Martes, 17 de septiembre de 2013

En su carta a los filipenses, Pablo da gracias a Dios por la comunión en el evangelio que hasta ese momento habían mantenido; argumenta el apóstol que quien comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el fin.  Esa iglesia fue fundada a partir de una visión de Pablo en la cual se le apareció un varón macedonio que invitaba al apóstol a pasar por la ciudad. En Hechos capítulo 16 se narra cómo al llegar a Filipos Dios abrió el corazón de Lidia, para estar atenta a la palabra predicada. En ese lugar se presenta el caso de una mujer endemoniada, con espíritu de adivinación, que daba grandes ganancias a sus amos en virtud de la adivinación. Ella decía verdad cuando profería: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación (Hechos 16:17), asunto que hizo por muchos días y que desagradaba a Pablo.  El apóstol reprendió al demonio y el espíritu dejó el cuerpo de la mujer en ese momento, lo cual desagradó a los amos de la muchacha. Hubo un gran alboroto y prendieron a Pablo y a Silas y los echaron a la cárcel, pues enseñaban costumbres no lícitas de recibir ni hacer a los romanos.

Conocemos que después ocurrió un gran terremoto y el carcelero quiso quitarse la vida por cuanto supuso que los presos habían huido, pero el apóstol lo calmó diciéndole que todos estaban allí. El preguntó qué debía hacer para ser salvo y Pablo le respondió que creyera en el Señor Jesucristo. Acto seguido Pablo y Silas le hablaron la palabra del Señor tanto al carcelero como a su casa y creyeron para vida eterna. Por todos estos hechos Pablo en su carta a los Filipenses les hizo referencia a la obra de Dios en ellos. En este sentido se cumplía el designio de que quien comenzaba la buena obra la perfeccionaría hasta el final.

Elección incondicional.

Romanos 8:30 nos dice algo muy relevante: Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. Fijémonos que el énfasis del escritor bíblico lo refiere en el tiempo pasado empleado en su sentencia, dando a entender con ello que en la mente de Dios todos estos eventos son desde hace mucho una realidad. Nada separa a un verdadero creyente del amor que Cristo le tiene; no lo dejamos de amar puesto que él nos ama con su amor eterno. Si Dios está de parte nuestra, ¿quién puede estar en contra y prevalecer en sus actos? Si Dios no escatimó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Nadie puede acusar a los escogidos de Dios, pues Dios es el que justifica; nadie nos puede condenar porque Cristo murió por nosotros sus ovejas, también resucitó e intercede por nosotros a la diestra del Padre.

El amor de Cristo es inseparable de sus ovejas, ni siquiera la tribulación o la angustia, o la persecución, ni el hambre o cualquier necesidad o peligro puede crear la más mínima brecha entre nosotros y su amor eterno. Frente a esta realidad teológica el apóstol se declara y nos declara más que vencedores. En otros términos, tenemos la batalla de la vida ganada, garantizada. De igual forma Pedro lo confirma al escribir que somos guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

Seguridad de la salvación.

La vida que Dios imparte no es temporal sino para siempre (el que tiene vida eterna ha pasado de muerte a vida y no vendrá a condenación -Juan 5:24 y 6:35). La voluntad del que envió a Jesús a salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21) es que no pierda nada de todo lo que le diere (Juan 6:39); Juan 10: 28-29 dice que nadie puede arrebatar a las ovejas ni de sus manos ni de la mano de su Padre. Son ellos dos los que nos tienen agarrados, no nosotros los que tenemos asidas las manos de Dios. Esa es la salvación segura, por la naturaleza de lo que Dios comenzó en nosotros, así como la hubo comenzado en los Filipenses. No hay tal cosa como que Dios inicie la salvación y nosotros la terminemos o perfeccionemos. Este blindaje es otorgado por mediación del Espíritu en nosotros y por la intercesión de Cristo en los cielos (Efesios 1:13 habla del sello o garantía del Espíritu cuando creímos).

¿Por qué Mateo 7:21?

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Otros textos hablan de que Jesús dirá un día: apartaos de mí, hacedores de maldad; Juan nos dice que los falsos creyentes salieron de nosotros pero no eran de nosotros; Mateo escribió que debemos perseverar hasta el fin para ser salvos; Pablo habló a los Colosenses y les escribió con un si condicional: si permanecéis en la fe ( si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro) -Colosenses 1:23.

Si hemos hablado de la seguridad de la salvación, de la elección incondicional, entonces ¿por qué razón aparecen tales textos? Conviene entender el conjunto de frases leídas, antes de separarlas de su contexto. La perseverancia en la fe del evangelio, más que una condición es la marca distintiva de quien ha creído; en otros términos: Dios preserva para que perseveremos. Dios da la fe (Efesios 2:8) pero ese signo se muestra en que nosotros creemos. De manera que no existe una abstracción absoluta en los actos de Dios como dador, pues el signo que sigue es el fruto de la dádiva. Si Dios nos da la fe, entonces nosotros manifestamos el fruto de creer.

