Lunes, 01 de julio de 2013

El Sínodo de Dort (1618-1619) tuvo el objetivo de la defensa del evangelio ante el ataque que la Iglesia Católica había lanzado al Protestantismo a través de muchos medios. Los Jesuitas (La Compañía de Jesús), el cuerpo de respuesta contra la Reforma Protestante, se propusieron sembrar un peligroso veneno en el eje de la doctrina de los Protestantes. Muchos han pensado que el motivo fundamental de los emblemáticos paladines religiosos de entonces, con Lutero a la cabeza, tenían solamente su interés en levantar su queja contra la Roma de las bulas papales. Pero más allá de atacar ciertos hechos inmorales en el seno de la Iglesia Católica Romana, la teología ocupó el principal elemento polémico de los reformadores.

Un texto de Habacuc citado por Pablo en su carta a los romanos fue el verso leído por Lutero en una Biblia atada al púlpito de una iglesia. Decía así: El justo por la fe vivirá, lo que le permitió enfatizar que las bulas que el Papa vendía no eran necesarias, más bien eran una oposición al evangelio de la gracia. El perdón gratuito ofrecido por Jesucristo a su pueblo no era ni es susceptible de negocio económico. Con la confrontación protestante, Roma enfatizó su teología del libre albedrío que le provenía de los pelagianos y semipelagianos, catalogados de heréticos por un viejo sínodo.

Uno de los cánones del Concilio de Trento (el de la Contrarreforma) maldice a todo aquel que niega el libre albedrío o la cooperación humana en la transformación y nuevo nacimiento que hace el Espíritu de Dios. Al parecer, la tesis humanista del libero arbitrio constituyó la bandera eclesiástica romana a enarbolar contra el protestantismo. El célebre humanista Erasmo de Rotterdam se puso al servicio romano y escribió una tesis que llamó De libero arbitrio diatribe, la cual fue refutada por su antiguo amigo Martín Lutero en un libro titulado De servo arbitrio (el albedrío esclavo). 

Una de las estratagemas jesuitas consistió en que Jacobo Arminio simulara su adhesión al calvinismo  como profesor de Teología en la Universidad de Leiden. A pesar de que debía defender la tesis de la predestinación como lo había enseñado Calvino, que en gran medida se ajustaba a la tesis bíblica, Arminio habló de que ese punto de vista era insostenible. El gran malestar en el medio calvinista fue además suscitado por el hecho de que Jacobo Arminio simuló su adhesión pública a Calvino, pero enseñó en secreto lo contrario al insistir que la predestinación tal como se enseñaba presentaba a Dios como tirano y verdugo.

Después de la muerte de Jacobo Arminio sus discípulos elaboraron un escrito denominado Remonstrance, que en lengua holandesa significa La Protesta. Posteriormente los arminianos fueron apodados los remonstrantes (Remonstrants), por su pliego de protesta. Cinco puntos o Artículos fueron los expuestos para resumir la teología de Arminio frente a la teología protestante ya asumida por varias Confesiones de Fe en los diversos países adheridos a la Reforma.

En una carta de un jesuita al Rector de Bruselas (Al Superior de los jesuitas), emitida en Marzo de 1628, se lee la siguiente confesión: Hemos plantado esa droga soberana del Arminianismo, la cual esperamos purgue a los Protestantes de sus herejías; y floreció y lleva fruto a su debido tiempo. (http://www.contra-mundum.org/castellano/toplady/Arm_Roma.pdf). Esta es otra de las tantas pruebas del énfasis que Roma ha dado a la tesis del libre albedrío frente a la bíblica descripción de la soberanía de Dios en materia de predestinación, una tesis que por humanista aparece más popular aunque no esté ajustada a las Escrituras.

El Sínodo de Dort condenó la doctrina de los arminianos por heréticas y por ser conducentes a error de fe continuo en los que la asumen. Estas erróneas enseñanzas confrontan el mensaje de Jesucristo, el evangelio apostólico y el fundamento de la soberanía de Dios. La Biblia enseña que Dios amó a unos y rechazó o aborreció a otros, bajo el propósito de la gloria de su amor por un lado y de la gloria de su ira y poder por el otro. Cristo murió por su pueblo (Mateo 1:21), como le dijo el ángel a José que Jesús haría; Jesucristo, la noche antes de su crucifixión, oró por los que el Padre le había dado, por las ovejas de su prado, por los que creerían por la palabra de ellos, pero dejó específicamente afuera a los cabritos que representan el mundo. Dijo: no ruego por el mundo (Juan 17: 9). Hoy día está a la diestra del Padre e intercede por nosotros (su iglesia), pero no por los destinados para condenación desde antes. Si Jesús en la víspera de su sacrificio no rogó por el mundo, y hoy día ruega por su iglesia, no se puede decir que murió por aquellos por quienes no rogó. Si hubiese orado por todos, sin excepción, todos serían salvos porque el Padre siempre le ha oído (Juan 11:42).

