S?bado, 29 de junio de 2013

Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá (Daniel 11:37). La interpretación de este texto ha sido objeto de varios puntos de vista:

I)     Algunos sugieren que el profeta hacía referencia al sistema papal que sería regido por un  usurpador del lugar de Cristo. Sabemos que Daniel habla de un rey que habrá de venir a gobernar el mundo, en alusión al Anticristo quien es y será tanto una oposición como una sustitución del Cristo o Mesías. El texto se refiere a alguien que pretenderá estar como Jesucristo, usurpando su lugar. Algo similar han hecho los Papas al decirse de ellos como que si estuviesen representando a Cristo en la tierra, llamándose a sí mismos sus vicarios. Pero sabemos que el vicario de Cristo en la tierra es el Espíritu Santo, no el Papa; de allí que esta tesis que hace alusión al Anticristo tiene su fuerza explicativa en lo siguiente: 1) el Dios de sus padres hace mención a los evangelistas y apóstoles que predicaron la sana doctrina, quienes fueron los padres de la iglesia naciente. El no hacer caso de ese Dios significa que la Iglesia de ese Anticristo miró solamente en sus concilios y tradiciones, en sus libros apócrifos y no en la palabra de la revelación; 2) la expresión ni del amor de las mujeres hará caso puede implicar a un sistema eclesiástico corrompido que hace gala de la castidad impuesta a sus sacerdotes, del matrimonio prohibido en menoscabo del mandato divino de llevar bien su casa; 3) la frase ni respetará a dios alguno, habla del desafío a Dios y a su palabra que el Anticristo hace al engrandecerse a sí mismo por sobre todo poder y autoridad celestial y terrenal. Este impío personaje ostenta profesar tener las llaves del reino, lo que de acuerdo a su interpretación privada de la profecía utiliza para presumir abrir y cerrar las puertas del mismo a su antojo.

II)    Otros hablan de un Anticristo futuro que aparecerá en la historia final de la humanidad, el cual también estará apartado de las enseñanzas emanadas del cristianismo bíblico, sin sensibilidad humana alguna, pues no hará caso del amor de las mujeres, ese amor enorme mencionado en las Escrituras en 2 Samuel 1:26. Al no desear su amor manifiesta una bárbara crueldad que lo conduce a no respetar a dios alguno, ya que se erigirá a sí mismo como Dios y muchos le rendirán tributo.

En variadas ocasiones la profecía bíblica puede tener un doble cumplimiento; el Anticristo puede estar representado por cada Papa y puede también manifestarse como un personaje especial de los tiempos del fin. Recordemos que este gobernante es también el hombre de pecado, el hijo de perdición, engendro cuyo advenimiento será por obra de Satanás, y será un dictador mundial que profanará el templo de Dios (referido al de los judíos como se expone en la explicación hecha a Daniel). Aunque llama la atención un signo que lo caracterizará, el hecho de que no hará caso del amor de las mujeres.

Tal vez esa expresión sea una referencia al carácter homosexual de este personaje sui generis. No en vano estos tiempos están cargados con la atmósfera de la homosexualidad en el mundo entero, y los países más influyentes del orbe ya han admitido el matrimonio gay como algo muy importante en la vida social de sus naciones. Incluso se ha refutado la definición jurídica tradicional del matrimonio al pretender catalogarla como restringida y excluyente. Ahora no podrá decirse en los Estados Unidos de Norteamérica, por decisión de su Corte Suprema, que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, sino que tendrá que enmendarse ese concepto de tal forma que sean incluidas en la definición las uniones de personas de un mismo sexo.

Este preámbulo legislativo se acomoda muy bien al conjunto de señales dejadas por Jesús relativas a su Segunda Venida. Como en los días de Noé llenos de violencia, o también como en los días del justo Lot, en los cuales existía Sodoma y Gomorra con sus depravaciones sexuales, así será también la venida del Hijo del Hombre. Trátese de la violencia o de la depravación sexual, estas dos señales históricas anticipan la Segunda Venida de Jesucristo para buscar a los suyos y hacer justicia en la tierra. Al mismo tiempo son características de los tiempos en que el gran dictador universal hará su aparición y engañará a muchos, en especial a los que estén en la apostasía de la iglesia.

Llama la atención la descripción que Pablo en su carta a los romanos hace de las personas que no quisieron tener en cuenta a Dios. Por la deshonra que le han hecho al Creador al crearle imágenes de aves, cuadrúpedos y de reptiles, Dios los entregó a especial deshonra de sus propios cuerpos. Quienes cambiaron la verdad de Dios por la mentira fueron entregados a pasiones vergonzosas, pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío (Romanos 1:26-27). El apóstol concluye la idea extendiendo la maldición hacia aquellos que se complacen con los que practican tales perversiones (verso 32).

Cualquiera puede examinar los hechos cotidianos en la prensa local o internacional, asimismo está capacitado para mirar a su alrededor y tendrá que darse cuenta de que lo que hoy vivimos es fiel cumplimiento de lo que se advierte en las Escrituras. Sin embargo, hay algo que puede asegurarse sin duda alguna, que existe una intensidad presente en el deseo de exhibir tales hechos vergonzosos como si fuesen argumentos para sentirse honrado. No en vano los que practican tales cosas hablan de sí mismos como de sentir el orgullo gay.

Ezequiel describió la maldad de Sodoma con cinco calificaciones importantes: 1) soberbia; 2) saciedad de pan; 3) gran ocio; 4) ignorar al afligido y al necesitado; 5) hacer abominaciones delante de Dios (Ezequiel 16: 49-50). La soberbia ocupa el primer lugar de sus pecados, lo cual hace sospechar que eso condujo a la ciudad a la plaga de sus abominaciones, por lo que la combinación general de sus males hizo enojar en forma especial al Creador de todo cuanto existe. Cada quien puede derivar su conclusión de estos calificativos hechos por el profeta, pues no en vano se unen uno con el otro para generar su gran maldad por la cual Dios la aniquiló. Lo que sucede alrededor nuestro con la gran mayoría de los Estados soberanos de cada nación tiene el eco de lo que sucedía en Sodoma y en Gomorra: la soberbia junto a la abundancia y el ocio hacen despreciar al afligido y cometer abominaciones; lo más seguro es que estos Estados reciben el juicio de Dios y son entregados a pasiones vergonzosas.

Pero el que siente orgullo por lo vergonzoso aplica un proceso de racionalización, un mecanismo de defensa que justifica sus acciones con miras a evitar la censura. Surge entonces una explicación lógica de sus sentimientos y pasiones, ya que de la culpa o sentimiento de inferioridad se salta hacia la exoneración de la falta y al sentimiento de orgullo. La frase el orgullo gay pretende sepultar a las pasiones vergonzosas, permitiendo que los que salen del closet luchen por reivindicaciones jurídicas para poder lucir una conducta que es reprobada por la Biblia y que ha sido acusada por la historia general de la humanidad. La gente sabe lo que es bueno y lo que es malo, porque lo que de Dios se conoce le es manifiesto, pues Dios se lo manifestó, de modo que no tiene excusa (Romanos 1: 19-20).

El engendro de Satanás guarda sin duda una estrecha relación con la homosexualidad. No en vano Daniel pudo describirlo con esa cualidad negativa tan precisa y tan pertinente en nuestros días, al decirnos que del amor de las mujeres no hará caso.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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