Mi?rcoles, 06 de noviembre de 2013

Son muchos los personajes públicos que sostienen en las Naciones Unidas que para el Medio Oriente conviene paz y seguridad. Es preciso recordar las palabras de Pablo en referencia a los tiempos del fin: que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán (1 Tesalonicenses 5:3). Curioso es también sopesar el contenido del Salmo 83, cuya profecía refiere a la nación de Israel, sea en tiempos remotos o como en el tiempo de ahora.

El último salmo de Asaf habla de una cantidad de pueblos que aparentemente ya no existen en el mismo territorio de antes. Esto fue escrito hace más de 2000 años,  pero veremos  quiénes ocupan esas mismas tierras: Las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos; Gebal, Amón y Amalec, los filisteos y los habitantes de Tiro. También el asirio se ha juntado con ellos; sirven de brazo a los hijos de Lot (Salmo 83: 6-8). En el libro Isralestine, de Bill Salus, podemos leer acerca de esos pueblos y cómo están hoy día identificados. Los filisteos son los palestinos en general, en especial los que ocupan la franja de Gaza con el grupo Hamas; los ismaelitas son los árabes de Arabia Saudita; Moab está representada por palestinos que ocupan Jordania central; Edom  es el sur de Jordania donde también hay palestinos; los agarenos (descendientes de Agar la esclava, Génesis 16) son los  Egipcios y beduinos del Sinaí; Gebal es el Hezbolá al norte del Líbano,  Amón se ubica con los palestinos   de Jordania del norte; Amalec son los árabes de la península del Sinaí, en tanto que Tiro es el Hezbolá en el sur del Líbano. Asiria es la tierra que ocupan hoy los sirios y el norte de Irak. Los hijos de Lot son Moab y Amón, ya identificados.

Todo este grupo de enemigos de Israel ha consultado en forma malvada uno con otro para unir su consejo contra el pueblo de Dios y sus intereses. Asaf se refiere a la confabulación contra la nación de Israel, el pueblo histórico de Dios; pero también algunos interpretan que el creyente en general tiene enemigos que batallan contra él. El mundo es muy diverso, pero a pesar de ello se unifica en no tolerar al pueblo de Dios, hasta perseguir en muchas formas a su Iglesia. Pero es interesante la forma como el salmista ve la realidad: la acción contra el pueblo de Dios es una acción contra Dios mismo. Pero como dice la misma Escritura: No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová (Proverbios 21:30).

Por eso es que la oración del profeta y salmista manifiesta el deseo del creyente para que Dios intervenga y les haga como la historia les ha enseñado de acuerdo a otras oportunidades en que los enemigos han quedado como estiércol para la tierra (verso 10). Más allá de que podamos aplicar esta enseñanza a nuestras vidas, conviene reconocer el papel histórico de la nación de Israel en la profecía bíblica. El apóstol Pablo nos advirtió que Dios no ha olvidado a su pueblo, por lo cual no conviene que seamos soberbios contra esa gente sino temerosos de lo que Dios puede hacer: como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre...Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti (Romanos 11: 8-10 y 17-18).  Es decir, que el Israel como nación no es creyente en Jesucristo -no son nuestros hermanos en Cristo- por lo cual se les cumple esta profecía de tener el espíritu de estupor con ojos que no ven y oídos que no oyen. Sin embargo, eso no quiere decir que Dios los haya desechado para siempre, además de que lo profetizado en otro tiempo acerca de la nación tiene todavía su cumplimiento en la historia.

¿Qué sucedía con los judíos que esperaban al Mesías como rey y les llegó Jesús para morir en una cruz? Ellos se confundieron con las profecías, pues también ese fue el plan de Dios; pero esa confusión nos muestra que las profecías fueron dichas de tal forma que en ocasiones tiene doble cumplimiento -en un tiempo y en una época más tarde-, o tal vez sin que el profeta pudiera ni siquiera comprender la totalidad de lo que le había sido dado. Así le sucedió a Daniel, a quien se le ordenó sellar esas palabras hasta el tiempo del fin. Nosotros estamos en ventaja en relación a los profetas, porque tenemos más piezas del rompecabezas profético que se va armando. Por supuesto, hay que poner atención a toda la información bíblica, pues no se trata de un juego o de una diversión, sino de algo mucho más serio.

Isaías nos habla del Siervo sufriente (capítulo 53), pero también nos habla del rey de gloria (capítulos siguientes); en el capítulo 66 nos refiere al reinado milenial de los últimos días, no obstante, no nos dijo cuánto tiempo hay entre uno y otro evento. Al menos sabemos ahora que desde la primera venida del Señor (su nacimiento) cuando sufriría el martirio del Gólgota hasta su segunda venida, hay por lo menos poco más de 2000 años. Lo mismo sucede con otros profetas que no dieron cuenta de lo que sucederá entre distintos eventos profetizados. Por ejemplo, en Jeremías 32 tenemos una admonición de castigo y de protección para con Israel. Es muy importante al estudiar este tema el poner atención al verso final del mencionado capítulo que refiere al momento de la comprensión de la profecía relatada. No se calmará el ardor de la ira de Jehová hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de su corazón. ¡Al final de los días entenderéis esto!

