S?bado, 22 de junio de 2013

Se conoce como dualismo el hecho de presumir que existe una lucha entre el bien y el mal. Este criterio permite que muchos desconocedores de la Escritura se escondan del asombro que les produciría el verificar que Dios es el autor del mal. Ellos explican que el diablo surgió por cuenta propia, que Dios por ser bueno en esencia no pudo crear el mal. Asumir tal criterio implicaría creer que Dios por ser bueno tampoco pudo crear el infierno y mucho menos puede enviar gente allí, porque esa no es su naturaleza.

Lo más importante para un creyente es conocer lo que dice la Biblia respecto al tema que se estudia. Hay muchos textos que declaran a Dios como el Hacedor de todo cuanto existe, tanto lo bueno como lo malo. Asimismo, hay contextos bíblicos que sugieren implicaciones y derivaciones en relación con lo que nos ocupa.

A) Textos que declaran que Dios hace todo.

1)    Isaías 46:10, (Yo) que desde el principio anuncio el fin, y desde antiguo cosas que no estaban hechas, que digo: Mi designio se cumplirá y haré todo mi deseo (Isaías 46:10); 2) ¿Acaso no se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. (Mateo 10:29); 3) ¡Cuán bienaventurado es aquél a quien Tú escoges, y haces que se acerque a ti para que more en tus atrios! Seremos saciados del bien de tu Casa, de tu santo Templo.  (Salmo 65:4); 4) Todas las cosas las hizo Jehová para Sí mismo, aún al impío para el día malo (Proverbios 16:4); 5) El corazón del hombre traza su camino, pero Jehová establece sus pasos (Proverbios 16:9); 6) ¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? (Amós 3:6); 7) ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38); 8) Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras (Jeremías 18:11); 9) Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará (Job 14:5); 10) Y todos los moradores de la tierra son considerados como nada, y Él hace según su voluntad en el ejército de los cielos y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, ni quien le diga: ¿qué haces? (Daniel 4:35); 11) Porque Dios es el que produce en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad (Filipenses 2:13); 12) Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto (Isaías 45: 5-7); 13) Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilatos, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera (Hechos 4:27-28); 14) y para hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria (Romanos 9: 22-23).

B) Contextos implicativos.

1) EL CENSO DE ISRAEL. Recordemos el censo de Israel hecho por David. El libro de Samuel nos relata que todo fue por causa de haberse encendido la ira de Jehová contra Israel, por lo cual incitó a David contra ellos para que ordenara hacer un censo de Israel y Judá (2 Samuel 24:1); pero en 1 Crónicas 21:1 leemos que fue Satanás quien se levantó contra Israel, e incitó a David a hacer el censo de Israel. Estos dos libros hacen referencia al mismo incidente, pero lo que se lee conclusivamente es que Dios decretó el pecado de David al realizar el censo, mas hizo que Satanás realizara la tentación -pues Dios no tienta a nadie ni puede ser tentado. Como resultado final David tuvo remordimiento en el corazón y confesó su grave pecado, diciéndole al Señor que había obrado neciamente.

2) LA CRUCIFIXION DE JESUS. Conocemos por la Biblia que aún el Cordero de Dios estuvo preparado para nosotros desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:19-20). Dado que esto es cierto, entonces inferimos que Jesucristo inmolado fue un plan de Dios (Padre, Hijo y Espíritu) con un propósito específico; por ello asumimos que el pecado de Adán no fue casualidad ni una posibilidad, sino una necesidad (un decreto de Dios desde la eternidad). Además, la Primera Venida de Cristo supuso una gran cantidad de problemas que incluyen la matanza de los niños por Herodes como la crucifixión de Jesús por decreto romano-judío. No obstante, cuando miramos los hechos de este evento sabemos que todos ellos estuvieron profetizados. Nada más entre el día anterior y el mismo día de la crucifixión se cumplieron cerca de 40 profecías bíblicas. Dentro de ellas hay actos pecaminosos: escupir a Jesús, darle bofetadas, traicionarlo por unas monedas de plata, traspasarlo, azotarlo, humillarlo, escarnecerlo públicamente, echar suertes sobre sus vestiduras, colocarlo en medio de malhechores, negarlo, desampararlo, etc. Uno no puede sino preguntarse acerca del autor intelectual de tales acontecimientos, para descubrir que fue el mismo Dios. Por esa razón lo profetizó, porque lo ordenó, de lo contrario no lo hubiera dicho a sus profetas. No creamos en ningún momento que Dios miró el futuro y vio a muchos hombres malos haciendo tales cosas a Su Hijo, con lo cual aprovechó la ocasión para escribir esos hechos como si fuesen una profecía. Tal actividad sería una copia hecha a los hombres de parte de Dios, un robo intelectual, una profecía sujeta al cambiante ánimo humano, y tal historia hubiese hablado más de un Dios con mucha suerte antes que de un Dios soberano en forma absoluta. La declaración bíblica, una vez que ocurrieron esos eventos y se cumplieron las profecías, nos muestra que Dios fue el autor intelectual y el planificador exclusivo de la crucifixión de Su Hijo: para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera (Hechos 4:27-28).

