Viernes, 13 de septiembre de 2013

¿Murió Jesucristo por la humanidad o por seres humanos particulares? El universalismo asegura que Jesús vino a morir por todos en general, despersonalizando el amor de Dios. De esta forma se pretende limpiar la parcialidad de Dios por sus elegidos, en el alegato de que Dios participa de la democracia soteriológica (de SOTER, Salvar). Efesios 1 habla en un sentido contrario a la tesis universalista, pues la elección de Dios es incondicional. De esta forma podemos deducir que el amor de Dios y la predestinación para salvación van de la mano; no puede haber amor de Dios para el hombre si no hay predestinación; y no ha podido haber predestinación sin amor.

Dios nos amó sin condición alguna; pero eso no implica arbitrariedad, simplemente que la razón de su elección descansa en Él y no en nosotros. Existe un grupo de seres humanos a quienes Dios llama conforme a Su propósito; la razón por la que nos escogió no fue porque vio menos impiedad en nosotros, o porque Él sabía que nosotros le aceptaríamos. El vio enemistad, impiedad y pecado en nuestras vidas, pero aún así nos escogió. Creímos en Jesucristo porque Dios nos había escogido para que creyéramos en el Hijo. Por eso, a los que predestinó los llamó, los justificó y los glorificó. A todo este mismo grupo dijo que había conocido, pero esto no es simple conocimiento intelectual, sino que tiene que ver con su amor y con  su comunión. Ese conocimiento previo de Dios no es la omnisciencia intelectual sino el hecho de que tuvo amor hacia sus elegidos. José no conoció a María hasta que dio a luz al niño; pero sin embargo la llevaba en el asno hacia Belén, porque de cierto la conocía intelectualmente y sabía que era su esposa.

Cuando la Biblia nos dice que Dios ha conocido solamente al pueblo de Israel de entre todos los habitantes de la tierra (Amós 3:2) no implica que no sabía quiénes eran los filisteos, o los amalecitas y el resto de los habitantes del planeta. Simplemente nos está diciendo que Dios amó especialmente a Israel como nación, no al resto de los pueblos de la tierra. Dice también la Escritura que Adán conoció a Eva y tuvo otro hijo, pero sabemos que ya la conocía desde la misma creación. Jesús dirá un día: apartaos de mí, malditos...nunca os conocí (Mateo 7:23); sin embargo, el Señor sabía que estos habían hecho milagros en su nombre, además de que los pudo distinguir del otro grupo a quien le daría la bienvenida. Entonces no se trata acá de un conocimiento que reposa en el intelecto, sino del amor de Dios para con unos y el aborrecimiento de Dios para con otros.

Abraham tuvo dos hijos, Ismael e Isaac; pero Dio escogió solamente a uno para la salvación, a Isaac. De igual forma, de los hijos de Isaac Dios escogió solamente a Jacob, pero rechazó a Esaú. Siempre ha sido así la línea de salvación, a unos escoge Dios para salvarlos pero a otros para condenarlos. En Romanos 9 Pablo aclara este asunto, bajo la inspiración del Espíritu Santo. Me gusta insistir en este tema porque muchos de los que han predicado la gracia soberana titubean en cuanto a los que Dios endurece. Ellos alegan que Esaú vendió su primogenitura por su propia cuenta y por eso demostró que él mismo se había endurecido; pero Romanos 9 dice que a quien Dios quiere endurecer endurece. Dios trabaja en forma activa en los que se pierden, de la misma forma como trabajó en Judas para que fuese hijo de perdición y se cumpliese todo lo que estaba escrito de él. Al que quiere endurecer endurece. Con esa frase el Espíritu nos indica que Dios reclama para Sí mismo todo el protagonismo en materia de salvación y condenación. Para los que todavía intentan justificar a Dios, el Espíritu les recuerda en el mismo capítulo mencionado que todo esto lo ha hecho Dios antes de que el hombre haya hecho bien o mal. Por esa razón la pregunta lógica del contestatario u objetor ha sido expuesta: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha podido resistir a su voluntad?

¿Habrá acontecido algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6). ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3: 37-38). ¿Puede el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así vosotros, ¿podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal? (Jeremías 13:23).  (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama) ... Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia...De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria...? (Romanos 9: 11-23).

Por lo tanto, Cristo no hizo posible la salvación para toda la humanidad, sino que hizo eficaz la salvación para sus elegidos, que son sus ovejas propias, los llamados amigos y también iglesia de Dios.  Le amamos a él porque él nos amó primero; lo escogemos a él porque él nos escogió a nosotros mucho antes de la fundación del mundo. La doctrina bíblica de la salvación incondicional produce seguridad en el creyente, ya que como no depende de nosotros ni de supuestos méritos nuestros, toda la gloria en nuestra salvación le pertenece a Dios con el beneficio de nuestra seguridad.

No obstante lo dicho, el llamado del evangelio sí es universal. No se nos dice que tenemos que averiguar si estamos en la lista de los elegidos, simplemente se nos pide que nos arrepintamos y creamos en el evangelio. Jesús invita a los cansados y cargados para darles reposo, pero cuando uno va a él entiende que ha sido escogido para esa salvación. Todo lo que el Padre le da a Cristo irá a él, y el que a él va no es echado fuera, no es expulsado por el Señor. Es cierto que a muchos les dirá que nunca los conoció, porque esos fueron por cuenta propia y siguieron a una imitación del Hijo de Dios; ellos se acercaron a un ídolo forjado a su propia imagen y semejanza. De allí que cobre vigencia la palabra expresada por el Señor: examinad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí, y en ellas os parece que está la vida eterna.

Fíjese bien a qué Jesús sigue usted, pues las ovejas que son propias del Buen Pastor oyen su voz y le siguen, y no se van jamás tras el extraño, de quien no conocen su voz, sino que más bien huyen de él. Jesucristo no hizo la salvación posible para la humanidad entera, simplemente hizo la salvación eficaz para su pueblo (Mateo 1:21).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 13:18
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