Zacarías escribió también referente a este tiempo del que somos testigos: He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella (Zacarías 12:2-3). Hoy día el mundo clama en forma conjunta contra Jerusalén, pues es mucho más fácil criticarla negativamente diciendo que no quiere cobijar a pueblos vecinos que protestar contra el acoso de sus enemigos. Del llamado Medio Oriente, Israel tiene apenas un porcentaje muy mínimo de espacio. Sin embargo, los países que se dicen que son hermanos entre ellos -por raza y por religión- no cobijan a los palestinos. Pero nadie puede decir eso en forma pública sin recibir una mirada de odio y de acusación como intolerante irrespetuoso de los derechos humanos.

DAMASCO

Hay una profecía no cumplida todavía en relación con este tema de la paz y la seguridad mundial. Se trata de lo dicho por el profeta Isaías, capítulo 17: 1- 3: He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y será montón de ruinas. Las ciudades de Aroer están desamparadas, en majadas se convertirán; dormirán allí, y no habrá quien los espante. Y cesará el socorro de Efraín, y el reino de Damasco; y lo que quede de Siria será como la gloria de los hijos de Israel, dice Jehová de los ejércitos. Aunque algunos comentaristas refieran al hecho de que ha habido guerras contra Damasco, debemos reconocer que históricamente esta es la ciudad más antigua del mundo que nunca ha dejado de ser ciudad. Con esto comprobamos que Damasco todavía no ha dejado de ser lo que es, una ciudad importante en el Medio Oriente, por lo que es fácil concluir que la profecía de Isaías todavía no se ha cumplido a cabalidad.

Hoy día nos enteramos por las noticias  de que Siria es quien abastece en especial a las guerrillas contra Israel; el armamento que Irán también proporciona a esos fines pasa primero hacia Damasco para combatir a los israelitas. ¿Será ese el móvil para que esa ciudad sufra la destrucción profetizada, o habrá un mayor hostigamiento por parte de Siria hacia Israel que provocará el desenlace de estas palabras proféticas? Lo que sí es cierto es que el escenario profetizado para el Medio Oriente está destinado a afectar a todos en la tierra,  posiblemente mucho más rápida y profundamente de lo que podamos imaginar.  Al leer algunos reportes políticos internacionales podemos constatar que lo más seguro es que hemos entrado en lo que Jesús llamó el principio de dolores.

En relación a lo dicho, conviene resaltar que en varias profecías dadas a Daniel el ángel le refirió tres contextos de mucha importancia: 1) le dijo que parte de esa profecía estaría sellada hasta el tiempo del fin (Daniel 12:4 y 9) ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?  El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin; 2) para conocer a qué momento se refería le indicó dos señales de ese fin: Daniel 12: 4 dice: Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará...; 3) le especificó en una de las profecías que estaba hablando de su pueblo y de su ciudad Jerusalén. Daniel 9:24 dice: Setenta semanas están destinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad... Los eventos proféticos para estos tiempos tendrán un profundo efecto geopolítico mundial, como si fuesen fichas de dominó que empezarán a caer de acuerdo a la cronología que Dios ha señalado para ello.

VIVIENDO LAS PROFECIAS ANTE NUESTROS OJOS

Todo acontece a la velocidad de un rayo; lo que Gabriel le dijo a Daniel cerca del año 550 antes de Cristo fue que el Mesías vendría por primera y segunda vez. Sabemos de la precisión de la Primera Venida, pues ni uno solo de los detalles se dejó de cumplir. Sabemos que la semana setenta de Daniel (ver Daniel 9 al 12) está por cumplirse y que hay ciertas características particulares del fin que fueron selladas entonces, a fin de que las pudiéramos entender en el momento en que ellas ocurran (lo cual es ahora).

El ángel Gabriel le dijo a Daniel que no se entendería esta profecía hasta que el tiempo del fin llegara; no se entendería hasta que estuviésemos en este específico período de historia que vivimos. En suma a otras claves dadas por Daniel y por otros profetas, incluyendo las palabras de Jesucristo acerca de ciertas cosas por pasar, del fin y de su segunda venida (Mateo 24), Gabriel le dijo que ese tiempo del fin sería cuando los viajes y el conocimiento o la información serían aumentados considerablemente. Este conocimiento refiere a la ciencia de hoy, pero en la lengua hebrea presupone otro detalle de interés para el análisis. Qal indica conocer en el sentido de la ciencia, pero Niphal refiere a ser conocido o darse a conocer. Con esto en mente, vivimos en un mundo cargado de información y de la diseminación del conocimiento. Lo que más ha impactado en los últimos 30 años dentro del campo del conocimiento científico ha sido el área de las telecomunicaciones, algo inimaginable hace 100 años, pero inconcebible en los tiempos de Daniel. No en vano Gabriel habló del sello de esas palabras hasta el tiempo del fin (cuando entenderíamos lo que le fue revelado al profeta).