En ocasiones el falso evangelio que presenta a un falso Cristo tiene falsos signos. Al grupo que el Señor dirá en el tiempo del juicio: nunca os conocí, se le conoce como el de los cabritos, de los lobos, de los falsos profetas y réprobos en cuanto a fe. No obstante esta realidad anunciada, ellos alegarán sus propios signos: en tu nombre hicimos señales y milagros, hasta echamos fuera demonios. Ellos habían hecho una obra que de acuerdo a las Escritura es un falso signo, una burda imitación del verdadero signo. Lograron confundir por corto tiempo a muchas ovejas, en virtud de su disfraz que ocultaba su identidad de cabras o lobos rapaces.

Seguir al extraño.

En Juan 10 Jesús habla como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas que le son propias. Dijo que estas ovejas jamás seguirían al extraño, sino que más bien huirían de él. ¿Por qué razón huyen del extraño? Porque no conocen su voz, sino solamente la voz del Buen Pastor. Acá no estamos hablando de los pastores de las iglesias, sino del pastoreo de Jesucristo. Cuando alguien oye (escucha) al extraño es capaz de dialogar con él, de entretenerse con sus palabras, de gozarse en su discurso. En cambio, Jesús nos asegura que quien escucha su voz y le sigue no puede bajo ningún respecto seguir ni escuchar al extraño. Veamos un ejemplo: Jesús fue quien más habló del infierno de fuego en el Nuevo Testamento. El expuso esta doctrina ya anunciada desde antiguo; de manera que esas palabras suyas fueron parte de la doctrina de su Padre, la cual vino a anunciar (Juan 7:16). Si una oveja propia oye esa voz suya, entonces no puede oír simultáneamente la voz contraria de la doctrina del extraño. El extraño (Satanás) dice que el infierno descrito en la Biblia no existe, sugiere en cambio una interpretación metafórica que muestre una atenuada ira de Dios y haga resaltar su amor. La oveja que es propia del Buen Pastor no hará caso a esta perorata satánica, ya que no oye al extraño ni se identifica con su voz porque le suena rara, ajena a la voz de su Pastor.

Pablo nos habló de no unirnos en yugo desigual con los infieles, pues no existe comunión alguna entre Jesús y Belial, entre Dios y los demonios. La Babilonia espiritual es el antro de toda falsedad religiosa y Dios nos dice en Apocalipsis 18:4: Salid de ella, pueblo mío, para que no compartáis en sus pecados y no seáis partícipes de sus plagas. ¿Salir de dónde? De Babilonia, el símbolo de la prostitución religiosa, la Madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra. ¿Qué les pasa a los que no salen de ella? Simplemente participan de sus pecados y castigos, y como señala 2 Juan 11: el que habla paz al que trae un falso evangelio es partícipe de las obras malas de quien trae ese falso evangelio.

Por lo tanto, si Dios regenera a alguien que está militando en el muy variado abanico de errores del mundo (llámese universo católico, protestante, calvinista, bautista, budista, etc.), el llamado que se ha hecho es a salir de en medio de esa Babilonia (la cuna del error, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra), a escapar de la falsa religión. No hay tal cosa como quedarse en la casa del error para tratar de salvar a otros del error; esa no es nuestra tarea, es más bien un signo de que la persona no ha sido regenerada.

¿Cómo puede un objetor de la Escritura ser hermano en Cristo?

