Jueves, 05 de septiembre de 2013

Uno de los engaños más peligrosos en materia teológica ha sido la mala copia de Dios que hizo Jacobo Arminio. Si bien no es de su única autoría, sí puede atribuírsele la sistematización de la teología del Dios de la expiación universal. Amparado en sus predecesores, escudado en las secuelas de la doctrina de Pelagio, Arminio cree y distribuye la gran mentira de la serpiente antigua del Génesis, aquella que dice que el hombre no moriría si desobedecía a Dios.

Jehová les había dicho a Adán y a Eva que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, para evitarse la muerte (Génesis 2:17), pero la serpiente mintió diciéndole a la mujer: No moriréis (Génesis 3:4). Dos proposiciones encontradas, una de advertencia y la otra de ánimo para alcanzar la independencia de Dios. Lo que Dios dijo se cumplió, pues el hombre ha sido declarado muerto en delitos y pecados (Efesios 2:1), y lo que dijo la serpiente fue una gran mentira, ya que más allá de la verdad de conocer el bien y el mal la humanidad murió espiritualmente. Pese a los miles de años transcurridos, Arminio le siguió creyendo a la serpiente antigua, pues asumió que el hombre no estaba completamente muerto (tesis de Pelagio y posteriormente de los Semipelagianos). Esta es también la tesis de Roma, que el hombre tiene libre albedrío y con su voluntad colabora en el proceso de salvación o contribuye a su propia condenación.

Es obvio que una persona que posea libre voluntad de acción no puede estar muerta, ya que los muertos no se mueven; pero esta tesis de Roma, seguida por Arminio e implantada en el seno del Protestantismo no es veraz. La Biblia asegura que no hay justo ni aún uno, que no hay quien busque a Dios, que el hombre natural no discierne las cosas del Espíritu de Dios, por lo cual necesita del nuevo nacimiento, del trasplante de un corazón sensible que le permita desear andar en los estatutos de Dios.

La Biblia ha sido clara al decir que Dios ha planificado el mundo tal como está; que quiso hacer unos vasos para honra y otros para deshonra, que tanto los unos como los otros son determinados, específicos, pues los que conoció también predestinó, y los que predestinó también justificó, y los que justificó también llamó y los que llamó también glorificó (Romanos 8). También ha dicho que antes de que Esaú hiciese bien o mal fue escogido como objeto de su ira (de su aborrecimiento), sin que se le pueda acusar de injusticia, ya que Dios es soberano y hace como quiere.

ANTROPO-TEOLOGIA

Un gran problema se ha planteado dentro de la institución eclesiástica al tratar el tema de la predestinación. La ira del hombre se pone de manifiesto frente a la ira de Dios. La razón humana alberga la protesta contra el Dios soberano que ha hecho arbitrariamente lo que ha querido, de acuerdo a la perspectiva humana. ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién ha resistido a su voluntad? Ese clamor ha viajado por los siglos hasta formar parte de la teología sistemática de los arminianos, así como de católicos romanos.

Dado que el hombre natural no puede aceptar la autoridad de Dios en todos los renglones del pensamiento, surge un paliativo teológico para aquellos que no desechan del todo la perspectiva bíblica. Ese fue el gran aporte de Jacobo Arminio, al sistematizar la protesta bajo el andamiaje de una visión teológica del planteamiento bíblico. Por eso dicen que Arminio no plagió la Biblia, sino que fabricó una nueva deidad para que la humanidad pudiese adorar a su ídolo. De la misma Escritura tomó los nombres exactos, con las mismas circunstancias ambientales, pero se alejó de todo aquello que doblegaba la cerviz humana; el Dios soberano que hace como quiere y que no tiene consejero vino a ser ahora objeto de rechazo, bajo el planteamiento de una protesta ante la visión teológica que se tenía dentro del Protestantismo incipiente del siglo XVI. Los remonstrants, como se llamó en un momento a los seguidores de Jacobo Arminio, elevaron una protesta (un remonstrant -en holandés) ante la Iglesia Protestante que constó de al menos cinco puntos.

Hubo un sínodo en Dort que estudió durante cerca de un año el planteamiento general que hicieron los protestantes de los Protestantes, el cual declaró a los que sostenían tales puntos como anti bíblicos, cargados de errores pestilentes, y los catalogó como enemigos de la fe de las iglesias belgas así como corruptores de la verdadera religión.

