Jueves, 29 de agosto de 2013

Tal vez millones de personas imaginan y sostienen que el evangelio es una religión más, una perspectiva espiritual humana, semejante a tantas otras que existen en el planeta. Alguien una vez quiso poner límites a esta comparación y dijo que la religión es la búsqueda del hombre a Dios, mientras que en el evangelio es Dios quien busca al hombre. A lo mejor esta definición suena bien, pero urge aclarar a quiénes busca Dios.

Jesucristo crucificado es el centro del evangelio (1 Corintios 2:2), razón por la cual Pablo se propuso no saber más nada sino esta verdad. El entusiasmo del apóstol radica en que la justicia de Dios se revela en el evangelio (Romanos 1:17), y cualquiera que ignore esta justicia está perdido (Romanos 10:1-3). Las palabras de Jesús al respecto son muy enfáticas: Después de enviar a sus discípulos a predicar el evangelio, agregó: El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado (Marcos 16:16).

De manera que si en el evangelio se revela la justicia de Dios, y si no creerlo implica condenación, se hace necesario conocer qué es esa justicia. Dios es justo y justifica al que es de la fe de Jesucristo (Romanos 3:26); pues Dios es también un Salvador (Isaías 45:21). Si todos hemos pecado y en consecuencia hemos estado destituidos de la gloria de Dios, la redención en Cristo Jesús ha hecho posible que algunos seamos justificados gratuitamente por su gracia. Cristo fue puesto como la propiciación, como nuestra pascua, ya que pasó por alto los pecados pasados de muchos (Romanos 3:22-26 y 1 Corintios 5:7).

En la muerte de Jesucristo se ha imputado todo el pecado del pueblo de Dios, por lo cual sabemos que él pagó nuestro castigo. Su trabajo salvífico en la cruz fue concluido, consumado (Juan 19:30). Esa es la buena noticia (evangelio) para las ovejas, los amigos, la novia del Cordero, los elegidos; no habrá ni un solo pecador a quien Cristo haya representado en la cruz que perezca eternamente en el infierno de fuego.

A esta proclamación el mundo la llama locura porque no la puede discernir en su naturaleza; si al pueblo de Dios no le hubieran dado un corazón de carne para que entendiera los estatutos y amara la palabra divina, entonces seríamos semejantes a Sodoma o a Gomorra. La diferencia entre unos y otros la ha hecho el Señor, de acuerdo al propósito eterno e inmutable de Dios, quien ha querido engrandecer su gloria en los que se salvan y también en los que se pierden. Unos han sido creados para la alabanza de su amor y perdón, mientras otros están puestos para la alabanza de su ira y su poder (Romanos 9). Lo interesante en todo esto es que Dios ama su propia gloria y ha declarado que no la compartirá con nadie (Isaías 42:8), por lo cual, cualquiera que quiera jactarse de poder contribuir un poco con el proceso de salvación es llamado anatema (maldito), por cuanto contradice el evangelio y anuncia uno diferente. De la misma manera, nadie se condena a sí mismo sino que ha sido condenado por no creer el evangelio de Jesucristo y esto ha sido posible porque Dios así lo dispuso desde los siglos (Romanos 9). Poco importa que el hombre reclame a Dios y le diga ¿por qué, pues, inculpa?, pues ¿quién puede resistir a su voluntad? La humanidad entera está en las manos del Alfarero y aunque participa de igual masa Dios hace vasos de honra y también de deshonra. Al disputador de este siglo le dice ¿quién eres tú para que alterques con Dios?

RELIGIONES EN NOMBRE DEL CRISTIANISMO

Hay muchas religiones que venidas en nombre del cristianismo han promovido un evangelio diferente. Uno que no revela la justicia de Dios solamente sino la del hombre; este es el evangelio del libre albedrío, de la elección soberana del hombre, del poder humano para resistir la gracia salvadora, el evangelio que promueve la perseverancia humana como una cualidad inherente a la humanidad para la salvación final. Para que esto les sea lógico han declarado como su axioma el que la humanidad entera no está totalmente depravada, sino que guarda un lazo o nexo con el Creador y en base a esa semejanza e imagen mantiene la posibilidad de decisión. Pero justo es reconocer que ni siquiera Adán como hombre sin pecado en el huerto tuvo tal libre albedrío, pues Dios no pudo darse el lujo de que no hubiera pecado. La Escritura dice que el Cordero de Dios ya había sido preparado desde antes de la fundación del mundo (incluso inmolado), de manera que era forzoso que Adán pecara.

Mal puede un hombre muerto en delitos y pecados (como parte de su condena en la sentencia del Génesis: el día que de él comieres ciertamente moriréis) mostrar vida para acercarse a Dios. Lo primero que hicieron los padres federarles humanos fue esconderse de Dios porque tenían vergüenza; la Biblia declara que por esta razón no hay quien busque a Dios y no hay justo ni siquiera uno. Los Pelagianos, Semipelagianos y Arminianos han moldeado un Cristo diferente, asequible a todos y tolerante del sinergismo salvífico, al proponer que el hombre ayuda con su libre albedrío a tomar la decisión de seguir o rechazar a Jesucristo. Ellos han llegado a declarar que Jesús hizo su parte, pero que ahora le toca al hombre hacer la suya, de manera que el proceso de salvación es compartido (sinergísticamente) entre la divinidad y la humanidad.

Con este otro evangelio la diferencia entre estar salvado o perdido no radica en lo que Cristo hizo sino en lo que el pecador hace. Al parecer Cristo hizo lo mismo por los que están en el infierno que por los que están en el cielo, por lo cual la diferencia la pone el hombre. Este evangelio diferente contraviene las Escrituras que han señalado una y otra vez que Jesucristo hablaba en parábolas, pues no quería que algunos entendieran y creyeran y fueran salvos. También dice la Biblia que Jesús no rogó por el mundo sino solamente por los escogidos del Padre; que afirmó que ponía su vida solamente por las ovejas -no por las cabras-, que le dijo a un grupo de judíos que no podían creer en él porque no eran de sus ovejas. En los evangelios se recoge suficiente información para comprender el trabajo específico de Jesús el Cristo: nadie puede ir a él a menos que el Padre lo lleve hacia él y ciertamente el Padre no lleva a todos. A los que el Padre lleva Jesucristo no los echa fuera, los protege con sus manos y nadie puede arrebatárselos de ellas ni de las manos del Padre; por lo tanto, los que yacen perdidos en eterna condenación jamás han sido llevados por el Padre al Hijo.

A muchos les parece esta palabra dura de oír y huyen de ella; otros se quedan alrededor tratando de tergiversarla para hacerla más tolerable, pero de igual modo lo hacen para su propia perdición. El evangelio diferente no salva, sino que acarrea maldición. Confrontar la palabra de Dios en un solo punto presupone torcer las Escrituras y desconocer que Cristo es la justicia de Dios, la pascua de su pueblo escogido antes de que hiciesen bien o mal (Romanos 9), de acuerdo al beneplácito del Padre. Muchos deben reflexionar acerca de qué evangelio han creído, pues ejemplo hay de los judíos que eran celosos de Dios, pero su fe no estaba fundamentada en el conocimiento (Romanos 10:1-3).

EL FALSO EVANGELIO CONDICIONADO EN EL PECADOR

Si la Escritura declara que el pecador está muerto espiritualmente, no puede el ser humano bajo ninguna medida actuar de sí mismo y disponer de su destino. Pero el falso evangelio sigue avanzando en medio de innumerables iglesias (congregaciones que conviene nombrar como sinagogas de Satanás, como lo hace el libro Apocalipsis). Ellos hablan de una depravación parcial, como si el pecador no estuviera totalmente muerto en el espíritu de acuerdo a la declaración del Génesis. Pero esta estratagema les ha servido para vender su fantasía del libre albedrío. Agregan a este mal otro mayor, que la elección que ha hecho Dios la hizo en forma condicional. Es decir, Dios vio desde antes quiénes irían a creer y quiénes no, como si necesitase averiguar el destino. Dios todo lo conoce porque es perfecto y no llega a conocer más; por otro lado, si Dios vio el futuro lo único que pudo ver fue la realidad: que el hombre estaba muerto en delitos y pecados, por lo tanto ninguno de esos muertos tenía ni voluntad ni conocimiento para elegirlo a Él. La mentira del falso evangelio continúa con el argumento tan fantástico como demagógico de una expiación universal: Jesucristo murió por los pecados de todo el mundo, pero no todo el mundo le acepta. Él respeta tanto la fantasía del libre albedrío que no insiste contra la voluntad humana. Pero vemos que a Lázaro, que estuvo muerto, tuvo que ordenarle: sal fuera. Recordemos una vez más lo que le dijo el ángel a José respecto al nombre del niño: le pondrás por nombre Jesús, pues él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Dado el libre albedrío, el falso evangelio propaga la idea de que la gracia de Dios es resistible por el hombre natural. Pero de nuevo acá es bueno recordar lo que dice el objetor levantado en Romanos 9: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién puede resistir a su voluntad? El mismo objetor reconoce que nadie puede resistir a la voluntad de Dios, pero el falso evangelio no está de acuerdo ni con él ni con la proposición del Espíritu Santo, quien es quien inspira el escrito donde aparece el objetor.  Jesucristo dijo lo siguiente, que sus ovejas oirían su voz y le seguirían porque él las conocía (Juan 10:27), no habló de que se resistirían a su llamado.  La guinda de la torta del falso evangelio es que aún la perseverancia final de los santos depende de nosotros mismos, de nuestra fuerza interior, de nuestra voluntad y ánimo. Esto es lógico suponerlo bajo el axioma de que la salvación se alcanza en virtud del libre albedrío, pues si depende de nosotros el principio depende también el final. Pero la Escritura ha dicho que quien comenzó en nosotros (las ovejas propias del Pastor) la buena obra la terminará al final.

Romanos 8:28-30 declara que los mismos que son amados (conocidos) por el Padre son los que son glorificados por Él. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. El verdadero evangelio es muy claro, pero solamente para las ovejas propias del Buen Pastor; las que no son propias oyen la voz del extraño (del falso pastor y del falso evangelio) y se van tras él porque conocen la voz rara. Sin embargo, cabe la posibilidad de que alguien milite entre los extraños y jamás haya oído la voz del Buen Pastor. Si la llegaren a oír, el llamado del mismo Jesús es a salir de en medio de la sinagoga de Satanás (Babilonia) y a huir de sus plagas y condenación.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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