Hagamos el siguiente ejercicio intelectual, respecto a la doctrina de Jesucristo. 1) El Espíritu dijo en la Escritura: la humanidad está muerta en sus delitos y pecados, y Jesús añadió que era necesario nacer de nuevo (por la intermediación del Espíritu y sin mediación de la naturaleza humana). El objetor de la Escritura dice lo contrario: el hombre tiene libre albedrío para decidir su destino, por cuanto no está del todo muerto; tiene vida y es ayudado por una gracia habilitante que le permitirá tomar una u otra decisión. 2) El Espíritu ha dejado escrito que Dios nos escogió así como a Jacob, para ser objetos de la gloria de su amor, habiéndonos predestinado por el puro afecto de su voluntad. Además, agrega que cuando Dios escogió a Esaú para ser objeto de la gloria de su ira y su poder, lo hizo mucho antes de que hiciese bien o mal. Entonces, la condenación de Esaú (junto con todos los que él representa) no es materia judicial en la perspectiva divina o metafísica, sino que obedece al designio de la voluntad de quien elige. El objetor de la Escritura contradice esto: Dios vio en la mente de los hombres por crear quiénes eran los que creerían y quiénes lo rechazarían. En base a ese criterio fue que eligió a unos para vida eterna y a otros para condenación eterna. Con ese argumento cabe hacer la observación referente al punto 1 ya enunciado, que si la humanidad entera ha estado muerta en delitos y pecados no puede ninguno de ellos por voluntad propia disponerse para la salvación. Esto nos lleva a la conclusión de que Dios no pudo ver nada bueno en los corazones de estos sujetos que no le buscaban ni hacían el bien, ni amaban la justicia. 3) El Espíritu nos ha enseñado en la Palabra de Dios que la muerte de Jesucristo se hizo en favor de su pueblo (Mateo 1:21), y la propiciación no fue hecha ni por las cabras, ni por los enemigos de Cristo, ni por la falsa iglesia. Más bien Jesús no quiso rogar por el mundo la noche antes de su crucifixión, sino que expresamente lo dejó por fuera de su plegaria por cuanto estaba fuera del objeto de su expiación (Juan 17:9). El objetor de la Escritura enseña: que Jesús murió por todos sin excepción y que depende de cada quien el aceptar o rechazar esta dádiva. Pero olvidan quienes así afirman que la sustitución de Jesús no pudo incluir a todo el mundo, pues los que se pierden son muchos y no podrían perderse si su pecado ya había sido expiado. Es evidente que Jesús no murió por los pecados de Judas. 4) El Espíritu nos ha mostrado que la gracia y desgracia de Dios es irresistible. En Romanos 9:19 queda establecido que el viejo objetor comprende que nadie puede resistir a la voluntad de Dios (dicho en referencia al amor por Jacob y al odio por Esaú). Irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Romanos 11:9), de manera que a quien llama responde afirmativamente. A los que predestinó a estos también llamó y justificó y glorificó (Romanos 8). El objetor de la Escritura es contrario a esta realidad: su fundamento estriba en que el mundo en general rechaza la enseñanza del Espíritu escrita en las Escrituras. Pero para esto también han sido hechos (yo hice al malo para el día malo -Proverbios 16:4); el discurso de Esteban tiene una frase que tomada fuera del contexto ha servido para los objetores como argumento sin límite: !Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; (Hechos 7: 51-52). Resulta indudable que cuando Dios ponga en los corazones de los hombres el dar el poder y dominio a la Bestia (Apocalipsis 13:8 y 17:8), a contrario sensu se implica que Dios ha sembrado en ellos que resistan al Espíritu Santo en el mensaje general de las Escrituras. Pero en el tema de la gracia salvadora nadie puede objetar nada, pues así como Lázaro es el ejemplo del muerto llamado a vida por las palabras de Jesús, también lo es el hombre muerto en delitos y pecados al ser nacido de nuevo por intermedio del Espíritu Santo, y no por voluntad de varón (Juan 3). 5) El Espíritu nos ha dicho por las palabras de Jesús que nadie puede separarnos del amor de Dios, que nadie puede arrebatar las ovejas de las manos de Cristo ni del Padre. De manera que quien empezó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el fin; de allí que se cumpla el hecho de que el que perseverare hasta el fin será salvo, pues nadie puede perseverar a menos que haya sido efectivamente llamado por el Padre y llevado a Cristo. El objetor de la Escritura se muestra contrario a esta enseñanza y dice: que el hombre puede caer de tal forma que pierde su salvación; que tenemos que hacer obras buenas para poder garantizar el camino al cielo. Agrega que existen pecados capitales los cuales conducen inevitablemente a muerte eterna. Pero estos niegan o pretenden ignorar que el creyente verdadero es preservado de cometer el pecado imperdonable. De otra manera la gracia no sería gracia, sino un pago por las obras de la carne.

Conclusión.

Hemos de concluir con la clara idea de que quien objeta la Escritura en lo que respecta al núcleo del evangelio es anatema, esto es, no ha de ser llamado hermano en Cristo. Puede ser hermano en Satanás, por cuanto pertenece a la Sinagoga de Satanás (Apocalipsis 2:9 y 3:9), pero en tanto objetor debe recibir el mismo trato que se le ha dado en Romanos 9: ¿Y tú quién eres, para que alterques con Dios?  La olla de barro no puede decirle a su alfarero por qué la ha hecho así, ya que el Hacedor de todo tiene potestad para de la misma masa hacer un vaso para honra y otro para deshonra y destrucción. A éstos, por cierto, ha soportado con mucha paciencia, que son los mismos objetores que se rebelan contra el designio eterno de Dios en materia de salvación y superan con creces la insensatez del viejo objetor, que al menos admitía que podía haber injusticia en Dios por haber hecho a Esaú como vaso de ira aún antes de que hiciese bien o mal. Ese viejo objetor comprendía mucho mejor que el objetor moderno, el cual suprime la idea del Esaú prefabricado como vaso de ira antes de hacer algo bueno o algo malo, y añade en cambio que Esaú es condenado en base a un sistema de justicia divina, por cuanto hizo lo malo motu proprio. En tal sentido, el objetor contemporáneo puede ser evangélico o católico, musulmán o ateo, pero disgrega en cuanto a la llana lectura de la Escritura que afirma que Dios eligió al hombre antes de que hiciese bien o mal.

La apostasía de hoy es muy variada y a la carta, de manera que muchos son los que militando en ella se auto engañan al pretender seguir a un Jesús a su imagen y semejanza, con falsos signos y con extraños frutos. Salid de ella, pueblo mío.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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