¿Por qué Jesús no rogó por todos? Simplemente porque esa no fue la voluntad de quien lo envió a esta tierra. En su soberanía Dios planificó y decretó todas las cosas como quiso y eso es precisamente lo que acontece de acuerdo a las profecías. ¿Por qué, pues, inculpa? ¿Quién ha resistido a su voluntad? Pero no somos quienes para altercar con Dios o para decirle ¡qué haces! Antes bien, debemos examinar las Escrituras para verificar por quién murió Jesucristo.

Cuando leemos la Biblia descubrimos que Jesús no pudo morir por los que ya estaban en el infierno, así como tampoco lo hizo por aquellos que habían cometido el pecado imperdonable. No murió por los que jamás oirían el evangelio, ni por el Anticristo quien es el hijo de perdición, ni por Judas o por Esaú. Tampoco lo hizo por los réprobos en cuanto a fe, ni por aquellos que le darán gustosos el poder a la bestia, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero inmolado desde la fundación del mundo. ¿Murió Jesús por la Iglesia Apóstata? ¿Lo hizo por la Falsa Iglesia que él llama La Gran Ramera? ¿Y qué podemos decir de los sodomitas (de Sodoma y Gomorra) que fueron juzgados con azufre del cielo, o de Caín que era del maligno (1 Juan 3:12) o de los habitantes de la tierra que sucumbieron al diluvio?

Pablo les sugirió a un grupo de creyentes que se examinaran a ellos mismos, para verificar si estaban en la fe. Examinarla es lo que hemos de hacer con esta errónea doctrina de la expiación universal de Jesús, no vaya a ser que andemos en otra doctrina bajo una fe extraña. Recordemos que Jesús enfatizó que sus ovejas no se irían tras la voz del extraño, pues no conocen esa voz; antes bien huirían de él. 

CRISTO MURIO POR SU PUEBLO

El Señor dio su vida por su pueblo y por sus amigos (Mateo 1:21; Hebreos 2:17; Juan 15:13-14). Ese pueblo es su semilla (Isaías 53:10) opuesta a la semilla de la serpiente (Génesis 3:15). Jesús murió por sus ovejas (Juan 10: 11 y 15), pero no por las cabras (Mateo 25:33), murió por su Iglesia (Hechos 20: 28; Efesios 5:25), mas no por la sinagoga de Satanás (Apocalipsis 2: 9 y 3: 9). En realidad Jesús murió por muchos pero no por toda la humanidad (Isaías 53: 11-12; Hebreos 9:28; Marcos 14:24). Murió por sus hijos y por sus hermanos (Hebreos 2:10 -14), pero no por los que son llamados bastardos (Hebreos 12:8). A cada grupo que él representó, que son los mismos siempre pero que fueron denominados de diversa manera, corresponde una antítesis, un grupo antagónico por el cual no murió, al cual no representó en la cruz, por quien la sangre del Cordero no fue derramada: Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada (Marcos 14:24), y sabemos que no dijo que sería derramada por todos.

La Escritura nos enseña que el Viejo Testamento fue escrito para nuestro provecho, para enseñarnos que los sacrificios hechos bajo la ley de Moisés eran sombra de lo que habría de venir. El libro llamado A los Hebreos enseña esta verdad, por lo cual entendemos que aquellos sacrificios no se hicieron por el mundo en general, sino por un grupo pequeño en relación con el resto de la humanidad. Este era el sacrificio hecho en beneficio del pueblo hebreo, de los israelitas. Si eso representa una sombra o un tipo de lo que habría de venir, entonces el sacrificio de Jesucristo se hizo en la misma medida, aunque ya no en la forma limitada a una sola nación sino extendida a los gentiles. Por eso es que Juan en una de sus cartas habló de la expiación de Jesús por los pecados de ellos (los judíos redimidos en su iglesia), así como por los pecados de los gentiles redimidos en la iglesia. La idea usada por el apóstol fue que Jesús era la propiciación por los pecados de todo el mundo, dando a entender con ello que al mundo judío se incluía el mundo gentil. Pero Juan estaba absolutamente claro en que Jesús no había expiado los pecados de cada miembro de la raza humana, pues asimismo escribió que el mundo entero estaba bajo el maligno, aunque sabía que ellos (él y su iglesia a quien escribió) eran de Dios: Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5: 19). El apóstol Juan tenía muy claro lo que implicaba el vocablo mundo, ya que lo había empleado en su evangelio citando directamente a Jesucristo cuando hablaba con Nicodemo, entre otros contextos. Estos que son de Dios no pueden estar incluidos en el mundo entero que está bajo el maligno, de la misma forma en que el mundo amado por el Padre no es el mismo mundo que está bajo el maligno.