EL DIOS DE ARMINIO

Este dios ama a toda la humanidad por igual; envió a su hijo a morir por todos por igual.  Este dios no decretó la salvación para nadie en particular, por lo cual el Cristo arminiano no murió por nadie en particular. Más bien, esa divinidad decretó que el Cristo muriera para hacer viable y posible un camino de salvación.

El dios de los arminianos es impotente e incapaz de salvar a alguien, espera que alguien venga hacia él y que sea salvado a través de su hijo. Dentro de la perspectiva lógica del arminianismo cabe el hecho de que nadie venga y por lo tanto nadie sea salvado. Ese dios respeta tanto el libre albedrío que no salvaría a nadie por la fuerza, sino que aguarda en un espacio medio, a través del plan operativo de la gracia habilitante, que el supremo ser humano decida a favor o en contra de su proposición.

Observamos que ni el libre albedrío ni la gracia habilitante son conceptos explícitos ni implícitos de la Escritura. Son falacias traídas del humanismo secular para desvirtuar la proposición bíblica del Dios soberano. El dios de los arminianos ofrece salvación a cada pecador, pero espera a que ellos se conviertan voluntariamente. Este planteamiento es contrario a lo que enseña la Biblia, cuando señala que no hay quien busque a Dios ni quien haga lo bueno. El dios de Arminio habilita con cierto nivel de gracia al pecador, esperando que una vez habilitado éste se vuelva a él. Pero además de falaz, la gracia habilitante es contradictoria con el planteamiento inicial de los semipelagianos. Ya Pelagio y sus posteriores seguidores habían dictaminado que el hombre no había muerto espiritualmente, sino que caído mantiene vida para valerse por sí mismo de la gracia ofrecida. ¿Para qué habilitarlo si no está totalmente caído?  Sin embargo, la Biblia asegura que el hombre está muerto en sus delitos y pecados, por lo cual no puede de sí mismo ver la medicina que se le ofrece. De allí que necesita nacer de nuevo, bajo el acto operativo del Espíritu de Dios, sin que medie voluntad humana alguna (Juan 3).

En ninguna instancia Dios habilita al hombre con Su gracia para que éste decida si quiere o no quiere alcanzar la salvación ofrecida. Más bien los textos de la Biblia exponen reiteradamente que es Dios quien salva y quien condena, que los hombres han sido escogidos unos para vida eterna y otros para eterna perdición. La escogencia no se fundamentó en el bien y el mal de los seres humanos, sino en la voluntad del Elector (Romanos 9:11; Romanos 8:28-30; Efesios 1). Jesucristo es el único capacitado para cumplir con el Pacto de Salvación que el Espíritu Santo aplica solamente en aquellos por quienes Jesús murió.

EL DIOS DE LA BIBLIA

Dios es justo y está airado contra el impío todos los días (Salmo 7:11). Dios está airado con los Esaú que ha escogido como vasos de ira, desde antes de la fundación del mundo. Jesucristo entregó su vida por sus amigos, por su iglesia, por sus ovejas; no la entregó por el mundo, por el cual no rogó (Juan 17:9). Jesucristo salvó a muchos, pero no a todos; él dijo que muchos (no todos) son los llamados, pero pocos son los escogidos. Dijo que nadie puede ir a él a no ser que el Padre lo envíe hacia él; si el Padre lo envía entonces Jesús no lo echa fuera ni lo pierde de sus manos. Por lo tanto, hay que concluir que los que se pierden son aquellos que el Padre no le envió al Hijo, los mismos que nunca conoció o amó.

Este Dios de la Biblia añade a la iglesia todos los días aquellos que han de ser salvos (Hechos 2:47); además, solamente aquellos que han sido señalados para vida eterna llegan a creer (Hechos 13:48). Esta es una diferente pintura de Dios al salvar al hombre, pues Él convierte eficazmente el corazón para que pueda creer (Hechos 16:14: Ezequiel 36:26). La seguridad del creyente en el verdadero Jesús de la Biblia es tal que ninguno puede perderse, pues nadie es capaz de arrebatarlo de la mano del Padre ni de la mano del Hijo (Juan 10: 26-29). Precisamente, Jesús ha señalado que los que no creen en él no pueden creer porque no son de sus ovejas por quienes él pondría su vida (Juan 10: 26). Dios no espera que los hombres vayan a él, simplemente Él les cambia el corazón para que vayan y crean eficazmente; pero esto lo hace solamente con sus ovejas (Filipenses 2:13).

