S?bado, 28 de septiembre de 2013

Hebreos 11 nos enseña que la fe prevalece, pero la fe en la verdad. Jesús señaló que él era la Verdad, de manera que lo que es verdadero impera aún por contraste con el absurdo de la mentira. Incluso la ciencia, la verdadera ciencia, con su intento de objetividad procura confrontar la verdad que descubre frente al error que el hombre común asume en torno a los fenómenos de la naturaleza.

El problema es cómo llegar a conocer esa verdad y qué es lo que se conoce de ella. La verdad nos hará libres, fue una asunción de Jesucristo; mas como dijimos, él se declaró a sí mismo como el Camino, la Verdad y la Vida. Ese Cristo es superior a los ángeles, es perfecto y a él no le falta nada; sin embargo, se hizo hombre para estar con nosotros. Vino a salvar a su pueblo, pues destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte.

Considerar a Jesús es el centro de la verdad a conocer; es el Sumo Sacerdote por siempre, para aquellos a quienes representa, que son los que se acercan a él. Sabemos que nadie puede ir a él a menos que el Padre lo haya enviado primero hacia el Hijo. Pero la parábola del sembrador habla de la semilla que cayó sobre las rocas, que son los que no tienen raíz (sin cambio de corazón), que cuando vienen las pruebas se apartan (apostatan). Pero ellos salen de nosotros porque no son de nosotros. La síntesis de lo dicho hasta ahora se resume en la sentencia popular y bíblica de la puerca lavada vuelve a revolcarse en el fango, o la que dice el perro vuelve a su vómito. Sabemos que estos animales seguían siendo los mismos animales, no hubo en ellos cambio de naturaleza. Por eso encontramos a muchos discípulos que volvieron atrás, que dejaron de escuchar la palabra de Jesús, porque les parecía dura de oír.

Asaf fue un salmista que escribió entre otros temas el de los impíos que se burlan de los seguidores de la fe. En el Salmo 73 argumentó lo que los no regenerados exponen y dicen acerca del conocimiento de Dios: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo? (verso 11). La asunción bíblica es que Dios no miente (Tito 1:2; Hebreos 6:18; Números 23:19) y que Él sabe todas las cosas (1Juan 3:20). El diablo no solamente miente sino que es padre de mentira (Juan 8:44). Por lo tanto, la pregunta acerca de que cómo sabe Dios es una puesta en duda de su Omnisciencia. En este punto cabe aclarar la primera parte de la sentencia de Asaf acerca del planteamiento de los impíos: ¿Cómo sabe Dios?  Resulta de vital importancia comprender que los Teístas y los que creen en el libero arbitrio (libre albedrío humano) han llegado a declarar que Dios sabe a medias (no sabe todas las cosas) y lo que sabe se debe a la virtud de averiguar el futuro en la mente de la humanidad. En otros términos, Dios no ha hecho el futuro y su conocimiento del mismo depende de las decisiones que en última hora hagan los seres humanos.

Por ejemplo, hay quienes afirman que la omnisciencia no implica un conocimiento exhaustivo de todos los eventos futuros, porque si fuere de otra forma entonces el futuro estaría prefijado y determinado. Esta aseveración hecha por algunos que se llaman cristianos es una contraposición a lo que las profecías declaran de antemano. Una profecía es un dictamen de una o muchas acciones que ocurrirán en el futuro gracias a que otros eventos previos han sido prefijados para que ellas ocurran. Si Judas Iscariote tenía que entregar a Jesús, para que la Escritura se cumpliese, entonces sus circunstancias inmediatas y mediatas, así como las lejanas, tuvieron que seguir un curso prefijado de antemano.

