salvación en el pueblo de Dios.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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