Martes, 22 de octubre de 2013

Muchos cristianos han caído en la tentación de acudir a los adivinos y charlatanes que le brindan esperanzas políticas o emocionales, en parte porque su ansiedad los empuja a ese destino y no saben esperar la respuesta del Señor. ¿No hay Dios en Israel? fue la pregunta hecha por el Ángel del Señor a Elías: Sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para que ustedes vayan a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? (2 Reyes 1:3). Estos consultaban sobre asuntos del futuro a un dios de una ciudad filistea, llamado Baalzebub (el señor de las moscas), uno de los nombres dados a Satanás. 

Se cree que Belcebú o Beelzebub significa El Señor de las Moscas porque era usado por los hebreos como una burla hacia los adoradores de Baal. En los templos dedicados a esta divinidad, la carne sacrificada se dejaba pudrir y en consecuencia acudían las moscas a darse un banquete. Una curiosidad etimológica nos conduce a esta definición con mayor fuerza; en hebreo, el vocablo tsebal significa morada pero fonéticamente cambió por el uso popular a tsebub, que significa mosca. Como Baal quiere decir señor, llegamos al Señor de las moscas. En realidad Baal significa hijo, pero en este caso hijo de la divinidad, por eso era adorado en el Asia Menor, con gran esmero entre los fenicios, cartaginenses, caldeos, babilonios y filisteos, así como en muchos otros pueblos.

¿Cómo pueden esperar prosperidad aquellos que hacen mal ante los ojos del Señor? Esto acontecía en Israel, de manera que el Señor enviaba a los moabitas a rebelarse también contra Su pueblo. Si el pueblo de Dios se rebelaba contra Él, entonces los pueblos enemigos se levantaban contra Israel. Los juicios de Dios alcanzan al hombre aún escondido en un castillo; esto en virtud de que la palabra de Dios es más cortante que espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12).

Un ídolo es una imagen, una sombra de lo que se quiere representar. En realidad no es nada en sí mismo, pues no tiene sustancia; sin embargo, lo que representa es lo más grave para un cristiano. Fue Pablo quien aclaró definitivamente el porqué de la prohibición de adorar ídolos, cuando dijo que lo que las gentes (los gentiles) sacrifican, a los demonios sacrifican. Entonces, más allá de que un ídolo no tenga sustancia alguna sí representa una sustancia que está detrás de esa imagen.

Los demonios son adorados en la representación de imágenes. Si una persona adora lo que no sabe, no necesariamente está adorando al Dios de las Escrituras. Jesucristo le dijo a la mujer samaritana que ellos adoraban lo que no sabían; de manera que no les servía de nada. Esa adoración inútil de los samaritanos era como una idolatría, pues no estaban adorando a Dios. Entonces podemos llegar a una primera derivación del argumento de Jesús: adorar lo que no se sabe es tan inútil y tan grave como adorar a un ídolo. ¿Por qué podemos estar seguros de esta declaración? Porque un ídolo también puede ser una imagen mental, y los samaritanos que tenían información de la ley de Moisés (porque Samaria se había convertido en la capital de Israel, una vez dividido el reino) no la manejaban adecuadamente. Jesucristo le dijo a esa mujer que la salvación venía de los judíos (de Judá, la otra parte del reino, cuya capital era Jerusalén). Y Jesús venía precisamente de la tribu de Judá, de tal forma que adorar lo que no se sabe -o lo que no se conoce- es tan inútil y perjudicial como adorar ídolos.

En una oportunidad Pablo en Atenas tuvo un encuentro con los ciudadanos que adoraban multitud de dioses; eran tan cuidadosos en lo que hacían que tenían un monumento dedicado al dios no conocido. Si no lo conocían no sabían lo que adoraban, al igual que los samaritanos. Por eso el apóstol les trató de explicar que él adoraba a ese Dios no conocido por ellos, y les expuso la doctrina del evangelio. La razón de ese argumento descansa en el hecho de que nuestro Dios es el dios no conocido de los pueblos que lo ignoran, por lo cual conviene explicar el mensaje de salvación del evangelio de Cristo junto con el arrepentimiento. Si hay escogidos que habrán de creer, cuánto mejor por ellos.