3) LA CONDENACION DE ESAU. La Biblia anuncia que Esaú no había hecho ni bien ni mal y ya Dios lo había escogido como vaso de ira, lo había endurecido para su destrucción, con el firme propósito de hacer notorios Su poder y Su ira. Este acto fue visto como algo muy malo para la suerte de Esaú, por lo cual el objetor levantado en Romanos 9 exclamó: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad?  La respuesta que dio el Espíritu de Dios revela que el Señor no contradijo a tal objetor, sino que más bien lo encaró: ¿Y quién eres tú para que alterques con Dios? ... ¿Y qué, si Dios quiso hacer esto o aquello? Este acto malo -a los ojos del hombre natural- fue hecho por Dios y la explicación que Él dio no fue una excusa, ni fue expuesta en diálogo diplomático. El Señor asumió ese acto como lo más normal en su vida, pues ya había declarado antes que él había hecho al impío para el día malo (Proverbios 16:4).

3) EL ENDURECIMIENTO DE FARAON. El supremo de Egipto fue moldeado a placer por la mano del Alfarero, para endurecerlo y mostrar en toda la tierra la gloria de la ira de Dios junto a Su poder. Con detalle se le dijo a Moisés lo que habría de acontecer de tal forma que de Dios es toda la gloria de esos eventos. ¿Acaso no fue crueldad el matar a los primogénitos de Egipto? ¿De dónde salió tal idea y tal ejecución? De la boca de Jehová. Y todo ello lo hizo al menos con tres propósitos que se ven a simple vista: a)  mostrar su ira y su poder a toda la tierra; b) proteger a su pueblo amado; c) anunciar la pascua, la sangre del Cordero que se derramaría de igual forma por su pueblo.

4) LA DECLARACION DE LA PROFECIA EN APOCALIPSIS. Este libro de Juan nos muestra en su capítulo 13 y 17, verso 8 en cada uno de ellos, que el Anticristo será honrado por los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero inmolado desde de la fundación del mundo. ¿Pero quién hará todo eso? Veamos la respuesta del capítulo 17, verso 17: porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Dios es el agente activo de ese gran movimiento hacia el mal, por eso el objetor descrito en Romanos se adelantó y preguntó: ¿Por qué, pues, inculpa? Pues, ¿quién ha resistido a su voluntad? (Romanos 9).

5) LA PROFECIA RESPECTO A LOS ULTIMOS TIEMPOS. Jesucristo dijo que la maldad sería aumentada, que se levantarían falsos Cristos, falsos maestros y profetas, que estaríamos como en los días de Lot (como en las viejas Sodoma y Gomorra), o como en los días de Noé antes del diluvio (casándonos y dándonos en casamiento, con una gran maldad sobre la faz de la tierra). Dijo que habría grandes terremotos, mucha hambre, enfermedades, que precederían su venida. Si Dios lo profetizó fue porque lo ordenó, de manera que Él es el autor (intelectual) de esas cosas malas que habrán de acontecer y que están aconteciendo. Por eso la misma pregunta hecha en Romanos 9: ¿Por qué, pues, inculpa, si no hay quien resista a su voluntad?

El profeta Amós escribió el texto bíblico más claro respecto a la actividad de Dios en relación con el mal, pero parece ser que en las iglesias no se lee jamás. Amós 3:6 dice que cualquier mal que acontezca en la ciudad ha sido hecho por Jehová, asunto que ha sido demostrado una y otra vez cuando los escritores bíblicos señalan que tal cosa sucedió porque Jehová lo había dispuesto (enviar un espíritu de mentira en la boca de los profetas, asesinar al rey Acab, censar a Israel para castigar a David y a su pueblo, matar a los hijos de Elí, etc.).

