Domingo, 11 de agosto de 2013

La expiación es la remoción de la culpa a través de un tercero. El chivo expiatorio del Antiguo Testamento representaba a Jesús cargando con los pecados de su pueblo. Contraria y heréticamente, los adventistas vienen enseñando que aquel chivo representaba a Satanás quien cargaría el pecado de la humanidad. Esta blasfemia es aberrante, pues quita el propósito de la muerte de Jesús si es que el diablo cargó con nuestras culpas. ¿Pero qué dice la Escritura respecto al chivo expiatorio?

En Levítico 16:8-10 se menciona la suerte que corrían los dos machos cabríos, uno en relación con Jehová, el cual tenía que ser sacrificado en el altar para expiación del pecado del pueblo, al otro macho cabrío se le colocaba las dos manos del sacerdote, quien confesaría sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza cabro, para enviarlo al desierto por mano de un hombre destinado para esto (Levítico 16:21). Ese macho cabrío llevaría sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada, por el desierto.

De esta forma, el pecado no solamente era expiado (con el macho cuya suerte caía sobre Jehová) sino que era olvidado (en este segundo macho cabrío enviado al desierto, a tierra inhabitada). Este hecho se corresponde con lo declarado por Dios mismo respecto a nuestros pecados perdonados: Y NUNCA MAS ME ACORDARE DE SUS PECADOS E INIQUIDADES (Hebreos 10:17); Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades y echará a lo profundo del mar todos nuestros pecados (Miqueas 7:19).

AZAZEL

El gran problema que se han hecho algunos en su mente se basa en el significado del nombre Azazel, nombre por quien echaban suertes a uno de los dos machos cabríos. Hay quienes han creído que se refiere a un demonio al cual se enviaba el chivo inocente que alejaba la culpa de Israel; para ello se basan hermenéuticamente diciendo que Satanás era el responsable del pecado y que a él debía ir toda transgresión cometida por el pueblo de Dios. Si esto fuese cierto, entonces Satanás cargó con parte de nuestra culpa; por un lado el chivo sacrificado en la suerte de Jehová expiaba el pecado del pueblo de Dios, pero por otra parte el chivo emisario enviado a Azazel (supuesto representante de Satanás) alejaba la transgresión del pueblo de Dios.  Nada más alejado de la realidad teológica, pues dentro de las interpretaciones del nombre Azazel también cabe el significado de una región en el desierto.

Cierto es que algunas culturas paganas identificaban con un chivo al demonio, como lo constituye el ejemplo de los sátiros, pero también la serpiente vino a ser un símbolo satánico y el león rugiente una ejemplificación de Satanás buscando a quien devorar. Pero Dios mismo en su soberanía escoge para Sí mismo tales símbolos también, pues la serpiente de bronce levantada en el desierto simbolizaba a Jesucristo, así como también él ha sido llamado el león de la tribu de Judá. De igual forma, un chivo inocente (macho cabrío inocente) vino a expiar el pecado de su pueblo, por lo cual Jesús también toma para sí mismo ese emblema del cabrito. Dependiendo de los contextos en que aparecen esos nombres se liga con una u otra acepción. Por lo tanto, la interpretación de que el chivo expiatorio era enviado a Satanás es pura conjetura, por cuanto la Biblia señala que ese animal inocente alejaba las transgresiones de Israel, mientras que el diablo, quien es el acusador de los hermanos, no tiene ninguna relación con alejar dichas transgresiones del pueblo de Dios.  Asimismo, nuestros errores (pecados) han sido arrojados por Dios hacia el fondo del mar para nunca más acordarse de ellos.  El mar no es Satanás ni el hecho de que Dios no recuerde nuestros pecados constituye un problema de su mala memoria.

EL EJEMPLO

Este evento del Antiguo Testamento era una enseñanza de purificación para el pueblo de Israel, la cual era una sombra de lo que habría de venir y que se ha cumplido satisfactoriamente en Cristo. El propio Juan el Bautista (el último de los profetas que precedió al Mesías) declaró a Jesucristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Por lo tanto, los dos machos cabríos ilustran dos aspectos de la obra de la cruz. Conviene tener en cuenta el criterio del significado del vocablo mundo en la Biblia; en muchas ocasiones, como la señalada por el Bautista, hace referencia a los elegidos de Dios. De la misma manera, cuando el Sumo Sacerdote ejercía sus funciones con los machos cabríos la referencia a la limpieza de los pecados se restringía al pueblo de Israel, dentro del cual Dios se había dejado un remanente, pues no todo Israel es el Israel de Dios, como lo afirmara Pablo.

Una vez que el Sumo Sacerdote rociaba la sangre de uno de los machos cabríos sobre el propiciatorio (la lámina de oro que cubría como tapa el Arca y ocultaba las tablas de la ley que nos acusaba), los pecados de la nación quedaban cubiertos. Inmediatamente después, el mismo Sumo Sacerdote tomaba al macho cabrío vivo (el chivo expiatorio) colocando sus manos sobre su cabeza y confesaba los pecados del pueblo, haciendo una transferencia simbólica de la culpa del pueblo sobre el animal inocente. Esta cabra era enviada al desierto (Azazel) y nunca más era vista, lo cual ilustraba la remoción de los pecados de la nación (Salmo 103:12): Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Recordemos que en hebreo el nombre Azazel denota una montaña cerca del Sinaí, donde esta cabra era enviada en el ritual.

