Domingo, 04 de agosto de 2013

¿Cómo sabe Dios; hay conocimiento en el Altísimo? Esta interrogante es de siglos, y aparece escrita en la Biblia como expresión de los incrédulos. Hoy día, los que se llaman a sí mismos creyentes, plantean la misma interrogante. Una gran parte de los feligreses declaran que Dios conoce en base a que descubre (adivina) el futuro en la mente de sus criaturas. Otros argumentan que su conocimiento se basa en proyecciones que hace gracias a los datos del presente. Muy pocos coinciden con las Escrituras en que Dios conoce porque hace el futuro. Él anuncia el porvenir desde el principio, decreta lo que acontece en cada momento de acuerdo a sus planes eternos e inmutables. ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?  (Lamentaciones 3:37)

El teísmo abierto asegura que el futuro es incierto y que pueden haber tantos futuros como posibilidades se abran en torno al mañana. Sus seguidores respetan el libre albedrío humano y por esa razón el futuro es incierto aún para el Todopoderoso. Al mismo tiempo, quienes así afirman, detestan la doctrina de la predestinación presentada en la Biblia, ya que eso sería asumir un determinismo absoluto que dejaría por fuera al ambivalente futuro. Como no es posible erradicar el término predestinación de la Biblia, lo interpretan y le dan la semántica que más se acomode a su asunción filosófica. Dios predestina en base a lo que el hombre va a hacer. Esa declaración es ilógica, pues jamás podría llamarse predestinación a la adivinación de lo que el hombre hará en el futuro.

Los teólogos del libre albedrío asumen que en algunos aspectos el futuro es conocible, pero no en otros. El futuro es conocible en la medida en que Dios saca conclusiones a partir de los factores que existen; Él conoce el contenido de sus futuras acciones siempre y cuando no toque la esfera de las elecciones humanas. Por ello Dios no conoce el contenido de las libres decisiones humanas, ya que ellas ocurrirán de acuerdo a la libertad del hombre; y siendo éste cambiante, no hay certeza ni para él mismo.

Según este criterio del respeto al libre acto humano, Judas pudo cambiar de opinión y no entregar a Jesús, por lo cual aún pudo haber incertidumbre en esa futura acción. Pero otra variante de esta asunción teísta señala que existe un acto voluntario de desconocimiento en Dios. En otros términos, Dios decidió no conocer el futuro de las acciones humanas.

EL DILEMA DE LA RESPONSABILIDAD DE DIOS

1) Si como algunos han declarado, que cuando Dios conoce el futuro lo hace en base a que descubre lo que nosotros hemos de hacer, se puede afirmar que Dios lo conoce aunque no lo haya planificado. Esto no lo deja exento de responsabilidad en cuanto a nuestras acciones malvadas. Por el solo hecho de conocerlas y no evitarlas se hace copartícipe en lo que decidimos hacer. Un hombre piensa asesinar a su madre, pero Dios lo conoce y lo deja actuar en respeto al libre albedrío humano.

2) Supongamos que Dios no conoce el futuro sino cuando ocurre; entonces no sabe nada acerca de la intención que tiene el sujeto de matar a su mamá. Queda parcialmente exculpado por ignorante, pero deja mucho que desear como Omnisciente.

3) Pero si Dios no conoce nuestras decisiones tampoco conoce cómo responderemos a ellas cuando ocurran; esto implicaría un gran caos en las relaciones interhumanas y no habría posibilidad cierta de sobrevivencia.

4) Por otro lado, si Dios desconoce el futuro estará siempre aprendiendo algo nuevo y no sería un Dios perfecto. Cargado de vergüenza, Dios se sorprendería con el acontecer protagonizado por sus criaturas, como un extraño Dios creador a la imagen y semejanza de sus criaturas, sin poder predecir lo que vendrá.

5) Lo que es peor aún, desde la eternidad tuvo que verse restringido porque lo que iba a crear todavía no le era cierto. Su única distracción sería ganar la lotería (de la adivinación), pues aquello que adivina que va a suceder estaría siempre sujeto a posible cambio, según fuere el designio diario en la mente cambiante de la criatura. Si acierta gana, como cuando los humanos apuestan al caballo ganador. Dicen los seguidores de semejante teología que esta es la única forma en que Él no se vea aburrido, pues un Dios que conoce el futuro desde la eternidad estaría imbuido en el tedio como un hombre que conociera anticipadamente lo que le vendría.

6) La tesis bíblica afirma que Dios conoce el futuro porque lo planifica. Al detalle preparó la muerte de Su Hijo y escogió a Judas como el hijo de perdición, de manera que todo tuvo que cumplirse con precisión. ¿Quién lo puede inculpar? ¿Quién puede altercar con Él y salir vencedor? Judas fue responsable de sus actos, nunca culpó a Dios por lo que hizo, sino que más bien se suicidó abrumado por la injusticia cometida.