EL PAGANISMO VENIDO A LA IGLESIA

A muchos les sorprende saber quién es el autor del mal. Desde los filósofos antiguos, hasta los nuevos teólogos, una gran variedad de opiniones se han levantado tratando de espantar semejante pajarera negra en torno a la iglesia. Desde antiguo, mucho antes de Cristo, Platón expuso en su República que Dios no es el autor de todas las cosas, solamente de las buenas. En otro diálogo (Timeo) habló de un espacio caótico que Dios no puede todavía controlar. En síntesis, su tesis da a entender que existe un dualismo en esa materia y vemos a Dios como una fuerza del bien que batalla contra el mal.

Agustín de Hipona -siglo IV de nuestra era- con habilidosas palabras dijo que el mal es la ausencia del bien, por lo tanto no podemos achacar al autor de todo bien el haber hecho el mal. En otros términos, su filosofía descansó en el hecho de que un Dios que es por naturaleza bueno no puede querer lo malo. De igual forma, si el mal no existe no tiene una causa eficiente, lo que es lo mismo, Dios no sería esa causa.  Existen las cosas buenas y el mal es metafísicamente irreal. Existen los bienes menores y los bienes mayores; cuando un hombre peca lo hace porque escoge un bien  menor o porque no escogió uno mayor, o tal vez descartó el bien. La ceguera, dice, existe como la ausencia de la visión, pero no por sí misma. El mal es para él el no escoger un alto bien, y como no existe per se, no tiene ni origen ni causa en Dios, quien hizo todas las cosas buenas.  La iglesia oficial tomó de Agustín este criterio por siglos, y aún hoy día continúa bajo este enunciado de que alguien es malo por estar vacío de bien o de bondad .

LA PARADOJA DE EPICURO

En el siglo III a.C., Epicuro expuso una paradoja relacionada con el problema del mal. O bien Dios quiere quitar los males y es incapaz de hacerlo, o puede hacerlo pero no quiere; quizás ni quiere ni puede, o tal vez quiere y puede. Si quiere pero no puede, es débil, lo cual no concuerda con su carácter; si puede pero no quiere, es envidioso, algo que también está en desacuerdo con él; si no quiere ni puede, es tanto débil como envidioso, y por lo tanto no es Dios, pero si quiere y puede, que es lo único que resulta apropiado para Él, ¿de dónde vienen entonces los males?, o ¿por qué no los quita?  Todavía resalta la pregunta formulada al objetor: ¿Y quién eres tú, oh hombre, para que alterques con Dios? ¿Podrá la olla de barro decirle a su alfarero por qué me has hecho así?  Esa es la respuesta del Espíritu a la máxima objeción humana en relación a la mencionada injusticia de Dios, quien inculpa sin que haya nadie que pueda poner resistencia a Su voluntad. El dios percibido por Epicuro y sus seguidores de hoy puede ser tratado en el terreno de la lógica epicúrea, pero el Dios de la Biblia es Dios eternamente y para siempre y le ha dicho a Epicuro: para esto mismo te he levantado a ti, para hacer notorio mi poder. Le ha respondido con las mismas palabras dichas a Faraón.

CONCLUSION

Con esta abrumadora prueba bíblica se tiene suficiente material para llegar a una síntesis en cuanto al autor del mal. Sabemos que existen muchos otros textos que confirman lo ya expuesto, pero conviene con lo dicho afirmar esta gran conclusión: que aquellos que manifiestan prurito en asumir que Dios decretó el mal encuentran que existe algo malo en Dios al decretarlo. Estos suponen implícitamente que existe una norma moral que va más allá del mismo Dios por la cual juzgarlo. Por otro lado, al sostener el pecado de la dualidad, suponen que Dios por ser bueno lucha contra otro dios que es malo. Pero nosotros sabemos por la exposición de Las Escrituras que no hay otro estándar superior a Dios; Él mismo ha asumido en Su revelación lo que ha hecho y ha afirmado que no hay quien detenga su mano ni quien le diga qué haces.

¿Cómo podemos juzgar a Dios si no es por sus dichos y por sus actos? No es sano llevar a un terreno extraño sus dictámenes y ejecuciones, cuando Él es Su propio modelo o estándar. Mis criterios subjetivos (por más que intente objetivarlos) jamás podrán ser la pauta indicada para juzgar los hechos de Dios. ¿Ante quién va Dios a rendir cuentas? ¿Acaso hay otro Dios semejante al Altísimo? Haciéndole la promesa a Abraham no tuvo otro nombre más grande por quien jurar, sino que tuvo que jurar por Sí mismo (Hebreos 6:13).

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

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