NADIE RESISTE A SU VOLUNTAD

Tal parece que el Sínodo de Dort expuso y condenó los cinco grandes errores de los Remonstrants o arminianos. Especial llamado ha de hacerse a estar atentos contra la mentira de la gracia universal ampliamente refutada en los textos bíblicos, al igual que la falaz enseñanza de la gracia resistible. El texto de Pablo a los romanos exhibe la derrota de la presunción arminiana acerca de que la gracia de Dios puede resistirse. Si nadie es capaz de resistir a Su voluntad, queda entendido que tanto la reprobación como la predestinación para salvación constituyen manifestaciones de la voluntad del Dios soberano. Desde esa perspectiva no es posible que alguien se oponga a la voluntad o decreto divino.

Romanos 9 declara lo siguiente: (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama) ... Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? (Romanos 9: 11, 19-21). Como se desprende de la simple lectura, tanto el que recibe la reprobación como el que es objeto de la gracia de Dios están incapacitados para oponerse eficazmente a tales decretos. En el Antiguo Testamento también leemos lo siguiente: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? (2 Crónicas 20:6).

Por lo dicho queda expuesto que la gracia de Dios no puede ser resistida, de donde se infiere que aquellos que se pierden es porque nunca les fue ofrecida tal gracia salvadora. En conclusión, enseñar que Dios ha creado un punto medio en el que Su poder y voluntad quedan neutralizados, para que la gracia sea ofrecida a todos los hombres y éstos tengan que decidir al respecto, constituye una gran mentira. Tal afirmación del teólogo Luis de Molina es conocida como molinismo, la cual constituyó otro caballo troyano contra la Reforma Protestante desde su reciente nacimiento. Este terreno neutral traería el efecto de una gracia habilitante que permite al pecador muerto en delitos y pecados cobrar vida momentánea para que decida acerca de la cruz de Jesús. Es una fantasía o una ficción teológica de Luis de Molina, que por ser contra bíblica muestra sus matices de ilógica. Por ejemplo, ¿cuál gracia habilitante han tenido los que nunca han oído el evangelio, o los que murieron antes de Cristo sin ese conocimiento? Más bien Jesucristo afirmó que nadie podía ir a él si el Padre no lo trajere; que era él quien los elegía y no los discípulos a él, en una clara demostración pedagógica de que también en materia de salvación impera la absoluta soberanía de Dios. Jesucristo vio el resultado de su trabajo y quedó satisfecho, como afirma Isaías (Isaías 53: 11), por lo cual también en la cruz Jesús pudo exclamar: Consumado es. El ángel no le dijo a José que Jesús habilitaría a cada uno con gracia suficiente para que tomara una decisión, sino que explícitamente le expuso: él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

Dios conoció a un grupo específico de personas (según el afecto de Su voluntad y en el sentido del conocer bíblico, el de tener comunión), a quienes predestinó y llamó de acuerdo a Su propósito; además, los justificó en la cruz, los glorificó y conformó a la imagen de Su Hijo. De allí que Pablo afirmó en forma desafiante que si Dios es por nosotros nadie puede prevalecer contra nosotros, ya que ese mismo Dios que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, nos brindará protección y seguridad eterna y nos dará todas las cosas. ¿Por qué razón? Porque somos los escogidos de Dios, hemos sido justificados por Él, de manera que nadie nos puede condenar porque Cristo fue quien murió por nosotros (Romanos 8). Si nadie nos puede condenar, queda destruida otra de las mentiras arminianas originales referida a la pérdida de la salvación.

En general, los errores mortales que amenazan la creencia en la doctrina de la gracia pueden ser fácilmente detectados: 1) El universalismo, que promueve el amor, elección y redención de Dios para toda la humanidad; 2) Afirmar que Dios no rechaza a nadie, simplemente que la gente no quiere ir a Él; 3) Decir que Él elige en base a lo que nosotros vayamos a hacer, con lo cual Él ejerce su Omnisciencia. Pero quienes así afirman confunden omnisciencia con bola de cristal, porque lo que Dios conoce lo hace en virtud de que lo ha creado o lo ha hecho, no gracias a que lo averigüe; 4) Sugerir que la salvación la podemos perder, como si ella fuese el resultado de nuestro esfuerzo, dejando de lado que nadie nos puede separar del amor de Cristo;  5) Sostener que la gracia de Dios es resistible y que ella no resulta eficaz si no ayudamos en la actividad que realiza el Espíritu Santo. Hay otros errores que siguen a estos, pero es suficiente para conocer lo que creen aquellos que realmente no creen (porque no les ha amanecido la luz del evangelio de Cristo).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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