El teísmo abierto arrebata la majestad divina que señala a un Dios desconocedor del futuro, o mejor aún, que es portador de un futuro incierto. El pecado sería para el teísmo abierto un evento posible pero no probable, ya que en realidad Dios tomó el riesgo de crear al hombre y de planificar a Jesucristo como el Cordero de la expiación, evento que pudo muy bien no haber ocurrido en la historia. La ironía radica en que aún siendo Dios soberano decidió no controlar cada evento humano, y muchas cosas acontecen a pesar de que Él no quiere que acontezcan, viéndose en la obligación de luchar contra el mal (según el dualismo), a través de un combate programado para perder sucesivas batallas, pero obtener la victoria final de último momento. El teísmo abierto va de la mano con el dualismo -la tesis de una divinidad que lucha contra una fuerza semejante a ella para garantizar el triunfo final del bien, todo ello en pro del respeto del libre albedrío de la raza humana.

Esto equivale a decir lo que afirmó Luis de Molina con aquello del justo medio, de la gracia habilitante. Dios habilita a sus criaturas y toma el riesgo de que le digan que no, una vez que dentro de ese espacio neutro o término medio se aventura a no controlar a cada uno ni a cada evento, permitiendo que sucedan cosas contrarias a lo que Él intenta hacer y cohibiéndose en aquello que desea que suceda.

El libre albedrío es el muñeco de paja que jamás se abandona, como el gran tesoro conquistado en Edén, como si Adán hubiera dicho: con mi libre albedrío no te metas. Pero eso no es cierto ni en lo más mínimo. El hombre nunca dejó de ser libre de Dios como Creador soberano, sino que antes fue conminado a hacer lo que Dios quiso que hiciera. Adán hizo exactamente lo que Dios se dispuso desde los siglos, de otra forma ¿cómo pudo el Hijo de Dios haber estado preparado para nuestra redención desde antes de la fundación del mundo, si Adán no hubiese tenido que pecar?

CREDO UT INTELLIGAM (la razón se inclina ante la revelación: CREO PARA PODER ENTENDER)

Los que buscan justificar a Dios porque ha predestinado a mucha gente como vasos de ira para destrucción eterna, enarbolan una razón humanitaria frente a la revelación bíblica. No es justo, dicen, que una persona antes de hacer bien o mal sea marcada para un destino eterno que no pudo elegir. Por eso el adagio propio de Agustín, credo ut intelligam, pues antes que buscar acomodo intelectual a la teología debemos valorar lo que realmente ha sido revelado.

Pero la obstinación es asombrosa, ya que se ha llegado a reformular el propósito de la expiación de Jesucristo. Dado que para los que tuercen las Escrituras en esta materia el sacrificio de Cristo se hizo por toda la humanidad, en realidad el Cristo no pagó ningún castigo por nadie. Esto lo deducen del hecho de que a pesar de que Jesús murió por todos (según su otro evangelio) no todos se salvan.

En tal sentido hablan de que las Escrituras jamás han establecido que Jesús fue castigado por nosotros o que pagó nuestra pena. Sin embargo, Jesucristo no solamente sufrió por nosotros, sino que propició nuestros pecados:  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados (Romanos 3:24-25). La palabra propiciación significa: sacrificio, el cual se ofrecía en la ley antigua para aplacar la justicia divina y tener a Dios propicio (a favor).

Son muchos los textos de la Escritura que la mencionan: Señor, sé propicio a mí pecador, le dijo un hombre a Jesús. Existía el propiciatorio, la lámina de oro que servía como tapa del arca de la alianza. En el hebreo se denominaba kappôreth, que quiere decir la cubierta, el asiento sagrado, y precisamente su posición en el arca de la alianza cumplía la función de cubrir o tapar el libro de la ley que nos acusaba a la conciencia. Sobre esa lámina de oro se rociaba la sangre de las víctimas ofrecidas por el sacerdote en favor del pecado del oferente. De esa forma Dios aplacaba su ira por el pecado y el pecado era expiado, todo ello como una clara sombra de lo que habría de venir, la propiciación perfecta y eterna del Cordero de Dios en favor de su pueblo (Mateo 1:21).

Algunos han ido tan lejos en su racionalismo superpuesto a la revelación que han llegado a elaborar hipótesis demasiado disparatadas. Dicen que el trabajo de Cristo fue un sacrificio de obediencia y adoración en el que nosotros podemos participar vicariamente a través de la fe. A través de ese trabajo, el Dios agraviado llega a tener confianza y fe en nosotros y se compromete en tener fe en nosotros de nuevo (tal vez la primera confianza la tuvo en el huerto del Edén). Por esa fe en el trabajo de Cristo y por la confianza que Dios deposita en nosotros, compartimos en el sufrimiento por el pecado y en la obediencia de Cristo.