A la pregunta de los impíos acerca de ¿cómo sabe Dios? se responde con la declaración bíblica de que Dios sabe todas las cosas porque Él hace todas las cosas. Dios hace el futuro y lo declara desde antes, para que se sepa que solo Él es Dios. Dios no tiene que mirar en una bola de cristal (o en los corazones de los hombres) para garantizar el futuro; antes bien, Él hace que los hombres cumplan Su propósito eterno e inmutable y el mundo se desarrolle de acuerdo a Sus profecías. Si Dios dependiera de las decisiones de los hombres para que sus predicciones tuvieran cumplimiento perfecto, entonces estaría en aprietos. ¿Qué tal si Judas hubiese cambiado de actitud y las palabras de Jesús lo hubiesen convencido de que lo que pensaba hacer era muy malo y no lo hubiese hecho? Asimismo, el Anticristo reinará en la tierra porque Dios ha puesto en los corazones de los hombres que le den el gobierno y el poder a la Bestia (Apocalipsis 13:8 y 17:8).

Si el futuro le fuera incierto a Dios, por causa de Su impotencia o por causa de Su voluntad de no conocer, entonces no podría acertar nada de lo que ha predicho. Digamos que Dios depende de las decisiones libres del ser humano; supongamos que para conocer lo que sucederá un día martes debe antes que nada conocer lo que acontece el día lunes precedente. ¿Cómo puede conocer lo del día lunes si el hombre es cambiante en su corazón y Dios no puede saber nada de eso hasta que acontezca? Si Dios necesita esperar a que el hombre tome una decisión para actuar en consecuencia, no hay conocimiento alguno posible para Él. Lo que Dios conocerá en el instante número dos (2) dependerá de lo que el hombre haga en el instante número uno (1). De esa forma vemos que jamás logrará predecir con exactitud ningún evento futuro. Si Dios depende de los libres actos del hombre, entonces no podrá actuar libremente hasta que estos ocurran. De esta forma Dios no conocería el futuro del todo ya que dependería de los primeros actos humanos para actuar en consecuencia.

Dios se convertiría en una Divinidad sorprendida, en un Ser Divino con mucha suerte cuando logra atinar alguna de tantas profecías. Los Teístas creen este absurdo en razón de que si Dios hubiese prefijado todo lo que acontecería en el futuro sería un Dios sometido a aburrimiento.  Por eso es que Asaf retomó las palabras del impío que se preguntaba ¿cómo sabe Dios?¿Hay conocimiento en el Altísimo? El salmista comprendió el fin de los impíos una vez que hubo entrado al santuario de Dios, es decir, a Su presencia. Concluyó que los había puesto en deslizaderos y que los haría caer en asolamientos (verso 18). Ciertamente, el poder predictivo de Dios es la evidencia de su majestad, como lo asegura en Su palabra: El Señor, el rey y redentor de Israel, el Señor todopoderoso, dice: «Yo soy el primero y el último; fuera de mí no hay otro dios. ¿Quién hay igual a mí? Que hable y me lo explique. ¿Quién ha anunciado desde el principio el futuro, y dice lo que está por suceder? Pero, ¡ánimo, no tengan miedo! Yo así lo dije y lo anuncié desde hace mucho, y ustedes son mis testigos. ¿Hay acaso otro dios fuera de mí? No hay otro refugio; no conozco ninguno.»(Isaías 44: 6-8).

Dios no toma riesgos.

La mayoría de los Teístas Abiertos aseguran poseer apoyo bíblico en su posición respecto a que Dios parece cambiar Su mente; algunos textos son Éxodo 32:14, Isaías 5:3-7 y Génesis 22:12. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer á su pueblo, dice el texto del Éxodo. Quiso Dios en su sabiduría mostrar a Moisés y a Israel, así como a nosotros, la gran importancia de la oración ante Su presencia. El mismo Hijo de Dios se pasó su tiempo en la tierra orando al Padre, y eso que era Dios mismo. Sin embargo, no trata el texto del arrepentimiento de Dios en el sentido de que cambió su mente, sino en cuanto aminoró un castigo prometido. Ahora bien, si Dios no cambia ni tiene sombra de variación, hemos de entender por el texto de Éxodo que se trata de una figura de lenguaje, una figura antropomórfica de Dios. No obstante, la misma oración de Moisés fue causada por el infinito poder del Altísimo para nuestra enseñanza. Lo mismo sucede en Isaías: se ve a Dios como si fuese sorprendido respecto a su viña, pero de igual modo es una narración en la que se hace una pregunta retórica. Recordemos el texto del Génesis en el que Dios le pregunta a Adán ¿Dónde estás tú?, como si Él no lo supiese. Eso no implica que Dios no lo sabía, simplemente que deja la carga de la prueba al otro, para develarlo en su pecado.

¿Qué diremos del texto que habla de la prueba de Abraham? En Génesis 22:12 se lee que Dios le dijo que no extendiera su mano sobre el muchacho (Isaac), pues ya conocía que temía a Dios por no haberle rehusado su único hijo. Cuando Dios nos prueba no está averiguando si somos o no fuertes, más bien la prueba nos revela a nosotros en qué nivel estamos. En el caso de Abraham es claro que lo acontecido con el muchacho es un anticipo de lo que sucedería con el Hijo de Dios: si Abraham no rehusó a su único hijo (el único por la promesa), ¿cuánto menos rehusaría Dios a Su único Hijo inmolado desde antes de la fundación del mundo para salvar a su pueblo?

Pero Dios conoce todas las cosas desde antes, porque Él hace el futuro y no necesita ni adivinarlo ni aprenderlo. El mismo Pedro también se lo dijo a Jesús: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo (Juan 21:17). No puede existir un Dios soberano que no sea Omnisciente, y no puede haber conocimiento en un Ser perfecto que sea aprendido (pues implicaría que antes era ignorante y no sería el Ser). El Ser es, solía enseñar un filósofo presocrático de nombre Parménides; el Ser tendría que ser perfecto e inmutable. De manera que la perfección implica la cualidad del conocimiento pleno de todas las cosas, y la revelación -que supera a la filosofía- nos enseña que Dios sabe todas las cosas antes de que acontezcan. David, conforme al corazón de Dios, exclamó en uno de sus cantos: Pues aun no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda (Salmo 139:4).

No podemos independizarnos de Dios, no podemos librarnos de su presencia. Dios ha hecho aún al malo para el día malo (Proverbios 16:4) y no acontece nada en la ciudad sin que el Señor lo mande:  ¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no saldrá lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38);¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6).

La verdad nos hará libres, si la conocemos. Jesucristo es la Verdad, de manera que conocerlo a él trae por consecuencia la libertad del extraño. Las ovejas propias del Buen Pastor no conocen la voz del extraño, por lo tanto no lo siguen; seguirán siempre al Buen Pastor porque conocen su voz. Esa es la gran ventaja de conocer la verdad y de llegar a ser libre de la voz del extraño. Esta es una libertad producto de un conocimiento, pero es un conocimiento con dos filos: nos acerca al Buen Pastor que dio su vida por las ovejas (no por los cabritos, ni por los lobos rapaces), y nos aleja del extraño por la ignorancia de su voz. La voz del Buen Pastor es tan suficiente que de inmediato borra en nosotros el conocimiento de la voz del extraño. La razón es única, porque somos ovejas y no cabras, porque solamente los cabritos están capacitados para oír la voz del extraño e irse tras él (tras los falsos Cristos). Pero para seguir la voz del Señor se hace necesario nacer de nuevo, y esto es obra del Espíritu y no una actividad humana. Incluso la fe es un regalo de Dios, pero esta viene por el oír la palabra de Jesucristo. De manera que no hay error alguno en conocer y escudriñar las Escrituras, porque ellas son las que hablan del Mesías que habría de venir por su pueblo. Las Escrituras enseñan la doctrina de Jesucristo, que no es otra que la doctrina del Padre. Parte de su doctrina nos dice estas dos cosas: 1) que nadie puede ir a él, a no ser que el Padre lo lleve hacia él; 2) que el que va a él, no le echa fuera. Con esa garantía sobrenatural podemos llegar al destino de nuestra patria celestial, donde está nuestra ciudadanía. Por cierto, todo esto es locura para el mundo, porque el hombre natural no puede discernir las cosas que son del Espíritu de Dios. Pero quiso Dios salvar al hombre por la locura de la predicación. De manera que el que predestinó quién habría de ser salvo también predestinó los medios por los cuales iría a ser salvo. Nadie puede escapar de su presencia.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:27
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