En estos días el hombre ha mostrado una gran capacidad para viajar de un lado para el otro, en aviones, barcos, automóviles, trenes y un sinnúmero de medios y vías que no se imaginó nunca antes. Ahora uno viaja por un teléfono y se puede comunicar (compartir información) dejándose ver en una pantalla para tal fin. No satisfecha con el conocimiento, la humanidad vive divulgándola por doquier (a través de la redes sociales); incluso los presidentes de importantes naciones ahora anuncian sus políticas a través de esas mismas redes sociales. El sistema de información y su dispersión han sido incrementados como el mundo jamás lo había visto.

La humanidad permaneció por miles de años caminando, cabalgando bestias o construyendo carruajes tirados por animales, pero solo desde hace aproximadamente 100 años,  o quizás un poco más, el hombre pasó de la tracción animal a la tracción mecánica. En los últimos 80 años el hombre empezó a viajar en avión; en los últimos 60 años la humanidad fue testigo de los viajes al espacio; lo curioso para esta generación es que el conocimiento y la educación fueron la clave del siglo XX y lo que va del XXI.  Desde que Jesucristo estuvo en la tierra hasta hace poco más de 100 años, el conocimiento apenas se duplicó. Pero desde 1900 hasta 1945 (en apenas 45 años) el conocimiento volvió a duplicarse. Después, cada 7 años se duplicaba de nuevo el conocimiento, pero desde 1970 el conocimiento se duplica en menos tiempo. Esto nos permite mirar hacia atrás, hacia 1940 ó 1950 como el período que marca el inicio del cumplimiento de la profecía de Daniel referente a la ciencia aumentada (Qal) y a la información compartida (Niphal).

Como forma curiosa se destaca que esta explosión de conocimiento e información (junto con el aceleramiento en los viajes de aquí para allá) coincide con la época en que Israel aparece de nuevo como nación en el escenario mundial (1948). Si tomamos en cuenta las palabras de Jesucristo como señal del tiempo del fin, entonces el panorama es mucho más amplio y nítido: y este evangelio será predicado en todo el mundo, para testimonio a las naciones, y luego vendrá el fin (Mateo 24:14). Somos la única generación que testifica de esta predicación en el mundo entero, que testifica que el otro conjunto de señales dadas por Jesús también se cumplen a cabalidad: guerras, rumores de guerras, hambres, terremotos como nunca antes, pestes, falsos profetas y falsos Cristos, maldad aumentada al igual que en los días de Noé o de Lot, el amor de muchos enfriado así como el decaimiento de la fe. La tecnología que permite al hombre llegar a muchos rincones del planeta casi en forma simultánea (el internet) ha sido permitida al gran público apenas poco más de 20 años atrás; con esa tecnología estamos anunciando el evangelio de Jesucristo (así como se anuncia a través de ella el otro evangelio para que ocurra la apostasía de los tiempos finales).

Por eso, ahora es el tiempo del fin en el cual podemos entender las palabras selladas para Daniel. La gente habla de paz y seguridad, pero se sorprenderá de lo que viene como respuesta a ese clamor. Lo que se acerca a velocidad de tren es la angustia para Jacob.

DIOS SOBERANO PROFETA

Las profecías bíblicas se han colocado para que el pueblo de Dios pueda apercibirse de la soberanía absoluta de Dios sobre los tiempos y las sazones. La historia de la humanidad está escrita de antemano, ella sigue el guión trazado desde los siglos, con una buena representación en donde a los espectadores les parece que todo es espontáneo y una simple relación de causas y de efectos. En realidad, en nuestras actuaciones diarias como seres ocupados en las actividades propias de la vida humana, no estamos pendientes de leer ningún guión para la interpretación de nuestro papel. Sin embargo, cuando uno lee las Escrituras, en especial lo concerniente a sus profecías, se da cuenta de que nadie ha podido escapar de los límites que Dios le puso. Todos hemos hecho aquello que ha sido destinado que hagamos; a pesar de ello, somos responsables de nuestros actos, como si pudiéramos evitarlos cuando son erróneos. No siempre lo hacemos, aunque deberíamos.

Muchas interrogantes surgen ante el Creador, desde la pregunta clásica del objetor (¿por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad?), hasta la otra interrogante: ¿cuándo llegará el fin de todo?, o ¿será posible mejorar mi circunstancia de vida? Pero una cosa sí es de las más simples al escudriñar en lo profético, es el reconocimiento debido a la gloria de Dios, pues ninguna palabra de lo que ha dicho ha faltado. ¿Cómo sabe Dios? Sin duda que sabe porque ha hecho todas las cosas y porque haciéndolas ha decretado todo cuanto debe pasar; no hay posibilidad alguna de que haya mirado el futuro en la humanidad para después escribir sus predicciones. Eso sería hacerlo dependiente de sus criaturas y hacer a éstas independientes de Su voluntad.

El mundo busca y proclama paz y seguridad, pero Jesucristo ha dejado para su pueblo la paz que el mundo no puede dar y nos ha declarado que estamos en sus manos y en las manos de su Padre, de donde nadie podrá arrebatarnos (¿no es esa la mayor seguridad posible?). Mientras el mundo recibirá destrucción repentina, al creyente le esperan las moradas eternas en donde estaremos con Jesucristo, lo cual es muchísimo mejor.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 12:01
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