Viernes, 12 de julio de 2013

Dios ha declarado de Sí mismo que Él es quien ha hecho a este mundo como está hecho. Los predicadores son los que se han dado a la tarea de maquillar sus palabras para presentar un evangelio acomodado al gran público. Han llegado a decir que Adán fue creado libre, de tal forma que si no hubiese sido entrampado por la serpiente no hubiese pecado. Eso es un lado de la moneda, pues es obvio que si hubiese sido capaz de vencer la tentación no hubiese caído, pero lo que dejan por fuera con tal aseveración es que el Cordero de Dios ya estaba preparado desde antes de la fundación del mundo.

El problema es grande cuando suponemos que Adán pudo no haber pecado; si eso fue así entonces Adán estuvo libre de la influencia de Dios y fue sostenido en una capacidad superior capaz de vencer al diablo mismo. Sabemos que Dios no se da esos lujos de dejar en forma independiente a sus criaturas, sino que los inclina a todo lo que Él quiere. Adán no podía gloriarse contra Dios diciéndole no pequé, el Cordero no se presentará en la historia humana. Por consiguiente, si el Hijo de Dios estuvo preparado desde los siglos para manifestarse en los tiempos designados por Dios, mal podía Adán no haber caído en la tentación de Satanás.

Isaías escribió en forma retórica la siguiente frase: ¿Se gloriará el hacha contra el que con ella corta? ¿Se ensoberbecerá la sierra contra el que la mueve?  Con esta declaración da a entender que es vanagloria cualquier intento de resistir la voluntad de Dios. Por esa razón Moisés y Pablo describieron el propósito de la soberbia del Faraón de Egipto, altivez provocada por el mismo Dios cuando dijo que lo endurecería. Esta actitud del Todopoderoso lo muestra como un Dios activo, para lograr la alabanza de la gloria de Su justicia, ira y poder.

La respuesta de Isaías a sus preguntas retóricas resulta una exaltación de la soberanía de Dios. ¡Como si el bastón levantara al que lo levanta! ¡Como si levantara la vara al que no es un leño!  Son muchas las ocasiones en que la Biblia declara que el hombre viene a ser nada y como menos que nada en las manos del Creador; que Él es un Alfarero moldeando la arcilla en sus manos, por lo cual hace vasos de honra y vasos de deshonra. Por eso sorprende la proposición del Teísmo Abierto que sostiene que Dios no conoce el futuro, sino que este se va dando en forma azarosa.

EL TESTIMONIO DEL ESPIRITU

Dado que el Espíritu Santo es el inspirador de las Escrituras, su testimonio es muy importante. Por una parte entendemos que como toda la Escritura es inspirada por Dios  cada detalle encontrado lleva el sello de su autoría. De esta manera asumimos la veracidad de lo expuesto en la Biblia sin que la duda nos disturbe. Por otro lado, ese mismo Espíritu nos fue dado como garantía de la salvación y tiene a bien testificar ante nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Si entendemos que el primer testimonio es verdadero, el segundo también lo es, dado que Dios no miente.

Las profecías dan cuenta histórica del fiel cumplimiento de aquello que ha sido advertido en la Escritura que sucedería sin falta. En tal sentido, la autoría del Espíritu se nos muestra como el sello de validación de lo que está dicho en la Biblia, sin que nada falte por cumplirse en los acontecimientos del universo, excepto lo que todavía tiene que esperar su momento de acuerdo a los eternos planes de Dios. Pero nuestro espíritu recoge el testimonio interno que manifiesta el Consolador en nosotros, dando certeza absoluta de que somos hijos de Dios. El texto de Romanos que refiere a este hecho no habla en tiempo pasado sino en presente, por lo que el testimonio ha de entenderse como continuo.   