LA GRAN ADVERTENCIA

A través del Antiguo Testamento Dios advierte a su pueblo que los falsos pastores están bajo su juicio y condenación. Estos llevan el rebaño fuera del redil y les enseñan falsas doctrinas inspiradas por las mentiras de demonios para alejar al pueblo de Dios. De esta forma, sus seguidores descansan en sus propias obras de salvación. El profeta Jeremías lo advirtió de esta manera: !Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová (23:1). En el Nuevo Testamento podemos leer lo que Jesucristo dijo: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mateo 7:15). Pablo señaló lo siguiente: Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño (Hechos 20 29); Pedro también hizo pronunciación al respecto: Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina (2 Pedro 2:1).

Hay una cuantiosa referencia a este hecho, pero basten los textos mencionados para aprender que el asunto es serio. Resulta interesante que Jesucristo profetizó al respecto, diciendo: Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos (Mateo 24:11). Bueno, la historia del pueblo religioso de Israel y la historia de la iglesia brinda testimonio del cumplimiento de esta profecía. Hoy en día, el arminianismo ha infectado cerca del 80% de la feligresía protestante actual, con lo cual Roma se siente dichosa. Hay una carta enviada al rector de los jesuitas (en el siglo XVII) dándose por satisfecho de haber sembrado la droga del arminianismo en medio del Protestantismo. El ha dicho que se ha extendido vertiginosamente y que ha alcanzado el éxito esperado. A la muerte del arzobispo de Canterbury, el señor William Laud, de la iglesia anglicana, se descubrió una carta que llevaba su firma en 1628. Este arzobispo fue un fervoroso arminiano que se había dedicado a restaurar muchos rasgos del culto católico romano en los utensilios y altares que imponía de nuevo en las iglesias inglesas. Los fieles debían doblar sus rodillas delante del sacramento, como uno de tantos ejemplos del ritualismo católico llevado a las iglesias protestantes. ¨Las iglesias estaban adornadas con pinturas, imágenes, piezas de altar, etc., y, en lugar de mesas de comunión, se erigían altares y se prescribían reverencias y elementos sacramentales. Las doctrinas asociadas con la predestinación estaban prohibidas, no solo de ser predicadas, sino de ser impresas;  y el sentido arminiano de los Artículos fue estimulado y propagado¨. (Véase www. Toplady. El Arminianismo: El camino a Roma).

Un extracto de esta carta dice lo siguiente: Padre Rector, no deje que el desaliento de la sorpresa cautive su ardiente y celosa alma por la súbita e inesperada sesión del Parlamento. Tenemos ahora muchas cuerdas para nuestro arco. HEMOS IMPLANTADO ESA DROGA ARMINIANA, la cual esperamos PURGUE a los protestantes de su herejía; y esto florece y lleva fruto a su tiempo. Para una mejor prevención del PELIGRO DE LOS PURITANOS, los arminianos ya han cerrado los oídos del duque de Buckingham, y tenemos a los de nuestra religión, que se mantienen continuamente en la cámara del duque, para ver quién entra y sale; no podemos ser demasiado circunspectos y precavidos en cuanto a esto. En este momento estoy transportado de alegría, al ver como felizmente todos los instrumentos y  los medios, sean grandes como pequeños, cooperan en nuestros  propósitos. Pero para volver al principal punto: NUESTRO FUNDAMENTO ES EL ARMINIANISMO…”  (Idem).

En síntesis, el arminianismo no es más que la réplica protestante del pelagianismo y semipelagianismo instaurado por Roma. Su gran logro es hacer una mala copia de Dios, un ídolo al cual adorar de acuerdo a los parámetros de las diversas doctrinas de demonios. No obstante, su éxito se debe a que a muchos les cuesta trabajo desprenderse de la comodidad que implica el seguir las costumbres de sus iglesias adoctrinadas con tan pervertida enseñanza. Mas esto es parte de lo que también fue profetizado para nuestros tiempos, que vendría un poder engañoso para que los que no quisieron recibir el amor de la verdad crean en la mentira (2 Tesalonicenses 2:11).

La última advertencia la ha hecho el Señor a su pueblo: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas (Apocalipsis 18:4). Las malas copias de Dios pueden engañar a muchos, pero no salvan a ninguno. El examen minucioso de las Escrituras es una tarea que cada quien que se dice creyente ha de hacer, pues eso no es tarea exclusiva de una élite cristiana; al contrario, todos hemos sido llamados a examinarlas, pues en ellas nos parece que está la vida eterna. La gran consecuencia histórica del darse cuenta del engaño es el afrontar la soledad de la manada pequeña, pero bien lo vale por el reino de los cielos.

César Paredes

[email protected]

destino.blogcindario.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 19:53
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios