Mi?rcoles, 12 de junio de 2013

Todos sabemos que la conducta de Pedro fue hipócrita en el contexto de la reprensión de Pablo, de manera que fue necesario lo que Pablo hizo. Sin embargo, ¿qué tan grave fue esa conducta? Más allá del concepto de hipocresía, ¿hubo algún tipo de doctrina desviada en Pedro? El centro de este argumento es de mucha trascendencia para los que hoy día juzgamos tal actitud dentro del conocido mundo cristiano.

Los hechos

El eje del reclamo de Pablo sobre Pedro se centró en el hecho de que Pedro comía con los gentiles sin problema alguno, pero de repente, cuando venía un grupo de judíos se retraía y apartaba, temiendo a los de la circuncisión (Gálatas 2: 12). Sabemos que en el mundo judío existía bajo la ley de Moisés un grupo de alimentos llamados inmundos, los cuales estuvieron prohibidos de comer. Conocemos que Pedro tuvo un éxtasis y vio el cielo abierto y un objeto que descendía como un gran lienzo, en donde había toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra y aves del cielo. Una voz le decía: Levántate, Pedro; mata y come (Hechos 10: 12). Pedro no quería en ninguna manera comer cosa inmunda, pero la voz volvió por segunda vez y le dijo: Lo que Dios ha purificado, no lo tengas tú por inmundo.

En el mundo gentil nunca existió tal prohibición, de manera que cuando dentro de ellos llegaron a creer algunos el evangelio de Jesucristo ninguno se sintió compelido a guardar los ritos de comida referidos en el Antiguo Pacto (Testamento). Para Pedro no hubo ningún problema al respecto, pues ya él mismo había tenido la visión o éxtasis acerca de que no existiría nunca ese criterio judaico dentro del mundo cristiano. Sin embargo, la influencia de los judíos en su tierra y en sus alrededores fue tan grande, que en Antioquía, una de las tres grandes ciudades del Imperio Romano, habitada por griegos, macedonios y judíos, Pedro sintió miedo de sus paisanos.

El evangelio enseña que la justificación por medio de las obras de la ley es inconsistente con la redención de Cristo. A Pablo le tocó su momento de soledad para luchar con el monstruo del judaísmo que se quería imponer dentro del mundo de los cristianos.

¿En qué creía Pedro?

La carta a los Gálatas no nos indica que Pedro estuviera propagando un evangelio diferente, pues de haber sido así hubiese sido un maldito. Pablo declaró en el primer capítulo de la carta que si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (verso 8). Pedro creía el evangelio de la gracia de Jesucristo, no el de las obras de los judíos. Pero dentro de los judíos que creyeron el evangelio hubo algunos que recordaban con mucha pasión sus rituales respecto a la comida. Algunos no comían cerdo, por ejemplo, como sucede todavía hoy día dentro del pueblo israelita.

Pedro había sido judío por nacimiento y por religión, sin embargo Dios le había ordenado dejar los rituales respecto al judaísmo, y muy en especial los referentes a la comida. Pedro había obedecido al Señor y no tuvo problema alguno en predicarle a Cornelio el gentil, por lo cual ya se había habituado a compartir con el mundo no judío y a comer como ellos comían. Pero la influencia de los judíos cristianizados fue tal que el apóstol titubeó y cayó en la trampa del temor, pues como un camaleón imitaba el ropaje cultural culinario de los judíos cuando estaba con ellos, y el de los gentiles cuando llegaba la ocasión. Esto era de condenar, pues tal actuación fue hipócrita.

La hipocresía puntual de Pedro no puede ser considerada como un cambio en la doctrina recibida. No obstante, si su actuar no hubiese sido peligroso Pablo no lo hubiese reprendido públicamente, ni tampoco le hubiese dicho que su conducta era de condenar. Nosotros podríamos preguntarnos qué hubiese sucedido si Pablo no hubiese reprendido a Pedro, y si hubiese continuado la conducta de este apóstol por ese derrotero. Hay quienes sostienen que el hecho de que Pedro hubiese actuado hipócritamente nos da licencia para mezclar la doctrina del evangelio con la única consecuencia de la reprensión. Pero si esto fuese cierto, entonces tendríamos que preguntarnos cómo queda lo que el Señor expuso respecto a sus ovejas: Pero al extraño jamás seguirán; más bien, huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños (Juan 10:5).

Queda patente que Pedro no siguió la voz del extraño, cuando por temor a los judíos comía en forma diferente con ellos. Su actitud fue timorata e hipócrita, pero no herética. Lo que Pablo dijo revela que el objeto de su reprensión no fue la excomunión del apóstol sino un reclamo justo y a tiempo: Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos (Gálatas 2:13). Pedro simulaba una conducta que pretendía seguir, pero nunca se fue tras el extraño. En ocasiones nos sucede que también simulamos conductas que hablan de nuestra hipocresía, pero eso no implica que sigamos al extraño. Todo aquel que sigue al extraño en cuanto a la doctrina del evangelio no es una oveja de Cristo.

Si Pablo hubiese considerado que Pedro seguía al extraño, entonces le hubiese declarado anatema (esto es, maldito). De igual forma, si Pedro hubiese seguido la voz del extraño no habría escrito sus epístolas, en una de las cuales señala que Pablo es un hermano bien amado: como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición (2 Pedro 3:15-16). Pedro no fue un indocto ni un inconstante que torcía las Escrituras, fue un hombre que cometió errores, como el de ser hipócrita por miedo al monstruo judaico, pero que aceptó la reprensión y se encaminó rectamente.

Si Pedro no hubiese reconocido la reprensión de Pablo, entonces el apóstol que lo reprendió lo hubiese seguido señalando reiteradamente, y quién sabe cuál habría sido la consecuencia para Pedro. Pero eso era imposible que sucediera, pues Pedro era una oveja escogida por el Buen Pastor y no un practicante del pecado (1 Juan 3: 8-9). De manera que aún en los errores de conducta cometidos nos volvemos del error cuando somos reprendidos: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios (1 Juan 3:9); Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y maravillas para engañar, si fuere posible, aún a los escogidos (Marcos 13:22).

No conviene juzgar a Pedro como herético, ni usar su mala conducta puntual para generar una patente a cualquier herejía en la que se pretenda militar. La reprensión hecha al apóstol de los judíos fue en relación a una conducta hipócrita, no herética. Bajo ninguna circunstancia la situación de Pedro brinda excusas para la mezcla doctrinal en el evangelio de la gracia. Si por gracia, entonces no por obras, para que ninguno se gloríe. Una cosa fue el miedo de Pedro en un momento dado de su vida, lo cual lo llevó al error de la simulación, y otra cosa muy distinta es pretender que ese hecho particular genere una patente de corso para el cambio de doctrina (Autorización que se tiene o se supone para realizar actos prohibidos a los demás). En ningún momento Pedro torció las Escrituras, pues estuvo siempre claro en su mente y en su espíritu el evangelio que había creído, recibido de primera mano por Jesucristo.

César Paredes

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Tags: SOBERANIA DE DIOS

Publicado por elegidos @ 11:59
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