Como vemos, ya no solo es un problema de libre albedrío sino de la confianza que Dios deposita en nosotros. Una humanidad muerta en delitos y pecados, que no busca a Dios, que no tiene ningún justo, viene a ser la depositaria de la confianza de Dios en virtud de nuestra fe. Esto es otro evangelio, demasiado antropocéntrico y muy diferente del anunciado por los apóstoles.

Si negáremos el sacrificio sustitutivo de Jesucristo estaríamos perdidos. Pero a estos tipos de razonamientos contra la revelación lleva la asunción de la expiación ilimitada del Cordero de Dios. Sabemos que Jesucristo fue preparado desde antes de la fundación del mundo para ser la propiciación por el pecado de su iglesia, no solamente judía sino gentil (que es lo que significa la expresión de Juan: por los pecados de todo el mundo). Jesús rogó por los que el Padre le había dado, pero no rogó por el mundo, por lo cual entendemos que su expiación no fue ilimitada, pues de serlo habría incluido al mundo y hubiera orado por él.

LA CONTRADICCION

El hombre está caído y corrompido en su naturaleza, por lo tanto no tiene ayuda moral propia. Sin embargo, el hombre es igualmente redimido y viene a ser el recipiente de la gracia habilitante (ayudadora) de Jesucristo. Dios lo ha investido de una capacidad moral para responder a su llamado, por lo cual está habilitado para dar una respuesta positiva, siempre que quiera, al llamado de salvación. Este poder es general a toda la humanidad, de manera que la salvación es un privilegio de cada ser humano, más allá de su manifestación religiosa. El hombre ya ha sido redimido con capacidad y con aprobación moral, solo resta en él la voluntad de querer andar con Dios. Este planteamiento es sustentado en palabras semejantes por los grandes predicadores del siglo XX (y lo que va del XXI) como Billy Graham, el célebre emblema del evangelismo. Dios ve los corazones de los hombres y salva más allá de que conozcan a Jesucristo, dentro de cualquier religión e incluso dentro del ateísmo.

La razón de este galimatías teológico radica en que Dios es bueno y la criatura una víctima de Satanás (dualismo puro), y, por supuesto, se conjuga en consecuencia la anulación de la doctrina del infierno, como el mismo Billy Graham y compañía han asumido públicamente.

Si alguien quisiera estudiar las herejías modernas y las que son propias de la era de la post-reforma, tendría simplemente que referirse a una sola como la madre de todas: el libre albedrío humano. De esa matriz salen los monstruos teológicos con sus argumentos ilógicos, anti bíblicos, sin sustento Escritural alguno. El libre albedrío humano es el canto más notorio en contra de la soberanía de Dios. Los dos conceptos son excluyentes y uno existe porque el otro no es. Pretender conciliarlos es como quitar las manchas del leopardo o como cambiar la piel del etíope. Una cosa es que el hombre sea responsable ante el decreto de Dios, otra es que pueda cumplir con su responsabilidad. Presumir que se ha de ser libre para cumplir con el mandato no tiene asidero lógico dentro de la teología bíblica. Incluso en nuestro terrenal mundo, en materia netamente física (no metafísica), un niño nace arrastrando a cuestas una deuda pública del Estado al que pertenece, sin tener ni la posibilidad de pago y sin tampoco haberla asumido voluntariamente. Sin embargo, niño o adulto, su deber es cargar con ese fardo hasta que el Estado quede solvente. Vemos que el soñado libre albedrío no influye para nada en la responsabilidad de pago.

GRAN FALACIA: EL ESPIRITU SANTO

El Espíritu Santo ha sido una promesa para la iglesia de Cristo. Su labor es la de consolar y la de recordarnos las palabras enseñadas por Jesús. Además, Él nos ayuda en nuestras oraciones, ya que interpreta la mente del Señor y permite que pidamos como conviene. Por otro lado, tiene la función de llevarnos a toda verdad, se contrista en medio nuestro cuando cometemos errores, se apaga en nosotros cuando nos apartamos de la verdad. Pero el Espíritu Santo es también la garantía de que somos hijos, de que pertenecemos a Jesucristo. Asimismo, Él es el vicario de Cristo en nosotros, y quien opera el nuevo nacimiento en los elegidos de Dios.