EL CORAZON PERVERSO

Tal vez muchos todavía asuman el error doctrinal de otros, referente a que el corazón de los hombres es engañoso y perverso, más que todas las cosas. En efecto, en Jeremías 17:9 encontramos la referencia al corazón del hombre natural, apartado de la gracia de Jehová. Este corazón es en principio el mismo narrado en Ezequiel 36: 26-27, pero con la diferencia de la transformación que hace Dios del corazón de piedra en uno de carne. Por lo tanto, si el Espíritu de Cristo testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, lo hace en virtud de que el corazón nuestro ha sido transformado. Mal puede el Espíritu testificar en un corazón engañoso y perverso como si fuese el de un hijo de Dios. No en vano se ha dicho que nosotros somos nuevas criaturas cuyas cosas viejas han pasado (2 Corintios 5:17).

Dios bendice a su pueblo, de manera que cuando ha dicho: Maldito aquel que confía en el hombre, que pone su confianza en fuerza humana, se ha referido a los de corazón perverso apartados de Jehová. En cambio ha dicho: Bendito el hombre que confía en Jehová, ... será como árbol plantado junto a las aguas, que junto a corriente echará sus raíces.  Por esta razón, el único que conoce los corazones es Dios, pues Él escudriña la mente para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jamás aceptará Dios obra humana como fruto de justicia, por lo cual sostiene que aún las obras de amabilidad, moralidad o religión son obras muertas, que dan fruto de muerte: Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Salmo 2:3); pero el camino de los malvados es como la oscuridad, y no saben en qué tropiezan (Proverbios 4:19); La obra del justo es para vida; el fruto del malvado es para pecado (Proverbios 10: 16); Los labios del justo saben decir lo que agrada, mas la boca de los malvados habla perversidades (Proverbios 10:32); Los pensamientos de los justos son rectitud; los consejos de los malvados, engaño (Proverbios 12:5). Si antes se ha dicho que no hay ni siquiera un justo, ¿cómo es que ahora se hace distinción entre los justos y los malvados? Simplemente porque Jesucristo es el que justifica, no la obra humana. Fijémonos que aún la obra religiosa (el sacrificio de alabanza, de ofrenda, de caridad) que hace el impío es una abominación a Jehová: El sacrificio que ofrecen los malvados es abominable para Jehová; la oración de los rectos es su gozo. Abominable es para Jehová el camino del malvado; él ama al que sigue la justicia (Proverbios 15:8-9).

Fijémonos un momento en la declaración de Jesucristo en relación a los que son condenados. El dijo que dado que el corazón humano es perverso no ama la luz, por lo cual no viene a la luz pues sus obras serían descubiertas. Como resultado, venida la luz al mundo la humanidad amó más las tinieblas que la luz (Juan 3:19-20), por lo que cobra mucho sentido el que Dios sea quien quite el corazón de piedra y coloque uno de carne, aunque sabemos que eso lo hace en quien Él quiere hacerlo. 

Poco importa que algunos aleguen que hicieron un esfuerzo espiritual y religioso, ya que  no tienen conocimiento aquellos que erigen su ídolo de madera, y los que ruegan a un dios que no salva. (Isaías 45:20). A éstos les sucede lo mismo que les pasó a los judíos en la época del apóstol Pablo, que tenían conocimiento de Dios pero no conforme a ciencia o entendimiento (Romanos 10:1-3) -le rogaban a un dios que no salva.

En síntesis, ni Adán ni Faraón estuvieron libres de la influencia de Dios en aquello que hicieron. Adán tenía que pecar por cuanto el Cordero de Dios estaba preparado (e incluso inmolado) desde antes de la fundación del mundo; Faraón fue endurecido por Jehová para mostrar en él Su poder y Su gloria. Frente a estos datos que son apenas una muestra de lo que abunda en la Biblia, el hombre reclama a su Creador diciéndole: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad? (Romanos 9: 19). Mas la única respuesta a esta retórica sigue siendo la misma: no puede la masa de barro argumentar contra su alfarero, como el hacha no puede levantar la mano de quien la agarra. Tampoco puede el leopardo mudar sus manchas como el etíope no puede cambiar su piel; todo lo que acontece ha sido ordenado por Jehová. Sería prudente reflexionar acerca de lo escrito por Jeremías en Lamentaciones 3:37-39: ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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