Dios prohíbe específicamente cualquier tipo de adoración o veneración a los ídolos, así se les coloquen nombres cristianizados para hacer creer que son la excepción a la regla de las Escrituras. Cabe señalar que existe una suerte de paradoja de la rivalidad y afinidad con los ídolos. Normalmente se suelen ver imágenes unas al lado de otras, sin que eso suponga una rivalidad; no obstante, en la adoración al Dios Invisible, tales ídolos son una clara rivalidad contra el Dios eterno e inmutable. Tal animadversión se entiende por el origen de la idolatría, pues el hombre natural prefirió rendirle tributo a la criatura antes que al Creador. Cualquier ídolo es una criatura -sea de Dios o sea del hombre. Por ejemplo, la imagen de un toro, de una serpiente, de un perro, que ha sido adorada por siglos en diversos pueblos de la tierra, son criaturas de Dios que reciben honra; pero la imagen de una figurilla no icónica de la naturaleza, labrada en mármol, madera u otro tipo de material, es creación humana. En todo caso, todo aquello pretende robar la adoración debida al Creador de todo cuanto existe, y eso es lo que inicia la rivalidad.

Justo es destacar que Lucifer tuvo por objeto de su existencia el llegar a ser como Dios. Su ego lo elevó a inimaginables sueños, al punto en que su orgullo desbordó en sublevación, para lo cual también había sido creado. Pero su objetivo continúa vigente, por cuanto a Jesucristo le ofreció los reinos de este mundo si postrado lo adoraba. El busca ardientemente que le rindan tributo, y poco le importa que lo hagan en forma directa invocando su nombre o a través del camuflaje que proporciona una imagen física o mental.

Esa es la batalla que Dios nos ha mostrado que debemos dar, la de no adorar ídolos porque ofenden su nombre. En cierta medida, un ídolo no es nada, como también afirmó Pablo; pero un ídolo esconde a un demonio, como también lo dijo oportunamente. No existe comunión posible entre Cristo y Belial, entre Dios y los demonios (o entre Dios y los ídolos). Romper esta regla esencial implica enemistarse con el Señor, por lo cual vienen castigos severos como le aconteció al pueblo de Israel durante la época de sus profetas.

Teniendo a un Dios suficiente para cada necesidad podemos pedir, buscar y llamar; por lo tanto es absolutamente innecesario y necio el que un creyente busque, llame y pida a un ídolo, o acuda a un psíquico, a un adivino, indagando lo que su ansiedad le inquiere. Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos. Y serán avergonzados los profetas, y se confundirán los adivinos; y ellos todos cerrarán sus labios, porque no hay respuesta de Dios (Miqueas 3:6-7).

LA ADORACION EXCLUSIVA PARA DIOS

Dejemos que la Biblia nos instruya en forma directa al respecto: No tendrás dioses ajenos delante de mí (Deuteronomio 5:7); Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás (Mateo 4:10); Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad (1 Crónicas 16:29); Venid adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor (Salmo 95:6); Yo Jehová; éste es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas (Isaías 42:8).

LOS QUE ESTAN ENGAÑADOS ADORAN AL ENEMIGO

... y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia (Apocalipsis 13: 3-4); Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar (Apocalipsis 9:20); ...y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen. ...y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda (Apocalipsis 16:2 y 20:13-14).

Esto acontece fácilmente porque Satanás es hábil para contradecir la palabra de Dios, como aconteció en el Génesis, cuando habló con la mujer en el huerto: ¿Conque Dios os ha dicho...? Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis (Génesis 3:1 y 4). En su contradicción, el enemigo de las almas ataca buscando a quien devorar, sembrando con sus falsos profetas y maestros un falso evangelio; Satanás se disfraza como ángel de luz y sus ministros se hacen pasar como apóstoles de Cristo (2 Corintios 11:13-14).

Pablo tuvo una revelación muy dura para los tiempos presentes; nos dijo que en este período de la historia muchos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1). Si una persona ofrece sacrificio a un ídolo, lo hace a un demonio (como ya dijo el apóstol); de manera que en virtud de ese sacrificio se hace muy fácil ser inducido por la doctrina que esas fuerzas del mal producen. Por esa razón aparecen nuevas revelaciones, diversas profecías que parecen más bien fábulas agoreras, para engañar a los incautos y a los neófitos.

Ya la revelación divina llegó a su plenitud y Dios la selló con una clara advertencia de añadir las plagas que están escritas en el libro de Apocalipsis (Apocalipsis 22:18); ya el Señor había dicho que no fuese hallado en medio nuestro quien practique la adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero (Deuteronomio 18:10). Pero ahora se disfrazan de psíquicos en virtud de que ese término no aparece descrito en la Biblia. Con ese nuevo camuflaje pretenden predecir y adivinar, para engañar de nuevo como lo ha hecho siempre el padre de la mentira. Aún la adivinación veraz es una abominación delante de Jehová, por lo cual Pablo ordenó al espíritu que estaba dentro de la joven salir de ella (Hechos 16:16-18). La razón es que el mandato de Dios es único y absoluto, como el autor de Hebreos lo señala, que Dios nos habló antes por medio de los profetas y en este tiempo por el Hijo, de manera que no es posible que exista mayor revelación que la dada por Jesucristo. Esta ya se cerró, como lo ha demostrado el libro del Apocalipsis, por lo cual no es posible que surjan más revelaciones del Señor para su pueblo. Todo lo extra bíblico es satánico y de eso ya fuimos advertidos (Hebreos 1:1-2).