La gran falacia levantada en torno a Él ha sido suponer que está activo en el mundo proveyendo gracia preventiva, que trabaja para que la humanidad entera pueda creer. Este sin sentido bíblico contradice por todos lados a las Escrituras; en el libro del Apocalipsis leemos que Dios ha puesto en los corazones de los moradores de la tierra el dar el poder y dominio a la bestia. No se ve en esa expresión cuál es la labor preventiva del Espíritu en los que son réprobos en cuanto a fe. Al contrario, dado que el Espíritu es también Dios, su función es endurecer esos corazones para que sigan al Anticristo.

El que Dios mande al hombre a que crea en el evangelio y se arrepienta de sus pecados, no implica por fuerza que el hombre muerto en delitos y pecados tenga la capacidad para hacerlo. Pero la falacia de la doctrina que manejan en la herejía del libre albedrío hace suponer que estamos en un estado de prueba. En este estado de ensayo y error el Espíritu Santo trabaja y prepara a cada uno para la gracia, dejando al libre arbitrio humano la final elección. Uno puede preguntarse cuál elección puede hacer una persona que jamás ha oído el nombre de Jesucristo y por lo tanto jamás ha escuchado el anuncio del evangelio. Pero la falacia debe continuar para solventar dos problemas: la culpa de Dios al condenar a personas que no tienen libertad de elección (Romanos 9), y para acomodar la lógica humana al servicio de una tranquilidad momentánea aunque inútil. 1) Ya que Dios llama a todos los hombres a que crean y se arrepientan, 2) es porque el hombre tiene la habilidad de creer y arrepentirse (en este estadio interviene el Espíritu con su gracia habilitante, un presupuesto falso tomado del humanismo y jamás de las Escrituras), 3) el hombre decide en base a su libre albedrío si cree o rechaza la oferta.

A la falacia del libre albedrío sigue la herejía del dualismo, de la mano y en armoniosa compañía. Al Dios bueno que quiere salvar se opone un dios malo que quiere condenar (Satanás) y nosotros tenemos que tomar la decisión de con quién nos queremos quedar. El viejo adagio arminiano viene a relucir y resumir la falacia expuesta: Dios votó por mí, el diablo lo hizo en mi contra; yo debo decidir con el voto a mi favor.

Puede ser el caso de que estos creyentes en el falso evangelio jamás hayan escuchado la verdad, por lo cual creen la mentira; para ellos hay esperanza si creen el evangelio de Jesucristo. Pero quienes sostienen este evangelio diferente pueden estar perdidos gracias al poder engañoso enviado para ellos, para que crean la mentira y no se salven. Mas por lo general, se cumple en este tipo de creyente del evangelio maldito (según dijo Pablo a los Gálatas)  lo que dijo el Buen Pastor, que las ovejas que no le son propias han seguido la voz del extraño porque lo conocen. Las que le son propias no siguen al extraño porque desconocen su voz y más bien huyen de él.

¿Cómo sabe Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo? Ciertamente Él dirá en el día final apartaos de mí, hacedores de maldad ... nunca os conocí. Si es capaz de separar a los cabritos de las ovejas, si es capaz de decirle a las cabras nunca os conocí, es porque en realidad las conoce. Lo que quiere decir el texto es que nunca tuvo comunión con ellos, pues el Señor conoce a los que son suyos. Este conocimiento eterno viene dado en función de que Él quiso apartar un pueblo para Sí mismo, desde la eternidad y hasta la eternidad, por siempre y de manera inmutable. A ese pueblo amó, por ese pueblo dio la vida de Su Hijo en rescate, a ese pueblo compró con la sangre de Jesucristo. Mas del otro pueblo, el mundo dejado de lado que odió siempre, nunca tuvo comunión con él y permanece separado de su gracia.

En la exposición de esta verdad Jesucristo tuvo muchos detractores que dijeron que esa palabra era dura de oír, porque su soberanía es antipática y suena arbitraria e injusta. El objetor de Romanos 9 se levantó para argumentar contra Dios y le dijo: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad? Pero los que asumen que su palabra es dura de oír y que Dios es injusto al inculpar son los que él jamás amó, sino que más bien aborreció. Son dos grupos de personas los que Él ha creado, los que hemos sido elegidos para salvación y los que han sido elegidos para condenación. El ser bueno o malo, el caer o levantarse, el pecar y arrepentirse, son gajes del oficio terreno como consecuencia de nuestra naturaleza. Precisamente porque el Señor conoce quién es el que ha de creer y quién le habrá de negar, nos ha dicho que nos ocupemos de nuestra salvación con temor y temblor. No descuidemos esta salvación tan grande, sino sigamos el camino trazado desde los siglos para llegar al destino fijado también desde la eternidad. Eso lo haremos en virtud de quien empezó la buena obra en nosotros, pues Él mismo la terminará.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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