A pesar de estos ritos, el pecado nunca era quitado en forma absoluta, pues tenían que repetirse cada año. Sin embargo, ilustraban lo que Jesucristo haría al morir de una vez por siempre por los pecados de su pueblo (Mateo 1:21). Los israelitas que eran creyentes en este símbolo de los machos cabríos como el Cordero Mesías que habría de venir eran salvos (por fe). Cuando Jesucristo entró en el santuario celestial para presentarse por nosotros ante Dios, una vez y para siempre, por el sacrificio de sí mismo, quitó de en medio el pecado, para llevar los pecados de muchos (Hebreos 9: 28).

LA EXPIACION

La expiación es la remoción de la culpa o pecado a través de un sacrificio. Para los judíos, expiar proviene del vocablo kipper, que significa borrar la raíz de la culpa. El vocablo toma una forma griega dentro del cristianismo y ésta es hilasterion (aquello que propicia o expía). El trabajo de Jesucristo en la cruz fue consumado en obra y en palabra, de manera que no quedó más nada por hacer. Solamente le toca al Señor añadir a su iglesia cada día los que hayan de ser salvos. Este trabajo es denominado monergístico, porque es obra de una sola persona, nunca de dos. La expiación la hizo Jesucristo, una vez y para siempre, sin que se necesite ninguna otra ofrenda por el pecado.

Decimos que la expiación es limitada en el número de sus beneficiarios, por cuanto Dios desde los siglos se preparó un pueblo para Sí mismo y dejó de lado a otro pueblo, al cual endureció para que fuesen el objeto de la gloria de su ira, justicia y poder (Romanos 9). Sin embargo, a pesar de que llamamos limitada a la expiación, ésta es suficiente para cubrir todos los pecados del pueblo escogido por Dios. No existe ni siquiera un pecado que no haya sido alcanzado por la sangre de Jesucristo, pero solo en los creyentes. De manera que resulta imposible que un creyente (presente o futuro) sea capaz de cometer el pecado imperdonable (la blasfemia contra el Espíritu Santo).

Asimismo, es necesario tener en cuenta lo que declaró el Buen Pastor, según se recoge en Juan 10:1-5, referente a sus ovejas que le son propias: éstas oyen su voz y le siguen, mas en cambio se alejan del extraño, pues no le conocen su voz. Es muy necesario pensar en esto, ya que hoy día son muchas las falsas doctrinas que merodean el universo denominado cristiano, y son muchos los falsos profetas y los falsos creyentes que se congregan en lo que ellos mismos llaman iglesias, pero que en la Biblia es declarado como las sinagogas de Satanás.

El Jesús de la expiación ilimitada, universal, es un dios extraño. Los que lo siguen no son las ovejas propias del Buen Pastor. Hay muchos que juegan a cambios doctrinales porque no les gusta la palabra que les parece dura de oír.

Algunos han llegado a negar el infierno de fuego porque les parecer terrible el castigo; pero la verdad es que Jesucristo habló de él más que todos los escritores y profetas bíblicos. El dijo que allí no moría el gusano ni el fuego se apagaba; muchos sospechan que es una referencia a la Gehenna del pueblo de Israel, pero resulta que la Gehenna es apenas un símbolo de lo que Jesús quiso representar. Si el ser humano va a resucitar (primero los de vida eterna y después los de muerte eterna), quiere decir que todos van a tener un cuerpo transformado, por lo cual poseyendo un cuerpo transformado en una dimensión espiritual la persona podrá sufrir el castigo eterno sin consumirse. En el ejemplo del rico y Lázaro queda exhibido el hecho de que después de la muerte existe un castigo para los que actuaron en contra del mandato de Dios.

Otros aseguran que el cielo no existe porque nadie ascendió allí, basándose en una declaración bíblica que separan del contexto: Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies (Hechos 2:34-35). Sabemos que aunque David no ascendió al cielo para que el Dios Padre le revelara como profeta lo que le fue revelado, pudo ver claramente por medio del Espíritu Santo lo que le reveló, por lo cual profetizó hablando del Mesías y no de sí mismo (Salmo 110:1). Pedro está señalando que muy a pesar de la importancia de David como rey, profeta y patriarca no hablaba de sí mismo, sino del Señor. Es por esa razón que dijo que David no subió a los cielos como para recibir tal declaración enunciada en uno de sus salmos, sino que le fue revelado por el Espíritu Santo por cuanto era profeta.

Un texto encontrado en Juan 3:13 ha sido usado para indicar que nadie puede ir al cielo, o que Jesús era un hombre común que fue tomado por Dios para que ascendiera a los predios celestiales y aprendiera la doctrina que enseñaría en la tierra una vez descendido. Esto último fue ampliamente usado por los Socinianos -quienes se oponen a la doctrina de la Trinidad. De esta manera se alegaba en contra de la pre-existencia de Jesucristo, diciéndose que fue tomado al cielo para recibir las instrucciones del Padre. Sin embargo, el sentido manifiesto de Juan 3:13 es que el perfecto conocimiento de Dios no se obtiene por ningún hombre que haya ascendido al cielo para obtenerlo (como si fuera posible), sino que Aquél cuya habitación es el cielo mismo, por su eterna naturaleza celestial, se encarnó (haciéndose terrestre) y descendió como el Hijo de Dios para darnos a conocer al Padre. Por eso está escrito en el mismo evangelio de Juan: A Dios nadie le vio jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró (Juan 1:18); por esa razón David pudo escribir Dijo el Señor a mi Señor.

Resulta fácil probar los espíritus, para ver si son de Dios. Aquellos que se van tras la voz del extraño no son las ovejas propias del pastor; en cambio, los que oyen su voz y le siguen son sus ovejas propias, a las cuales él ha llamado.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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