GUARDAOS DE LOS IDOLOS (1 Juan 5: 21).

¿Por qué razón el apóstol Juan tuvo que dar esa recomendación a la iglesia? Al parecer no era habitual en el pueblo hebreo el tener ídolos en las casas; sin embargo, esta advertencia no va dirigida solamente al hecho de poseer estatuillas, sino que también debe entenderse en su sentido más amplio. Un ídolo es una imagen de algo, pero en ocasiones nos hacemos imágenes mentales que gobiernan nuestro espíritu. Una imagen mental de un dios que confeccionamos a nuestra imagen y semejanza, de acuerdo a nuestra conveniencia ideológica, es también un ídolo del cual debemos guardarnos. El resultado inevitable de los que no quisieron oír la verdad, sino que se dejaron llevar por sus propias concupiscencias dando honra a la criatura antes que al Creador, es que Dios mismo les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron con la injusticia (2 Tesalonicenses 2: 11-12). Se considera muy injusto el no dar la gloria debida al nombre de Dios y en cambio dar tributo a los demonios.

LA LOCURA DE ADORAR IDOLOS

Según el Salmo 115, los ídolos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. De manera que adorar a un ídolo implica adorar a Satanás: ...huid de la idolatría.... Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios (1 Corintios 10:14 y 20). Los idólatras tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apocalipsis 21:8).

Si Dios ha destruido naciones por causa de sus ídolos, ¿por qué razón tener ídolos en la casa? Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego:... pues es abominación a Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema (Deuteronomio 7:25-26). A la hechicera no dejarás que viva, fue la recomendación de Dios (Exodo 22:18); y Miqueas escribió: Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros (Miqueas 5:12). A todo israelita Dios le dijo que cuando entrara a la tierra que Jehová le daría, no aprendiera a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti (Deuteronomio 18: 9-12).

En esta época que vivimos vemos a diario por doquier que la gente se tatúa su cuerpo. Ha pasado a ser una moda impuesta por los artistas de Hollywood, por los roqueros y por muchos jóvenes que siguen la imitación de las actividades de los famosos. Pero ya siglos antes de Cristo existía una prohibición expresa para el pueblo de Dios de hacer tales cosas:  Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis, ni os raparéis a causa de muerto (Deuteronomio 14:1); ... No seréis agoreros, ni adivinos ...Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová (Levítico 19: 26 y 28). Aún en iglesias modernas uno puede ver personas que se tatúan cruces en el cuello, en los brazos, con citas bíblicas, como si eso fuese una excusa para la desobediencia explícita a este mandato. Al parecer estas cosas las hacían los pueblos paganos en honor a sus muertos y como signo de esclavitud. Pero seguir incluso a ídolos de la música, llámese cristiana o mundana, es también reverenciar a un ídolo, y ya sabemos lo que está detrás de él. Todo esto es parte de la gran idolatría de la cual el apóstol Juan nos recomendó ampliamente guardarnos. La Biblia es muy clara contra todas estas prácticas diabólicas, incluso arremete contra los soñadores de cualquier naturaleza, en especial aquellos que pretenden tener revelaciones como acontece hoy día en muchas iglesias, que más bien parecen centros espiritistas.  Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia (Jeremías 27:9).

Aquellos que todavía dudan de las Escrituras, es conveniente resaltarles que aunque las Biblias católicas arrancaron un verso importante dentro de los Diez Mandamientos, los manuscritos más antiguos lo conservan para su propia vergüenza: No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás (Exodo 20: 3-5). Pablo sugiere en Romanos 1 que el aumento de la homosexualidad en el planeta se debe en parte al hecho de que el hombre no quiso honrar al Creador, sino que prefirió dar honra antes que nada a las criaturas. Por eso Dios deshonra al hombre en sus cuerpos, entregándolos a pasiones vergonzosas unos con otros; de igual forma condena no solamente a éstos sino a quienes se complacen con los que practican tales abominaciones. En otros términos, Dios no solamente deshonra los cuerpos humanos al entregarlos a pasiones vergonzosas, sino que condena también a quienes celebran el orgullo gay y defienden los supuestos derechos a su impudicia, aunque no practiquen tales actos. Este texto de Romanos deberíamos memorizarlo para mostrarlo a cada rato en que nos tropecemos con tal impudicia de los hombres naturales; este texto es un claro testimonio de lo abominable que es para Dios el honrar a los ídolos.

Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican (Romanos 1: 24-32).

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 17:15
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios